La tierra (y la vida) en el centro de la reproducción social y la revolución

[Esta nota fue escrita para Zur, publicada el 17 de Septiembre de 2020]

Unas 3000 familias ocupan un terreno abandonado. Necesitan urgentemente un lugar desde donde proyectar su vida. El capital y su ley sostienen que es ilegal. El sistema judicial (no la justicia) ordena el desalojo, que las fuerzas de represión intentarán ejecutar. Pero el Pueblo organizado, resistirá.


Hay ocupaciones y “ocupaciones”

La ocupación de unas 200 hectáreas en Guernica en el conurbano bonaerense por parte de unas miles de familias en busca de un lugar para vivir levantó las alarmas de les defensores del status-quo capitalista. El empresariado ve en el acto desesperado de estas personas un ataque a la santidad de la propiedad privada (de los medios de producción) que es la base de sus privilegios de clase.

Ocupar tierras es ilegal, dicen. Se olvidan de que antes de la llegada del capitalismo, la tierra era primero que nada un bien colectivo, un común. Se hacen los distraídos frente al hecho histórico de que la tierra en Abya Yala no tenía propietarios. Los pueblos originarios de Nuestramérica hacían uso comunal del territorio, donde vivían y producían lo que necesitaban para vivir.

Quienes hoy se reivindican dueños de todo olvidan que los ocupantes ilegales de lo que hoy conocemos como Argentina fueron las tropas españolas e inglesas que irrumpieron para saquear todo lo que podía ser saqueado y aniquilar a las comunidades preexistentes. Luego el Estado nacional argentino continuó la faena sangrienta de ocupar lo que ya estaba ocupado, pero sobre todo privatizar lo que es por definición el sustrato de nuestras vidas en común. La llamada Campaña del Desierto consumó un genocidio a la vez que consolidó las bases del capitalismo dependiente en Argentina.

La apropiación violenta e ilícita de las tierras comunitarias en nuestro territorio por parte de las elites dominantes contribuyó a constituir el andamiaje de la nueva división internacional del trabajo. Las potencias imperialistas y sus aliados locales consiguieron poner al conjunto del pueblo trabajador y los bienes comunes a disposición del gran capital en proceso de transnacionalización. La privatización de nuestro territorio es la base de nuestra dependencia.

Tierra para vivir y las fronteras del capital

La tierra es el sustrato de la reproducción de nuestras vidas. Sin tierra no hay vivienda, ni alimentos, pero tampoco hay trabajo ni producción. La exigencia de tierra para vivir y trabajar es la demanda elemental de las clases populares. Es el punto de partida de todas nuestras otras demandas. Un lugar donde vivir nos da estabilidad y soporte para organizar nuestras vidas y nuestras luchas por un futuro mejor. En nuestras tierras construimos nuestros territorios, ese entramado de relaciones sociales que nos constituyen.

Pero el derecho a la tierra para vivir no es lo mismo que la propiedad privada sobre la tierra como recurso. El capital sostiene la idea del derecho a la propiedad privada en general, y de la tierra en particular, pues ese es el fundamento para la apropiación capitalista de nuestro trabajo y del acaparamiento de tierras. El control sobre el territorio a partir de la propiedad privada de la tierra es la base del imperialismo. El control de la tierra por parte del capital la convierte en un activo puesto a valorizarse. Sea en la producción para el agronegocio de exportación, o la extracción de minerales o hidrocarburos con igual destino, sea para su conversión en espacios para el turismo o como reservorio natural privado, o sea para la producción inmobiliaria especulativa a gran escala, la tierra bajo la forma de propiedad capitalista se convierte en capital valorizable.

De esa manera, en su uso capitalista siempre está primero su capacidad de multiplicar el capital invertido antes que los derechos básicos que pueda satisfacer (sean estos la vivienda, el trabajo o la producción de alimentos). El acaparamiento de tierras en manos capitalistas está en el origen de nuestro Estado Nación de base oligárquica, que niega el proyecto nacional libertario de los Pueblos, y continúa hoy como el fundamento de las nuevas formas del saqueo de los bienes comunes.

La apropiación privada de la tierra como capital es lo opuesto al uso popular de las mismas. La privatización de la tierra permite su acaparamiento. El cercamiento capitalista de la tierra, el monopolio sobre su uso, es la base de la producción de la renta del suelo, sea rural o urbana. La especulación en tierras y ‘propiedades inmuebles’ va de la mano de la explotación capitalista.

En economía dependientes, la desigualdad es tan grande que la valorización de las tierras expulsa a los sectores populares no ya a las periferias de las ciudades y pueblos sino directamente a la vera de los ríos, a las tierras inundables, a los espacios de sacrificio. Pero las poblaciones marginalizadas por el capital, superexplotadas, ni siquiera allí están a salvo. Cuando el capital se lo propone, los terrenos antes inútiles, se convierten en nuevas minas de oro. Y la fiebre por el metálico, aceita los mecanismos de la nueva expropiación. El sistema se pone en movimiento para avanzar sobre una nueva frontera para el capital, pisando los derechos de quienes (a sus ojos) nada valen, pues nada tienen. De la misma manera, la quema de tierras prístinas y el avance sobre las tierras de ocupación ancestral campesina y comunitaria, prefiguran las nuevas fronteras del desarrollo del capital.

La tierra es el centro de la reproducción social

La precariedad de la tenencia de la tierra para vivir es la precariedad de la vida misma. La incertidumbre frente a nuestro lugar en el mundo, se proyecta como una mancha que atraviesa todos los aspectos de nuestra reproducción vital. Quienes no tienen un “lugar donde caerse muertos”, son forzades a atravesar el tiempo como capital viviente, estando permanentemente al borde del precipicio, superexplotadxs. No hay vida digna sin tierra para vivir.

Mientras el capital busca avanzar como aplanadora (no sólo metafórica) sobre todos los lazos sociales no mercantiles, en barrios y comunidades la reproducción social recae cada vez más en la autoorganización colectiva. Las redes sociales territorializadas, con las mujeres empobrecidas y cuerpos feminizados en el centro, producen y reproducen la vida ante la violencia organizada por el capital. El control territorial popular es lo único que pone un freno a la violencia institucional y parapolicial, al tiempo que garantiza la gestión común de(en) la precariedad.

La defensa de la tierra comunitaria, es decir, de la tierra como un bien común al servicio de la reproducción vital, es el eje de nuestras luchas. La ocupación de tierras sobre los campos cercados por el capital son la base material de la revolución necesaria. ¡A desalambrar! es más que nunca nuestra bandera frente al avance capitalista sobre nuestras vidas.

Mientras cerramos estas palabras, un juez se atreve a decretar la expulsión de miles de personas de los terrenos ocupados en Guernica (provincia de Buenos Aires). La policía, premiada tras su rebelión armada, se aprestará a cumplir la faena para la cual existe: sostener el derecho del capital a apropiarse de todo espacio vital.

Nosotrxs, desde distintos lugares pero juntxs en una praxis colectiva, tenemos la tarea actual de poner un freno al imperio de la violencia y la muerte sobre la vida en común.

Agradezco los comentarios de Melina y Nora a un borrador de la nota. 

Ciencia argentina en crisis. Presupuesto y ciencia digna para una necesaria revolución

[nota publicada en ContrahegemoniaWeb el 25 de agosto de 2020]

El presidente Alberto Fernández (AF) asumió auspiciando un nuevo “Gobierno de Científicos”. Pasados casi 10 meses de gobierno, se multiplican las protestas de lxs trabajadorxs del Sistema de Ciencia y Técnica (CyT) nacional con demandas en torno a las condiciones de trabajo en el marco de la pandemia y, sobre todo, a la necesidad urgente de una recomposición salarial para todo su personal.

Sin presupuesto digno, no habrá ciencia digna

La designación de Roberto Salvarezza en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT) se presentó como el inicio de un proceso de reivindicación del sector. Luego de los años del Macrismo, marcados por la degradación y persecución a lxs trabajadorxs del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y otros organismos, por la desarticulación institucional y por la sequía presupuestaria, la expectativa generada durante la campaña electoral fue que comenzaría una era de revalorización de la tarea del conjunto del sistema de CyT.

Cada vez hay más agitación por la falta de presupuesto adecuado y, en particular, por la crítica situación salarial. En el caso de CONICET, lxs integrantes de la Carrera del Investigador Científico (CIC-CONICET) venimos reclamando desde hace meses por una caída salarial que alcanza el 49,5% desde Diciembre de 2019, pero que supera el 53,6% desde comienzos de 2011 (como indica el informe elaborado por el investigador de CONICET Mariano Barrera, ver gráfico siguiente); en similar escala se han reducido los salarios el personal de apoyo (CPA).

En paralelo, en los últimos días el personal administrativo del CONICET plantea acciones que implican detener la actividad de las Comisiones de Informe, Ingreso y Promoción de investigadorxs y becarixs. Su pedido es elemental: una mejora en las condiciones de trabajo en el marco del ASPO (que supusieron una enorme sobrecarga de trabajo) y un aumento salarial que le permita salir de abajo de la línea de pobreza a la mayoría de quienes se encuentran en este sector, que permanecen por años con contratos inestables (el inefable “artículo 9” del SINEP/Sistema Nacional de Empleo Público). En simultáneo, lxs becarixs siguen reclamando la formalización de su vínculo laboral con CONICET, institución que los mantiene como receptores de un ‘estipendio’ cuando son verdaderxs trabajadorxs (si nos atenemos al principio de realidad de las relaciones laborales).Te puede interesar:   Larreta. El estado soy Yo

Frente a esto, el Directorio del CONICET, el Ministro Salvarezza (también investigador del CONICET) y la Diputada del Frente de Todos Claudia Bernazza, integrante de la Comisión de Ciencia y Técnica de la Cámara de Diputados, en sucesivas reuniones conseguidas por les investigadorxs en conflicto, asumen conocer la situación. Sin embargo, han respondido con evasivas a la hora de dar respuestas a las propuestas concretas que le han acercado distintos grupos de investigadorxs organizados (ver), por ejemplo, la sugerencia de pasar al salario básico una serie de items salariales que hoy son no bonificables (y por tanto, por ejemplo, no aplican al cálculo del pago por antigüedad). Paradójicamente, hace unas semanas una medida de esa naturaleza fue tomada por el Poder Ejecutivo para recuperar el salario del personal de las fuerzas armadas.

Por su parte, en el CONICET niegan la posibilidad de abrir instancias de negociación paritaria (en un marco informal, la Mesa de Relaciones Laborales, pues les trabajadorxs del CONICET carecen de Convenio Colectivo de Trabajo específico). El ministerio, más bien, parece estar concentrado en algunas inversiones en infraestructura y una recuperación en el financiamiento de proyectos, acciones por demás insuficientes para el deterioro existente, máxime cuando esas decisiones no se corresponden con una indispensable recuperación salarial para les trabajadores del sistema de CyT. A comienzos de Marzo, en una reunión con una comitiva de investigadorxs, el Ministro y la Presidenta del CONICET se comprometieron a analizar los reclamos y volver a juntarse con una delegación. Lamentablemente, hace dos meses estamos intentando concertar la reunión comprometida por el Ministro, sin respuesta.

