Breve informe sobre la situación de la economía argentina (noviembre de 2007)

Breve informe sobre la situación de la economía argentina (noviembre de 2007)
x compañeros de Galpón Sur (La Plata) en la construcción del Frente Popular Darío Santillán.

Nota introductoria y aclaratoria: Este texto es una trabajo que pretende ser un aporte a las discusiones entre compañeros y compañeras del Frente. Esperamos poder completarlo y mejorarlo con los comentarios de todas y todos. Fue elaborado por algunos compañeros de Galpón Sur teniendo como disparador las discusiones que se dieron en el marco de nuestro último plenario.

1. Introducción
La situación económica de la Argentina ha cambiado mucho en los últimos 7 años. Desde la salida de la convertibilidad hasta la reciente elección presidencial, la Argentina atraviesa una nueva etapa en su desarrollo capitalista. Desarrollo que no necesariamente significa mejora en las condiciones de vida de los/as trabajadores/as.
2. Crecimiento y acumulación de capital
Cuando se habla de crecimiento se está hablando del desenvolvimiento del producto bruto interno (PBI) del país. El PIB refleje el valor de la producción de bienes y servicios finales creados en una economía en un período determinado. Sobre este punto los números destacan una rápida salida de la crisis argentina. Si analizamos el crecimiento del PBI desde el año 2002 al 2006[1], Argentina lleva acumulado un crecimiento de 40.5 puntos porcentuales, siendo éste el doble del crecimiento promedio acumulado de América Latina (19.73%), es decir, si bien en la actual fase todas las economías de la región se encuentran creciendo, su desempeño se destaca con respecto al resto.
En un análisis acerca del crecimiento de los países de la región, deberían analizarse factores locales como externos. En cuanto a los externos, los que claramente no son controlables, en el contexto internacional se ve un incremento en los términos de intercambio [2,3], es decir, se ve un crecimiento relativo de los precios de las exportaciones con respecto a los de las importaciones. Esto se viene dando básicamente a partir de la creciente demanda de los bienes que exportamos por parte de países como China e India, con poblaciones inmensas y donde el capitalismo se ha expandido rápidamente. Nuestros países, en términos generales, venden (exportan) insumos y materias primas [4], y compran (importan) manufacturas. Por tanto el contexto internacional es positivo por varios motivos: a) desde la óptica fiscal, las retenciones a las exportaciones [5] permiten importantes entradas de fondos al Estado Nacional [6], b) permite mantener la balanza comercial superabitaria (el valor anual de las exportaciones es mayor al de las importaciones), c) las exportaciones son una fuente de entrada de divisas ya que los exportadores están obligados a liquidar en el país.
En lo que respecta a los factores internos, la inversión es la variable determinante pensando fundamentalmente en las posibilidades de crecimiento de mediano y largo plazo. En los últimos dos años, la inversión bruta interna fija (ibif), viene creciendo a tasas de alrededor del 20% anual y lleva un incremento acumulado del 170,5% desde enero de 2002 [7].
Una manera de pensar en el desenvolvimiento de la inversión es la de sostener que está determinada por las ganancias presentes y esperadas de los capitalistas. En este sentido los niveles de ganancias extraordinarias para algunos sectores junto con la expansión sostenida del producto, han generado que los dueños del capital se hayan dispuesto a ampliar los equipos y su capacidad productiva. Sólo por citar un ejemplo, al analizar el balance de Molinos Río de la Plata, principal productora de alientos y una de las más importantes exportadoras, surge que multiplicó sus utilidades por trece comparando tercer trimestre de 2007 contra tercer trimestre de 2006. Estas ganancias extraordinarias, principal motor de la inversión productiva, tienen como contrapartida la existencia de salarios bajos y altos niveles de tipo de cambio (“dólar caro”), los cuales permiten un lugar de privilegiado para competir en el mercado internacional. Es decir, previendo que las políticas salariales y en materia de tipo de cambio no diferirán sustancialmente en el corto plazo, podría sostenerse que los niveles de inversión actuales (21.6% del PBI en 2006) se mantendrán e incluso existe cierto margen para que sigan creciendo [8].
