Estancamiento económico y ajuste perpetuo

Nota aparecida en la revista Tintas del Sur (Año 1 – Número 2 – Octubre-Noviembre de 2001) editada por la agrupación Galpón Sur.

Estancamiento económico y ajuste perpetuo

MARIANO FÉLIZ :: MELINA DELEDICQUE


INTRODUCCIÓN

Las palabras ajuste, recorte, reducción rodean nuestra vida cotidiana desde hace mucho tiempo. El ajuste no llegó con el déficit cero, ni con el megacanje. La clase trabajadora argentina viene sufriendo un proceso de deterioro progresivo y sistemático de sus condiciones de existencia tanto en lo que hace a sus condiciones de trabajo (1) como en su participación relativa en la riqueza.

Este proceso no ha desembocado, sin embargo, en un régimen de acumulación que permita un crecimiento económico acelerado con justicia distributiva. Por el contrario, el estancamiento crónico, la desigualdad y la exclusión social se han convertido en protagonistas permanentes de nuestra realidad.

LA MADRE DE LAS BATALLAS

Un cambio que se consolida en los años recientes es la profunda redistribución de los ingresos a favor de las clases empresarias y en contra de los trabajadores. En la actualidad el conjunto de los trabajadores ocupados son expropiados por parte del capital de más del 80% del valor producido. Del total del valor agregado (más de 270000 millones de dólares, los 13 millones de trabajadores asalariados o cuentapropistas, ocupados y desocupados, recibieron en conjunto el 20% del valor creado o 54000 millones de dólares, alrededor de 350 pesos por mes, mientras que un millón de empresarios recibieron el equivalente a más de 18000 pesos mensuales).

Gráfico 1. Participación de los ingresos del trabajo en el ingreso

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos del INDEC y el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos.

Si bien esta expropiación es propia de la lógica del funcionamiento del sistema capitalista (el salario pagado al obrero es siempre menor que el valor creado por éste), actualmente los trabajadores reciben una porción del total del valor agregado que se encuentra en niveles mínimos. En el período 1973/4 el conjunto de los trabajadores alcanzaron el punto de mayor igualdad distributiva, pues lograron apropiarse de aproximadamente 45% del total del ingreso).

En los primeros años de la dictadura se desató una fuerte ofensiva del capital para recuperar la hegemonía. Entre 1976 y 1977, por el congelamiento de los salarios nominales mientras los precios de la mayor parte de los productos subía, el salario real (es decir, el poder de compra del salario) se redujo fuertemente. En el marco de la persecución a las organizaciones sindicales esta política buscó establecer un nuevo piso de referencia para las remuneraciones de los trabajadores. A la vez que permitió crear un incremento sustancial en el excedente económico en manos del capital (en particular para un conjunto de empresas que conformaban el núcleo del capital concentrado). Esta redistribución del valor agregado favoreció la creciente concentración de la economía y alimentó a su vez el proceso de endeudamiento – fuga de capitales que aun nos persigue (2).

Durante los ochenta, continuó la disputa del capital y el trabajo por la distribución de la riqueza. Cada escalada inflacionaria expresaba una nueva escaramuza. Diezmado luego de la más brutal dictadura en la historia argentina, el movimiento obrero buscó recuperar las posiciones perdidas. Pero frente a cada recuperación en los salarios, el capital doblaba la apuesta acelerando la suba de precios.

La hiperinflación y su corolario, el plan de convertibilidad, fue la batalla final. La hiper quebró la solidaridad. Fragmentó las esperanzas. Como se disolvía el valor del trabajo, también desaparecía el futuro.

El plan de convertibilidad (que incluía no solo la convertibilidad de la moneda, sino también las privatizaciones, la apertura, la desregulación y la flexibilidad laboral) dejó establecido el nuevo piso (o techo) de la disputa por la distribución. Además, reescribió los nuevos parámetros dentro de los cuales se desarrollaría el conflicto social. La fábrica perdería poco a poco su lugar en la lucha, mientras las calles se transformarían en los nuevos espacios de expresión del conflicto.

Un nuevo régimen de acumulación de capital buscaba consolidarse sobre la base del ajuste en los ingresos de los trabajadores.

DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y CRECIMIENTO SOSTENIBLE

La convertibilidad se sostiene sobre la base de la inflexibilidad (hacia abajo) de la rentabilidad empresaria. La cesión de la soberanía sobre la emisión de dinero a través de la convertibilidad y la unilateral apertura comercial y financiera con el mundo, establece nuevos parámetros para la rentabilidad del capital concentrado, en particular del capital financiero.

Las privatizaciones y la cesión de la explotación de los recursos naturales al capital transnacional han generado un núcleo de concentración del excedente económico desconocido. Los sectores financieros, por su parte, actúan como correa de transmisión permitiendo y facilitando la fuga de ese excedente. La moneda convertible garantiza la libre transformación de las ganancias generadas en el país en moneda mundial, dólares transferibles sin más a los centros financieros y paraísos (fiscales) en la tierra de los hombres.