Frente a la presión de les cientistas en relación con el tema, el oficialismo recientemente presentó un nuevo proyecto de financiamiento de la CyT en Diputados. Llamativamente, la propuesta general es alcanzar para el sistema un aporte del 1% del producto bruto interno (PBI) en 10 años. Digo llamativamente porque hace unos años, el peronismo en la oposición presentó un proyecto similar (conocido como ‘Ley Perotti’, aunque nunca se convirtió en tal) en el cual proponía llevar el financiamiento global a 3% del PBI. Nadie explica sensatamente esa reducción. Ante el pedido formal de una reunión con la Comisión de Hacienda de Diputados (quienes deberán definir el presupuesto para 2021) hemos recibido solo silencio hasta el día de hoy.Te puede interesar:   La farsa neodesarrollista y las alternativas populares en América Latina y el Caribe

Para sumar al desconcierto, hace unos días, el ministro Salvarezza, en una entrevista en el periódico Página/12, señaló que, a finales de 2015, el presupuesto de CyT había llegado a 0,75%. Sin embargo, datos del propio Ministerio de Economía indican que el gasto en la Función CyT a nivel nacional no superó el 0,31%. ¿Un error del diario o del Ministro? No podemos saberlo. En cualquier caso, en 2018, el gasto en CyT habría alcanzado sólo el 0,28% y continúa bajando: el presupuesto anual (actualizado al mes de mayo de 2020) representaba apenas 13% más que en 2019 en términos nominales (con una inflación interanual superior al 40%). En 2019, representaba sólo el 1,11% del presupuesto nacional (1,48%, en 2015); por contraste, los pagos de intereses de la deuda pública llegaron a 19% del gasto total el año pasado. Para colmo, la entrevista mencionada, no nombra el problema salarial en ninguna de sus 1681 palabras.

La ciencia frente a una crisis de identidad y de valores

La ciencia en Argentina enfrenta una crisis no solo presupuestal sino de valores e identidad. Desde hace décadas ya, el sistema de CyT funciona con bajo presupuesto y poca planificación. Hoy lo vemos claramente en la crisis pandémica. Sólo hay recursos para proyectos vinculados a COVID-19 como si no hubiera otra cosa que estudiar, pensar o debatir en Argentina. En un sistema sin recursos, todo el mundo se inclina hacia ese lado (si puede) por instinto de supervivencia. De esa manera, hoy se ponen en suspenso todos los estudios en temas claves para el país (por ejemplo, se reducen al mínimo los recursos disponibles para trabajar sobre Chagas u otras enfermedades endémicas) y se aplican todos los recursos materiales y humanos a la pandemia, abandonando líneas de trabajo históricas en todas las áreas de la ciencia. Quienes no logran insertarse en el eje Coronavirus se quedan básicamente sin recursos para el desarrollo de su actividad.Te puede interesar:   ¿De quién es la revolución?

Nuestro sistema de CyT se ha construido a imagen y semejanza de las necesidades del capital. Al menos desde los años noventa, se ha llevado una política que desfinancia estructuralmente las instituciones del sistema y reemplaza el financiamiento sistemático por programas de incentivos, proyectos y promoción vinculados crecientemente con empresas capitalista. La producción de ciencia y técnica se transforman crecientemente en desarrollo de CyT capitalista. Por fuera del COVID-19 y más allá de las coyunturas, sólo hay dinero en serio para proyectos vinculados al desarrollo del extractivismo; esto ya era evidente en los distintos planes estratégicos aprobados en años anteriores (por ejemplo, Argentina Innovadora 2020). Los fondos para investigación se concentran en proyectos hidrocarburíferos (para el desarrollo del yacimiento Vaca Muerta), para proyectos mineros (crecientemente, en torno al Litio), o agronegocio; hay proyectos como Pampa Azul para el desarrollo capitalista ‘sustentable’ de la fauna marina, o multiplicidad de financiamiento a redes en esas áreas. Por supuesto, hay otras líneas de mucha menor escala y menos recursos. Llamativamente, no hay ningún espacio institucional para la producción de conocimiento en, por ejemplo, la deuda externa, ni tampoco consejos de asesores en tal sentido. Claro, eso se resuelve entre el equipo del Ministerio de Economía y los Fondos de Inversión, con el auspicio del Fondo Monetario Internacional; el ministro Guzmáz también ingresó recientemente como investigador del CONICET.

La ciencia argentina tiene una deuda consigo misma y con el pueblo. Debe poder retomar el camino de Andrés Carrasco  e intentar (al menos) convertirse en una ciencia digna. Debe poder estudiar con mirada crítica las distintas dimensiones de la vida social de nuestro país y dejarse interpelar por el pueblo. Debemos ser capaces de construir nuevos saberes junto con otros saberes y conocimientos. Pero para eso, necesitamos una revolución ético-política en el sistema de CyT argentino. Una revolución que suponga como punto de partida más recursos para el conjunto del sistema, empezando por pagar salarios dignos a sus trabajadorxs, la clave de cualquier transformación radical. Claro está, esto supone también mejorar las condiciones de remuneración y trabajo del conjunto de lxs trabajadorxs estatales, y junto con ellxs, del conjunto del pueblo trabajador. Pero ello, claro, supone otra revolución… ¿O será la misma?

Mariano Féliz[1]

Investigador Independiente CONICET


[1] Texto concluído el 24 de agosto de 2020.

Otra vez la deuda, otra vez un pacto de caballeros

[esta nota salió publicada en Herramienta.com.ar]

1. Con bombos y platillos, el Gobierno de Alberto Fernández anuncia un acuerdo de palabra con los acreedores externos privados. Estos tienen tiempo hasta el 24 de Agosto de hacer valer ese apretón de manos y sellar por escrito lo que juraron de manera remota.

2. El acuerdo echa por tierra la posibilidad inmediata de dejar de pagar para investigar una deuda que es abiertamente fraudulenta e ilegítima, y por lo tanto odiosa, como viene siendo reclamado desde la Campaña por la Suspensión del Pago de la Deuda Pública externa y por una Auditoria Integral y Participativa. Por el contrario, un nuevo ‘pacto de caballeros’ recrea el círculo de la dependencia financiera.

3. Con el pacto, el Estado argentino reconoce la legitimidad de las acreencias (alrededor de 68 mil millones de dólares, cerca de un quinto del total de la deuda pública), aun aquellas que muchos de los integrantes de la alianza gobernante señalaron como fraudulentas (por ejemplo, el bono a 100 años de Caputo). Acá sí que hay “política de Estado”; por eso, festejan tanto desde el FdT como muchos ex-funcionarios del gobierno anterior. Por eso, también, mejoran las cotizaciones de los títulos de la deuda argentina.

4. La propuesta inicial del gobierno de las semanas previas al inicio de la cuarentena se presentó como la única propuesta sostenible. Meses después, se llega a un acuerdo según el cual Argentina deberá pagar decenas de millones de dólares más. Si aquella era única oferta sostenible, está última no puede serlo.

5. El arreglo se resume en (a) una insignificante reducción en el capital adeudado (b) una rebaja en la tasa de interés promedio, y (c) una postergación del cronograma de pagos.

6. El acuerdo reduce marginalmente el monto total de la deuda exigible. El capital se reduce sólo en 2%; casi nada si se compara con la quita de capital de las renegociaciones de 2005 y 2010. 

7. La tasa de interés baja significativamente, a un promedio de poco más de 3% anual. Sin embargo, sigue siendo muy alta para la capacidad de pago de un país que no crece hace una década, y es elevadísima en un contexto global en que en el mundo se pagan tasas de interés cercanas a 0%.

8. La postergación del cronograma de pagos es la clave de la cuestión. El problema de la deuda no se soluciona: sólo se patea para adelante. En los próximos 9 años se reducen fuerte los pagos de capital pero ellos vuelven a subir violentamente en los años subsiguientes. Más temprano que tarde enfrentaremos nuevamente una crisis de la deuda.

9. Si algo puede decirse de la negociación es que podría conseguir alcanzar el objetivo propuesto: abrir nuevamente el acceso al mercado internacional de capitales. Es decir, garantizar el sistema de la deuda que sólo beneficia al capital financiero y sus socios aquí y allá, nunca al Pueblo.

10. En los dosmil, el kirchnerismo ‘aprendió’ que la renegociación con quitas fuertes de capital (como ocurrió en 2005 y 2010) no abre el grifo del financiamiento privado internacional. Hasta el segundo gobierno de CFK y el acuerdo con el Club de París, la Argentina estuvo excluida de esos recursos. Algo que ahora creen no ocurrirá.

11. Esa posibilidad, claro está, queda sujeta a que se complete la siguiente etapa de la negociación: ahora con el FMI. He aquí la sombra que se proyecta sobre el futuro del país: ¿cuáles serán las exigencias del Fondo para renegociar el pago de los más de 40 mil millones de dólares que le prestó al Estado argentino? ¿Qué reformas y ajustes propondrá?

12. En el gobierno aseguran que el Fondo es distinto, más sensible, que aprendió de sus errores. ¿No va a reclamar una nueva reforma previsional que garantice ahora la “sustentabilidad” del sistema jubilatorio? ¿No pedirá nuevas reglas laborales que permitan dar un salto en la “productividad” del trabajo (es decir, en realidad, en la explotación)?

13. ¿Cómo vamos a pagar la deuda externa? Se dice desde el gobierno: con más exportaciones. ¿Y de dónde saldrán? Dicen: Vaca Muerta, litio, soja y, ahora, chanchos. ¿Es viable un proyecto de desarrollo basado en el extractivismo exportador?

14. ¿Están seguros que en este mundo, de crisis civilizatoria, de crisis pandémica, exportar puede ser la solución al problema de la deuda y nuestro desarrollo? ¿A cambio de qué, a qué costo? ¿Firmando un nuevo pacto colonial -ahora con la nueva potencia imperialista en ascenso que es China- que destruye en el camino el ambiente, nuestra salud y comunidades?

15. Parece que el acuerdo por la deuda no será tan sostenible. Tal vez sea financieramente sostenible (y eso está en duda), pero seguro será social y ambientalmente destructivo. La sostenibilidad de la deuda se garantizará sobre la (in)sostenibilidad de la vida.

6/08/2020

¿Y ahora qué pasó con la deuda?

[Actividad organizada por ContrahegemoníaWeb el viernes 7 de Agosto de 2020]

Los medios de comunicación hablan permanentemente del “acuerdo por la deuda” logrado por el gobierno, mientras el empresariado, la oposición y los grupos concentrados de poder festejan la medida ¿pero qué esconde realmente este acuerdo? ¿a qué costo se firmó? ¿qué implicancias tiene para la clase trabajadora? Charlamos con el economista Mariano Féliz para que nos saque las dudas.

Despabílate Humanidad. Sostenibilidad de la vida en riesgo a través de la pandemia

[Texto publicado en el Dossier “Reflexiones del CIG para pensar la pandemia del Covid-19” editado por el Centro de Investigaciones Geográficas del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP]

Despabílate Humanidad

Sostenibilidad de la vida en riesgo a través de la pandemia

Mariano Féliz*

“No queremos ser más esta Humanidad”

Susy Shock (2017), Hojarascas, Editorial Muchas Nueces.

¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad¡ Ya no hay tiempo.

Berta Cáceres (2015), discurso al momento de recibir el premio Ambiental Goldmann (San Francisco, EE.UU.)

La pandemia capitalista del COVID-19 ha puesto en el centro la vida. En realidad, ha hecho evidente que la vida está en el centro de la reproducción social. También, ha mostrado que estos procesos de cuidado y reproducción recaen primeramente en los cuerpos feminizados.

La crisis actual nos obliga a discutir la sostenibilidad misma de la vida como base privilegiada de cualquier otro proceso. No hay sostenibilidad de la deuda sin sostenibilidad de la vida, o al revés, si hay sostenibilidad de la deuda, no habrá sostenibilidad de la vida.

Nada de esto es nuevo, por supuesto. Lo que decimos acá lo vienen discutiendo desde el movimiento feminista desde hace tiempo. El trabajo de reproducción social garantiza tanto la reproducción de la vida humana como no humana, de la naturaleza como sistema y cuerpo. Sin trabajo de reproducción, no hay vida humana posible pero tampoco hay posibilidades de reproducción ampliada del capital.