Uno de los posibles condicionantes del crecimiento se vincula a la capacidad de generación energética del país. La llamada crisis energética se debe a las posibilidades del país de generar energía que logre cubrir tanto la demanda de los usuarios residenciales como la de las empresas. Ante todo, se vuelve necesario destacar que la situación del sector no es algo coyuntural sino que se produce a partir del crecimiento general de la economía pero sobre todo a partir de la falta de inversión de los concesionarios privados tanto en infraestructura para producir como para transportar la energía y en la falta de exploración de nuevos yacimientos [9]. En particular, la Argentina centró su matriz energética en la utilización del gas distribuido por redes, que equivale al 49% del total de las energías secundarias [10], lo cual implica un problema en términos de la fuerte dependencia de una variante energética y prevé la necesidad de un plan estratégico que debata la diversificación de las fuentes de energía. Por último, así como el problema no se ha generado recientemente, tampoco es de rápida solución y requerirá de los acuerdos de importación con Bolivia, junto con la puesta en vigencia de nuevos proyectos de generación.
En síntesis, el panorama macroeconómico (centrándose sólo en algunos indicadores) muestra que tanto en lo externo como en lo interno no existen grandes condicionamientos para que se prolongue el crecimiento del país en lo años venideros.
3. Condiciones de existencia de la clase trabajadora
A pesar del elevado crecimiento del conjunto de la producción de bienes y servicios, luego de 6 años de haber abandonado la Convertibilidad las condiciones de vida de la mayoría de la población son peores que durante los noventa.
El primer rasgo que salta a la vista es que los niveles salariales de la mayoría de los trabajadores asalariados se encuentran por debajo de los niveles de finales de 2001. Si bien en promedio los salarios reales son hoy un 3,8% más altos que en el último trimestre de 2001, los salarios reales de los trabajadores “informales” (es decir, sin aportes a la seguridad social) han caído un 12% y las remuneraciones reales de los trabajadores del sector público (“estatales”) se han reducido un 19,6% en ese mismo período [11]. Por otra parte, si consideramos la evolución de los precios de los productos básicos (alimentos y bebidas), en comparación con fines de 2001 el poder de compra de los salarios ha subido sólo 2,2% para las trabajadores “formales”, mientras ha caído 27,5% y un 33,7% para los trabajadores “informales” y “estatales” respectivamente. Los trabajadores que reciben planes sociales, han visto reducido el valor real de los mismos en casi un 50% en el gobierno de Kirchner.
Un dato significativo es que producto de las luchas que estos últimos han llevado adelante, los salarios de los trabajadores del Estado crecieron en los últimos 12 meses más que la inflación [12]. En ese período subieron un 14% más que la inflación (aumentaron un 24% en términos nominales); algo semejante ocurre para el resto de los trabajadores [13]. Los salarios de los trabajadores asalariados “formales” aumentaron 9,2% más que la inflación, mientras lo hicieron un 10,3% más en el caso de los “informales”.
Claro está, estos son los resultados que se desprenden de las mentirosas cifras oficiales. Si trabajamos con estimaciones más “reales” de la inflación (¿20% anual?), los salarios de los “estatales” subieron en el último año sólo un 3,3% más que la inflación, mientras que los salarios del resto de los trabajadores no aumentaron (“informales”) o cayeron 1% (“formales”). Esto explica más claramente el porque de los altos niveles de conflictividad y las dificultades que enfrenta el gobierno y los sindicatos “oficialistas” para sostener los techos salariales. Pueden mentir con la medición de la inflación, pero la realidad de los aumentos de precios se sienten todos los días en nuestros bolsillos.
Esta situación se hace más escandalosa si comparamos los salarios reales con la evolución de la producción por trabajador (productividad). En efecto, desde 2001 la producción por trabajador ocupado subió un 16,9% mientras que como señalamos los salarios promedios por trabajador sólo lo hicieron en 3,8%. Es decir, que los trabajadores producen mucho más pero la mayor parte de esa mayor producción ha sido apropiada por las clases propietarias. De cada 10 pesos adicionales producidos por los trabajadores entre 2001 y 2007, sólo 2,2 pesos han sido apropiados por los trabajadores asalariados.[14]
Por otro lado, el crecimiento económico acelerado de los últimos años ha permitido recuperar los niveles de empleo significativamente. Desde el comienzo de la gestión de Kirchner han creado entre 2,5 (según el INDEC) y 4 millones (según el Ministerio de Trabajo) de puestos de trabajo.[15] Es decir, que por cada 1% que ha crecido la producción el empleo ha crecido entre 0,5% y 0,8%, habiéndose creado entre 78 mil y 139 mil puestos de trabajo (según el INDEC y el Ministerio de Trabajo, respectivamente). Dado que la población en condiciones de trabajar aumenta año a año, para que el número de personas desocupadas no aumente, la economía debe crecer más entre el 3 y el 5% anual. Si bien hoy eso no parece extraordinario, ese nivel de crecimiento es superior a la media histórica de la economía argentina.
