Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora

Este trabajo fue preparado para ser presentado en el SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL “LA ECONOMÍA DE LOS TRABAJADORES: TRABAJO Y AUTOGESTIÓN FRENTE A LA CRISIS GLOBAL”, que se realizará en la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina) del 29 de julio al 1 de agosto de 2009.

Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora: Alternativas populares frente a la crisis capitalista en Argentina

Féliz, Mariano[i]*

Centro de Estudios para el Cambio Social

(cecso.argentina@gmail.com)

Resumen

La actual crisis capitalista pone contra las cuerdas buena parte del saber dominante. Frente a la profundidad de la destrucción que se abate contra los pueblos del mundo, la economía liberal se ha quedo muda –balbuceando, a lo sumo, las recetas ya fracasadas-.

La alternativa neo-desarrollista, la propuesta del Estado post-2001, intenta presentar como nuevo la recuperación de un intervencionismo que, antes que nada, busca sostener la legitimidad de las formas sociales capitalistas que la crisis tiende a poner “en suspenso”. Desde las medidas más “simpáticas” (como la recuperación del sistema de previsión social a manos del Estado) a otra no tanto (como el persistente subsidio, directo e indirecto, al gran capital) todo apunta a postergar en el tiempo, absorberlo o disfrazarlo, el impacto que la crisis capitalista tiene sobre el ciclo del capital en la –periférica y dependiente- economía argentina.

Frente a la verdad del capital en tiempos de avanzada –neoliberal- o en tiempos de su reflujo-recomposición –neo-desarrollista-, pueden plantearse otras alternativas que -desde una voluntad de superar el statu-quo capitalista- que, sobre la base de las iniciativas concretas de las organizaciones populares, propongan cursos de acción realizables y abran a la vez un mayor espacio para la organización del pueblo en pos del cambio social.

En este trabajo –luego de una caracterización de la situación actual y una revisión crítica a las opciones del campo del capital- se abordarán (en un intento de sistematizarlas) algunas de esas propuestas. Las mismas surgen de las mismas iniciativas que las organizaciones sociales con vocación de cambio social –en particular, las más novedosas, aquellas surgidas al calor de las luchas de las últimas décadas- han venido impulsando en los años recientes.

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Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora: Alternativas populares frente a la crisis capitalista en Argentina[ii]

Féliz, Mariano[iii]*

Centro de Estudios para el Cambio Social

(cecso.argentina@gmail.com)

1.Introducción

La actual crisis capitalista pone contra las cuerdas buena parte del saber dominante. Frente a la profundidad de la destrucción que se abate contra los pueblos del mundo, la economía liberal se ha quedo muda –balbuceando, a lo sumo, las recetas ya fracasadas-.

La alternativa neo-desarrollista, la propuesta del Estado post-2001, intenta presentar como nuevo la recuperación de un intervencionismo que, antes que nada, busca sostener la legitimidad de las formas sociales capitalistas que la crisis tiende a poner “en suspenso”. Desde las medidas más “simpáticas” (como la recuperación del sistema de previsión social a manos del Estado) a otra no tanto (como el persistente subsidio, directo e indirecto, al gran capital) todo apunta a postergar en el tiempo, absorberlo o disfrazarlo, el impacto que la crisis capitalista tiene sobre el ciclo del capital en la –periférica y dependiente- economía argentina.

Frente a la verdad del capital en tiempos de avanzada –neoliberal- o en tiempos de su reflujo-recomposición –neo-desarrollista-, pueden plantearse otras alternativas que -desde una voluntad de superar el statu-quo capitalista- que, sobre la base de las iniciativas concretas de las organizaciones populares, propongan cursos de acción realizables y abran a la vez un mayor espacio para la organización del pueblo en pos del cambio social.

En este trabajo –luego de una caracterización de la situación actual y una revisión crítica a las opciones del campo del capital- se abordarán algunas de esas propuestas (en un intento de sistematizarlas). Las mismas surgen de las mismas iniciativas que las organizaciones sociales con vocación de cambio social –en particular, las más novedosas, aquellas surgidas al calor de las luchas de las últimas décadas- han venido impulsando en los años recientes.