En la actual crisis capitalista, la pandemia ha venido a confirmar que estamos destruyendo las condiciones básicas para la vida. La destrucción de los hábitat naturales de toda la vida no humana crean las condiciones para la multiplicación y propagación acelerada de mortales enfermedades como el COVID-19 o el SARS, entre muchas otras. Por otra parte, producimos alimentos como si animales y plantas fueran meros ‘insumos’, no seres vivos; la produción industrial de alimentos es uno de los principales condimentos para el desarrollo y propagación de virus mortales. Simultáneamente, hemos creado condiciones de vida en las (mega)ciudades que hacen cada vez más invivibles los espacios urbanos. Nos hemos acostumbrado a una vida vertiginosa, con iluminación ambiente y ruido excesivo 24/7. Nos forzamos (nos fuerzan) a viajar amuchadxs (no como animales -como suele decirse-, sino como animales esclavizados, yendo al cadalso) y convivir amontonados en fábricas, oficinas, escuelas, cárceles. En las ciudades, luces LED, asfalto y torres reemplazan al sol, la lluvia y el viento.

La pandemia y la cuarentena global han puesto en evidencia que sin trabajo explotado no hay capital. Millones de trabajadorxs abandonaron sus puestos de trabajo y el ciclo del capital se fractura. Sin el tiempo de trabajo/vida apropiado sin cesar, se detiene la valorización del trabajo muerto. La producción de valores de cambio se derrumba y se disuelven temporalmente las cadenas globales de la explotación. La crisis golpea primero y violentamente actividades altamente feminizadas: turismo, restaurantes y comercio minorista pero también cuidado de niñxs y ancianxs, escuelas y trabajo doméstico remunerado.

Los grandes medios de comunicación ‘descubren’ la centralidad del trabajo de cuidado y reproducción. Ponen en primera plana al personal sanitario y otrxs tantxs trabajadorxs ‘esenciales’. Hablan de la primera línea de batalla contra la pandemia, pero no logran ver ese trabajo cotidiano en la lucha para curar las heridas de la explotación y la barbarie capitalista, racista y heteropatriarcal. Mucho más ahora en contexto de cuarentena, de variable intensidad y trabajo remoto forzado para muchxs. ¿Cuánto se ha multiplicado la intensidad del trabajo de cuidado de niñxs en casa, fundamentalmente por parte de las mujeres en el hogar?, ¿cuánto se ha ampliado la jornada de trabajo reproductivo en tareas de educación en el hogar?, ¿cuánto más cuesta en tiempo y dinero (que no es más que tiempo condensado) la organización comunitaria, la atención de comedores y merenderos en barrios populares, la gestión de la comida, el agua o la atención sanitaria?, ¿cuánto más dolorosa es la violencia cotidiana sobre aquellas femenidades obligadas a atravesar la cuarentena con varones violentos? Ésta es la primera línea en la batalla por sostener la vida de forma cotidiana, más allá de las cámaras de televisión.

Los sectores dominantes aprovechan para ampliar sus ganancias si pueden o imponer las formas de explotación de la pospandemia. Las grandes corporaciones trasnacionales hacen millones en la crisis (Google, Facebook, Apple, y otras más cercanas como Mercado Libre y Mercado Pago). Los bancos y el sistema financiero continúan con su rapiña habitual. En Argentina, en el marco de la renegociación de la deuda pública externa, los fondos de inversión se envalentonan, mientras el gobierno nacional no sabe aprovechar un mundo que pide a gritos la condonación de las deudas odiosas y la reorganización del sistema financiero internacional. 

Desde los territorios y las comunidades, la población se ha organizado para enfrentar la crisis y consolidar sus prácticas de reproducción de la vida en estos tiempos. Se multiplican las formas de cooperación y solidaridad cotidiana.

La pandemia abre un debate sobre la crisis más general, civilizatoria del capitalismo. El capitaloceno cruje y se abren posibilidades. La crisis es una oportunidad, como suele decirse. Surgen nuevos proyectos societales, o al menos se articulan en palabras. Comienzan a discutirse un Green New Deal en el norte, o su espejo, un Pacto Ecosocial del Sur. Comienza a hablarse de un ingreso básico universal, de la configuración de sistemas nacionales de cuidados, o de transformaciones en la matriz de uso de la energía. Son debates auspiciosos aunque muy centrados en la reforma institucional y un tanto alejados de las propias organizaciones populares de masas que podrían impulsarlos o sostenerlos. Hasta instituciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) o el Banco Mundial, o medios como The Economist comienzan a proponer cambios similares. La reforma social vuelve a aparecer -como lo hizo hace casi un siglo- como una opción de los sectores dominantes para evitar la revolución social.

Se está abriendo una brecha en un sistema que gana conciencia de su crisis y amenaza con llevar de arrastre la sostenibilidad de la vida. Como civilización consumimos, desechamos, destruimos como si no hubiera futuro. No podemos, ni queremos, ser más esta humanidad. Despabilémonos!

  • Investigador CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Profesor UNLP. Integrante de la colectiva de investigación Al Borde (construyendo pensamiento indisciplinado). Agradezco los comentarios de Daiana Melón y Christian Torno a una versión preliminar. Concluido el 7 de Julio de 2020. 

“Tesis sobre la crisis secular en el capitalismo: la insuperabilidad de los antagonismos de clase”, por Harry Cleaver

Publicamos en Cuadernos de Economía Crítica, 6(12), Junio 2020, la traducción del clásico artículo de Harry Cleaver, con una introducción del propio autor.

Acá pegamos el texto completo. En la página de Cuadernos de Economía Crítica pueden encontrar la versión en pdf, así como otros artículos.

Tesis sobre la crisis secular en el capitalismo: la insuperabilidad de los antagonismos de clase [1]

Harry Cleaver*
Profesor retirado de la Universidad de Austin (Texas, EE.UU.)

Introducción a la edición en español
Este artículo fue escrito originalmente como una intervención corta en torno a los debates entre marxistas en los Estados Unidos sobre las teorías marxistas de la crisis. La ocasión fue la Conferencia anual de Rethinking Marxism en 1992, apoyada por la revista que lleva ese mismo nombre. Luego fue levemente revisado y publicado en (Cleaver, 1996).
La forma del artículo -15 tesis- fue adoptada como una manera de mantener los argumentos de manera clara y concisa. El contenido fue el resultado de más de una década de trabajo entorno a la teoría marxista, no solo en sus escritos sobre la crisis, sino también en su teoría del valor trabajo, que he desarrollado para analizar como los capitalistas organizan la acumulación, a veces exitosamente, a veces enfrentando la crisis. La teoría de la crisis fue ignorada por varias décadas luego de la Gran Depresión de los años ‘30, por la ausencia de caídas económicas significativas y por la fe de los economistas en su habilidad para controlar la economía a través del uso cuidadoso de políticas macroeconómicas keynesianas. Pero la crisis de esas políticas a fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70 revivió el interés tanto de economistas como de marxistas en escritos de tiempos anteriores, y condujo a muchas relecturas y nuevos pronunciamientos sobre esa cuestión.
Entre les economistas, el fracaso de los métodos keynesianos para administrar la relación capital-trabajo puso de manifiesto la inabilidad, a pesar el aumento en el desempleo, para limitar los aumentos en salarios y otros beneficios a los aumentos de la productividad, y llevó a la revalorización del monetarismo y el liberalismo, conjunto de ideas que había sido marginalizado en la era keynesiana (en la cual el Estado jugaba un rol fundamental en superar las fallas de mercado y organizar la acumulación). La aplicación de políticas asociadas con la primera de esas ideologías por parte de la Reserva Federal de EE.UU. (la Fed) restringió la oferta monetaria, aumentó dramáticamente las tasas de interés y provocó la crisis monetaria internacional de los ‘80 y ‘90. Esa crisis fue entonces utilizada por la Fed en colaboración con los bancos internacionales para imponer la adopción de políticas neoliberales de austeridad sobre lxs trabajadorxs, la privatización de empresas estatales y la apertura de los mercados financieros a inversores extranjeros a cambio del refinancimiento de las deudas -conjunto de políticas que prolongó la crisis de la deuda y transfirió cientos de billones de dólares a los banqueros capitalistas-. Tal drenaje sobre los recursos locales para el desarrollo ganó el título de ‘Década Perdida’ en América Latina, una de las regiones del mundo más inmediatamente afectadas.
Entre marxistas, la revalorización fue primordialmente de los escritos sobre la crisis de marxistas de principios del siglo XX y tomó fundamentalmente la forma de la recuperación de viejas teorías con poca innovación. La intervención que presentamos a continuación fue una de las reacciones al hecho de ver viejas teorías vestidas en nuevas ropas, pero permaneciendo esencialmente inalteradas. Contra esas viejas teorías, estructuradas en torno a las ‘leyes’ del desarrollo capitalista, en las cuales la clase trabajadora figura solo como víctima, me inspiré en trabajos más recientes, y en mi opinión, más innovadores que recentraban las luchas obreras como fuerza motriz tanto del desarrollo capitalista como de la crisis. Ese trabajo incluyó mi reconstrucción de la teoría del valor trabajo como una teoría del valor del trabajo para el capital como su medio principal de control social.
En los años que pasaron desde que este artículo fue escrito, ha habido una mayor recuperación de los escritos del propio Marx. Muchxs han releído y reevaluado el creciente número de sus escritos que se han puesto a disposición, sea en su idioma original o en traducciones. La colección en lengua inglesa Marx Engels Collected Works ha sido completada en cincuenta volúmenes, la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA) continúa creciendo y nuevas traducciones de manuscritos largamente ignorados han aparecido.
Por más de cuarenta años, enseñé El Capital de Marx dentro de algún departamento de economía. A través del tiempo, para mis cursos de grado sobre el volumen I, desarrollé una guía de estudios online que proveía a mis estudiantes resúmenes y comentarios capítulo a capítulo, ilustrados con trozos de poesía, literatura y música. Esa guía de estudios, sin sus ilustraciones, fue ahora publicada en formato libro como 33 lessons on Capital: Reading Marx Politically (Cleaver, 2019). En él encontrarán muchas de las ideas expresadas en estas 15 tesis, elaboradas en mayor profundidad, incluyendo su relevancia para las luchas contemporáneas. Actualmente estoy revisando y expandiendo el artículo de 1982 “Marx’s Crisis Theory as a Theory of Class Struggle” (Bell y Cleaver, 1982), convirtiéndolo en un libro que incluirá bibliografía anotada de los escritos de Marx y Engels sobre la crisis. Ambos escritos -más que este texto- han sido diseñados no solo como ‘intervenciones’ en los debates académicos sino como aportes para ilustrar la relevancia de los trabajos de Marx y Engels para las luchas contemporáneas contra la explotación y alienación capitalistas, y por la creación de alternativas. Más de cincuenta años de activismo y doce de trabajo dentro de redes internacionales de solidaridad con el alzamiento Zapatista en Chiapas informan los argumentos sobre cómo el marxismo aún provee de elementos indispensables sobre la naturaleza del capitalismo, las luchas con él y los esfuerzos por crear nuevos mundos más allá de él.

Harry Cleaver
Junio de 2020

Tesis 1. Estamos en medio de una crisis secular
Estamos escribiendo y hablando acerca de la crisis de hoy, como lo hemos estado haciendo durante las últimas dos décadas, porque hemos estado participando en una crisis global del capitalismo que puede ser fechada por lo menos a finales de los años sesenta. En términos de duración, profundidad y alcance, esta crisis equipara a la de los años treinta –que se entiende que ha durado desde antes del colapso de 1929, a través de la Segunda Guerra Mundial, hasta el comienzo de la era de posguerra de Pax Americana a través del Plan Marshall en Europa occidental, de la restructuración de Japón y del inicio de la Guerra Fría. Estamos escribiendo y hablando acerca de la crisis secular porque ni las recesiones cíclicas de los negocios ni las recuperaciones, ni toda una serie de contramedidas capitalistas (locales e internacionales), han resuelto los problemas subyacentes del sistema de tal manera de sentar las bases para una renovación de la acumulación estable. Por lo tanto, la crisis secular representa la continua amenaza de la existencia del capitalismo, planteada por fuerzas antagónicas y tendencias que son inherentes en su estructura social y que persisten a través de las fluctuaciones a corto plazo y grandes reestructuraciones.