Si bien se han creado mucho puestos de trabajo, sobre todo en comparación con la década de los noventa [16], la calidad de estos puestos de trabajo deja mucho que desear. De los empleos asalariados, en 2007 el 42% de los puestos de trabajo carecieron de aportes a la seguridad social (jubilación). [17] Por otra parte, casi el 40% de los ocupados como cuentapropista y asalariados tienen jornadas semanales de más de 60 horas! [18] Es decir, trabajan en promedio más de 10 horas al día durante 6 días a la semana. A pesar de esas extensas jornadas, los trabajadores reciben ingresos que apenas superan la línea de la pobreza para el caso de los asalariados y son, en promedio, menores a los 800 pesos para los trabajadores por cuentapropia.
El resultado de la pobre calidad en los empleos se traduce en que a pesar de conseguir trabajo muchos hogares siguen obteniendo ingresos muy por debajo de los necesarios para satisfacer un estándar de vida digno. En 2007, el 16,3% de los hogares de las ciudades se mantenían en condiciones de pobreza, con ingresos totales de menos de 1100 pesos por mes. [19] Esa incidencia de la pobreza por ingresos es levemente inferior al promedio de 1998, cuando el empleo era 18,1% menor y los ingresos globales de la sociedad eran 19,6% más bajos.
Por otro lado, a comienzos de 2007 más del 70% de los hogares tenía ingresos inferiores a la canasta familiar de 2400 pesos.
Los trabajadores y sus familias producen más riqueza que hace 10 años pero son más pobres que entonces. Se genera empleo, pero empleo que no alcanza para mantener un nivel de vida digno. El trabajo, en Argentina, ya no dignifica. Hay más empleo, más producción, pero todavía la pobreza está más extendida.
Empleos de baja calidad y bajos ingresos son el cóctel adecuado para construir una sociedad desigual e injusta. Indicadores globales de desigualdad, tales como el coeficiente de Gini, se mantienen en niveles superiores a los medios de la década pasada. En mayo de 2003, el 10% de los hogares con más ingresos recibía 22,8 veces más ingresos que el 10% con menos ingresos. En el primer semestre de 2007 esa relación era aun 19,8 veces.
Por otra parte, la participación de los ingresos de los sectores populares en el ingreso total alcanza 28,2%, muy por debajo de los valores de medidos de los noventa y aun más debajo de aquellos que fueron alcanzados antes del Rodrigazo y la última dictadura militar. [20]
4. Inflación y precios
Señalamos arriba que una de las principales batallas de la etapa es la lucha contra la devaluación del salario frente a la suba de precios.
Las estimaciones más generalizadas señalan que los precios aumentarán a lo largo de todo el 2007 en torno al 10%. [21] Sin embargo, el incremento real en el costo de vida sería el doble, con sus consiguientes efectos depresivos sobre el poder adquisitivo de los salarios.
Este proceso de suba generalizada de precios se encuentra explicado principalmente por cuatro factores.
• Poder monopólico u oligopólico de las grandes empresas y grupos económicos. Si bien las empresas no pueden fijar los precios para las mercancías que producen en cualquier nivel, los capitales más concentrados tienen “poder de mercado”, es decir posibilidad de imponer a otros una redistribución de los ingresos a partir de la fijación de precios más elevados.
• Cotización internacional de los productos exportados. Los principales productos exportados por las empresas argentinas (soja, trigo, maíz y petróleo) han alcanzado niveles de precios que se encuentran en niveles históricamente elevados. Esto es resultado fundamentalmente del acelerado crecimiento económico mundial y, en particular, del aumento de la demanda de alimentos y materias primas por parte de las economías de China e India. Las grandes empresas exportadoras y comercializadoras imponen precios internos para esos mercancías que se condicen con los precios internacionales.
