Paranorama socio-económico de Argentina / Abril 2007

La economía crece, pero genera pocos puestos de trabajo

A pesar de que la economía ha crecido casi un 8% en promedio durante los últimos 4 años, los niveles de precariedad que se observan en el mercado de trabajo argentino son muy importantes.
La tasa de desocupación superó en 2006 el 12,3% de la población económicamente activa. Si bien las estadísticas oficiales marcan que el nivel de la desocupación es menor (10,2%), en esos datos se presenta a las personas que reciben un beneficio social (el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados) de 150 pesos (menos de 50 dólares) mensuales a cambio de una contraprestación “laboral” de 4 horas diarias en actividades comunitarias. Por supuesto, si bien la actividad que esas personas desarrollan pueden ser socialmente útiles, por supuesto no pueden ser considerados ocupados. En Febrero de 2007 más de 1 millón de personas eran beneficiarios de ese programa; en su mayoría (71,9%) son mujeres y relativamente jóvenes (65,3% de los beneficiarios tienen entre 26 y 45 años de edad).
Aun cuando hoy la economía se encuentra globalmente en un su punto más alto, superando el pico anterior de 1998 (el PBI era a finales de 2006 un 15% más alto), la tasa de desocupación es sólo levemente inferior a la vigente en aquel momento (12,4% en Octubre de 1998). Esto da cuenta de la pobreza del proceso de creación de empleos de la economía argentina. Mientras que la economía ha crecido desde el cuarto trimestre de 2001 un 36,2%, el empleo total sólo lo ha hecho en un 23,3%.
Esto es importante pues si bien la economía ha crecido rápidamente en los últimos años producto de la utilización de la capacidad instalada disponible y aprovechando el boom en los precios internacionales de los principales productos de exportación de Argentina (soja y petróleo), la capacidad de generar empleos se verá seriamente mermada. En efecto, ni bien la economía argentina crezca a tasas más “normales” (5% anual, que igual es una tasa de crecimiento alta para la experiencia histórica argentina), la capacidad de generación de puestos de trabajo caerá por debajo de la tasa de crecimiento de la población económicamente activa. Es decir, ni bien la economía se desacelere un poco, no se crearán puestos de trabajo en número suficiente como para absorber a los nuevos miembros de la fuerza de trabajo y a las trabajadores ya desocupados (hoy en día, más de 1.965.000 personas).

El capitalismo argentino crea puestos de trabajo precarios

No sólo la economía genera pocos empleos para la magnitud del problema ocupacional del país, sino que la calidad de esas ocupaciones es pobre. Esta es una característica del capitalismo argentino en la fase de consolidación del neodesarrollismo: en ella se encuentra instalada la precarización extrema de las condiciones de trabajo como parte del modelo de acumulación de capital.
La precarización del empleo supone que los puestos de trabajo que se crean son en su mayoría “en negro” (es decir, empleos en los cuales los empleadores no hacen los aportes a la seguridad social para sus trabajadores), mal remunerados, en condiciones de flexibilidad contractual (despido sin indemnización), sin cobertura por accidentes de trabajo y alta intensidad laboral (con alta proclividad a los accidentes), extrema flexibilidad horaria (por ejemplo, turnos rotativos) y funcional (un mismo trabajador debe realizar múltiples y variadas tareas, a voluntad del patrón), jornadas laborales extremas (muy largas, 10 o 12 horas diarias), etc. Esta situación que caracteriza al empleo asalariado se replica con peculiaridades en la expansión desmedida de las actividades por cuentapropia que actúan como refugio para muchos de los trabajadores que no encuentran empleo asalariado. Estas actividades se caracterizan por presentar en muchos casos altos niveles de subocupación horaria: los trabajadores no consiguen trabajar un número de horas mensuales suficientes como para obtener ingresos dignos por su trabajo.
Como señalamos, hoy en día, y a pesar de las declaraciones de los funcionarios estatales en contrario, más del 44% de los trabajadores asalariados se encuentran empleados “en negro”. Esto significa que sus empleadores no realizan los aportes correspondiente a la seguridad social. Esto implica que en el futuro millones de trabajadores no podrán gozar del beneficio de la jubilación. Por otro lado, si bien esa proporción se ha reducido desde 49,5% en 2003, la reducción ha sido mínima si se considera que la economía ha crecido a un ritmo insostenible en el mediano plazo. En síntesis, la promocionada política de combate al empleo “en negro” es un fracaso.
En lo que respecta a las condiciones en que realizan las actividades laborales, en los últimos años el número de accidentes de trabajo ha crecido de manera pavorosa. Entre 2003 y 2005, aumentó a casi 600 mil el número de trabajadores accidentados en sus lugares de trabajo, creciendo un 37%. Por cada punto porcentual de crecimiento del PBI ha crecido un 2% la tasa de siniestralidad laboral. Esto da cuenta de la presión que sufren los trabajadores en sus trabajos para garantizar las condiciones de rentabilidad de las empresas.

