Materiales de formación política para el activismo popular

Materiales diversos para la formación política en organizaciones populares. Estos materiales fueron mayormente realizados desde las áreas y equipos de formación en el espacio político del Frente Popular Darío Santillán y Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional en diversos momentos, con el fin de ser utilizados en talleres, campamentos y otras actividades de formación política. Ya han circulado por otro medios pero me pareció una buena oportunidad para hacerlos disponibles ampliamente. Trataré de ir completando y actualizando. Disfruten.

2016. Soberanía Alimentaria. Encuentro de Formación, Noviembre. Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional

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2014. ¿Deuda externa, deuda eterna? Deuda, buitres y crisis. Cartilla de Formación, 1, agosto. Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional

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2013. Escuela de Formación José Carlos Mariátegui, desde Nuestra América. Cartilla de Formación. COMPA (Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de Argentina)

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2013. 2da Escuelita de Marxismo y Pensamiento Crítico. Noviembre. Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional / Rosario

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2013. Derecho a la vivienda y acceso a la tierra. Primera Cartilla. FPDS-CN / MDP – COMPA – La Grieta (colectivo de acción jurídica popular).

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2012. Un modelo para armar (y desarmar). El debate sobre el modelo a 10 años del fin del neoliberalismo en Argentin. Apuntes de Economía Política, 3, Junio. Centro de Estudios para el Cambio Social.

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2011. Apuntes de Economía Política, 2, Mayo. Centro de Estudios para el Cambio Social.

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2011. Estado, nación, poder popular y revolución en América Latina. Curso de formación. Cartilla de formación. Frente Popular Darío Santi llán

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2011. Poder popular y lucha política. Herramientas de análisis para el cambio social. La política y las clases y sectores subalternos. Cartilla de formación, abril. Frente Popular Darío Santillán

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2010. Crisis habitacional. Dialécticas del modelo neodesarrollista. Centro de Estudios para el Cambio Social.

2010. Cordobazo: clasismo, democracia de base y nuevo modelo sindical. Herramientas para la lucha y la organización, 2, Historia de las trabajadoras y los trabajadores. Centro de Estudios para el Cambio Social. La Fragua, Frente Popular Darío Santillán.

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2010. Crisis de dominación y poder popular. Herramientas de análisis para el cambio social. La ‘crisis orgánica’ de 1969 a 1973. Cartilla de Formación, 1, abril. Frente Popular Darío Santillán

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2010. Crisis de dominación y poder popular. Herramientas de análisis para el cambio social. La rebelión popular del ’19 y 20′. Cartilla de Formación, 2, abril. Frente Popular Darío Santillán

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2010. Crisis de dominación y poder popular. Herramientas de análisis para el cambio social. Argentina y Nuestra América en la coyuntura. Cartilla de Formación, 3, abril. Frente Popular Darío Santillán

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2010. Cartilla de Derechos Básicos de las trabajadoras y los trabajadores. Materiales para la lucha y la organización, 1. La Fragua, Frente Popular Darío Santillán. Centro de Estudios para el Cambio Social.

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2009. Marxismo y pensamiento crítico. Principales herramientas teóricas para el cambio social. Política revolucionaria y poder popular. Herramientas políticas. Cartilla de formación, 4, diciembre. Frente Popular Darío Santillan.

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2009. Construyendo organización de base y poder popular. Experiencias latinoamericanas de poder popular. 4to Campamento Nacional de Formación. Cartilla de formación, noviembre. Frente Popular Darío Santillán

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2009. Marxismo y pensamiento crítico. Principales herramientas teóricas para el cambio social. Imperialismo, ideologías, conciencia, hegemonía. Cartilla de formación, 3, agosto-septiembre. Frente Popular Darío Santillán

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2009. Marxismo y pensamiento crítico. Principales herramientas teóricas para el cambio social. Estado, poder, dominación. Clases y sujetos. Cartilla de formación, 2, mayo-junio. Frente Popular Darío Santillán

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2009. Marxismo y pensamiento crítico. Principales herramientas teóricas para el cambio social. Cartilla de formación, 1, marzo-abril 2009. Frente Popular Darío Santillán

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2009. Formación de formadores y formadoras para el trabajo de base. Cartilla de formación, abril. Frente Popular Darío Santillán

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2009. Riquezas naturales y problemática ambiental. Material Pedagógico, 1er año. Bachillerato Popular Bartolina Sisa. Frente Popular Darío Santillán

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2008. Los pobres también tenemos derecho a gobernarnos. Elecciones en Bolivia. Cartilla de formación, mayo. Frente Popular Darío Santillán

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2008. El modelo económico… o cómo intentan explotarnos las clases dominantes. Cartilla de Formación, octubre. Frente Popular Darío Santillán

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2008. Tradiciones revolucionarias. Movimientos sociales y procesos revolucionarios que enfrentan al imperialismo en nuestra región. Cartilla de formación, 4, octubre-noviembre. Frente Popular Darío Santillán

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2008. Tradiciones revolucionarias. Imperialismo y alternativas en América Latina hoy. Cartilla de formación, 3, agosto-septiembre. Frente Popular Darío Santillán

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2008. Tradiciones revolucionarias. Latinoamérica y la revolución hoy. Teología de la liberación y Nacionalismo Revolucionario. Cartilla de formación, 2, abril-mayo. Frente Popular Darío Santillán

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2008. Tradiciones revolucionarias. Latinoamérica y la revolución hoy. Cartilla de formación, 1, marzo. Frente Popular Darío Santillán

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2007. El trabajo y su forma… en el capitalismo. Cartilla de Formación, agosto. Frente Popular Darío Santillán

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2006. Contrucción de poder popular. Cartilla de Formación, agosto. Frente Popular Darío Santillán

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Columnas periódicas en ZUR, pueblo de voces

Hace unos meses comencé a publicar una columna periódica en zur.org.uy

Es una caricia al alma la invitación a compartir el espacio de debate compañero que es ZUR.

Es, además, un gran desafío reflexionar sobre lo que nos pasa y lo que hacemos con lo que nos pasa como Pueblos.

Aquí van los enlaces a cada una de las contribuciones. Espero sean un pequeño aporte a nuestra reflexión colectiva.

“La deuda odiosa, o la deuda con el Pueblo”, Diciembre de 2019.

“Crisis capitalista, luchas callejeras y resistencia social al ajuste”, Noviembre de 2019.

“La alternativa de la hora es liberación popular o FMI. Los Pueblos de Nuestramérica combaten en las calles en busca de su destino”, Octubre de 2019

“Evitemos no luchar. Economía política del hambre en Argentina”, Septiembre de 2019.

“Este es el fin. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, Agosto de 2019.

“Argentina: La transición en marcha y el proceso electoral en ciernes”, Julio de 2019.

“¿Atrapada sin salida? Argentina dependiente en crisis transicional”, Junio de 2019.

Libro “El tiempo que nos tocó. Dependencia, crisis y luchas sociales en la Argentina reciente”

Junto con Editorial El Colectivo y Ediciones Herramienta, co-editamos en Agosto de 2019 el libro El tiempo que nos tocó. Dependencia, crisis y luchas sociales en la Argentina reciente (ISBN 978-987-47280-1-2).

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El mismo cuenta con ilustraciones (en tapa e interiores) de Martín Malamud, y prólogos de María Orlanda Pinassi y Silvia Adoue, por un lado, y Nicolás Dvoskin, por otro.

Comparto aquí ambos textos, así como la introducción del libro, para incitarles a buscarlo en librerías varias.

Introducción

Prólogo de María Orlanda Pinassi y Silvia Adoue

Prólogo de Nicolás Dvoskin

Comentarios, consultas y sugerencias: marianfeliz@gmail.com

 

¿Qué clase obrera irá al paraíso?. Las organizaciones populares en Argentina frente a la crisis civilizatoria del capital

¿Qué clase obrera irá al paraíso?

Las organizaciones populares en Argentina frente a la crisis civilizatoria del capital

Mariano Féliz[1]

[Texto publicado en el Dossier “Marx y la Política” de la revista Periferias, año 23, número 26, 2do semestre 2018, pp. 197-208]

 

«No busqué afirmación social, ni una vidaacomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí elegí la lucha. […] A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedadcon sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso» (Severino Di Giovanni, en su celda, horas antes de ser ejecutado. “Severino di Giovanni: el idealista de la violencia”,Osvaldo Bayer 2009)

 

“Creo, con toda ingenuidad y firmeza, en el derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa que sea”. (Introducción de la primera edición de “Operación Masacre”, Rodolfo Walsh 2008)

 

I

Las clases populares hacen la historia pero no en las condiciones que eligen, podría haber dicho Marx en estos años. El tiempo que nos toca atravesar en los albores de este nuevo siglo nos pone como pueblo frente a la necesidad imperiosa de reflexionar sobre las formas que asume y asumirá nuestra lucha colectiva frente al avance criminal del imperio del capital.