2.De la manifestación a la causa de la crisis del capital

La actual crisis mundial tiene su origen aparente en una crisis financiera. Los primeros síntomas han sido el desplome de los precios de los principales productos de exportación denominados commodities (o –más claros- mercancías poco diferenciadas de comercialización internacional). Entre Abril de 2008 y Abril de 2009 las cotizaciones cayeron brutalmente: 22,6% los porotos de soja, 35,6% el trigo, 43,2% el arroz, 53,9% el petróleo, 49,1% el cobre; 23,8% el conjunto de los alimentos y 30,6% las commodities agropecuarias no agrícolas. Esta caída fue acompañada de un paralelo derrumbe en los valores de las propiedades inmobiliarias en las economías capitalistas del centro.

Este proceso llevó al colapso al sistema financiero internacional, derribando en el camino a muchos de sus principales jugadores. Quebraron o están al borde de la quiebra el Citibank y la aseguradora ING, entre otros grandes agentes financieros. No han sido ellos los ‘perjudicados’ por la crisis sino los principales impulsores de la burbuja especulativa que acaba de reventar. Financiando inversiones puramente especulativas, prestando plata con garantías a valores irreales en la previsión de una continuación de la escalada de precios, estos gigantes de las finanzas –caras visibles de la dimensión financiera del capital global- alimentaron la evolución irracional de los precios de la mayoría de los productos básicos del consumo popular en casi todos los países del mundo. Lograron de esa manera multiplicar el hambre y las revueltas contra él en muchos países de la periferia (Katz, 2008).

3.Neoliberalismo y crisis: ¿derrota o éxito?

Este llamativo proceso –y su implosión- no es simplemente resultado de la desregulación financiera y el creciente peso del capital financiero. Estos elementos entran en juego dentro del marco la evolución del capitalismo a escala global en los últimos 30 años. Es, en efecto, el corolario del neoliberalismo -un proceso de reestructuración de la economía mundial- que avanzó con fuertes resistencias populares desde los setenta.

En esos años los sectores dominantes enfrentaron la ofensiva de los movimientos populares que en todas partes del mundo amenazaban –con mayor o menor claridad- con superar los límites que el capitalismo imponía al desarrollo de las naciones. Las revueltas populares fueron enfrentadas con la huelga de inversiones, la inflación y la crisis. Como eso no bastó, los Estados capitalistas avanzaron con represión, ajuste fiscal y reestructuración económica. Todo esto en un marco ideológico que -cuestionando el ‘fracaso’ del keynesianismo-saludaba el retorno de la ‘mano invisible’ y la retirada de la intervención estatal en la economía.

La reestructuación económica condujo –entre otras cosas- a una creciente flexibilidad del capital fijo (no sólo del trabajo como forma de capital). En efecto, como señalan Marini (1997) y Ceceña (1996), el fortalecimiento de la tendencia del capital a internacionalizarse condujo a partir de los años setenta un doble movimiento. Por un lado, la mayor movilidad del capital fijo -crecientemente capaz de mudarse a bajo costo de un lado del globo a otro-, junto a la flexibilidad productiva permitida por el desarrollo de la tecnología informática, han convergido en una aceleración de la circulación del capital y –en definitiva- han creado una masa disponible de capital bajo su forma dineraria que alimentó el circuito especulativo. Por otra parte, la internacionalización definitiva del ciclo del capital condujo a la internacionalización del capital variable, es decir, de la fuerza de trabajo. Por primera vez en la historia del capitalismo la fuerza de trabajo (y el ejército de reserva) tiene efectivamente una dimensión global. La abstracción real del trabajo –el imperio de la ley del valor- a escala mundial alcanzó realidad sustancial a finales de los años ochenta.