Durante los noventa, el capital concentrado logró incrementar fuertemente la productividad del trabajo, sobre la base de jornadas laborales de duración creciente y expulsión sistemática de trabajadores. El crecimiento del conjunto de los trabajadores desocupados y subocupados les permitió, además, evitar compartir con los trabajadores que permanecieron ocupados, las ganancias crecientes surgidas de la explotación del trabajo. En consecuencia, el excedente económico se amplió hasta niveles desconocidos.

Gráfico 2. Evolución del PBI y la masa salarial

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos del INDEC y el Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos.

La desigualdad en la distribución de los ingresos creció en todas sus dimensiones. Por un lado, creció la desigualdad al interior de la clase trabajadora, tanto entre los ocupados como entre éstos y los desocupados. Por otra parte, el aumento en la productividad del trabajo sin incrementos en los salarios reales y con jornadas laborales en aumento se transformó en una creciente desigualdad entre trabajadores y empresarios. Capitalistas con ingresos del primer mundo junto con trabajos con salarios del cuarto mundo conviven en la Argentina de principios de siglo XXI. Los countries junto a las villas miseria, expresión de la creciente inequidad. Creció además la pobreza más absoluta; casi un tercio de la población se encuentra debajo de los niveles de subsistencia. La política del ajuste permanente continuaba.

La expansión del excedente permitió durante la primera mitad de la década pasada compensar el flujo creciente de capitales hacia el exterior. Si bien aumentaba la fuga, también aumentaba la masa de ganancias disponibles para repartir.

Sin embargo, ya en 1994 la economía argentina comenzó a mostrar signos del agotamiento de un modelo inviable (3). El modelo, cuyos inicios se pueden rastrear en la última dictadura, comenzaba a chocar contra sus límites.

Crecía el excedente, pero se tornaba imposible su realización. Mientras crecía la masa de productos disponibles (crecía la producción de autos, televisores, etc.), se reducían poco a poco las posibilidades de vender, y por lo tanto transmutar en dinero la ganancia implícita en esas producciones.

Si bien creció la oferta de mercancías producidas localmente, también aumentó fuertemente la entrada de productos importados. Los mercados locales se vieron inundados por productos provenientes de todos los rincones de la tierra. Por otro lado, la demanda doméstica no podía aumentar en la misma proporción en que lo hacía la oferta total (de productos nacionales e importados) pues caía la participación de los trabajadores en el ingreso total, y por tanto se reducía progresivamente la demanda relativa. Aumentaba la porción del excedente que se mantenía ociosa o se desperdiciaba en consumo suntuario e inútil.

ACUMULACIÓN, CONVERTIBILIDAD Y ENDEUDAMIENTO EXTERNO

En el marco del agotamiento del proceso de acumulación que buscaba instalarse sin éxito, sólo el endeudamiento público acelerado permitió la continuación artificial del crecimiento. Y cuando comenzó a agotarse la entrada de dólares, la economía argentina no pudo sino estancarse.

Dado que la convertibilidad no permite emitir dinero sin la contrapartida de dólares, y para crecer se necesita que incremente la cantidad de dinero circulante, era indispensable que la economía argentina consiguiese cada vez más dólares. Como el sector privado, liderado por el capital concentrado, fugaba al exterior dólares de manera sistemática, fue el endeudamiento estatal el que permitió continuar con la expansión de la cantidad de dinero, dando un poco de aire al modelo convertible (4).

La masa de la deuda externa creció entonces al ritmo de la fuga de capitales. El Estado se endeudaba, mientras que el capital concentrado transfería al exterior el producto de sus rentas extraordinarias. Cuando el endeudamiento público se hizo imposible, el pulmotor del modelo se detuvo y el crecimiento cesó.

Resultado colateral del endeudamiento público, el monto de los intereses de la deuda pública creció de manera exponencial, convirtiéndose en la fuente de un creciente déficit fiscal. El déficit público también fue alimentado por la transferencia de recursos del sector público a ciertos sectores del capital (subsidios a numerosas empresas privatizadas, creación del sistema de jubilaciones y pensiones de administración privada, etc.). La convertibilidad impedía la financiación monetaria del déficit (ya que no se podía emitir pesos si no se tenían dólares) y el riesgo de la cesación de pagos redujo a su mínima expresión la capacidad de endeudamiento público. El déficit fiscal sólo podía financiarse con impuestos o reducción de gastos. La reducción de salarios y jubilaciones recibieron el peso del ajuste fiscal, mientras los acreedores externos eran cuidados en una jaula de oro. Los intereses del gran capital nacional y extranjero mantenían también su preferencia. El ajuste sobre el salario continuaba.

DEPRESIÓN DE COMIENZOS DE SIGLO, EL AJUSTE CONTINÚA

La crisis del modelo de acumulación basado en super-explotación del trabajo se expresa en el estancamiento del crecimiento económico.