A través de décadas de proyecto neoliberal en Argentina, las clases dominantes han conseguido configurar una nueva composición social y técnica del trabajo (Féliz 2018a, 2013). Acentuaron el carácter rentista y depredador del capital que extrae plusvalía en procesos de base extractivista, financiarizado, trasnacional y con orientación exportadora (Féliz y Migliaro 2018). El ciclo del capital en la economía argentina depende cada vez más de las demandas de los centros imperialistas (EEUU, Alemania), subimperialistas (como Brasil) y neoimperialistas (como China). Nuestro territorio se encuentra crecientemente subordinado a las pulsiones imperialistas; los acuerdo firmados con las potencias hegemónicas (EEUU, China, Rusia, Francia,…) en el marco del G20 en Buenos Aires dan cuenta de que nos enfrentamos a un nuevo reparto del mundo: Litio, Fracking, Soja, Uranio, IIRSA son los nuevos nombres de nuestra dependencia.

Laplusvalía cargada con renta extraordinaria circula por la economía dependiente como un veneno que imposibilita un mítico desarrollo industrial periférico y acentúa la inviabilidad del capitalismo ‘en serio’ (es decir, del proyecto de neodesarrollo; Marini 1994): no puede superar el intercambio desigual de valor y multiplica la superexplotación del trabajo y la naturaleza como mecanismo compensador (Marini 2015; Féliz y Migliaro 2018). La superexplotación se coloca como eje ordenador de la reproducción ampliada del valor y la alienación.

La década larga del neodesarrollo no alteró ese patrón de organización social de la explotación del trabajo y la naturaleza, sino que lo consolidó como norma social, es decir más allá de las políticas estatales promovidas por las fuerzas de los partidos del orden (Féliz 2018b). La crisis transicional que se inició en 2008, y todavía atravesamos (Féliz 2016), opera como catalizador de las nuevas formas de superexplotación que el capital proyectapara nuestro futuro.

En estos momentos atravesamos la radicalización de este proceso que se enmarca en la crisis civilizatoria del capitalismo a escala planetaria (Mészaros 2008). Frente a la creciente dificultad del capital para garantizar su propia reproducción ampliada, los sectores dominantes multiplican las estrategias de fragmentación de la fuerza de trabajo, amplían las estrategias de explotación del trabajo y la naturaleza, exacerbando las formas más destructivas e irracionales de las mismas (Jipson y Jitheesh 2018).

II

A ritmos discordantes, las clases populares, la clase-que-vive-de-su-trabajo (Antunes 2003), o pueblo trabajador (Mazzeo 2007), han enfrentado y resistido estas transformaciones políticas y socio-productivas que producen otras tantas transformaciones en sus vidas cotidianas.

La configuración del poder al interior del pueblo que trabaja y lucha, ha sufrido alteraciones estructurales en las décadas pasadas. La precarización de las relaciones de trabajo en las fábricas y de la vida en los territorios, la conquista del tiempo vital por parte del capital (Vega Cantor 2012), los cambios en la estructura sectorial y regional del capital, y la prevalencia de la trasnacionalización y financiarización como fenómenos contemporáneos, han desplazado, multiplicado y diversificado los núcleos que podrían formar parte dinámica de una nueva recomposición del poder de clase.

El capital opera de maneras inesperadas buscando disolver el poder que las clases populares han construido a lo largo de su historia (Cleaver 1985). Es paradojal que sea el capital el que a la vez divide y unifica a las formas del trabajo humano con el objetivo de ampliar su capacidad de valorización. En ese proceso de unión/división/fragmentación, el trabajo colectivo útil transmuta en simplemente trabajo abstracto, cuerpo del valor. Cambian las dimensiones y la escala del proceso pero no su naturaleza: garantizar el control  de la vida colectivo de los pueblos a través del trabajo alienado, no libre.

Con ese objetivo en mente, el capital construye nuevas formas de producción y reproducción social que configuran a la vez formas de subjetivación novedosas. Nuevas formas de trabajo fragmentado y digitalizado crean modalidades de explotación que individualizan el trabajo y amplifican el control. A esto se suman formas de vida atravesadas por la financiarización (Caffentzis 2018), mercantilización y ‘privatización’ de la vida diaria. Por un lado, en la medida en que la vida cotidiana se torna cada vez más acelerada, más precaria, más ‘fuera del control’ de las personas, más se acentúa la presión hacia la ‘privatización/individualización’. Por otra parte, nuevas modalidades de uso/gestión/control de la fuerza de trabajo (por competencias, emprendedurismo, trabajo en equipo, subcontratación, etc.) fortalecen prácticas sociales individualistas. Además, los medios masivos de comunicación y las ‘redes sociales’ tienen un papel clave en este proceso:

“el refugio de la intimidad permite eludir momentáneamente los mandatos despiadados de los procesos laborales o del pas de deux de la venta de la “apariencia”. La tecnología ofrece confort a este ser asediado y le concede esparcimiento, excitación planificada y narcotización hogareña en un mundo destemplado” (Ferrer 2011: 16-17). 

III

Frente a este mundo alienado que propone el capital, el pueblo trabajador en lucha ha intentado recomponer políticamente (Cleaver 1985)su capacidad de impugnar ese proyecto societal.Ya hace tiempo no podemos hablar simplemente de‘la clase obrera’ como formación unitaria. Seguramente nunca fue tal pero al menos lo fue en la caracterización teórica hegemónica en la izquierda como la conocemos. En la realidad, el trabajo -en tanto sujeto social colectivo, múltiple y diverso- ha mutado siempre en sus formas organizativas y en su morfología. A través de esos cambios ha buscado construir sus propias formas de producción y reproducción de la vida al mismo tiempo que enfrenta más eficazmente al capital y sus modalidades de apropiación del tiempo vital y de la naturaleza. La unidad del movimiento popular se ha dado siempre en las luchas, rara vez en las formas e instituciones (Casas 2010).

A lo largo del tiempo histórico lasformas de recomposición política del pueblo han supuesto articulaciones cuyos nodos dinámicos han cambiado y siguen haciéndolo: en Argentinade los sindicatos tradicionales a los movimientos piqueteros; de los organismos de DDHH al movimiento feminista, de les trabajadorxs formales a les trabajadorxs de la economía popular. En las últimas décadas, la forma-sindicato cede protagonismo y también centralidad (Vicente, Deledicque, y Féliz 2009). La recomposición política de las clases populares supone ir más allá de las formas históricas de organización. Valorizando las tradiciones pero buscando evitar que ‘oprim[an] como una pesadilla el cerebro de los vivos’ (al decir de Marx 2003: 10), reconfigurándolas o creando nuevas formas que permitan resistir mejor y abran el campo a nuevas demandas sociales.

Las fracciones más precarizadas de la clase-que-vive-del-trabajo, los sectores piqueteros -hoy, organizaciones territoriales de la economía popular- forman parte esencial de esa nueva articulación. Por otro lado, el conjunto de las mujeres y cuerpos feminizados en los ámbitos más diversos del trabajo ‘productivo’ y en el trabajo de reproducción y cuidados, se ubican por sí mismas en una posición clave (Féliz y Díaz Lozano 2018). Ellas producen y reproducen el poder territorial (apoyado en la vida cotidiana) de la nueva clase-que-vive-de-su-trabajo (Dalla Costa 2009). Los pueblos y comunidades campesinas, originarias e indígenas lideran un creciente movimiento eco territorial que enfrenta a las fracciones más destructivas del capital extractivista. Por último, entre las fracciones que integran los núcleos del capital en la etapa actual, les trabajadorxs bancaries, en plataformas de distribución y en las ramas neoextractivas ocupan posiciones potencialmente disruptivas.

