Crisis de la forma-sindicato y desarrollo de alternativas desde los movimientos sociales

Trabajo realizado por Fernando Vicente, Melina Deledicque y Mariano Féliz.
Presentado en el Primer Congreso Nacional Sobre Protesta Social, Acción Colectiva y Movimientos Sociales (Buenos Aires, 30 y 31 de Marzo 2009)
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Resumen
Los años que siguieron a la crisis de la convertibilidad se caracterizaron por el ascenso de las luchas de los trabajadores y trabajadoras asalariados/as. En su mayoría estas luchas fueron articuladas en torno a los tradicionales sindicatos enrolados en la CGT o la CTA.
Sin embargo, muchos de los conflictos fueron producto no de la voluntad de las conducciones sindicales nacionales o provinciales sino de la organización desde la base de trabajadores y trabajadoras. En muchos casos estas luchas incluían a aquellos/as que estaban por fuera de la fuerza de trabajo formalizada: contratados/as, pasantes, tercerizados/as, en “negro”, informalizados/as de todo tipo, etc.
En su mayoría estos/as trabajadores y trabajadoras no son reconocidos como “representados” por los sindicatos tradicionales. Los gremios dentro de la propia CTA, que nació con la perspectiva de construir un nuevo sindicalismo, manifiestan serias dificultades para efectivamente incorporar a los trabajadores y trabajadoras fuera de planta permanente a sus estructuras orgánicas.
En general, la auto-organización bajo la forma de asambleas de base o iniciativas de “autoconvocatoria”, o las demandas de representación por parte de estos sectores de la clase trabajadora, son negadas, rechazadas o aun combatidas (en muchos casos violentamente) por las estructuras sindicales tradicionales.
La clase trabajadora aparece fragmentada hoy más que nunca y la forma-sindicato tradicional parece restringir antes que potenciar sus luchas. El lugar de trabajo no es ya el único, y en muchos casos, ni el principal eje de articulación de las reivindicaciones populares. Se extienden las luchas por la defensa de las riquezas naturales, las exigencias de vivienda y servicios sociales, la demanda de garantías de ingreso universalistas, etc.
En términos teóricos el planteo es que frente al pasaje del obrero masa al obrero social, donde la fábrica ya no es el lugar privilegiado de la lucha sino uno más en la fábrica social, la forma-sindicato tradicional enfrenta los límites de su tarea histórica. La fuerza de trabajo ya no es más simplemente una unidad articulada en torno a las ramas de producción sino que es un colectivo de trabajo, múltiple y diverso, masculino y femenino, ocupado, precarizado y desocupado, a la vez, que enfrenta al capital en la fábrica pero también en el territorio, en el barrio.
En esa situación el sindicato tradicional representa en los hechos a una mínima porción de los sectores sociales trabajadores. Muchos/as trabajadores/as no son asumidos como parte de “las bases” y muchos/as otros/as no se sienten tales y por ello directamente se desafilian. En los lugares de trabajo la separación entre el sindicato y los/as trabajadores/as se maximiza, mientras que por fuera de estos esa relación es prácticamente nula.
Frente a la pluralización de la clase, o podríamos decir el surgimiento del pueblo trabajador como actor multisectorial en lucha, desde los movimientos sociales nacidos al calor de las luchas de los años noventa, se plantean alternativas organizativas. La heterogeneidad de la clase se expresa en la heterogeneidad de sus herramientas. Esto no elimina a la forma-sindicato de la “caja de herramientas” de las formas de organización de la clase, sino que lo hace interactuar con otras novedosas.
Una de ellas es la experiencia la agrupación de trabajadores y trabajadoras asalariados/as La Fragua que integra el Frente Popular Darío Santillán. En este trabajo analizaremos esa experiencia que perfila una estrategia novedosa de articulación de las luchas en los lugares de trabajo a través de espacios de base, con las luchas en el territorio (sostenidas por los movimientos de trabajadores/as desocupados/as devenidos en organizaciones territoriales) y los espacios educativos y culturales (impulsados por agrupaciones estudiantiles universitarias y movimientos culturales).
Partiendo de la unidad real de las diversas luchas (de la unidad real del sujeto social), el desarrollo de esta experiencia busca promover en los lugares de trabajo los preceptos básicos de la construcción de una organización social de nuevo tipo: democracia de base, unidad de los/as que luchan y multisectorialidad de la lucha.
Esta investigación es un ejercicio de reflexión crítica sobre la práctica de intervención política concreta. En tal sentido, asume explícitamente el posicionamiento político de la reflexión y supone plenamente las consecuencias de las Tesis sobre Feuerbach propuestas por Marx.

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