• Apertura de nuevos mercados a los cuales exportar. La transformación estructural de la economía consolidada en los años noventa junto a la política de tipo dólar caro (y salarios bajos) han conseguido instalar a la Argentina como nueva base de exportación de producciones primarias y agroindustriales. En los últimos años se han abierto nuevos mercados para la exportación, lo que ha generado un desvió de la producción local hacia el mercado internacional. Hoy las exportaciones representan el 24,7% de la producción final total, mientras en 2001 sólo el 11,5% de la producción final se destinaba al mercado internacional. Dadas las dificultades para aumentar la oferta de estas mercancías, los precios internos se han disparado (este es el caso, particularmente, de la carne).
• Reacomodamiento de precios relativos. La salida de la convertibilidad fue seguida por un fuerte incremento en los precios internos, que en los primeros doce meses posteriores a la devaluación del peso, según datos del INDEC, aumentaron un 41%. Sin embargo, no todos los precios evolucionaron de igual manera. Las empresas productoras y distribuidoras de bienes (en particular, de primera necesidad) tuvieron mayores posibilidades de incrementar sus precios. Los precios internos del conjunto de los bienes aumentaron 69% entre diciembre de 2001 y diciembre de 2002. Por otra parte, los precios de los servicios aumentaron mucho menos; en los doce meses posteriores a la devaluación subieron sólo 11%. A partir de 2003, el aumento de la demanda interna (superior al 7,5% anual) ha puesto presión creciente sobre los precios de estos últimos. [22] Entre mayo de 2003 y octubre de 2007 las tarifas de los servicios aumentaron 49% [23], mientras que los productores de bienes aumentaron sus precios un 37%. Es decir, que las empresas cuyos precios (y rentabilidad) se “atrasaron” en relación a los precios de los bienes exportables e importables, han comenzado a recuperar su rentabilidad relativa a fuerza de aumentarlos.
• Alquileres. Los precios de las viviendas aumentaron fuertemente en el 2002, cuando la adquisición de propiedades se transformó en una alternativa para las clases altas por medio de la cual salir del “corralito financiero” y resguardar sus ahorros de la inestabilidad económica. La recesión imperante no permitió que dichos aumentos se trasladaran al valor de los alquileres, los cuales se mantuvieron en niveles similares a los del fin de la convertibilidad hasta abril de 2005. A partir de ese mes se comienza a registrar una suba sostenida en el precio de los alquileres y los contratos comienzan a incluir cláusulas de ajustes periódicos de su valor. Entre abril de 2004 y octubre de 2007, los alquileres experimentaron un aumento del 54% de acuerdo a la información difundida por el INDEC. Esto se transforma en un problema de particular relevancia para una parte significativa de la población que habita los grandes aglomerados urbanos.
Estos son los factores que explican lo que podríamos denominar la “inflación del modelo” pues la inflación es producto de las características estructurales del modelo.
La suba de los precios internos de los bienes exportables (combustibles, alimentos) e importables (manufacturas industriales) ha redundado en un fuerte incremento en la rentabilidad de las empresas que los producen y comercializan. Entre 2003 y 2005 la utilidad neta de las grandes empresas aumentó un 186%. Sin embargo, la lucha de los trabajadores por recuperar el poder de compra de sus salarios ha comenzado a poner en cuestión (aunque todavía no a afectar) esos niveles de rentabilidad.
A fin de contener parcialmente la inflación, a fin de frenar las presiones salariales, el gobierno a encarado en los últimos años diversas medidas:
• Subsidios otorgados por el gobierno nacional. El gobierno está otorgando distintos subsidios como contrapartida del no aumento de precios y tarifas en diferentes sectores. Entre los más destacados se encuentran los entregados al transporte público (trenes, subterráneos y colectivos) y a sectores del campo (tamberos, sector triguero). [24]
• Retenciones a la exportación. Las retenciones son otro factor que sirve para contener los precios en el mercado interno. Dado que la retención reduce el precio que efectivamente recibe el exportador y el productor del producto exportable, el precio de venta en el mercado local también se reduciría (al menos parcialmente).
• Tarifas de servicios públicos. Si bien el gobierno ha permitido el aumento de tarifas por la provisión de servicios públicos a empresas, las tarifas a los sectores residenciales tuvieron subas limitadas a partir de 2002.
Estas medidas buscan ser institucionalizadas a través del promocionado “pacto social”.