Cada fracción construye su poder en diferentes planos de la lucha social. Los sectores de la economía popular son capaces de interpelar al poder social del capital en las calles (Stratta y Barrera 2009). La capacidad de organizar articulaciones reivindicativas amplias, la potencia de la acción directa y la masividad otorgan a estas fracciones del pueblo la capacidad de producir efectos intensos en la cotidianeidad urbana. Las fuerzas sindicales más institucionalizadas -por su parte- aparecen como capaces de golpear el conjunto de la producción de capital, sobre todo en la medida en que actúan en articulación con los movimientos territoriales. Sin embargo, la burocratización institucional (separación de liderazgos/direcciones y bases) pone en riesgo la capacidad radical de la histórica forma-sindicato (Vicente, Deledicque, y Féliz 2009). Los movimientos ecoterritoriales están poniendo en cuestión las bases mismas del capital haciendo eje en la construcción y defensa del cuepoterritorio y en los límites de la explotación capitalista de la humanidad/naturaleza (Féliz y Migliaro 2018).

Sin embargo, es el movimiento feminista el que ha demostrado más potencia en la etapa actual: ha mostrado poder golpear, en un mismo acto, las bases de la reproducción social del sistema capitalista-racista-heteropatriarcal, contribuyendo a la configuración de nuevas subjetividades con potencial capacidad transformadora (Alfonso et al. 2018).

Todo lo sólido se desvanece en el aire: el feminismo enfrenta prácticas retrógradas en todas las formas institucionales existentes, aportando elementos concretos a desnaturalizar las imposiciones del patriarcado. Sus intervenciones masivas están creando una nueva conciencia en amplias capas jóvenes de las organizaciones populares, interpelando al movimiento popular de conjunto en sus prácticas machistas más arraigadas.

IV

Estas potencialidades no han pasado desapercibidas para los sectores dominantes. El cuestionamiento sistémico del movimiento piquetero y la economía popular, ponen en evidencia un sistema social que opera sobre la base del clasismo y racismo estructural. Por eso, de manera crecienteeste movimiento (integrado masivamente por mujeres, migrantes internacionales e internxs) es centro de ataques racistas y discriminatorios por parte de los sectores dominantes y sus medios de comunicación.

El propio núcleo de la clase obrera recibe ataques permanentes atravesados por un discurso meritocrático, cuyo test pasarían pocos de quienes lo sostienen. Con el discurso de la competitividad y el emprendedurismo, el capital pretende proyectar sobre el pueblo trabajador una subjetividad alienada, potenciando la conversión de la clase obrera en mero capital humano a ser explotado.

El capital extractivista mantiene una política de represión persistente y de baja intensidad a las comunidades y pueblos en lucha. Cada ves es más evidente la asociación delictiva entre en agronegocio y los mega proyectos (desde la minería a la energía hidroeléctrica) con las distintas escalas del aparato del Estado en la defensa del saqueo.

Por su parte, las luchas del movimiento feminista enfrentan la resistencia pero sobre todo los ataques asesinos de los fundamentalismos religiosos y los machos violentos. El freno a la ley de aborto seguro y gratuito, y la avanzada para frenar la implementación plena de la Enseñanza Sexual Integral (ESI), son botones de muestra que se imprimen sobre la sucesión de femicidios.

En efecto, todo poder crea una resistencia, decía Foucault, pero esta es una operación simétrica y desigual: las fracciones dominantes resisten con violencia los avances del poderpopular. 

VI

Este nuevo pueblo trabajador, más precarizado, migrante, feminizado y joven enfrenta la fragmentación del mundo con prácticas aprendidas en el nuevo ciclo de luchas nacido de los años noventa.

La lucha ha creado nuevas certezas pero sobre todo nuevas preguntas y por tanto nuevos desafíos. En particular la lucha en la década neodesarrollista ha puesto en cuestión la relación entre las bases sociales de los movimientos, sus forma-constituidas y lideranzas, y las fuerzas políticas en el poder político (en el gobierno o en la oposición). En Argentina la forma-neodesarrollista del Estado logró integrar y normalizar, parcial y conflictivamente (Deledicque y Contartese 2010; Dinerstein, Deledicque, y Contartese 2008), las luchas populares en el estado en que emergieron de la crisis orgánica de 2001 (Dinerstein 2002; Bonnet 2006).

Haciendo la historia en condiciones que no eligen, estas nuevas clases populares se entrenan en la acción directa, en la lucha callejera, fuera del campo institucional. A la vez, aprendiendo del movimiento feminista, (re)crean maneras de vivir y luchar que ponen en el centro los afectos y los deseos. Estamos atravesando “un nuevo comienzo” (Dunayevskaya 2000). La clave está -nuevamente- en poder convertir el saber práctico, en reflexión sistemática, en fuerza material, en armas para la práctica crítica, sin la cual no puede enfrentar la crítica del poder (que siempre es -en definitiva- el poder de las armas, diría Marx) (Marx 1968). 

VII

Pero nada será fácil.

El poder del capital se ha concentrado y su capacidad de daño multiplicado en las últimas décadas. La internacionalización y financiarización del capital en todas sus formas, y el desarrollo de las tecnologías basadas variedades de Inteligencia Artificial y algoritmos, cambia radicalmente la relación capital-trabajo.

Por algo hablamos de crisis civilizatoria del capital: está en crisis el patrón de reproducción ampliado en el plano ecológico y sociopolítico (Mészaros 2008). El gran capital trasnacionalizado circula por el mundo apropiando los bienes comunes y el trabajo colectivo sin miramientos; a su paso destruye comunidades y prácticas culturales (Cielo y Vega 2015), devasta el ciclo vital de la naturaleza y amplía su capacidad de deshumanizar (alienar) las relaciones entre las personas.

La “pedagogía de la crueldad” se convierte en la nueva forma de subjetivación dominante (Segato 2014). Este es el programa del G20: infraestructura para el saqueo y la destrucción de los cuerpo-territorios, privatización de la vida (desde las semillas a la gestación humana, “vida de diseño”), y vidas y trabajos mediados por la deuda, la mercancía y la incertidumbre.

Más que nunca el proyecto del capital es convertir nuestras relaciones interpersonales afectivas, deseantes, en relaciones cosificadas, ajenas. 

VIII

La democracia burguesa es puesta en suspenso pues las fracciones dominantes del capital ya no pueden neutralizar a través de ella las potencias radicales del pueblo trabajador cuando lucha. La democracia formal se degrada en gestión, administración y niega la capacidad creadora del pueblo.

Históricamente, el capital nos a forzado a vivir bajo un Permanente Estado de Excepción (Benjamin 2005). En ese marco, la democracia formal sirvió como simulación de gobiernos legítimos bajo la dictadura del capital.

No más: vivimos la democracia como ritual electoral, ficción de la democracia. Se impone la ‘dictadura del mercado’, que es la autocracia del capital transnacional, bajo la mediación del capital financiero global. El más reciente acuerdo del gobierno argentino con el FMI supone la subordinación plena del Estado-nación a ese poder.

Aceptar el imperio del capital, la urgencia del ajuste sin plazos, nos condena a la doctrina del mal menor, de la cual nos prevenía Gramsci. Ese es el camino más simple, tal vez, pero el peor, el que conduce al recorte progresivo del horizonte de lo posible. El renovado ciclo de avanzada de las formas del facismo global son el resultado del fracaso del progresismo socialdemócrata. Cómo señalaba Ruy Mauro Marini la crisis del reformismo nos pone frente al dilema histórico: socialismo o barbarie, revolución social o contrarrevolución (Marini 1981). 

IX

Caminamos por una cornisa: el espejo de Brasil nos debe abrir los ojos. La democracia liberal, aun en la precaria forma del Estado en el capitalismo dependiente,ya no es un límite al poder del capital. Es más bien, una nueva forma de su dictadura; al decir de Aldous Huxley, es la dictadura perfecta:

“básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre” (Huxley 2004).

El pueblo trabajador enfrenta el desafío de recuperar, primero, la capacidad de empatía. Como sujetos debemos rechazar la pedagogía de la crueldad, y construir una nueva humanidad.

En segundo lugar, las fuerzas populares debemos recuperar la capacidad de interpelar al conjunto del pueblo, rescatando su autoactividad como práctica constituyente.

No hay atajos, ni opciones: debemos apostar y aportar a la construcción de una visión de futuro anclada en el presente, que suponga el protagonismo popular. Pero no como consigna, sino como práctica, pues será esa práctica la que -al decir de Rosa Luxemburgo- podrá transformar las conciencias (Luxemburg 1976).