Tesis 2. La crisis secular es la crisis de la relación de clase
Las fuerzas antagonistas básicas que son inherentes en la estructura social del capitalismo, que perduran a través de los altibajos de las fluctuaciones y restructuraciones, que han sido repetidamente internalizadas sin haber perdido su poder de resurgimiento, son la negatividad y la creatividad de la clase obrera. La clase obrera amenaza persistentemente la supervivencia del capitalismo tanto por sus luchas contra diversos aspectos de la forma capitalista de sociedad como porque tiende a ir más allá de esa forma social a través de su propia inventiva. A diferencia de todas las ideologías burguesas de contrato social, pluralismo y democracia, el marxismo ha demostrado que el antagonismo de la clase trabajadora deriva del capitalismo como un orden social basado en la dominación, es decir, de la imposición de un serie de reglas sociales a través de las cuales, tendencialmente, toda la vida es organizada. El antagonismo de clase es así insuperable por el capitalismo dentro de su propio orden porque este antagonismo es inseparable de la dominación que define el sistema.

Tesis 3. La relación de clase es la lucha en torno al trabajo
Las reglas capitalistas imponen la subordinación generalizada de la vida humana al trabajo. Mientras que todas las sociedades de clase han implicado la extracción de trabajo excedente, solo en el capitalismo todas las actividades humanas han sido reorganizadas como trabajo, como procesos laborales productores de mercancías. Estos procesos producen valores de uso que pueden ser vendidos y sobre los cuales se puede obtener un beneficio o producen y reproducen la vida humana misma como fuerza de trabajo. El antagonismo, la resistencia y la oposición acompañan esta imposición, porque esta manera de organizar la vida humana dramáticamente restringe y limita su desarrollo. La gente lucha tanto contra su reducción a “mero trabajador” como para la elaboración de nuevos caminos de nuevas formas de ser que escapan a los límites capitalistas.[2]

Tesis 4: la clase trabajadora (asalariada y no asalariada) lucha contra el trabajo
Si bien el “capital” puede ser pensado como monolítico en el sentido de que las diferencias y los conflictos entre capitalistas son secundarios a las reglas del juego desde el punto de vista de los explotados, la “clase obrera” es monolítica solo como clase en sí, es decir, como clase formada por el capital a través de la imposición universal del trabajo. La clase trabajadora solamente aparece como una clase para sí misma como una “fuerza unificada autónoma” a través de su negatividad que está enraizada en la coincidencia de su oposición a la dominación del capital, es decir, en sus luchas por dejar de ser definida como una clase obrera o como cualquier tipo de clase unidimensional. La lucha contra la imposición del trabajo ha sido central en la historia de la formación de la clase obrera, desde la resistencia inicial a la original imposición del trabajo en el período de la acumulación primitiva a través de los siglos de resistencia y de evitar la expansión del tiempo de trabajo (horas más largas y duras) hasta las más recientes luchas agresivas para reducir el tiempo de trabajo y liberar más tiempo irrestricto para la actividad autodeterminada [3]. Dados los esfuerzos capitalistas para reinternalizar el tiempo liberado del día de trabajo oficial (semana, etcétera), moldeándolo para la reproducción de la vida como fuerza de trabajo y así remodelando toda la vida como una fábrica social integral, la lucha en torno al tiempo se ha vuelto universal. Por lo tanto, las luchas de la clase trabajadora hoy deben ser entendidas como no solo incluyendo las de los trabajadores asalariados, sino también las de todos los que no reciben un salario, sino que son capacitadas y condicionadas para realizar el trabajo de reproducción de la misma clase trabajadora, por ejemplo, amas de casa, estudiantes, campesinos, “desempleados”, etcétera.[4]

Tesis 5. La clase trabajadora lucha por una multiplicidad irreductible de formas alternativas de ser
Cuando se miran positivamente, en términos de la lucha por sus propios intereses (más allá de la mera resistencia a la imposición del trabajo), los intereses de esta compleja “clase obrera” son múltiples en el sentido de no ser universalmente compartidos. Los intereses de un grupo no son exactamente iguales a los de otro, aun sí la realización de los de uno facilitaría la realización de los de los otros [5]. Por lo tanto, hay una relación problemática entre la noción de una clase trabajadora para sí y la multiplicidad de intereses por los que luchan diferentes grupos de personas. “La” clase obrera que lucha contra el capital, y cuyo antagonismo amenaza la supervivencia del capital, es en realidad una multiplicidad que se mueve en una variedad de direcciones formada por procesos igualmente diversos de autovalorización o autoconstitución.

Tesis 6: La interiorización capitalista del antagonismo de la clase obrera es la dialéctica
Por lo tanto, el problema que el capital enfrenta en el manejo del antagonismo de la clase obrera es el de gestionar no solo una resistencia compartida (aunque no necesariamente aliada o incluso complementaria) sino también diversos procesos de autoconstitución que escapan repetidamente sus reglas y precipitan crisis. La acumulación del capital requiere que el comando capitalista (tesis) interiorice las autoactividades hostiles de la clase trabajadora (antítesis) y las convierta en contradicciones (síntesis) capaces de proveer dinamismo a lo que es básicamente un conjunto inerte de reglas / restricciones. Así, la “lógica” (o “leyes”) [6] del capital es, como todas las lógicas, un conjunto de reglas, en este caso aquellas que el capital es capaz de imponer a una sociedad humana que se resiste y actúa por sí misma. En otras palabras, la lógica dialéctica de la lucha de clases implica la cooptación y la domesticación de la actividad mutagénica en metamorfosis [7]. Todas las llamadas barreras inmanentes dentro del capital resultan ser enraizadas en -y ser momentos de- las relaciones de clase de lucha. El número de esas barreras es el número de momentos (o sitios) de la relación de clase [8]. El desarrollo de estos conflictos es “dialéctico” solo en la medida en que el capital es capaz de internalizar su oposición, de lograr la conversión del antagonismo en contradicción.

Tesis 7. Estudiar la crisis es estudiar la lucha de clases
Por lo tanto, el estudio de la crisis secular debe ser el estudio de las amenazas planteadas, de las rupturas logradas y de las transformaciones forjadas por esta constelación de fuerzas antagonistas y autoconstitutivas que cambian constantemente [9]. Los procesos de acumulación del capital, entendidos como aquellos de acumulación de las relaciones de clase del capital, abarcan todo esto -incluyendo la amenaza siempre presente de la ruptura total y la mutación cuya demora es la condición necesaria para la continuación de esos procesos- [10]. Simultáneamente, el estudio de la crisis secular debe ser el estudio de las luchas por la liberación de las limitaciones del capitalismo como sistema social.

Tesis 8. La teoría marxista tradicional de la crisis debe ser desmitificada
Por implicación, los enfoques marxistas tradicionales a la cuestión de la crisis secular necesitan ser explícitamente resituados dentro de las fuerzas de clase fundamentales que actúan en el corazón del sistema. Por ejemplo, es común en muchas teorías marxistas de la crisis secular (o de las crisis cíclicas por caso) tratar la lucha de clases como una fuerza entre otras que conducen (sobredeterminando) el desarrollo del sistema hacia la crisis. Ellas fallan en ver que si la autoactividad de la clase trabajadora (tanto negativa como positiva) es la fuerza fundamental de oposición al conjunto de reglas/restricciones del capital sobre la vida social, entonces evitar el fetichismo significa que las otras fuerzas, supuestamente distintas, pueden y deben ser repensadas como momentos o aspectos particulares del conflicto de clases.

Tesis 9. La competencia no está separada de, sino una forma de, la relación de clase
Una fuerza común, y supuestamente paralela, que se piensa conduce al capital a la crisis es la “competencia” entre subunidades del capital, es decir, firmas, bloques nacionales. Por ejemplo, frecuentemente se ha argumentado que la tendencia a largo plazo dentro del capital a que la composición orgánica del capital y la productividad aumenten es impulsada “tanto por el conflicto de clases como por la competencia intercapitalista” [11]. Sin embargo, la “competencia intercapitalista” debe ser reinterpretada en términos de la lucha de clases reconociendo que el determinante más fundamental de “quien gana” la batalla competitiva está determinado por quien tiene el mayor control sobre el sector relevante de la clase trabajadora. La competencia de precios se gana reduciendo costos, es decir, bajando los salarios o haciendo que los trabajadores trabajen más duro o mejor, o que acepten la introducción de la tecnología que aumente la productividad. La competencia a través de la diferenciación de productos se gana consiguiendo la mayor imaginación y creatividad de los trabajadores. La competencia a través de la guerra se gana movilizando el mayor esfuerzo de los trabajadores (en todas sus formas, desde el trabajo duro en las fábricas de guerra a la creatividad y la voluntad de sacrificarse en el campo de batalla). La “competencia” se ha transformado en un eslogan prominente de dominación en este período de restructuración capitalista internacional que se utiliza para enfrentar a los trabajadores contra los trabajadores. Necesitamos desfetichizar su significado mostrando cómo es simplemente una manera particular de organizar la lucha de clases. En el contexto de la teoría marxista de la crisis necesitamos hacer lo mismo y reubicar la competencia dentro de la lucha de clases en lugar de fuera de ella.[12]

Tesis 10. Las categorías teóricas marxistas son las de la lucha de clases
Para desmitificar las teorías familiares de la crisis, necesitamos reinterpretar sus bloques teóricos constitutivos: conceptos de valor, trabajo abstracto, valor de cambio, valor de la fuerza de trabajo, plusvalía, tasas de explotación y de beneficio, la composición orgánica del capital, y la acumulación del capital.[13] El valor debe ser repensado como un concepto para hablar del trabajo que el capital impone para organizar la sociedad (contra el cual los trabajadores elaboran una diversidad de “valores” inconmensurables); el trabajo abstracto -la sustancia del valor- como el papel universal de todo tipo de trabajo como mando capitalista (contra el que los trabajadores luchan a través del rechazo y transformación del trabajo); el valor de cambio como forma de referencia de la imposición del trabajo (contra el que los trabajadores luchan rigidificando o salteándolo); el valor de la fuerza de trabajo como el costo para el capital de reproducir a las personas como trabajadores (contra el que los trabajadores remarcan el salario para su autovalorización); la plusvalía como la imposición de suficiente trabajo para financiar más trabajo en el siguiente período (que los trabajadores socavan exigiendo que el trabajo se subordine a la satisfacción de sus necesidades); la tasa de explotación y la tasa de ganancia como medidas de la subordinación del trabajo a la necesidad del capital por más trabajo (cuya caída mide el poder de los trabajadores); la composición orgánica del capital como las condiciones técnicas de la imposición de trabajo (alrededor de la cual los trabajadores recomponen su propio poder); y la acumulación del capital como la reproducción ampliada de la lucha de clase en todos sus aspectos.