En los próximos meses, ninguno de los factores mencionados como impulsores de la actual suba de precios sufrirá algún cambio de importancia a partir de la asunción del “nuevo” gobierno. La inflación se mantendrá entre el 10% (oficial) y el 20% (real) al menos durante 2008, si el mencionado pacto tiene “éxito”.
La política de precios del gobierno seguramente mantenga los subsidios sectoriales (dado el margen de maniobra que le otorga el abultado superávit fiscal) o los reducirá a cambio de un aumento en las retenciones a las exportaciones. Si bien esta última medida afecta a los sectores productores y exportadores de materias primas (sectores con cierta capacidad de presión y movilización), tanto los subsidios como retenciones son funcionales a la estrategia de contención de la inflación.
Un cambio que se avizora es la posibilidad de reajustes en las tarifas residenciales de servicios públicos a comienzos del 2008. Una medida de este tipo, que podría afectar fuertemente a los sectores medios y populares, seguramente sea implementado junto a algún mecanismo de “tarifa social” que reduzca el impacto en las familias de menores ingresos.
5. Política fiscal
La política económica del gobierno de Kirchner tiene muchas similitudes con la política económica en los años noventa y algunas diferencias. Algunos cambios importantes se concentraron en algunos de los parámetros de la política fiscal. Los principales cambios se han producido en lo que hace a la política impositiva.
Durante el 2007, la política de recaudación impositiva estuvo orientada, fundamentalmente, a sostener el superávit fiscal (la diferencia entre los que se recauda y lo que se gasta) por medio de las retenciones a las exportaciones y los mayores ingresos provenientes de la reforma del Sistema de Seguridad Social (Sistema de Jubilaciones y Pensiones).
Los ingresos totales del Sector Público Nacional tuvieron durante todo el año tasas de crecimiento superiores al 40% anual, fundamentalmente por los recursos “extraordinarios” que se originaron por la reforma sistema provisional, en particular por el traspaso los trabajadores que aportaban al sistema de capitalización y ahora lo hacen en el régimen de reparto. [25] Junto a los mayores ingresos que llegaron en forma de retenciones a las exportaciones (que aumentaron por la suba en los precios internacionales del agro) se constituyeron como un importante pilar de la política de superávit fiscal.
Más allá de esos cambios, el patrón tributario ha mantenido en el actual gobierno un carácter fuertemente regresivo. Más de un 40% de la recaudación durante este año se sostiene en impuestos que pesan fuertemente sobre los ingresos de los hogares más pobres (en particular, el impuesto al valor agregado y el impuesto a los ingresos brutos).
Por el lado del gasto, cabe recalcar que el 11% fue destinado a lo que se denomina Rentas de la Propiedad, que incluyen el pago de intereses de la deuda pública. Estos gastos han aumentado durante la gestión Kirchner en más de 139% (38% más que el gasto en remuneraciones).
6. La deuda pública no se destina para el desarrollo
Al analizar la deuda del Sector Público Nacional [26], conviene comenzar determinando su magnitud y composición. El total de deuda a junio de 2007 alcanza U$S 138.000 millones, los cuales están compuestos por:
1. Títulos públicos: U$S 83.000 millones. Se incluye la deuda que se dejó de pagar desde fines de 2001 y que se terminó de renegociar en el 2005. A su vez, también se consideran los títulos emitidos para compensar a los bancos por la pesificación asimétrica [27] junto con los nuevos títulos que se colocaron en los últimos años, principalmente al gobierno de Venezuela.
2. Organismos internacionales: U$S 14.500 millones. A pesar de que en diciembre de 2005 se canceló la deuda con el FMI, continúa el endeudamiento con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otras instituciones financieras.
3. Préstamos garantizados: U$S 13.000. Corresponde a un canje de deuda llevado a cabo en noviembre de 2001, por medio del cual se cambiaron títulos públicos por deuda garantizada por la recaudación.
4. Canje de deudas provinciales: U$S 11.900 millones. La nación intervino en la reestructuración de deuda provincial haciéndose cargo de parte de la deuda que sería repagada por las provincias.
5. Organismos oficiales: U$S 7.000. La mayor parte corresponde a la deuda con el Club de París, la cual aún no fue renegociada y no se está pagando.
6. Otras deudas: U$S 8.600 millones. Está compuesta principalmente por adelantos del Banco Central.
Al total de deuda mencionada, deben agregarse otros U$S 27.000 millones que corresponden a títulos públicos que no ingresaron al canje de deuda finalizado en el 2005. Si bien el discurso del gobierno es no considerar dicha deuda, existen importantes presionas para que sean pagadas, por lo que aun no está definido lo que sucederá con la misma.