 

Referencias

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[1] Investigador CONICET. Profesor UNLP. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Activista en el Movimiento de los Pueblos.

Argentina en tiempo de descuento ¿De la crisis económica a una nueva crisis orgánica?

[Texto aparecido en ContrahegemoníaWEB, 16-10-2018]

Argentina en tiempo de descuento ¿De la crisis económica a una nueva crisis orgánica?

Sólo el Pueblo, salvará al Pueblo
(CGT de lxs Argentines / R. Walsh)

Hace un año atrás hubiera sido difícil proyectar la profundidad de la crisis en la que hoy se encuentra sumido el capitalismo argentino. La posibilidad cierta de su ocurrencia era fácil de prever por las razones estructurales y la política económica. La dependencia exacerbada y una política macroeconómica riesgosa (basada en el endeudamiento masivo y el ajuste en el Estado), ponían a la economía argentina frente a riesgos extremos. La alta probabilidad de la crisis era también esperable debido a un contexto mundial de crisis de hegemonía y de crisis civilizatoria. El errático gobierno de Trump en los Estados Unidos y la continuidad del devenir de la crisis iniciada en 2007/2008 eran motivos de creciente preocupación.

Estaba todo preparado para que la crisis ocurriera. Sólo faltaba una chispa: la movilización popular activa en las calles. Y diciembre, siempre diciembre, de 2017, se convirtió en el momento propicio. Desde ese instante, una incipiente recuperación económica se atascó y comenzó a desarrollarse un nuevo ciclo descendente en la crisis transicional en que la economía argentina se encuentra atrapada desde 2011 (ver más).

Cambiemos o el peor equipo

 

Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales; solamente pueden crear un terreno más favorable para la difusión de ciertos modos de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo posterior de la vida estatal

Cuadernos de la Cárcel (Antonio Gramsci)

El gobierno de Cambiemos pretendió ignorar todas las señales de la profundidad de la crisis, que expresaba -nuevamente- la condensación de los límites del desarrollo capitalista en Argentina (ver más).

Sin un diagnóstico adecuado, Cambiemos se propuso aprovechar la crisis para avanzar a una agenda de largo plazo de reestructuración capitalista. Hemos señalado el tema antes: buscarían avanzar en la radicalización del desarrollo capitalista dependiente en Argentina a través del ajuste y la crisis (ver más, ver más).

La praxis del ajuste en el gobierno liderado por el PRO se orienta en términos generales a eliminar controles y regulaciones al capital, y a transformar (más que simplemente reducir) el papel del Estado en la economía (ver más, ver más, ver más). Avanza en la eliminación de impuestos al gran capital y a las grandes fortunas, recorta programas enteros en el sector público y reduce o transforma la mediación estatal en los mercados.

Sin embargo, antes que superar los límites del capitalismo vernáculo, el programa de Cambiemos acentúa sus desequilibrios y barreras al desarrollo. El déficit fiscal se acelera:  progresivamente deja de financiarse con emisión monetaria mientras aumenta paralelamente el endeudamiento en moneda extranjera. El descalce externo se acrecienta: suben violentamente las importaciones y las distintas formas de fuga de capitales. La inflación no baja, el crecimiento macroeconómico no logra asentarse (y se mantiene errático) pues la tasa de ganancia general no repunta (ver más), y las finanzas públicas se descalabran, al igual que la sociedad que profundiza su fractura frente al poder del capital transnacional, las nuevas formas del trabajo capitalista y la crisis global. La crisis transicional no parece tener visos de solución (ver más): la economía casi no crece desde 2011 y el ingreso por habitante ha caído fuertemente; estamos camino a una nueva década perdida.

Las fracciones hegemónicas del gran capital construyen su visión de nuestro futuro en las múltiples reuniones del G20 que se desarrollan este año bajo la presidencia argentina del organismo (ver más): (1) infraestructura para el saqueo (‘para el desarrollo’ le dicen), (2) privatización de la vida, bajo el mote de ‘agricultura sustentable’ o ‘revolución agroindustrial’ (de las cuales el proyecto de nueva Ley de Semillas es uno de sus mascarones de proa) y (3) la uberización/precarización del trabajo (o ‘el trabajo del futuro’).

Hegel decía que lo racional es real y lo real es racional. Buscaba justificar el status quo del dominio del estado prusiano a finales del siglo XIX. Cambiemos hace un uso impropio de esa proposición para negar realidad de la crisis: pretende imponer la racionalidad del capital (el ajuste) como la única realidad (el “único” camino posible, dice Macri, y resuena la TINA –There Is No Alternative– de Margaret Thatcher a comienzos de los años ochenta en Inglaterra). Las ideas de los sectores dominantes (su verdad) intentan ser impuestas como las ideas dominantes, no sólo por la fuerza de los ‘hechos’ sino con el uso de la represión simbólica y material.

 

¿De Cambiemos al reKambio?

 

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa

18 Brumario de Luis Bonaparte (Carlos Marx)

 

Ante la profundización de la crisis, Cambiemos busca y necesita subir a las principales fuerzas de oposición parlamentaria al Titanic que es su programa de gobierno. Le prende velas a los santos del campo, y espera que una buena cosecha en 2019 apuntale un rebote, aunque más no sea leve, frente a la elección de Octubre.

El neoperonismo hace uso descarnado de la cita hegeliana y asume que él mismo es lo único real, y por tanto un (futuro) gobierno peronista lo único racional. Ante el manotazo de ahogado del gobierno nacional, juega con fuego. Pretende aplazar una salida veloz a la crisis, esperando las elecciones de 2019. Intenta construir una forma de gobernabilidad que evite el estallido social fuera de su control, mientras resuelve simultáneamente su interna.

En ese espacio, la fracción kirchnerista busca presentarse como la fuerza progresista que podrá recuperar un ‘estado presente’ neodesarrollista: un estado que pueda configurar un patrón de gobernabilidad en un nuevo proyecto de ‘capitalismo en serio’.

Para ello avanza con la configuración de un espacio que articule las fuerzas de fracciones importantes de los movimientos populares de base territorial, dentro del movimiento obrero organizado en la(s) CGT y la(s) CTA, y entre los movimientos políticos que, para usar laxamente el concepto gramsciano, priorizan la guerra de posiciones (y se afanan en ocupar espacios institucionales como parte fundamental de su acción política). El rejunte de las fuerzas (muchas de ellas expulsadas del mismo espacio político en tiempos del ajuste o ‘sintonía fina’ en el último gobierno de CFK) procurará hegemonizar la coalición electoral opositora en el recambio del año próximo.

La pregunta (retórica, al fin y al cabo) que vale aquí es: ¿este frente político estará apostando a que Cambiemos haga el ajuste brutal, pague los costos políticos y una forma de neoperonismo recupere el poder estatal sobre las cenizas de lo que quede (al estilo de Néstor Kirchner en 2003, luego del ajuste 1998-2002)? Las expresiones a favor de dar al gobierno la posibilidad de aprobar el presupuesto del FMI -dando quórum pero absteniéndose -o aún oponiéndose- en la votación)- apuntan en ese sentido.

Si ese fuera el caso, más allá de la desconsideración por enormes efectos sociales y económicos de postergar la salida de la crisis, se abre la pregunta por el programa mismo de esa salida.

¿Buscarán intentar volver sobre sus pasos (volver al 2015), sin enfrentar los límites evidentes del proyecto neodesarrollista en crisis? ¿O, pretenderán avanzar sobre el programa del G20 pero habiendo superado -a través del ajuste PRO- las actuales barreras de corto plazo a la acumulación (en especial, las restricciones externa y fiscal) a partir de un nuevo abordaje desarrollista más acorde a la etapa actual de nuestro capitalismo dependiente? Es decir, el nuevo programa desarrollista, primero buscará ampliar la extensión y profundidad del saqueo (ahora, supuestamente ‘sustentable’) a partir del desarrollo de Vaca Muerta, la explotación del litio y otras formas de (mega)minería, nuevos mega emprendimientos energéticos y la intensificación del monocultivo de soja. En segundo lugar, retomando la fracasada reindustrialización de la etapa anterior, avanzarán en la modalidad de una industrialización fragmentada bajo control transnacional a partir de mayor intensidad laboral, más precariedad y nuevas formas de organización del trabajo. Finalmente, buscarán recuperar un crecimiento moderado pero ya con una muy limitada redistribución, mucho más discreta que la ya débilmente realizada en la fase ‘progresiva’ del ciclo neodesarrollista anterior (2003-2008). En definitiva, el programa progresista no será tanto una vuelta a la ‘tragedia’ épica pos-2002, sino más bien un retorno bajo la forma de ‘farsa’.