Tesis 11. El “subconsumo” resulta de intentar imponer el trabajo
Una de las más antiguas y persistentes teorías de la crisis, que puede encontrarse tanto en Marx como en Malthus, Hobson, Keynes o Sweezy, es la de “subconsumo”.[14] En cada caso, incluido el de Marx, el “subconsumo” es derivado de la contradicción entre la tendencia capitalista a maximizar la producción, las ventas y los beneficios, al tiempo que minimiza los costos, especialmente los salarios. Los capitalistas quieren producir para un mercado tan grande como sea posible, pero mantener oprimidos los salarios y, así, ciegamente, limitar el tamaño del mercado -directamente para los medios de subsistencia, indirectamente para los medios de producción-. Sin embargo, en términos de clase, el salario no es solo un costo para el capital sino poder para la clase obrera, y no solo para comprar los medios de subsistencia, sino poder para luchar contra el trabajo capitalista y para sus propias necesidades. Por lo tanto, la tendencia al subconsumo aparece como consecuencia de la contradicción entre la necesidad de privar a los trabajadores (el garrote) para obligarlos a trabajar (el contenido del valor) y la necesidad de que los mercados absorban las mercancías que producen (la forma del valor). En el siglo XX, por supuesto, Ford y luego Keynes reconocieron que el salario era mercado tanto como un costo y trataron de superar la vieja contradicción utilizando el aumento de los salarios (la zanahoria) para obtener el mismo resultado (más trabajo) dentro de un mercado en crecimiento. Sin embargo, el aumento de los salarios (y el creciente poder de la clase obrera que financiaba) tuvo que ser limitado al crecimiento de la productividad, de modo que la vieja contradicción persistió dentro en un contexto más dinámico. Luego de que los trabajadores rompieron esta solución, el capital (las empresas y el Estado-crisis) volvieron a un ataque generalizado contra todas las formas de ingresos de la clase obrera, resucitando antiguas formas de la contradicción subconsumista.[15]

Tesis 12. La “tendencia de la tasa de ganancia a caer” remite a las crecientes dificultades de poner a la gente a trabajar
Contra las teorías del subconsumismo, muchos marxistas han propuesto las tendencias de la composición orgánica del capital a elevarse y de la tasa de ganancia a caer como causas más fundamentales de la crisis.[16] También podemos reinterpretar este enfoque en términos de que la manera en que los intentos del capital para acumular a la clase obrera implican un creciente conflicto entre la necesidad de imponer el trabajo y la introducción de máquinas para lograrlo. Con el aumento de la composición orgánica del capital entendido como parte de un proceso de reorganización capitalista de la tecnología que eleva la productividad e impone “más trabajo”, podemos reconocer que esto siempre implica un cambio en las relaciones de poder entre el capital y la clase trabajadora.[17] Porque el cambio fundamental implicado en esta reorganización de la tecnología es la sustitución del trabajo muerto encarnado (ya sea en forma de máquinas o información) por el trabajo vivo, esto socava tendencialmente la habilidad del capital de organizar su sociedad a través de la imposición del trabajo. Por lo tanto, la cuestión clave no es lo que está ocurriendo con la tasa monetaria de ganancia, sino la creciente masa de trabajo muerto que debe ser utilizada para imponer una determinada cantidad de trabajo vivo. Tendencialmente, como Marx argumentó en el Fragmento sobre las Máquinas en los Grundrisse, el problema de la imposición del trabajo -y, por tanto, de mantener el control- se hace cada vez más agudo y la cantidad de tiempo -al menos potencialmente- libre o “disponible” aumenta con el desempleo, es decir, con la des-asalariación.[18]

Tesis 13. El “agotamiento” de un modo de regulación mide la eficacia del rechazo del trabajo
En los años setenta, el marxismo estructuralista fue resucitado como teoría de la regulación a través de la inyección de una dosis de Gramsci y una gota de marxismo autonomista. Las estructuras althusserianas surgieron de la tumba bajo la forma de los conceptos de régimen de acumulación y de modo de regulación que tuvo que sacudirse de manera complementaria para permanecer intacto. La desincronización (es decir, la crisis del fordismo), por supuesto, podría curarse mediante una pequeña reestructuración (es decir, posfordismo). Los teóricos de la regulación trataron de utilizar una ortodoxia revitalizada para confrontar la crisis de la era keynesiana, pero terminaron como observadores de una crisis cuyos comentarios enterrarían el drama de la lucha de clase en el diluvio de jerga estructuralista. Pero podemos repensar el concepto de régimen de acumulación como una manera particular de organizar la lucha de clase, y la de un modo de regulación en términos de estrategias y tácticas capitalistas para su gestión. Desde este punto de vista, el agotamiento de un modo de regulación reaparece como el colapso en la capacidad del capital de sostener una forma particular de imposición del trabajo frente a la autoactividad de la clase obrera. El drama del llamado posfordismo puede ser visto como la lucha entre la clase obrera como un sujeto en rápida evolución y altamente socializado, y los esfuerzos desesperados y brutales del capital para hallar nuevas maneras de dominarla.[19]

Tesis 14. La crisis del capital es la libertad de la subjetividad revolucionaria
A medida que la lucha o las luchas de la clase obrera escapan repetidamente de la lógica del capital, la amenaza es la revolución, es decir, la mutación, la liberación de “lógicas” sociales alternativas y autodeterminadas, fuera y más allá de la del capital de una manera que destruye la dialéctica.[20] Como marxistas, nuestro rol en la crisis, incluyendo nuestro análisis y discusión de la teoría de la crisis secular, debería contribuir a la profundización de la crisis más que a su resolución. En contraposición al trabajo de los teóricos burgueses, no deberíamos ayudar a encontrar la forma de “resolver” la crisis restableciendo la acumulación, ni simplemente buscando desarrollar un mejor entendimiento “científico”. En cambio, nuestro trabajo debería ser elaborado desde dentro y como una contribución a las fuerzas que han precipitado la crisis, que resisten los intentos capitalistas de superarla, y que tienden a conducirse a través de ella para trascender no solo la crisis sino también el capitalismo en su conjunto. Lo que realmente necesitamos hacer no es meramente reconocer el sujeto antagónico que conduce la “crisis secular”, sino explorar las “lógicas” de esas subjetividades emergentes y diversas. Tal exploración puede ayudarnos a ir más allá de la apreciación de cómo rompen el capital, para en definitiva articular y fortalecer su desarrollo.

Tesis 15. El camino a la revolución se encuentra a través de la circulación de la lucha
Todo lo anterior conduce no solo a un replanteamiento sistemático de las conocidas teorías marxistas de la crisis secular, sino también una reformulación muy poco tradicional de la política de la lucha de la clase trabajadora. En lugar de intentar organizar la homogeneización de las luchas de los trabajadores a través de instituciones tales como sindicatos o partidos políticos que impulsan una visión unificada del futuro (socialismo) contra la dominación capitalista, debemos sustituir la política de alianza para la sustitución del capitalismo por una diversidad de proyectos sociales. Una política de alianza contra el capital dirigida no solo a acelerar la circulación de la lucha de sector a sector de la clase, sino a hacerlo de manera que construya una política poscapitalista de la diferencia sin antagonismo. Ha sido la circulación de la lucha la que ha puesto en crisis el mando capitalista; es solo a través de la circulación de la lucha que las divisiones que continúan debilitándonos pueden superarse. Sin embargo, esta circulación no es una cuestión de propagación de la ideología anticapitalista, sino que implica la fabricación y utilización de conexiones y comunicaciones materiales que destruyan el aislamiento y permitan a la gente luchar de maneras complementarias, tanto en contra de las restricciones que las limitan como a favor de las alternativas que construyen, por separado y juntos.

Austin, Texas
Mayo de 1993

Notas al pie

[1] Esta es una versión revisada de un conjunto de notas presentadas en la sesión sobre “Secular Crisis in Capitalism: Attempts at Theorization” en la Conferencia de Rethinking Marxism, Amherst Massachusetts, 13 de noviembre de 1992. Varias de las notas a pie de página se refieren a los otros dos artículos presentados en esa sesión (Ehrbar, 1992; Laibman, 1992).

* Traducción de Daiana Melón (IdIHCS/CONICET-UNLP; daianamelon@gmail.com) y Mariano Féliz (IdIHCS/CONICET-UNLP; marianfeliz@gmail.com). La versión original en inglés se puede consultar en https://libcom.org/library/theses-secular-crisis-capitalism-cleaver

[2] Este análisis del capitalismo como un sistema social basado en la imposición sin fin del trabajo a través de la forma de mercancía se desarrolló por primera vez en el verano de 1975 y fue publicado posteriormente en (Cleaver, 1979). Como Marx indicó en la sección 2 del capítulo 10 del volumen I de El Capital, el capitalismo no inventó el trabajo excedente; lo que inventó fue la infinitud de su imposición junto con la mercantilización de toda la vida.

[3] La centralidad de la lucha contra el trabajo en la génesis de la actual crisis fue percibida por la Nueva Izquierda Italiana a finales de los sesenta y en Francia y Estados Unidos en los setenta. Este análisis  se ha desarrollado en revistas como Lavoro Zero (Venecia), Camarades (París) and Zerowork (Nueva York). Como Roediger and Foner han demostrado recientemente con respecto a la clase trabajadora asalariada en los Estados Unidos, la lucha por menos trabajo ha sido central para la capacidad de los trabajadores estadounidenses para unirse más allá del género, la raza, la habilidad y la etnicidad a lo largo de la historia del movimiento obrero estadounidense. Como ellos han demostrado ampliamente, la lucha contra el trabajo ha estado íntimamente ligada a prácticamente cualquier otra cuestión planteada en los conflictos laborales en los Estados Unidos, incluyendo los salarios, el control del trabajo, el desempleo, la educación, la participación en la política, la libertad religiosa, la protección de los niños, la salud, la alienación y los derechos de la mujer, entre otros. (cfr. Roediger y Foner, 1989). El libro más reciente, Schor muestra que este antagonismo sigue siendo el centro de la lucha de clases hoy (Schor, 1991).

[4] El movimiento de mujeres de principios de los setenta fue responsable del desarrollo de un análisis marxista del trabajo no asalariado. Ver especialmente Dalla Costa y James (Dalla Costa y James, 1972), y el debate marxista posterior sobre “el trabajo doméstico”. Desafortunadamente, en su valioso libro, Roediger y Foner mayormente descuidan las luchas del trabajo no asalariado (aparte de los “desempleados”). Schor lo hace mejor incluyendo el trabajo doméstico no asalariado en su estudio. Desafortunadamente, su enfoque se centra más en el reciente éxito capitalista en imponer más trabajo doméstico que en la lucha previa y continua contra el.

[5] El reconocimiento marxista de esta diversidad ha sido demandado no solo por el movimiento de mujeres, sino también por el movimiento negro, marrón y otros “nuevos movimientos sociales”. El atractivo de análisis posmodernistas y posmarxistas pueden encontrarse, en parte, en el rechazo por parte de muchos marxistas a reconocer precisamente eso.

[6] Mientras que Laibman habla en términos de la “lógica” del capitalismo (Laibman, 1992), Hans Ehrbar en su artículo (Ehrbar, 1992) para esta sesión prefiere hablar en términos de las “leyes” del capitalismo. Ambos términos se refieren a las regularidades que caracterizan al capitalismo por sobre y más allá de las acciones de los individuos (incluyendo los capitalistas individuales), más allá de la “agencia individual” en el trabajo de Ehrbar. Mi argumento es simplemente que tales regularidades son el resultado de la confrontación entre los esfuerzos colectivos (no solo individuales) por parte de algunos -que actúan como lo que Marx llamó funcionarios del capital- y los esfuerzos colectivos (múltiples) por parte de otros (clase obrera). Es cierto, como dice Ehrbar, que los capitalistas individuales en su lucha competitiva “no determinan estas leyes” (ver Tesis 9 más adelante), pero tampoco son metafísicos; son regularidades de la lucha de clases sobre el contenido y la forma de la vida social.

[7] Como estos comentarios deben hacer aparente “la” dialéctica no se trata aquí como un principio histórico o cosmológico trascendente, sino más bien como la lógica de la lucha de clases que constituye el capitalismo.

[8] Estoy de acuerdo en que el intento de Laibman de localizar, sin crear una jerarquía, una variedad de tales “sitios” y sus interrelaciones es, como él sugiere, un sano antídoto contra el “sectarismo y el aislamiento” entre los marxistas que trabajan la teoría de la crisis (p. 20). Esto es lo que Peter Bell sostuvo en su contribución (Bell, 1977) y, a la cual, él y yo intentábamos contribuir (Bell y Cleaver, 1982)y yo (Cleaver, 1986). Las diferencias entre el enfoque de Laibman y el nuestro es menos en la intención general que en la ejecución.