Ahogado por la existencia de núcleos del capital con rentabilidades extraordinarias y por la falta crónica de demanda para la producción (producto de la creciente caída del ingreso relativo de los trabajadores), el proceso de acumulación del capital en la Argentina choca contra sus propios límites. Los sectores no centrales del capital se ven imposibilitados de expandirse. No son capaces de retener y acumular el excedente que se genera en su esfera pues sufren la exacción forzada de manos de los grupos hegemónicos.

La convertibilidad y el endeudamiento del sector público también se encuentran agotados. La imposibilidad de endeudarse torna insostenible la fuga de capitales, una sangría que no para. Sin divisas para sostener la convertibilidad, el dinero desaparece del sistema productivo y crecer se convierte en una quimera.

El ajuste del sector público profundiza la depresión. El déficit cero contrae aun más la demanda global. El ajuste sobre los salarios y las jubilación de los trabajadores estatales se derrama sobre los asalariados del sector privado, lo cual multiplica la caída en las ventas y la recaudación impositiva.

La espiral de la depresión económica se profundiza al caer la demanda. Y el déficit cero se torna inviable. El gobierno especulaba con una respuesta “solidaria” de parte del capital financiero internacional, quien (esperaban) debiera valorar su actitud “complaciente”. Tal respuesta era, por supuesto, impensable pues el capital es frío y calculador; una sanguijuela que se mueve con egoísmo desvergonzado.

Se acaba el tiempo. Y las opciones que presenta el poder frente a la crisis terminal se radicalizan. Dolarizar o devaluar aparecen como únicas alternativas. Ambas suponen reducir el salario obrero a niveles de miseria. Ambas proponen frenar la caída sobre la frente de nuestro pueblo. Es decir, continuar con el ajuste perpetuo que nos dirige al estancamiento eterno y la pobreza sin fin.

ALTERNATIVAS. TÁCTICA Y ESTRATEGIAS

La crisis del capitalismo nacional globalizado, plantea para los sectores no hegemónicos, que resisten los nuevos embates del capital, diferentes opciones estratégicas y algunas decisiones de tipo táctico.

A nivel táctico, la salida apunta a recuperar para los trabajadores parte de la riqueza expropiada utilizando al Estado como instrumento. Revertir parcialmente la apertura, recuperar la capacidad de diseñar una política monetaria autónoma (a partir de la salida de la convertibilidad o mediante la creación de una segunda moneda fiduciaria, sin respaldo en dólares), transformar la política tributaria atacando las rentas extraordinarias y promoviendo la expansión de sectores dinámicos (en particular, los sectores industriales), negociar una reducción de la deuda externa. Esto permitiría salir del paso, evitar la implosión y el colapso de la nación.

En cuanto a la dirección estratégica, la pregunta pasa por cómo se avanza hacia un régimen económico más democrático. Aquí y ahora se presentan al menos dos líneas de acción posibles que aparecen más como complementos que como alternativas.

Por un lado, recuperar al Estado como un instrumento para la reconstrucción de un capitalismo viable. Recreando los mecanismos de redistribución institucional de la riqueza que caracterizaron al Estado de bienestar pero con una nueva lógica. En lugar del Estado asegurador (que basaba su intervención en el espacio del trabajo asalariado), un Estado que provea las bases para una inserción más segura y más libre en el mercado de trabajo. Un Estado que reduzca la vulnerabilidad de las familias frente a la lógica del capital, que en la época de la globalización, es más voraz e incontenible que nunca.

Por otra parte surge la gran pregunta ¿es posible comenzar a construir la nueva sociedad desde las entrañas de la vieja que se resiste a morir? ¿Se puede avanzar la consolidación de alternativas económicas no-capitalistas? La economía social que surge sobre la base de la necesidad de la gente ¿podrá ser el germen de un futuro sistema económico y social democrático? Los microcréditos, clubes del trueque, el dinero social, las alternativas cooperativas o microempresarias, ¿podrán jugar un papel en la creación de un nuevo espacio de lo económico que permita recrear un nuevo Estado de carácter verdaderamente democrático? Estas preguntas son, por ahora, tan solo eso. Algunas incógnitas entre muchas otras. Cuestiones en las que creo que habría que indagar.


(1) Deledicque, Melina y Féliz, Mariano (2001), “La política de flexibilidad laboral: precariedad, pobreza y heterogeneidad social”, Tintas del Sur, No.1, Julio.

(2) Basualdo, Eduardo y Kulfas, Matías (2000), “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina”, Realidad Económica, No.173, Julio-Agosto.

(3) Féliz, Mariano y Panigo, Demián T. (2000), “Desigualdad, Pobreza y Bienestar en las regiones Argentinas”, I Reunión Anual sobre Pobreza y Distribución del Ingreso, Universidad Torcuato Di Tella, Junio.

(4) Iñigo Carrera, Juan B. (1998), “Drenaje de divisas por el sector privado”, Realidad Económica, No.166, Agosto-Septiembre.

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