El tiempo es ahora: del chau Macri a la impugnación de la democracia burguesa

 

El sueño se hace a mano y sin permiso,

arando el porvenir con viejos bueyes

(Silvio Rodríguez)

Mientras las fuerzas políticas de los partidos del orden debaten la gobernabilidad, el conjunto de los sectores populares enfrentan una crisis económica y social con pocos precedentes. Hoy mismo más del 50% de les niñes están por debajo de la línea de la pobreza y 500 mil pasan hambre. La tasa de desempleo abierto se acerca al 10% en promedio, pero supera el 21% para las mujeres jóvenes. 80% de los ocupados cobran menos de 23 mil pesos por mes.

La crisis combina una inflación en ascenso con una violenta caída en los niveles de actividad económica, junto con un ajuste fiscal brutal. La proyección para el año 2019 de aceleración del ajuste (el nuevo acuerdo con el FMI) con el objetivo del déficit fiscal cero y el endurecimiento de la política monetaria del BCRA para estabilizar el dólar, rayan el límite de lo racional. Mientras se propone recortar las partidas presupuestarias en la mayoría de las acciones del Estado nacional, aumentan 50% los pagos de intereses de la deuda pública y el BCRA paga tasas de corto plazo (LELIQ) que superan el 70% anual (entregando miles de millones de pesos a los bancos simplemente por absorber sus saldos excedentes de dinero). En estas condiciones, la aceleración en la caída de la actividad económica hará casi imposible alcanzar los objetivos del programa del Fondo: la espiral del recorte fiscal y la recesión general sólo podrán profundizar la crisis.

La pregunta por la salida del ajuste sin fin es primordial: debe ser inmediata y por lo tanto debe superar todos los escollos que frenan la transición. El primero de ellos, el gobierno de Cambiemos. ¿Puede haber 2019 con Macri en el gobierno? La segunda barrera es la oposición parlamentaria de los partidos del orden (en particular, todas las formas del neoperonismo). Tercero: todas las formas organizativas que bloquean la organización popular, su autoactividad y autogobierno, aun aquellas que se encuentran dentro del campo del Pueblo; debemos radicalizar nuestras prácticas políticas para vencer la inercia y dar un salto hacia adelante en lo organizativo.

Una salida popular a la crisis requiere en este contexto multiplicar las expresiones de resistencia callejera poniendo como objetivos básicos (a) la caída del acuerdo con el FMI, (b) el rechazo del Presupuesto Nacional con déficit cero, y (c) rechazo al G20 y su programa; es decir el final del programa de Cambiemos.

En lo inmediato, alcanzar estos objetivos implica (a) repudiar la deuda pública generada por mecanismos extorsivos, usurarios e ilegales, recuperar el control del mercado de cambios con controles al flujo de capitales y eliminar de formas espurias de endeudamiento cuasi-fiscal (como las LEBAC y LELIQ). Estas medidas acompañadas de (b) control popular de las empresas estratégicas (en especial, energéticas, agroexportadoras y bancarias), liberará en lo inmediato recursos públicos que pueden destinarse para atender la emergencia social y permitirá (c) iniciar un programa de obra pública en barrios populares cogestionados con las organizaciones populares y el amplio arco de empresas de la economía popular, incluidas las fábricas recuperadas. A esto habrá que sumar una recomposición de emergencia en el conjunto de los salarios y transferencias sociales (jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares) financiadas con una redistribución de la carga impositiva hacia las grandes empresas y riquezas.

Por último, la salida del G20 abre el camino para avanzar hacia la definición de un nuevo proyecto societal que impugne la democracia burguesa (formal y restringida) y el proyecto del gran capital. Con la creación de nuevas formas de autogobierno a partir de la participación protagónica del Pueblo, la consolidación del poder popular será la base para avanzar en un proyecto de transición feminista, antiracista, ecosocialista.

Mariano Féliz*

 

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Integrante de COMUNA/FPDS-CN en el Movimiento de los Pueblos. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Texto terminado el martes 5 de Octubre de 2018. Agradezco los comentarios preliminares de Melina Deledicque, Nora Tamagno y Sergio Zeta.

Macri(o)-economía: ¿camino al abismo?

Macri(o)-economía: ¿camino al abismo?*

No voy a tolerar, que ya no tengan fe
Que se bajen los brazos, que no haya lucidez.

La Vela Puerca, “Zafar”

Difícil proyectar el futuro próximo, aunque tal vez no tanto con un gobierno que se empeña en caminar con los ojos vendados hacia un precipicio. El presidente Macri insiste con que “no pasa nada, tranquilos”, pero el proyecto liderado por Cambiemos trastabilla y su castillo de naipes está a punto de derrumbarse. Diciembre de 2017 fue el quiebre social; Mayo de 2018 su quiebre económico; ¿cuándo será su quiebre político? La crisis económica y social en desarrollo no alcanzará para quebrar por sí sola el proyecto neoconservador; hará falta la potencia social organizada.

El gobierno de Cambiemos llegó con el cuento de la Revolución de la Alegría, ocultando que su proyecto se ceñía a la consigna de acelerar la radicalización productivista del capitalismo dependiente argentino en un intento superar la crisis transicional y recuper la capacidad de acumulación de capital -es decir, el crecimiento económico- (ver). Esta radicalización suponía la acelerada concentración y centralización del capital local, la intensificación de la superexplotación laboral y la consolidación de un patrón de participación dependiente en el ciclo global del capital. Cambiemos ha hecho mucho en ese plano general, pero aún así no ha logrado reiniciar un ciclo expansivo consistente (aun si más desigual que el ciclo anterior).

En los primeros 30 meses de gobierno sólo logró producir una incipiente e importante redistribución regresiva de los ingresos. Limitado en términos macroeconómicos, el ajuste regresivo no consiguió alterar sustancialmente las condiciones de valorización del capital que podrían impulsar la ya mítica “lluvia de inversiones”. La tasa de ganancia no repunta: para el conjunto de las grandes empresas, se mantiene en torno a un piso de 11% del capital circulante entre 2011 y 2016. La inversión flaquea y cualquier brisa (anque tormenta, dirá el presidente) quema como el glifosato cualquier brote verde (ver): la inversión se mantiene estancada en términos reales desde 2011, con un repunte en 2017 que se frenó violentamente en la presente crisis cambiaria.

 

Tormenta perfecta

Entre finales de 2017 y Abril de 2018 se confirmó lo que sabíamos: el plan Cambiemos no tenía futuro y sólo sobrevivía apoyado en un financiamiento externo (que en el gobierno soñaban ilimitado) y en una relativa pasividad social-política, ambas construidas en la contradictoria expectativa de un futuro venturoso por venir. Pero el globo se pinchó… (ver)

La radicalización proteccionista de la administración Trump en el gobierno de EE.UU., aceleró el deterioro en el contexto global que enfrenta la economía argentina. Se acabó el festival de endeudamiento externo que había permitido al gobierno argentino multiplicar la deuda pública: la misma pasó de 240 a 331 mil millones de dólares entre 2015 y el 1er trimestre de 2018, y del 52,6% al 59,3% del PBI en igual período; en 2018 -devaluación mediante- la misma ya representa más de 75% del PBI. La suba en las tasas de interés internacionales y la crisis del proteccionismo global expusieron todas juntas las vulnerabilidades del capitalismo dependiente argentino: alta exposición al capital especulativo, elevado déficit estructural en la cuenta corriente del balance de pagos (5,3% del PBI acumulado al primer trimestre de 2018, 34 mil millones de dólares al año), posición dependiente en la división internacional del trabajo como proveedores exportaciones basadas en el monocultivo sojero, y subordinación regional (vía industria automotriz) a los avatares del capitalismo subimperialista brasileño, entre otras.