[9] Por lo tanto, necesitamos reinterpretar afirmaciones tales como las de Erhbar cuando dice que Marx enfatiza “aquellas crisis en las que hay tendencias intrínsecas en el capitalismo que ya no pueden funcionar”. Las “tendencias intrínsecas” que “ya no funcionan” se refieren al “mecanismo” (para usar su término) del comando capitalista. Ya no funcionan porque la clase obrera ha logrado el poder de romperlos. El problema, me parece, es primero reconocer la existencia de tal poder y luego entender como se ha logrado.

[10] Por lo tanto, ver la lucha de clases como el “modo de existencia del capitalismo” no implica, como sugiere David Laibman en su artículo, el “rechazo” del análisis de la acumulación o un enfoque estático frente a un enfoque dinámico. Por el contrario, significa que el análisis de la acumulación debe comprenderlo como la acumulación de las clases con todos sus conflictos en todo su dinamismo. Significa reconocer que la “inestabilidad inherente” no es exterior a la lucha de clases sino una parte de ella. Y, por último, significa que la “creciente severidad” de la crisis capitalista está enraizada en la creciente autonomía del antagonismo con el capital (comparar con sus pp. 2-3).

[11] La cita es de Laibman, p. 10, pero es una posición ampliamente compartida por los teóricos marxistas.

[12] Este argumento fue expuesto con mayor amplitud (Cleaver, 1990).

[13] Este tipo de reinterpretación ha estado en marcha durante mucho tiempo y puede encontrarse en los escritos de lo que yo llamo “marxistas autonomistas”. Véase, por ejemplo, Mario Tronti (Tronti, 1964) (partes publicadas en Radical America y Telos); Harry Cleaver (Cleaver, 1979); Antonio Negri (Negri, 1979); y los periódicos Zerowork (‘70), Midnight Notes (Boston, actual), News & Letters (Chicago, actual), Futur anteriur (Paris, actual), Autonomía (Padova, actual) y Common Sense (Edimburgo, actual).

NB: Midnight Notes, Futur AntérieurAutonomia y Common Sense han dejado de existir. En Francia, Futur Antérior ha sido reemplazada por Multitudes (París, actual). Dos revistas italianas en esta tradición están ahora disponibles en línea: Effimera y Contrapotere: Quaderno di Euronomade.

[14] Estrictamente hablando ni Marx ni Keynes eran subconsumistas porque ambos reconocían que el consumo era solo un componente de la demanda agregada y sabían que no era bueno discutir sus límites aisladamente de otros componentes. Sin embargo, ambos entendían la centralidad del salario / consumo y analizaron las fuerzas que tienden a restringir el consumo y limitan así el tamaño del mercado.

[15] Para una reinterpretación de argumentos subconsumistas, como los de Paul Sweezy, en términos de clase, véase (Cleaver, 1986).

[16] Temprano, C.L.R. James, Raya Dunayevskaya y Grace Lee atacaron tanto a Eugene Varga como a Paul Sweezy por sus teorías circulacionistas del subconsumo con una tendencia de la tasa de ganancia a caer centrada en la producción. Véase el libro de aquellxs autorxs (James et al., 1986)(publicado originalmente en 1950). Más tarde, cuando Sweezy publicó (Sweezy y Baran, 1966), que había escrito con Paul Baran, su subconsumismo neokeynesiano fue nuevamente atacado, esta vez por Paul Mattick (Mattick, 1966), David Yaffe y otros, volviendo a integrar el club de la tendencia de la tasa de ganancia a caer.

[17] Aunque teóricamente es posible que un cambio en la tecnología aumente la productividad sin aumentar ni las horas ni la intensidad del trabajo (de hecho, a nivel micro, el cambio tecnológico que desplaza trabajo puede reducir la cantidad de trabajo), Marx demostró cómo el capital generalmente intenta obtener productividad más alta y más trabajo. Además, el aumento de la plusvalía relativa como consecuencia del aumento de la productividad permite una mayor inversión y, por lo tanto, más trabajo (incluyendo más empleo) en el futuro.

[18] Ehrbar tiene razón (p. 3) al decir que Marx “se aferró” a la contradicción de que “la producción cuyo único propósito es la valorización, desarrolla la productividad (…) [de modo que] la producción se carga cada vez más con valor de uso y el factor trabajo se vuelve cada vez más irrelevante”. Pero lo que esto significa socialmente es que en el intento de imponer el trabajo (valor) sin fin (plusvalía) se hace cada vez más difícil imponer el trabajo en absoluto. Sí, el “desarrollo de las fuerzas productivas (…) hace obsoleto el capitalismo”, pero la “fuerza productiva” fundamental es la fuerza de trabajo viviente, es decir, el poder creador de la clase obrera. Este es el tipo de defetichización que tenemos que hacer: averiguar cómo ver las relaciones sociales representadas por los conceptos marxistas y, por lo tanto, las dinámicas sociales analizadas por la teoría marxista. También debe señalarse que la “desasalariazación”, como se indica en la Tesis 4, no significa automáticamente “ningún trabajo”, o incluso “menos cantidad de trabajo”. Por el contrario, cuando el capital tiene el poder de limitar el acceso de los trabajadores a la tierra y a las herramientas (para sostener o intensificar la acumulación primitiva), la escasez de empleos puede significar más trabajo -el trabajo de supervivencia- (cfr. Midnight Notes, 1990). Sin embargo, también es cierto que cuando los no asalariados son capaces de expandir su capacidad de vivir por su cuenta, la autovalorización puede expandirse a expensas de la valorización. Así, mientras que el desplazamiento del trabajo asalariado por la automatización puede conducir a crisis y oportunidades, no garantiza de ninguna manera un “Camino hacia el Paraíso”, como Andre Gorz quería hacernos creer.

[19] Aquellos que están fascinados con las últimas formas más sofisticadas de gestión capitalista a veces olvidan que el FMI impuso el hambre en África, bombardeos masivos en el Golfo Pérsico, depuración étnica en ex Yugoslavia, bombardeos de centros de aborto y explotación acentuada de niños en fábricas y burdeles, son también momentos integrales de los intentos del capital de restablecer su comando en este período. Para una crítica de clase de la teoría de la regulación, véase (Cocco y Vercelone, 1990); y (Bonefeld y Holloway, 1991).

[20] Si la dialéctica es la lógica de la lucha de clase dentro del capital, no hay razón a priori para esperar que la comprensión de la “lógica” de esas fuerzas antagónicas pero constitutivas de autovalorización que impulsan más allá del capital sean “dialécticas” en el sentido marxista. Sobre este tema, ver Cleaver (1993).

Referencias bibliográficas
Bell, P. (1977). Marxist Theory, Class Struggle and the Crisis of Capitalism. En Schwartz, J. (ed.) The subtle anatomy of capitalism (pp. 170-194). Santa Monica: Goodyear.
Bell, P. y Cleaver, H. (1982). Marx’s Crisis Theory as a Theory of Class Struggle. Research in Political Economy, 5(5), 189–261.
Bonefeld, W. y Holloway, J. (1991). Post-fordism and social form: A marxist debate on the post-fordist State. Macmillan: CSE.
Cleaver, H. (1979). Reading Capital Politically. Austin: University of Texas Press.
Cleaver, H. (1986). Karl Marx: Economist or Revolutionary? En Helburn, S. y Bramhall, D. (Eds.) Marx, Schumpter y Keynes: A Centenary Celebration of Dissent (pp. 126-129). New York: M.E. Sharpe.
Cleaver, H. (1990). Competition or Cooperation? Common Sense, 9, 20-23.
Cleaver, H. (1993). Marxian Categories, the Crisis of Capital and the Constitution of Social Subjectivity Today. Common Sense, 14, 32-55.
Cleaver, H. (1996). Theses on Secular Crisis in Capitalism. En Polychroniou, C. y Targ, H. R. (eds.) Marxism Today: Essays on Capitalism, Socialism and Strategies for Social Change (pp. 87-97). Westport: Praeger.
Cleaver, H. (2019). 33 lessons on Capital: Reading Marx Politically. London: Pluto Press.
Cocco, G. y Vercelone, C. (1990). Les paradigmes sociaux du post-fordisme. Futur Anterieur, 4, 71-94.
Dalla Costa, M. y James, S. (1972). The power of women and the subversion of the community. Bristol: Falling Wall Press.
Ehrbar, H. C. (1992, noviembre 13). Crisis of Capitalism: A Realist Perspective. Mesa “Secular Crisis in Capitalism: Attempts at Theorization”. Conferencia de Rethinking Marxism, Amherst, Massachusetts.
James, C. L. R., Dunayevskaya, R. y Lee, G. (1986). State capitalism and world revolution. Chicago: Charles H. Kerr.
Laibman, D. (1992, noviembre 13). Immanent Critical Tendencies: Toward a Comprehensive Theory. Mesa “Secular Crisis in Capitalism: Attempts at Theorization”. Conferencia de Rethinking Marxism, Amherst, Massachusetts.
Mattick, P. (1966). Marxism and Monopoly Capital. Progressive Labor, 7-8, 34-49.
Midnight Notes. (1990). New Enclosures. Midnight Notes Journal, 10. Recuperado de: https://libcom.org/library/midnight-notes-10-1990-new-enclosures
Negri, A. (1979). Marx oltra Marx. Milán: Feltrinelli.
Roediger, D. y Foner, P. (1989). Our own time: A History of American Labor and the Working Day. New York: Verso Books.
Schor, J. (1991). The overworked American. New York: Basic Books.
Sweezy, P. y Baran, P. (1966). Monopoly Capital. London: Monthly Review Press.
Tronti, M. (1964). Operai e Capitale. Turin: Einaudi.

La vida después del virus: reproducción social en un mundo post-pandémico

[publicado en HerramientaWeb, 29, Junio 2020]

La vida después del virus: reproducción social en un mundo post-pandémico*

Esta no es simplemente otra crisis capitalista

La pandemia del COVID-19 nos es tan solo otra crisis sanitaria u económica. Es fundamentalmente una crisis de la reproducción social y el trabajo de cuidados. Los hospitales y centros de cuidados están siendo empujados a sus límites por aquellxs afectadxs por el virus. El trabajo reproductivo en los hogares y comunidades está siendo intensificado, siendo las mujeres las que otra vez cargan con ese peso. En territorios dependientes y en las periferias de las grandes ciudades alrededor del mundo, las redes comunitarias para la provisión de agua, comida, cuidado de niñes y otras necesidades básicas son puestas a prueba, y usualmente desbordadas por millones en riesgo. Lo que está en cuestión es cómo nos cuidamos entre nosotrxs y cómo asumimos el hecho de que somos seres frágiles. La vida en el planeta tal cual lo conocemos está al borde de una transformación radical. La pregunta de Rosa Luxemburgo nuevamente aplica: podremos transformar este tiempo en un momento para la revolución, o seremos incapaces de evitar caer en un nuevo barbarismo.

Ésta es la primera pandemia global provocada por el desarrollo descontrolado de las relaciones de producción capitalistas, patriarcales y racistas. No podemos comprender su significado a menos que la entendemos la entendamos como una crisis surgida de las contradicciones dentro del actual sistema de producción y reproducción social. El virus es el resultado del desplazamiento de los animales de sus hábitats naturales, la destrucción de las plantas y la acumulación de animales para la producción de alimentos en ambientes no saludables. Ha sido también resultado de una forma de vida que amontona a las personas en megaciudades, apretadas en subterráneos, trenes y colectivos, confinadas en fábricas, oficinas, escuelas y prisiones. Todo esto es causado por la destrucción del metabolismo de la naturaleza a causa de la reproducción ampliada del capital como relación social dominante. La reproducción social se encuentra crecientemente mediada por la mercantilización y el trabajo abstracto. En un mundo mistificado en torno al espectro del dinero y el valor, el trabajo de cuidados está siendo llevamos a sus límites más básicos.