El neoliberalismo se dio así la tarea de profundizar las tendencias a la mundialización del capital y la contención de los conflictos obreros. En pocos años, la flexibilidad laboral, la crisis de la deuda, las privatizaciones masivas y la desregulación financiera crearon el clima que permitió al capital social retomar –a escala mundial- la acumulación sostenida. Desde los ataques a los mineros en Gran Bretaña con Thatcher y los controladores de vuelo en los Estados Unidos con Reagan, hasta la avanzada sobre los trabajadores telefónicos en Argentina con Menem, el neoliberalismo encarnó en esos años un virulento ataque a las condiciones de producción y reproducción de la fuerza de trabajo.

En ese marco, desde finales de los años ochenta los Estados Unidos se convirtieron en el centro de un nuevo proceso de valorización exitosa de capital. Exitosa, no en términos de sus logros sociales, sino en cuanto a su capacidad de contener, reprimir y canalizar –neutralizando- las exigencias populares, garantizando a su vez la máxima explotación posible del trabajo a escala planetaria. Este proceso se caracterizó por un crecimiento sostenido desde 1985 y hasta 2007, con una breve interrupción en 1990 y otra en 2001. En ese período, la productividad del trabajo en los EE.UU. aumentó 155,9%, mientras en Japón subió 106,5% y en Alemania lo hizo sólo 86,3%.[iv] La contracara fue la creciente explotación laboral: los salarios reales aumentaron solamente 29,9%, 29,4% y 39,1%, respectivamente.[v]

El capitalismo choca hoy en día contra una pared por su propia lógica: producir cada vez más, a un valor (costo privado) cada vez menor, para el consumo de una proporción decreciente de la población. El costo unitario de producción cayó un 41,4% -en términos reales- entre 1985 y 2007 en los Estados Unidos. Se produce más que nunca pero miles de millones en el mundo siguen pasando hambre: aun hoy más de 850 millones de personas no acceden a los medios de consumo necesarios para evitar la indigencia.

4.¿Crisis del neoliberalismo? ¿Qué es el desarrollo?

La presente crisis potencia los costos sociales del capitalismo (incluidos la destrucción del medio ambiente y el saqueo de las riquezas naturales). El capitalismo avanza con fuerza en lo que puede denominarse la etapa del imperialismo con acumulación por desposesión (Harvey, 2004, 2005). Ese proceso incluyó la ocupación de los espacios ocupados por los socialismos reales. Hoy, para consolidar su hegemonía mundial la clase dominante -a través de las grandes corporaciones multinacionales- pretende colonizar, privatizar y mercantilizar aquello que aún es común: el agua, la tierra, los bosques, el aire, los genes, la biodiversidad y el conocimiento (Vega Cantor, 2006). La guerra del gas y del agua en Bolivia, la lucha de los sin tierra en Brasil, los zapatistas en México, los campesinos del MOCASE en Argentina, entre otras luchas a lo ancho del mundo, involucran el intento de frenar la apropiación privada del mundo. La lógica “minera” (Chesnais, 2007), es decir del saqueo de las riquezas naturales, ha avanzado y se ha impuesto conflictivamente.

Estamos frente a una crisis ambiental y civilizatoria, además de económica (Chesnais, 2008); una crisis que pone en cuestión el conjunto del capitalismo como única forma de desarrollo, además del propio concepto de “desarrollo” y los parámetros para medirlo. Entran en debate las relaciones capitalistas de producción y reproducción social, es decir el papel del dinero y el capital como mediación de las relaciones entre personas (Lebowitz, 2005).

El capital propone como idea del desarrollo meramente el crecimiento, es decir la expansión sin fin del valor, de su propia esencia (De Angelis, 2007). La crisis –por su parte- pone en debate los valores capitalistas (la ganancia por la ganancia, la producción por la producción, la mercancía como la forma privilegiada –tendencialmente única- que deben asumir las relaciones humanas). El concepto capitalista del desarrollo implica la imposición de valores que conducen a la oposición, al enfrentamiento y la competencia, como forma de articular las relaciones inter-personales.