Diciembre de 2017 será recordado como el momento en que el ajuste impulsado por la gestión Cambiemos tuvo su primer “no” social de magnitud. La represión de la protesta contra el saqueo previsional comenzó a quebrar el espejo de la ilusión (ver). Se aceleró la articulación de fuerzas sociales frente al ajuste que pretendía venir a resolver la crisis transicional. Luego vinieron la movilización del 21 de Febrero y -en especial- el paro nacional del 25 de Junio, ambas masivas. Todavía está en disputa la conducción de este proceso. Los sectores burocráticos -o en proceso de burocratización; hoy, además, abiertamente aliados al Papa Francisco- continúan operando como históricamente lo han hecho. Usa los hitos de masas para intentar descomprimir la presión desde abajo mientras continúan pergeñando estrategias para mantener sus control sobre sindicatos y organizaciones; la reciente reunión de la dirección de la CGT con los funcionarios del FMI es la última muestra de esta forma de construcción de poder burocrático. Por su parte, los sectores populares desde abajo tratamos de acelerar la organización en las bases y -con aciertos y errores- proyectamos un proceso que abra el campo de la lucha en los territorios y creen condiciones de ingobernabilidad arriba.

Dos años de ajuste gradual pero sostenido no habían logrado ninguno de los objetivos centrales del programa público del gobierno: reiniciar el proceso de acumulación de capital y reducir la inflación. Por un lado, prosigue el estancamiento que se proyecta sobre la economía desde al menos el segundo gobierno de Cristina Fernández (ver).  El PBI ha crecido solamente 2,5% en total entre 2011 y 2017. La inflación sostenida y elevada expresa la incapacidad del capital y el Estado de atacar el poder obrero y popular -y sus conquistas históricas- en los territorios de producción y apropiación de riqueza, tanto en las fábricas como en las comunidades y en las casas: subió en 2016 con fuerte caída salarial, se redujo marginalmente en 2017 con una leve recuperación en el poder de compra de los salarios y volvió a acelerarse violentamente en 2018 con una reducción atroz en los ingresos reales. La dinámica del empleo es tendencialmente descendente en la industria y oscilante y precarizada en el conjunto de la economía, moviéndose al vaivén de la actividad económica. En el Estado, continúan la desarticulación a cuenta gotas de programas enteros, y persisten los despidos por oleadas. La caída profunda de estos últimos meses en la economía (con el estimador mensual de actividad económica cayendo 6,7% entre Junio de 2018 y de 2017, y el estimador mensual industrial descendiendo 8,1% en igual período), prepara una inminente crisis abierta en el mercado de trabajo con tasas de desempleo acercándose peligrosamente al 15% de la población económicamente activa. La incidencia de la pobreza por ingresos supera el 30% de la población en el primer semestre de 2018, arriba de los valores del año anterior.

En una guerra de desgaste, los costos sociales son crecientes. Los efectos del ajuste no son neutrales al género: el desempleo se incrementa rápidamente superando el 20% en las mujeres más jóvenes y empobrecidas, se desarticulan políticas de cobertura social aumentando la carga de trabajo no remunerado sobre las mujeres que compensan con esfuerzo (tiempo) personal las pérdidas de ingresos (ver), se deteriora el salario y otras formas de ingreso popular (incluidas las transferencias como jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares, nuevamente mayoritariamente recibidas por las mujeres) frente a precios que aumentan sin tregua.

En los primeros años del gobierno Cambiemos, la política fiscal-monetaria de Prat-Gay y Sturzenegger expresó la contradicción entre la voluntad del gobierno de ajustar y su imposibilidad de hacerlo al ritmo y profundidad deseados debido a la resistencia social en todos los planos. La intención de llevar adelante un ajuste fiscal profundo, sistemático pero gradual en el marco de un programa de liberalización financiera, tuvo su expresión monetaria en la acumulación de endeudamiento creciente del Banco Central a través de las LEBAC. Primero cayó el Ministro de Hacienda (octubre de 2017) quien fracasó en el intento de conjugar las intenciones de varios Ministerios operando sin articulación estratégica (ver). Con el agotamiento del financiamiento sin fin, la montaña de deuda comenzó a deslavarse, llevándose puesta en el camino a la conducción del Central; ya en diciembre de 2017 su poder interno se había desvalorizado, preanunciando la desvalorización del peso que ocurría en los meses subsiguientes.

La llegada de Dujovne -primero- y Caputo -meses después- a los sitios claves en la gestión de la política macroeconómica (Ministerio de Hacienda y Banco Central, respectivamente), buscaron romper esta situación en la guerra de posiciones entre los sectores populares en lucha y en creciente articulación, y las fracciones dominantes del capital. El ataque de estos últimos meses es cada vez más frontal frente a una creciente impaciencia de las fracciones más especulativas del capital: más violencia (para)policial en las calles y crecientes intentos de debilitar la organización popular. La crisis del tipo de cambio de los últimos meses es una de las expresiones de la escalada de esa batalla.

La vuelta de un viejo ‘amigo’

Llegaron Dujovne y Caputo, y con ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con el apoyo de sus socios mayoritarios (entre ellos, el gobierno de EE.UU.), el Fondo intenta traer tranquilidad de que el ajuste se acelerará.

El acuerdo Stand-byfirmado propone una violenta reducción en el gasto público, liderado por la administración nacional. A cambio de ello, el gobierno central recibió 15 mil millones de dólares en lo inmediato (la mitad de los cuales pueden ser usados para pagar deuda del tesoro nacional). Si el acuerdo es cumplido -con monitoreos trimestrales- podrá recibir cuotas por 3000 millones adicionales hasta un total de 50 mil millones a lo largo de tres años.

El acuerdo tiene dos patas fundamentales. Primera y principal, el ajuste fiscal: una reducción de casi 50% en el déficit fiscal primario (es decir, antes del pago de intereses de la deuda pública) que debería llegar en 2019 a sólo 1,3% del PBI (en comparación con 2,7% en 2018); el déficit primario cero llegaría en 2020. Se estima una reducción de entre 250 mil y 300 mil millones de pesos.

En la práctica, el gobierno nacional ya estaba cumpliendo con esos objetivos antes de la vuelta al Fondo. Según el informe de ejecución presupuestaria, entre enero y junio de 2018 el gasto público primario subió 19,9% en comparación con igual período de 2017, por debajo de la inflación superior al 25%. En paralelo, los pagos de intereses de la deuda subieron 78%. El déficit primario baja, pero el déficit financiero (incluyendo el pago de intereses por la deuda pública) aumenta violentamente, ampliando las necesidades de financiamiento.

La segunda pata del acuerdo es la desactivación de la bomba de las LEBAC. Para ello, se inició un proceso -acelerado recientemente- para reemplazar el endeudamiento cuasifiscal del BCRA por deuda pública a través de Letras del Tesoro en pesos (LETES), entre otros instrumentos. Frente a la presión cambiaria, las LEBAC suponían un crecimiento exponencial de la creación de dinero. Las elevadas tasas de interés, superiores al 40% anual, se pagaban con pura emisión monetaria, alimentando la presión sobre el tipo de cambio. Las LETES, por el contrario, pagan intereses que suman al gasto público y en contexto de ajuste presupuestario compiten con otros usos de los ingresos fiscales e incrementan el déficit financiero del Estado nacional, aumentando inevitablemente las presiones hacia la cesación de pagos: ¿a qué costo podrá financiarse el déficit financiero en ascenso? En el semestre de Enero  a Junio de 2018 representaron el 13,3% de todo el gasto público nacional (15,3% en comparación con el gasto primario); en igual período de 2017 fueron 9,4% (10,3%).

Con el acuerdo con el FMI el gobierno nacional intenta conseguir un respiro frente a una dinámica financiera de corto plazo que no lo deja tranquilo. A pesar del aporte del FMI (7500 millones de dólares de los cuales van a ‘fortalecer las reservas’ y no podrían ser usados para vencimientos de deuda externa), la pérdida de reservas del BCRA superó los 6000 millones de dólares desde entonces (un 10% del total), las tasas de interés de corto plazo se mantienen por encima del 45% anual y el riesgo país oscila en torno a los 700 puntos básicos (duplicando su valor de hace un año).

La primera misión de revisión del FMI a mediados de Agosto de 2018 supuso ya poner en tensión el acuerdo, a poco de andar. Los objetivos macroeconómicos de inflación y crecimiento económico no se cumplirán. La situación política pone en riesgo los objetivos fiscales. El pedido de perdón (waiver) ya está en orden para garantizar la continuidad de Stand by; por ahora, entre los sectores dominantes, nadie quiere que el acuerdo de desmorone. La reputación del Fondo está en juego; la gobernabilidad de Cambiemos también.