La economía política de la enfermedad

El capitalism tal cual lo conocemos está atravesando lo que probablemente sea un cambio trascendental. La actual pandemia del COVID-19 es el más reciente desarrollo de su crisis civilizatoria, con efectos en cascada alrededor del mundo. Expresa la ruptura total de un mundo que ha olvidado que la reproducción de la vida está siempre en su centro -aunque el capital no lo reconozca-. La crisis de 2008 fue una premonición de la crisis del Capitaloceno: la era geológica de la dominación del capital está ahora enfrentando cada a cara a la Tierra.

Escondida en el centro de la crisis está la reproducción social. La destrucción de capital provoca crecientes presiones sobre el trabajo de cuidado y reproducción. Además de los impactos directos de la crisis sobre la salud, las familias están teniendo enormes dificultades para fortalecer sus redes de apoyo al tiempo que las economías familiares implotan. La privatización, reestructuración y financiarización de la vida, el trabajo y el sector público ha debilitado la habilidad de las familias y comunidades para manejar el creciente estrés que proviene de los mercados laborales durante la pandemia.

En esta situación, las mujeres son las trabajadoras de último recurso. La devaluación de la fuerza de trabajo fuera de los hogares se traduce en una creciente superexplotación de la fuerza de trabajo de reproducción y cuidados que es (mal/im)paga y no reconocida. Mientras se consolida la cuarentena, las mujeres tienden a recibir el mayor aumento en la carga de trabajo en la educación remota, el cuidado de niñeces y la organización comunitaria. Asimismo ellas también enfrentan el aumento de la violencia patriarcal en tanto muchas se ven forzadas a compartir la cuarentena con parejas violentas. Son las mujeres las que deben pagar el aumento del precio de los alimentos básicos a la vez que resuelven la supervivencia en condiciones crecientemente hostiles. Ahora nos damos cuenta del costo de la destrucción de las redes comunitarias producto de la mercantilización y el papel clave que tiene la imaginación política en las redes apoyo lideradas por las mujeres.

Nuevamente vez somos todxs keynesianxs

Progresistas o conservadorxs, de izquierda o derecha, el discurso de batalla contra el virus se traduce en políticas de keynesianismo de guerra. Las intervenciones masivas de los gobiernos incluyen políticas monetarias expansivas y transferencias monetarias y subsidios, que son parte de la nueva caja de herramientas de la política económica.

La palabra austeridad ha sido eliminada de los discursos en todo el espectro del sistema político. Los Estados nación otorgan recursos fiscales y expanden sus déficits más rápido de lo que pueden registrar los gastos, en un intento de frenar lo inevitable: un desplome económico de magnitud imposible de predecir.

Redes de seguridad social masivas -algunas tomando la forma de Ingreso Básico Universal (IBU) de emergencia-  consolidan nuevas formas de precariedad que se han expandido bajo el velo del trabajo a domicilio (home-office) y remoto (online). Trabajar 24/7 se convierte en la nueva normalidad para muchxs empleadxs, mientras recortes salariales, despidos y suspensiones proliferan en la medida en que la crisis se profundiza. En esta crisis hay un impacto brutal sobre las mujeres y/o migrantes que trabajan, precariamente en general, precisamente en aquellas actividades que están siendo aplastadas (trabajo de cuidado, en ventas, y turismo).

En muchos países, los Estados están ahora pagando parcial o totalmente los salarios o gastos tales como alquileres de trabajadorxs del sector privado. Así, el Estado capitalista está directamente subsidiando las ganancias empresarias, mientras las caídas en salarios y empleo son sólo parcialmente compensadas por estas transferencias. Al mismo tiempo, la multiplicación de las aplicaciones y tecnologías en línea, implementadas sin regulación ni debate político, se expanden en nuestras vidas como nuevas formas de superexplotación y supervisión. Los Estados y sociedades dependientes hacen una entrada acelerada par force en el capitalismo de plataformas. Esto no es la concreción del sueño del IBU y la automatización general de la producción, sino un nuevo camino cuesta abajo para las mayorías.

En Nuestramérica, y otras regiones del sur global, la pandemia se ha convertido en la excusa perfecta para un creciente control social, especialmente en los ‘puntos calientes’ en los barrios populares. La reproducción social y de cuidados auto-organizada esta en el centro de la insurrección social en los bordes. Es en estos territorios donde el pueblo trabajador se organiza colectivamente para resolver su propia reproducción al tiempo que pergeña las luchas para el cambio social. Convenientemente para el Estado capitalista, la crisis perturba la circulación de la resistencia en el centro de la vida.

Mientra tanto, la intervención estatal se está convirtiendo nuevamente en un instrumento para la desactivación de la organización colectiva. En esta crisis general, el Estado capitalista dependiente reactualiza su lado más represivo. Las fuerzas de seguridad recuperan el control de las calles y los movimientos sociales son estigmatizados en Chile, Hong Kong, Líbano o Haití. La luchas contra el ajuste en la seguridad social y los salarios, la megaminería o los feminicios, han sido conducidas bajo tierra pues la cuarentena obligatoria dificulta las movilizaciones masivas.

La democracia formal ha perdido toda su esencia, particularmente en Nuestramérica. El debate y la participación política han sido suspendidos o realizados en línea. Mientras tanto, la organización política en el territorio continúa siendo una parte sustancial del trabajo de reproducción social, cayendo en el cuerpo de las lideranzas femeninas, muchas veces ocultas detrás de las formas patriarcales que aún operan en muchos movimientos sociales.

Imaginación política para encontrar una salida popular a esta crisis

¿Tenemos que elegir entre salvar la economía o nuestra salud? ¿Debemos favorecer la vida frente a la producción? ¿Son estas las preguntas relevantes en esta coyuntura?

Esta es, más que nada, una crisis de cuidados y reproducción o, en otras palabras, una crisis de vida o muerte. No hay economía (capital) sin el cuidado de su mercancías más preciada: nuestro fuego vital.

La pandemia y la crisis que la acompaña han puesto a la vista al necesidad de una revolución en la organización de la provisión de las actividades fundamentales de cuidado y reproducción. No para mantener la capitalismo funcionando sino para llevarlo a su colapso. Necesitamos transformar esta crisis de cuidados en una crisis que nos lleve más allá del capital.

El movimiento ecofeminista hace tiempo ha colocado el trabajo de reproducción en el centro de su praxis más radical. Mientras el Capitaloceno se fractura, los movimientos populares tenemos la necesidad de impulsar de una transformación radical en la organización social. Menos trabajo, mejor pago, menos consumo y menos destrucción sin sentido de la naturaleza, más tiempo libre y más cooperación social sin la mediación del capital por medio del dinero: ésto es clave para la constitución de una nueva articulación social que ubique en su centro la reproducción de la vida libre de alienación y violencia.

La cuestión no es simplemente destruir todas las mediaciones. Necesitamos luchar para crear nuevas formas de trabajo social donde nosotrxs controlemos esas mediaciones. Con el trabajo de reproducción y cuidados en el centro de la política, las personas pueden y deben crear nuevas instituciones. No podemos detenernos nada más en un Green New Deal que ponga al Estado capitalista otra vez en medio de (o peor, sobre) la organización popular. Por el contrario, necesitamos forjar un proceso de recomposición política de las clases trabajadoras para construir nuevos comunes anti-capitalistas, feministas, y anti-racistas. Este proceso de comunizar nos proveerá nuevas formas de vivir y trabajar juntxs, en equilibrio con la naturaleza. Los movimientos sociales, gente organizada en la base y en sus territorios vitales, hace tiempo vienen desarrollando alternativas a la organización capitalista de la reproducción y el cuidado; veamos los ejemplos de las Zapatistas en Chiapas, las mujeres Kurdas, o las Piqueteras en Argentina. Necesitamos poner estas prácticas en la primera línea del debate para una transformación radical. La organización colectiva es parte de la solución mientras que el Capital y su Estado claramente son parte del problema.

* Esta es la traducción (más o menos fiel y con leves cambios) de un texto recientemente publicado en inglés en Futures of Work con el título de Life after de virus: Social reproduction in a post pandemic world.

** Mariano Féliz, 12 de Junio de 2020. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) / CONICET-UNLP (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – Universidad Nacional de La Plata). Investigador del International Research Group on Authoritarianism and Counter-Strategies (IRGAC) de la Rosa Luxemburg Stiftung de Berlín. Activista de la Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana (COMUNA/FPDS-CN) e integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay. marianfeliz@gmail.com / https://marianfeliz.wordpress.com/

Intervención de Vicentín: Too big to fail? Algunas certezas, varias preguntas

Intervención de Vicentín: Too big to fail? Algunas certezas, varias preguntas

  1. El gobierno nacional decidió la intervención y posible expropiación del Grupo Vicentín. Es decir, reemplaza la gerencia por representantes del Estado Nacional, y propone al Congreso que apruebe dejar sujeta a expropiación la empresa. De llevarse adelante la misma, Vicentín se transformaría en una sociedad anónima con mayoría accionaria del Estado Nacional.
  2. Esa decisión tiene una motivación inmediata: evitar un conflicto de magnitud en la provincia de Santa Fe, donde casi 3000 empresas productoras agropecuarias venden su producción a distintas empresas de Vicentín. Además, trabajan en empresas del grupo cerca de 6000 trabajadorxs de manera directa.
  3. La expropiación significará que el Estado absorberá la deuda de más de 1300 millones de dólares que la Vicentín tiene con el sistema bancario y financiero, fundamentalmente con la banca estatal.
  4. ¿Vicentín era Too big to fail (demasiado grande para caer)? Esto no parece una política de salvataje a empresas en quiebra: ¿cuántas están quebrando en estos meses sin que el Estado intervenga?
  5. ¿Cuánto costará la expropiación? ¿Quién se sacá un problema de encima: Vicentín o el gobierno?
  6. Vicentín recibió créditos aparentemente de forma irregular por parte del Banco Nación. Hay una investigación en curso. Ahora, ¿se avanzará en las responsabilidades penales concomitantes?
  7. A través de varias empresas del grupo, Vicentín fue uno de los principales aportantes a la campaña de Cambiemos en 2019. ¿Aportó algo a la campaña del Frente de Todxs?
  8. El grupo tiene empresas en diversos rubros vinculados al procesamiento de producciones primarias, pero es -fundamentalmente- una gran exportadora en el complejo sojero. Está en el top 5 de las grandes exportadoras de commodities agropecuarias. En 2019, Vicentin fue la primera exportadora de aceites y subproductos de soja y girasol: 7425 millones de toneladas.
  9. Produce alimentos, sí. Pero sobre todo, produce dólares. El 85% de sus ventas son exportaciones. Sus exportaciones representan entre el 5 y 10% de las exportaciones del agronegocio del país. Controlar esta empresa es controlar de manera directa una buena porción de la oferta de dólares.
  10. YFP -a través de YPF Agro– pasará a controlar Vicentín. Energía, petróleo y agro se juntan en la producción de agrocombustibles y agrotóxicos. Vicentín es una gran jugadora en este rubro de producción/exportación.
  11. ¿La nueva Vicentín puede ser el mascarón de proa de la Soberanía Alimentaria? En el anuncio oficial, se usó varias veces el término. ¿Puede una empresa líder del agronegocio de exportación fortalecer la producción de alimentos sanos, abundantes y baratos para nuestro Pueblo? El nuevo director interventor no auspicia ese camino.
  12. ¿Vicentín es la nueva YPF? ¿Qué se ganó con la re-estatización de la petrolera? ¿Soberanía energética? ¿Cambió la matriz de producción y consumo de energía? No, se avanzó en el saqueo de nuestros recursos a través del fracking y seguimos subsidiando a las petroleras transnacionales.