De los números mencionados pueden sacarse varias conclusiones.
Por un lado, el total de deuda representa cerca del 60% del PBI [28], es decir que más allá de el canje de deuda y de la cancelación de los pasivos con el FMI, la misma sigue ejerciendo una importante carga para el país. En relación a este punto puede mencionarse que el total de capital e intereses pagado en el primer semestre del 2007 representó el 43% de la recaudación del gobierno nacional.
Otra mención puede realizarse con relación al canje de deuda que representa una porción muy importante del total. La situación de crisis en la que se encontraba el país entre fines de 2001 y principios de 2002 podría hacer servido para realizar un replanteo profundo de la composición de la deuda, determinando la porción fraudulenta de la misma que se contrajo en la última dictadura militar.
Como fue mencionado, la pesificación asimétrica constituyó otro factor de endeudamiento para el Estado. De esta manera se repiten la estatización de deuda privada realizada en otros años, por medio de la cual el conjunto de la sociedad se hace cargo de obligaciones de grupos económicos concentrados. No sólo se cubrió a los pequeños deudores, quienes recibieron préstamos para pequeños emprendimientos o créditos hipotecarios, sino que el beneficio de la pesificación de deudas también fue otorgado a los grandes deudores. Ello podría haberse resuelto a través de una negociación privada entre grandes empresas y bancos, de la misma manera que lo hicieron con otros instrumentos de financiamiento.
Con respecto a la composición de la deuda por monedas, puede observarse que el 53% se encuentra denominada en moneda extranjera, y de la que fue contraída en pesos, la mayor parte es ajustable por el CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), un índice elaborado en base a la evolución de los precios al consumidor. Para tener una dimensión de la importancia de este coeficiente, se puede mencionar que en los primeros 6 meses del 2007, la deuda se incrementó en cerca de U$S 2.500 millones a raíz de la suba de los precios.
Como comentario final, podemos decir que no se observa una inversión del sector público o desarrollo como contrapartida del importante endeudamiento mencionado. Además, mientras los pagos se multiplican no se verifica una reducción en el stock de deuda. En relación a esto puede tomarse como ejemplo el flujo neto de fondos con los organismos financieros internacionales. Entre 1993 y 2007, dicho flujo fue de U$S 10.400 millones a favor de las entidades de crédito, mientras que nuestro país le continúa debiendo U$S 14.500 millones.

Notas
[1] Algo para destacar aquí es que el año que se toma como base no es un año de los que podamos llamar “normal” ya que es donde se llega al punto más bajo de la última crisis que estalla con las jornadas de lucha del 19 y 20 de diciembre de 2001. Partiendo de un punto de profunda crisis, en la recuperación se utiliza trabajo y capital que estaban desempleados, es decir, no se requiere inversión previa.
[2] Con “términos de intercambio” nos referimos al cociente entre los precios de los bienes que un país exporta y los precios de los bienes que un país importa.
[3] El promedio para América Latina de la mejora en la relación de precios de intercambio entre 2002-2006 es de 12.94%, mientras que para Argentina es del 8.31% (CEPAL, 2007)
[4] Los precios de los productos agrícolas, trigo, maíz, sorgo y soja, durante el mismo período crecieron un 60%, 32%, 28% y 28%, respectivamente. Mientras que los energéticos como es el caso del petróleo un 222%.
[5] Varias de ellas móviles, es decir, se acrecienta el porcentaje de retensión a medida que aumenta el precio al que vende el exportador.
[6] Durante el año 2006 los ingresos por derechos de exportación equivalieron al 10% del total de los recursos tributarios (Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal, MECON, 2007).
[7] Nuevamente se destaca que fue uno de los componentes del PBI que más cayó con la crisis.
[8] El porcentaje de inversión del año 2006 superó el porcentaje del año 1998, 21.1%, el más alto durante la Convertibilidad (INDEC, 2007).
[9] La Argentina pasó de ser considerado un país gasífero a ser un país con gas en función de la caída de as reservas. En la actualidad se calcula (en función de las declaraciones juradas de las empresas) que las reservas de gas alcanzan para 8 años mas.