5.La crisis y la periferia

Esta crisis golpeará a todos, pero en la periferia el impacto será mayor allí donde la tras-nacionalización de sus economías haya avanzado más. Aquellos países cuyas economías están más fuertemente integradas –de manera subordinada- a la economía mundial más están sufriendo el efecto de la recesión en los países centrales. Esto es particularmente cierto para aquellas economías periféricas cuyas economías están menos diversificadas e integradas –es decir, aquellas cuya integración en el ciclo del capital global se produce fundamentalmente bajo la forma de enclave (por ejemplo, Ecuador) o de exportación de unas pocas mercancías indiferenciadas (por ejemplo, Venezuela y Ecuador)- o aquellas cuyas producciones de exportación se encuentra fuertemente articuladas a los mercados centrales en contracción (por ejemplo, México, Brasil y Chile).

La Argentina, por su parte, si bien se encuentra fuertemente integrada al ciclo del capital global parece encontrarse relativamente fortalecida frente al impacto directo de la crisis.[vi]

La dominación del capital se ha consolidado con la salida de la convertibilidad. La reestructuración de los noventa conformó una centralización y concentración del capital que -junto al reforzamiento de la descomposición política de las/os trabajadoras/es- auspician una desaceleración significativa pero no una debacle económica de magnitud. Mientras que en los Estados Unidos, por ejemplo, la producción industrial ha caído un 2,5% (en el primer trimestre de 2009 en comparación con igual trimestre del año anterior, según el BEA) o un -1,8% en Brasil (según el IBGE), en Argentina el impacto ha sido más reducido: la economía habría crecido 2,3% (según el INDEC).

En este contexto, la crisis es un instrumento de los sectores dominantes para intentar consolidar su posición a costa de las mayorías. Llevando adelante una no declarada “huelga de inversiones”, el gran capital comienza a poner en marcha los mecanismos sociales a través de los cuales buscará encontrar para –sí mismo- “términos ‘más justos’ de explotación” (Negri, 1978: 115).

Mientras en la etapa de crecimiento el capital avanzó precarizando nuestras vidas (creando millones de puestos de trabajo bajo formas precarias y flexibles, con niveles salariales medios inferiores a los promedios de la década anterior), a través de la crisis profundiza esas tendencias como medio para superar sus límites.[vii] Por eso arremete primero con suspensiones y despidos, rebajas salariales y el cese de contratos; luego le siguen los cierres de empresas en perfectas condiciones técnicas para producir.[viii] Estos no son “efectos de la crisis” sino -más precisamente- acciones deliberadas de empresarios y gerentes para no perder dinero y trasladar el costo a quienes ninguna responsabilidad tienen (los trabajadores y trabajadoras).[ix] Atravesamos una crisis del capital, es decir de una forma de producir sólo aquello que es rentable sin atender a las necesidades sociales insatisfechas.

Frente a la incertidumbre política y la agitación social, atravesamos –nuevamente- una crisis del pensamiento hegemónico que no puede dar las respuestas (teóricas y prácticas) necesarias. Cuando la “mano invisible” parece no alcanzar, los sectores empresariales más concentrados demandan mayores subsidios y nuevos apoyos de ese Estado que en “tiempos normales” prefieren mantener a distancia. Kalecki ya advertía –en 1943- sobre la actitud de los “líderes empresariales” frente a un Estado que necesitan –como mediación necesaria- para mantener el control social pero prefieren que acote sus intervenciones a inversiones en infraestructura económica y/o subsidios a la inversión privada (Kalecki, 1943). Hoy mientras los sectores del gran capital rechazan –por ejemplo- las estatizaciones en la República Bolivariana de Venezuela, reclaman una firme acción estatal para defender los “intereses nacionales”, que serían ni más ni menos que los intereses de ese gran capital.[x]