Mientras tanto, FMI y gobierno ya acordaron acelerar el ajuste fiscal golpeando en una misma estocada a aliados y enemigos: reducen reembolsos a las exportaciones regionales, frenan la reducción de retenciones a las exportaciones de la industria agropecuaria vinculada al complejo sojero (harinas, aceites), recortan el fondo solidario federal que alimenta la obra pública provincial. Además, se proyecta el congelamiento de los pagos de asignación universal por hijx (AUH) para 2019, entre otros recortes que el gobierno intentará incorporar en el Presupuesto del año próximo.

En el mismo sentido, Cambiemos acentúa su retórica y práctica anti-sindical, negando en los hechos los espacios de negociación paritaria en el Estado, avanzando molecularmente en formas de reforma de la legislación laboral (en los convenios colectivos ya que no puede avanzar en el parlamento) y combatiendo activamente a las organizaciones (por ejemplo, a través de su intervención o, más recientemente, con intentos de inflingir multas multimillonarias a algunos sindicatos).

El ajuste actual no distingue entre necesidades o intereses, sólo prioriza pagar la deuda pública, que continúa en ascenso. ¿Conseguirá el gobierno aliados para avanzar en esta nueva fase del ajuste? ¿O la oposición parlamentaria frenará el recorte presupuestario, aun a riesgo de poner en crisis la gobernabilidad sistémica? Difícil que el chancho chifle…

El gobierno corre una carrera contra el tiempo. Cree que ajustando ganará la confianza del gran capital y llegará con posibilidades a octubre de 2019. Pero a la vez, el alza en el riesgo país parece indicar que su tiempo parece haberse agotado y estaríamos en tiempo de descuento, solo esperando el silbato final que dé por terminado un partido que -parece- van a perder por goleada.

G20: el gran capital planifica cómo apropiarse del futuro

Mientras continúa y se profundizan las contradicciones del proyecto Cambiemos de superación de la crisis transicional en el capitalismo vernáculo, pasa casi desapercibida la presidencia argentina del G20. En innumerables reuniones temáticas de alto nivel y encuentros de los Grupos de Afinidad los 19 países miembros más la Unión Europea, junto con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y otros, delinean los senderos del cambio estructural para las próximas dos décadas o más (ver). Las organizaciones populares no logramos todavía registrar por completo la relevancia de estos ámbitos donde el gran capital transnacional pretende consolidar los consensos hegemónicos en torno a cómo construir un tipo de sociedad más acorde a sus necesidades.

El G20 nació como superación dialéctica del G7 (que lo integra) antes la imposibilidad de los EE.UU. y sus aliados más importantes (Inglaterra, Japón, Francia, Alemania, Canadá, Italia) para construir por sí solos el “Nuevo Orden Mundial” previsto por George W. Bush a comienzos de los noventa. La primera oleada de crisis en el neoliberalismo en los países dependientes a fines de los años noventa y la (re)emergencia de potencias subimperialistas regionales en el Sur Global (los llamados BRICS -China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica- y otros), obligó a las potencias imperialistas históricas a ampliar el juego. La crisis en el centro a partir de 2008 hizo aún más urgente para el capital acelerar un proceso de reorganización global. Ese año -durante la primera presidencia de Cristina Fernández- Argentina se incorporó al G20.

El nuevo tablero mundial -liderado por las grandes corporaciones transnacionales- requiere de una nueva arquitectura y nuevas reglas de juego, pero sobre todo la construcción de nuevas subjetividades sociales. El capitalismo intentará recuperar el brío perdido intentando constituir nuevos sujetos aislados, temerosos, anestesiados, incapaces de enfrentar la nueva barbarie capitalista.

El capital imperialista se juega mucho en este proyecto. Por ello está dispuesto a invertir masivamente en el control social, en la militarización de nuestros territorios y en la limitación de nuestras libertades. El dinero, las armas, la informática y las nuevas tecnologías (incluidas los algoritmos de inteligencia artificial y los drones, por ejemplo) son elementos claves hoy puestos al servicio del control capitalista de nuestras vidas: millones de pesos invertidos en la realización de las actividades del G20 en la Argentina, el reposicionamiento de las fuerzas de represión a lo largo y ancho del territorio nacional, y la intervención de fuerzas militares extranjeras en puntos estratégicos (frontera norte y sur) con la excusa del terrorismo y narcotráfico.

En ese plano se desarrolla hoy en día la batalla contra el G20. El capital globalizado necesita reconfigurar las formas de la superexplotación de la naturaleza (fractura hidráulica, megaobras energéticas y de transporte, organismos genéticamente modificados, agrotóxicos, etc.) y de la fuerza de trabajo remunerada y no remunerada. Los proyectos de infraestructura enmarcados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), el proyecto de nueva Ley de Semillas, el Plan Maestro y el programa de evaluaciones PISA, las negociaciones del acuerdo de libre comercio del Mercosur con Unión Europea, la ‘inclusión financiera’ (endeudamiento masivo de las personas, y en particular de las mujeres) y las políticas sociales en clave emprendedurista. Todas ellas -entre otras- buscan conformar nuevos patrones de producción, apropiación y distribución de la riqueza social, del valor, más ‘justos’ para el capital.

Enfrentar al G20 hoy día es enfrentar un proyecto de futuro basado en la profundización de la fractura socio-metabólica de las personas y la naturaleza, en la mayor precarización y privatización de la vida, y en la intensificación del individualismo y la apatía. A través del G20, el capital pretende configurar las bases de un nuevo proyecto societal que le permita superar su crisis civilizatoria. Frente a ello, nosotrxs debemos luchar por una alternativa económica, social y política que supere radicalmente la dominación de la muerte (el capital) sobre nuestra vidas.

El tiempo es ahora: entre el default social y el default del proyecto del capital

No exagero cuando digo que la lucha de los partidos políticos

en nuestra patria no es nada más que una riña entre comerciantes

que quieren vender el país al mejor postor.

Roberto Arlt, “Los siete locos”

 

Las jornadas del 13 de Junio y 18 de Agosto pasaron a la memoria de las luchas populares. Les compañeres y el movimiento feminista pusieron en crisis al sistema político en su conjunto, cuestionándolo todo: las prácticas cotidianas, las formas organizativas, las instituciones anquilosadas, sindicatos, Estado, capital, nuestras propias organizaciones. Están haciendo historia y ya nada será lo mismo, como ellxs mismxs dicen.

Como pueblo debemos aprender de esa radicalidad en esta hora crucial. Frente a la crisis del proyecto hegemónico, el gobierno está decidido a quemar las naves, profundizando y acelerando el ajuste. Ajuste más represión a escala ampliada, no caben dudas. Si no lo enfrentamos ya mismo, las consecuencias sociales, económicas y políticas serán de largo alcance.

En estos próximos meses se juega el futuro inmediato de la lucha social. Nada podemos esperar de lo instituido. Las fuerzas políticas de los Partidos del Orden demandan gobernabilidad y llaman a la tranquilidad, a no enojarse, a la reducción de daños, al “Hay 2019”. Temen que la lucha popular en las calles se lxs lleve puestxs a ellxs también; temen un 2001 político nuevamente; aborrecen un nuevo “Que Se Vayan Todes”.

Tenemos que confiar en nuestra propia capacidad de autoorganización y rechazar las prácticas burocráticas que muchas veces nosotrxs mismxs reproducimos. Cuestionemos con nuestras acciones la instrumentalización de nuestras luchas para objetivos ajenos. Desplacemos a lxs dirigentxs que bloquean la participación popular de base.

Si no derrotamos ya al proyecto hegemónico de salida de la crisis transicional, lo que viene no es una nueva etapa ‘progresista’, sino el avance del programa del G20. En la transición en marcha, el capital intenta avanzar en una nueva configuración del orden social, económico y político para los años por venir.

Estamos ante el desafío de reconfigurar las formas históricas de organización del movimiento popular. Construir aquello que parece imposible, pero que nos permitirá crear hoy mismo la sociedad futura. No tenemos opción que no sea luchar. Lo que está en juego no es un gobierno sino nuestra vida.

 

La Plata, 27-8-2018

Mariano Féliz. Docente universitario e investigador de CONICET. Integrante de COMUNA (Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana) en el FPDS-CN y el Movimiento de los Pueblos, y la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC).

Agradezco la lectura y comentarios de Melina Deledicque y Aldo Casas a versiones preliminares de este texto.

* Este texto fue escrito especialmente para HerramientaWeb 23.

El ajuste y el Fondo ¿llegaron para quedarse?