Mariano Féliz, 9 de junio de 2020

It’s the end of the world… as we know it. The last capitalist pandemic?

It’s the end of the world… as we know it. The last capitalist pandemic?

Texto breve publicado en el Special Issue: “Pandemic (Im)Possibilities”. 45(1), 2 Junio 2020, The Europeran Sociologist (https://www.europeansociologist.org/index/author-index/mariano-f%C3%A9liz)

The world is undergoing what will probably be a trascendental change. Capitalism has been getting deeper into its civilization crisis and the current pandemic is just its latest development [1]. The 2008 crisis was a premonition of the crisis of the Capitalocene. The geologic era of the domination of Capital is coming to terms with Earth.

This is not just a health crisis, not just another pandemic. It is fundamentally a crisis of care work and social reproduction. What is at stake now is how we take care of each other, how we attend to the fact that we are fragile beings. Life on earth as we know it is on the brink of radical transformation.

We need to understand the political economy of disease. This is a capitalist pandemic. It is for sure the first full blown pandemic provoked by the uncontrolled development of capitalist-patriarchal-racist relations of production. It is the crisis of the current stage of the transnationalization of capital [2]. This virus is the byproduct of capital’s destruction of the natural environment to the end of its own reproduction as dominant social relation [3]. It is the result of the displacement of animals from their natural home and the annihilation of plants, and the result of a way of living that crowds people in megalopolis, stuffed in subways and busses, confined in factories, offices and prissions.

Across the World, governments have responded in an uncoordinated fashion. In fact, the pandemic has put into crisis all pre existing infrastructure and institutions. The post-WWII world has been wounded to death, as is the so-called (post-Reaganite/Thatcherite) New World Order. Lockdown after lockdown, worldwide capitalist production and distribution becomes impossible. Capital valorization falls into the abyss of general devaluation. Global value chains, already strained by increasing tensions, are mortally disrupted [4]. Financial markets receive the full blow of the crisis, as do countries on the lower end of the chains of unequal exchange. Regions exporting primary commodities and basic manufactures see the clouds of capitalist depression closing in fast.

“We are all Keynesians again” is the tag of war of governments all over. Talk of War Keynesianism abound [5]. Mass government intervention-cum-estatization in the health system and all critical industries, expansive monetary policy and cash transfers and subsidies for almost everyone, have become part of the new economic policy toolbox. There’s no more talk of austerity. There are even increasing pressures for increasing taxation on the rich, and of a more or less general debt jubilee for countries. A theoretical battle is being fought between the neoliberal and developmental camps. Critical theory has gained places in the front seats of current issues. Platforms of conservative ideas (such as the Financial Times newspaper or the Economist magazine) cuddle with radical reformism.

Latin America will be heavily hit by the crisis. In the aftermath of the Pink Tide, a new wave of authoritarian politics has consolidated in the region. Progressive politics has been tainted by conservatism, although disguised in a renewal of neodevelopmentalist ideas [6]. The pandemia has become the perfect excuse for increasing social control, especially in ‘hotspots’ in popular neighborhoods. Security forces everywhere have regained control of the streets and social movements after a couple of years in which popular resistance had gained momentum. Struggles against tariff hikes, against adjustments in social security and wages, struggles to stop megamining and femicides have taken another tempo, they have all gone underground as mandatory quarantine bans open mass mobilizations. Democracy has all but lost its essence, particularly in Latin America. Now, political debate and political participation have gone under with the plague.

As we said, this crisis is most of all a crisis of care and reproduction. It has put in the fore the need for a revolution in the organization of the provision of these fundamental activities. The eco-feminist movement has long put reproductive work at the center of its most radical thinking. As civilization seems to fall into a crack, social movements need to push forth the need for a radical transformation in social organization [7]. Less work, more pay, less consumption, more free time, are keys to the constitution of a new social articulation that can put in at the political center the reproduction of life free from alienation and violence. Social movements, people organized on the ground, on their living territories, have long developed alternatives to capitalist organization of reproduction and care. We need to put these practices in the front line of the debate. Collectives are part of the solutions, while Capital and its State clearly part of the problem.

[1] Mészaros, Istvan (2009), The Structural Crisis of Capital, Monthly Review Press.

[2] Delgado, Andrés (2020), “Geopolítica de la pandemia. Coronavirus en el capitalismo global”, March 30th.  http://zur.org.uy/content/geopol%C3%ADtica-de-la-pandemia-coronavirus-en-el-capitalismo-global

[3] Korol, Claudia (2020), “Interview with SIlvia Ribero: ‘No le echen la culpa al murciélago’”, April 3rd. https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago

[4¡ Roberts, Michael (2020), “It was the virus that did it”, March 15th. https://thenextrecession.wordpress.com/2020/03/15/it-was-the-virus-that-did-it/

[5] Roberts, Michael (2020), “ A war economy?”, March 30th. https://thenextrecession.wordpress.com/2020/03/30/a-war-economy/

[6] Féliz, Mariano (2020), “Pandemonium: tiempo de cambiarlo todo”, March 25th. http://zur.org.uy/content/pandemonium-tiempo-de-cambiarlo-todo

[7] Requena Aguilar, Ana (2020), “Amaia Pérez Orozco: ‘Es el momento de garantizar ingresos con una renta mínima, pero a futuro la renta básica no es lo más potente’”, April 3rd. https://www.eldiario.es/economia/Amaia-Perez-Orozco_0_1011399352.html

Infraestructura como activo: la nueva cara del saqueo de nuestros bienes comunes

Breve comentario sobre el libro  Licencia para saquear. Infraestructura y extracción financiera en el Sur Global, de Nicholas Hildyard. La traducción del mismo al español fue encarada por les compas del Observatorio Petrolero Sur. El comentario fue publicado por Huerquen, Colectivo de Comunicación.

Gracias!

El saqueo capitalista tiene formas múltiples. Estamos acostumbrades a verlo cómo destrucción de la naturaleza en modalidades tradicionales como el agronegocio, la megaminería o el fracking hidrocarburífero. A veces lo entendemos bajo la apariencia general de la deuda o proyectos de infraestructura, como expresión de la apropiación capitalista de la riqueza.

El libro de Nicholas Hildyard, Licencia para saquear. Infraestructura y extracción financiera en el Sur Global, aporta elementos para una comprensión más abarcativa e integral del proceso de saqueo en el capitalismo contemporáneo, bajo formatos que articulan la destrucción de la naturaleza y los bienes comunes con la multiplicación del capital financiero a nuevas formas.

En esta etapa del capitalismo internacionalizado, la infraestructura es un medio clave de extracción de riquezas en favor de las clases dominantes. Hildyard propone hacer un aporte a la comprensión de cómo aquella aporta no sólo a la acumulación ‘originaria’ de capital en manos de unxs pocxs sino sobre todo de qué manera este mecanismo les permite aferrarse a esa riqueza expropiada.

El libro propone entender cómo el capitalismo avanzó en convertir la producción de infraestructura en una clase de activo, en un medio de valorización del capital en forma financiera. A partir de la exploración de las denominadas Asociaciones Público Privadas (APP) muestra cómo el capital ha construido una dinámica que está transformando el mundo en un patrón de reproducción ampliada donde la infraestructura es un medio de extracción de valor, apropiación y concentración de la riqueza.

Explica con claridad cómo la infraestructura, como activo, supera ampliamente los tradicionales proyectos de carreteras u obras hidroeléctricas, e incluyen escuelas, hospitales y otros bienes y servicios públicos. En esta transformación, la concepción de infraestructura por parte de las finanzas, la reconfigura para generar flujos de ingresos estables derivados de contratos con el sector público. Es decir, lo que muestra Hildyard, es cómo el capital financiero ha construido formas de apropiación de valor a través de la producción y gestión de infraestructura pública.

Estas nuevas formas de extractivismo financierizado tiene impactos gigantescos a escala global. No solamente contribuyen a ampliar la desigualdad a partir de la concentración de ingresos y riquezas en pocas manos, sino que ellas son parte de un proceso de reproducción social crecientemente antidemocrático, elitista e inestable. Unos pocos grandes fondos de inversión globales controlan las decisiones sobre qué proyectos serán impulsados sin considerar las demandas y necesidades populares, y sin garantizar que las grandes mayorías accedan a los servicios elementales. Es el rendimiento económico (para los inversores) y no las necesidades que pueden satisfacer, lo que define si un proyecto será o no encarado. Por otra parte, el proceso se sostiene en mecanismos altamente especulativos, propensos a desarrollar burbujas que siempre explotarán, con los consiguientes costos sociales y económicos.

El centro de estos proyectos son los flujos de caja contractuales hacia el capital financiero. Toda la estructura legal que se articula en torno a ellos buscará garantizar la sostenibilidad de esos flujos. A través de una multiplicidad de mecanismos legales (si, estos mecanismos son ‘mayormente’ legales), el capital financiero logra poner al Estado a su servicio: la deuda pública como garante de los negocios privados, las concesiones para la operación y construcción de proyecto siempre con garantía estatal de rentabilidad o pago de las obligaciones privadas, los honorarios multimillonarios por la provisión de servicios de asesoría, asistencia legal y contable, etc. Los Estados quedan tan comprometidos a garantizar las condiciones de rentabilidad estos proyectos, que los recursos disponibles para el resto de las políticas públicas son dramáticamente reducidos. He aquí la fuente del déficit que siempre es puesto como límite a las políticas en favor de las mayorías: el problema no es la falta de recursos económicos ni monetarios; el problema reside en la apropiación de los mismos por parte del capital financiero globalizado.

El libro deja claro cómo a través de esos mecanismos se está produciendo una reorganización geográfica del capitalismo. En un aporte clave, el libro explica la imbricación entre la concepción de la infraestructura como una clase de activo y el desarrollo de los megaproyectos como la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) en América del Sur y la nueva Ruta de la Seda con base en China. De forma muy clara muestra cómo más allá de los matices, gobiernos conservadores o dit progresistas en todo el mundo han apostado a estos emprendimientos casi sin miramientos ni reflexión crítica. Estos proyectos son expresión cabal de la multiplicación del saqueo de nuestras riquezas y bienes comunes con la mediación del capital financiero. Los proyectos pretenden supeditar la naturaleza y los derechos de los pueblos a los intereses del capital internacionalizado que buscan articular la extracción de riquezas naturales con los espacios de producción y centros de consumo concentrados en unas pocas megaciudades globales.

El autor plantea la discusión en torno a cómo comprender las vulnerabilidades del capital y de qué forma podemos pensar estrategias que desestabilicen realmente el poder de las élites. En efecto, los proyectos de infraestructura para el saqueo enfrentan conflictos cada vez más importantes en los territorios. En este sentido, Hildyard propone y debate el papel de las organizaciones populares. Presenta primero una revisión crítica de la participación de las ONGs en estos procesos. Propone reflexionar sobre nuestras prácticas militantes y de resistencia apuntalando la necesidad de poner en el centro la recuperación de nuestras historias, la construcción de relaciones políticas de cuidados, confianza y diálogo respetuoso, para sostener prácticas políticas mejor arraigadas. Finalmente, reflexiona sobre el papel de nuestras luchas en los territorios y las complejidades de articular formas de resistencia cada vez más amplias. Señala con claridad que el futuro no está predefinido y que los planes de colonización capitalista nunca están asegurados, pues la lucha colectiva ha demostrado en muchos casos capacidad de enfrentarlos.

En definitiva, este libro es un aporte fundamental a la comprensión de las transformaciones que se están operando en el capitalismo contemporáneo y las articulaciones profundas que existen entre los megaproyectos de infraestructura y el capital financiero global. Sobre todo, es un gran aporte a la lucha popular contra esos proyectos y por la configuración de formas alternativas de vida.