[10] Energías derivadas de los principales productos energéticos destinadas al consumo y en menor medida a la transformación.
[11] Hay un debate sobre que constituye el trabajo informal o precario. Las estadísticas oficiales no son muy útiles en este respecto pues presentan como trabajadores “informales” a los trabajadores asalariados cuyos patrones no realizan los aportes obligatorios a la seguridad social (es decir, para el gobierno “informal” es equivalente a “en negro”). Obviamente, esto no toma en cuenta los empleos de alta precariedad por el tipo de contrato (“basura”) o los bajos niveles de ingresos, flexibilidad horaria, largas jornadas, etc.; tampoco toma en cuenta la precariedad del empleo no asalariado.
[12] Recordemos que, de todas maneras, están aun un tercio por debajo del nivel de 2001.
[13] Los datos oficiales llegan hasta junio de 2007.
[14] Otra manera de verlo es la siguiente: entre 2002 y 2007 el ingreso total aumentó casi 108000 millones de pesos. De ese total, los trabajadores recibieron 25000 millones. Es decir, el equivalente a 140 pesos por mes cada uno. El resto, unos 83000 millones de pesos por año, fueron apropiados por la clase capitalista. Es decir, en 2007 cada trabajador produce en promedio 2100 pesos mensuales más de valor de producción que en 2002 mientras sólo recibe 475 pesos mensuales adicionales. La diferencia ha sido apropiada por las clases no trabajadoras.
[15] Entre el segundo trimestre (abril-junio de 2003) hasta hasta tercer trimestre (julio-septiembre) de 2007.
[16] Por ejemplo, entre Mayo de 1991 y Mayo de 1998 sólo se crearon 1,3 millones de empleos.
[17] Los últimos datos disponibles son del primer trimestre del año.
[18] Trabajadores por cuenta propia o cuentapropistas son aquellos que realizan tareas sin estar formalmente bajo patrón y sin ser a su vez empleadores. En las estimaciones que realiza el INDEC puede incluir a un conjunto reducido de personas que sin aparecer como empleadores tienen “ayudantes”.
[19] Los últimos datos disponibles son del primer semestre de 2007.
[20] Los datos son para finales de 2006 (según IDEP-CTA).
[21] Esto es, según las cuestionadas mediciones del INDEC que han sufrido cambios metodológicos arbitrarios y presentan serias dudas en cuanto a la rigurosidad de la información relevada.
[22] En especial, del consumo de los sectores más ricos. Es importante aclarar que el 75% del consumo total es realizado por el 20% más rico de la población. El consumo del 80% restante, es decir del conjunto de los trabajadores, representa solamente el 25% del consumo total.
[23] Se debe tener en cuenta que dentro del conjunto de servicios están incluidos los servicios públicos, los cuales no tuvieron aumentos generalizados. Además, a través de distintos planes de racionamiento de la energía se implementaron subas “encubiertas” de las tarifas, las cuales no fueron captadas por los índices del INDEC. Si bien no se cuenta con la información detallada del incremento de las tarifas del resto de los servicios, se puede inducir que fue mucho mayor al promedio mencionado del 49% registrado entre mayo de 2003 y octubre de 2007, debido a que los servicios regulados sólo aumentaron un 21% en dicho período.
[24] Resulta claro que no es justo que el conjunto de la sociedad aporte a través del regresivo sistema impositivo (pagan más los que menos tienen) a los subsidios que engrosarán las ganancias de estas empresas.
[25] Entre mayo y septiembre de 2007 el gobierno nacional recaudó “extraordinariamente” $7.264,6 millones por esos traspasos.
[26] Se debe tener en cuenta que las provincias y los municipios también tienen deudas, pero su análisis no será incluido en esta nota, más allá que la dinámica del proceso de endeudamiento siga características similares a los de la Nación.
[27] La pesificación asimétrica consiste en la diferencia de valor del dólar que se consideró para préstamos y depósitos en los bancos originalmente en moneda extranjera. Los préstamos en dólares fueron transformados a pesos 1 a 1, mientras que los depósitos se pesificaron a $ 1,40 + CER. De esta manera los bancos tenían que devolver los depósitos a un valor mayor que los créditos otorgados originalmente en dólares. La diferencia se hizo cargo el Estado a través de títulos públicos.
[28] Producto Bruto Interno, que representa el valor de las riquezas creadas por toda la sociedad durante un año.

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