El capitalismo argentino paga salarios bajos, que no respetan los derechos humanos (necesidades básicas) de las personas

El poder de compra de los salarios de los trabajadores asalariados se encuentra muy por debajo de los niveles que tenían antes de la devaluación del peso a comienzos de 2002. A pesar del fuerte crecimiento económico, los salarios reales de los trabajadores se encuentran hoy en día aun 4% por debajo de los valores de finales de 2001. Este es un valor representativo del promedio de los trabajadores asalariados, pero cabe indicar que los trabajadores informales (“en negro”) tienen hoy en día salarios reales un 19,5% por debajo de 2001 y para los trabajadores estatales sus salarios están 26,7% abajo. Es decir que para casi el 70% de los trabajadores asalariados (informales y estatales) sus ingresos son al menos un 20% menores que antes de la devaluación.
Mientras que históricamente se asumió que la pobreza se vinculaba esencialmente al desempleo, en Argentina hay millones de trabajadores ocupados que son pobres. La evolución de los salarios nos lleva a que hoy en día la mitad de los trabajadores asalariados ganen menos de 690 pesos (221 dólares) por mes, mientras que la canasta básica total (la que evitaría que una familia caíga en la pobreza) supera los 949 pesos (304 dólares) mensuales para una familia tipo (2 adultos y 2 niños). Es decir, que los ingresos de estos trabajadores (5,5 millones de personas) deberían aumentar no menos del 37% para permitirles superar la línea de pobreza.
El millón de personas que recibe el subsidio del Plan Jefes y Jefas de Hogar, tienen ingresos que representan 15,8% del valor de la canasta de pobreza. Por otra parte, desde Junio de 2002, año en que fue creado el Plan, los beneficiarios reciben el mismo monto (150 pesos por mes, por familia). Debido a la inflación, el poder de compra del beneficio del Plan se ha reducido en un 33%.
Si un porcentaje elevado de la población tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza, un porcentaje aun mayor carece de ingresos suficientes para adquirir la canasta familiar, es decir conjunto de bienes y servicios que garantizan un nivel de vida digno. El valor de esa canasta es hoy en día de alrededor de 2400 pesos mensuales (769 dólares) para una familia tipo. Dado que el salario promedio de los trabajadores asalariados es de sólo 854 pesos (274 dólares), aun cuando dos personas adultas trabajen, el promedio de los hogares tendrá ingresos que son un 29% inferiores a la canasta familiar. Por su parte, los trabajadores por cuenta propia (no profesionales) tienen ingresos mensuales de 700 pesos.
El conjunto de los indicadores presentados conducen a que la incidencia de la pobreza y la indigencia sean en la Argentina uno de los principales problemas. A pesar de que como dijimos ya se ha superado el nivel más alto de actividad económica alcanzado a mediados de los noventa, los niveles de marginalidad social son enormes, aun mayores que en aquellos años. El 26,9% de las personas (unos 9 millones de habitantes) se encuentran por debajo de la línea de la pobreza a comienzos de 2007. Además, un 8,7% de la población del país es indigente, con ingresos que no superan los 330 pesos mensuales de ingresos para una familia tipo.
Un último dato significativo es que no sólo la pobreza absoluta es un problema en Argentina, tambien la desigualdad (la pobreza relativa) lo es. Mientras que en el anterior pico de crecimiento económico (1998) el 10 por ciento más rico de la población se apropiaba de 22,8 veces más ingresos que el 10 por ciento más pobre, en 2006 esa relación supera las 27 veces. Además, los hogares más pobres (el 20% con menores ingresos) han visto reducirse su participación en el total de los ingresos en el mismo período. Si antes se apropiaban del 4,5% del total, ahora sólo reciben el 3,8%.

La Argentina parece más rica (el PBI es el más alto en los últimos 8 años) pero su pueblo es más pobre, marginado y fragmentado.

  • La mitad de los asalariados gana sólo el 73% de lo que necesitaría para que su hogar pudiera superar la pobreza a partir de su trabajo.
  • Para la mayoría de los asalariados, el poder de compra de sus ingresos laborales es al menos 20% más bajo que en 2001.
  • Casi el 9% de los habitantes del país (3,3 millones de personas) viven con poco más de 1 dólar por día.
  • Cerca del 27% de las personas viven en Argentina con menos de 3 dólares por día de ingresos.
  • Un millón de personas reciben el subsidio de 150 pesos del plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, el cual les permite adquirir sólo el 15% de la canasta básica total.
  • La desigualdad de ingresos se mantiene elevada. Los más ricos reciben 27 veces más ingresos que los más pobres.
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