La Plata, 12 de Junio de 2018

El ajuste y el Fondo ¿llegaron para quedarse?

[Publicada en L’Ombelico del Mondo. Periodismo Internacional, el miércoles 13 de Junio de 2018]

 

Hace unos días, en una conferencia conjunto del Ministro de Hacienda Dujovna y el Presidente del Banco Central (BCRA) Sturzzeneger, el gobierno de Cambiemos anunció que la Argentina había cerrado un preacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este “Memorando de Entendimiento” (MOU por sus siglas en inglés) deberá ratificarse a través de las instancias formales del mismo, pero aparentemente está confirmado el retorno del país a la tutela del Fondo, luego de casi 13 años.

En principio, el acuerdo por tres años supone un crédito “Stand-by de Alto Acceso” por unos 50.000 millones de dólares; el aval del Fondo habilitará créditos adicionales de otros organismos internacionales (BID, BM, CAF) por unos 5000 millones más. Este crédito pone al Estado argentino bajo la supervisión periódica del FMI, cuyos funcionarios y técnicos evaluarán cada tres meses la performance de la economía y -sobre todo- el cumplimiento de las metas del acuerdo. El dinero del crédito será aportado gradualmente, una primera cuota de unos 15 mil millones y luego aportes parciales a partir de la periódica aprobación de las inspecciones del organismo internacional.

El acuerdo firmado es fundamentalmente un programa de ajuste fiscal que acelera los términos del plan que el gobierno de Cambiemos lleva adelante desde sus inicios a finales de 2015. Según la propia Directora Gerente del Fondo, Christine Lagarde, el plan acordado “gira en torno a un reequilibramiento de la posición fiscal. Avalamos plenamente esa prioridad y celebramos la intención de las autoridades de acelerar el ritmo de reducción del déficit del gobierno federal“. Para ello, el plan del FMI es -primero- bloquear la posibilidad de financiamiento monetario del déficit (vía el BCRA) con el discurso de fortalecer la ‘independencia’ de la autoridad monetaria. De esta manera, se eliminará una fuente clave de financiamiento del gasto público, que en 2018 representaría en torno a los 140 mil millones de pesos (unos 5600 millones de dólares, o 1% del PBI). En segundo lugar, el Tesoro nacional absorberá el endeudamiento cuasi-fiscal del BCRA, transformando progresivamente las LEBAC en títulos públicos. Esto último cambiará progresivamente la naturaleza de la deuda pública, aumentando la cuenta de intereses del Tesoro que deberán financiarse con una combinación de más impuestos, menos gasto o mayor endeudamiento, y ya no con emisión monetaria.

Según la proyección del Ministerio de Finanzas el resultado inmediato de estas dos medidas serán aumentar la deuda del Estado nacional en unos 25 mil millones de dólares, llevandola por encima de los 250 mil millones de dólares, o más del 60% del PBI. Esa proporción es la más elevada desde 2002 y supera por lejos la existente en el año 2000 cuando comenzó el final del plan de ajuste del gobierno de De La Rúa.

Ambas medidas pretenden cerrar el corset del financiamiento del sector público y así fortalecer el principal objetivo del acuerdo: reducir aceleradamente el déficit fiscal primario (o sea, la diferencia entre ingresos y gastos del Estado, antes de incluir el pago de los intereses de la deuda pública). En este marco, el gobierno nacional se propone reducir el déficit primario en dos tercios entre 2018 y 2019. En primer lugar, el déficit proyectado en el presupuesto para este año era de 3,2% del PBI y será reducido a 2,7%, y para 2019 se proyecta incluir en el presupuesto un déficit de sólo 1,3% del PBI.

En paralelo, se plantean objetivos inflacionarios en dos tiempos. Por un lado, el gobierno asume que la batalla de 2018 está perdida en ese plano. Con una inflación que apunta a rozar el 30% anual, todavía está abierta la disputa por cuánto perderán las y los trabajadores. Para 2008 no se ponen metas de inflación pero para 2019 se proyecta una caída cercana a los 15 puntos porcentuales en el aumento del índice de precios al consumidor, que pretenden llevar al 17%. Por otro lado, entonces, el gobierno de Cambiemos y en especial el BCRA se prepara para una batalla de fondo contra el conjunto de los sectores populares que -con esa pauta de reducción inflacionaria- deberán ser forzados a ver caer fuertemente el poder de compra de sus salarios en los próximos dos años. En esa clave, el proyecto de ajuste presentado propone una caída en el gasto público en salarios equivalente a 13% (en términos reales) hasta 2020.

El gobierno argentino retorna al FMI luego de que el gran capital financiero internacional haya puesto límites al intento ajuste gradualista. Desde 2011 la economía argentina atraviesa una crisis transicional. La crisis del proyecto neodesarrollista en su versión kirchnerista intentó ser resuelta primero con la llamada sintonía fina o ajuste heterodoxo. La llegada de Cambiemos al gobierno expresó -por un lado- el fracaso de esa estrategia y -por otro- abrió el camino a una estrategia ‘gradualista’ que no fue más que un salto cualitativo superior en el ajuste.

Luego de dos años y medio, el ajuste ‘gradualista’ no resolvió la crisis del capitalismo argentino (estancamiento, inestabilidad crónica, alta inflación) aunque tuvo un costo social. Por ello, las fracciones dominantes del gran capital transnacional han decidido que esa etapa se agotó.

Hacia finales de 2017 el capital financiero internacional perdió la paciencia y decidió dejar de financiar el gradualismo. La expresión más evidente han sido las dificultades del gobierno para conseguir crédito en moneda dura y el cambio en la tendencia del riesgo país, que aumentó casi 30% (más de 100 puntos básicos) en los últimos doce meses. El acuerdo con el Fondo permitirá repagar parcialmente la deuda externa que se vaya venciendo, sin recurrir excesivamente a nuevo financiamiento privado internacional. En lo que falta de 2018, se vencen 53 mil millones de dólares de deuda pública del Estado nacional. Largarde señaló al respecto que el crédito del FMI busca “contribuir a ese esfuerzo [el plan de ajuste] brindando respaldo financiero, que apuntalará la confianza del mercado, dándoles a las autoridades tiempo”.

El gran capital financiero es la expresión última y más general de los intereses del capital en su conjunto. Es en momentos de crisis extendida (como la actual) que el mismo busca tomar las riendas de la reestructuración. De allí que la apuesta sea enorme: recortar 30% en gasto público en términos reales en los próximos tres años, llevando a cero el déficit fiscal primario para 2020 pero manteniendo la capacidad de repago de la deuda pública externa (en especial, la deuda con el sector privado).

El monto del préstamo del FMI y sus socios, y el apoyo de las grandes potencias globales al mismo, da cuenta del temor que estos jugadores tienen de que ese gigante dormido que es el Pueblo argentino recuerde su gesta más reciente, y retome el camino de finales de los años noventa. Los crecientes niveles de agitación social, con un pico alto en la batalla del Congreso Nacional en diciembre de 2017 y la masividad del paro general de febrero de 2018, marcan que la tolerancia social al ajuste -aún en su versión gradualista- están llegando a sus límites. Frente a ello, el presidente expresó muy bien el objetivo del acuerdo con el Fondo. “Acudimos al Fondo Monetario Internacional para dar previsibilidad”, afirmó. En efecto, para dar previsibilidad al gran capital global de que el ajuste y consecuentemente el repago de la deuda estará garantizado.

Argentina se ha convertido nuevamente en laboratorio global. En este caso, laboratorio para la consolidación de la matriz neo-extractivista transnacional que se ha venido construyendo desde los años setenta. La incapacidad de las fracciones dominantes locales para resolver a su favor la crisis transicional es vista por el gran capital transnacional como un gran riesgo: la vuelta del ‘populismo’. Brasil es -en la región- la otra pata del mismo experimento, y nuestro espejo. La contracara, la reconstrucción de fuerzas ‘progresistas’ en México y Colombia y la resiliencia del proyecto bolivariano en Venezuela que -golpeado- continúa.

Se ha abierto una nueva etapa en el gobierno de Cambiemos. Con el aval del FMI, buscará ‘poner en caja’ al conjunto de las clases populares, intentando ajustar la estructura del Estado para garantizar a corto plazo el repago de la deuda externa y a mediano y largo plazo la reestructuración general de la economía y la sociedad. Está por verse si ese ajuste, en su versión 2.0, es social, política y económicamente viable.