Uno de los más paradójicos programas de subsidio al gran capital en la etapa actual es el novedoso REPRO (Programa de Reconversión Productiva). Hasta mediados de 2009 este programa incluía unas 1100 empresas reciben un subsidio de hasta 600 pesos mensuales por trabajador/a (unos/as 70 mil).[xi] Este programa es presentado como una política progresiva (ver, por ejemplo, Herrera y Tavosnanska, 2009) cuando significa un inmenso subsidio a las grandes empresas. Otro ejemplo: el Estado argentino acaba de acordar otorgar un crédito de 55 millones de pesos a un empresario “nacional” para la compra de la quebrada empresa metalúrgica Mahle de Rosario, cuando podría haber otorgado el mismo crédito a los propios trabajadores que luchaban contra su cierre (Martín, 2009).

En tiempos difíciles olvidan sus prejuicios y diferencias sectoriales para crear un frente único contra el pueblo trabajador, exigiendo que se garanticen el orden, la “competitividad” y la “moderación” de los reclamos populares.

6.Alternativas populares frente a la crisis: La economía política del pueblo trabajador

Frente a la crisis de las ideologías del capital en tiempo de auge (el liberalismo) se fortalecen las posiciones desarrollistas que pretenden reubicar al viejo Estado (capitalista) en el centro del desarrollo (del capital); no hay novedad en esto. El par liberalismo-keynesianismo es parte de la artillería ideológica de los sectores dominantes pues no propone nada que cambie –de fondo- la dinámica de la crisis (las relaciones sociales que la sustentan y expanden) y proteja al conjunto del pueblo trabajador.

Este presente re-actualiza la necesidad de proponer e impulsar alternativas que apuntalen un cambio social profundo frente a un sistema de producción social que siempre carga los costos de “su” desarrollo sobre el conjunto del pueblo. Cabría retomar -en consecuencia- el llamado de Rosa Luxemburgo sobre el dilema de nuestro tiempo “Socialismo o Barbarie” (Luxemburg, 1915), como consigna que remite a la actualidad de la revolución, de la necesidad de una acción práctica para impulsar un cambio social.

Cabe señalar que estas alternativas no pueden ser simplemente salidas teóricamente “racionales” sino que es clave tomarlas de las mismas propuestas que las organizaciones populares, el pueblo organizado, está impulsando.[xii] Esto se debe a que la implementación de las medidas adecuadas a las necesidades del Pueblo requieren la modificación de la correlación de fuerzas sociales y por ello suponen la movilización activa de las clases subordinadas junto a la factibilidad técnico-política de las medidas que abran el espacio para un –potencial- triunfo popular. En tanto provienen de los propios procesos de organización, práctica y reflexión del campo del pueblo, estas propuestas (junto a otras) intentan no sólo atacar determinados problemas prácticos sino que a su vez son medios para profundizar la organización popular, no meras imposiciones –intelectuales- “desde arriba”.[xiii]

Estas opciones de políticas públicas pueden resumirse en unos pocos ejes.

6.1 Políticas de contención de los efectos.

Por un lado, medidas que protejan a los sectores más vulnerables de la población de los “efectos” inmediatos de la crisis. Por ejemplo, la suspensión de los despidos por dos años, la creación de un ingreso universal equivalente a la canasta básica -comenzando por la elevación inmediata de los planes sociales (Jefes y Jefas, Familias)-, el aumento de emergencia en salarios y jubilaciones y la creación de tarifas sociales para los servicios y el transporte públicos. Debe agregarse la protección pública y promoción con créditos y subsidios de las experiencias de recuperación de empresas por sus trabajadores/as y los emprendimientos autogestivos y cooperativos.

Este conjunto de medidas tienen como principal objetivo sostener y aumentar el poder de compra de los sectores populares con el fin de evitar las consecuencias inmediatas de la crisis. Mientras por un lado estas medidas permitirían evitar la pauperización de las familias más vulnerables frente a la dinámica propia de la crisis capitalista, el aumento en los ingresos de los sectores populares también podrá crear un cierto contrapeso a las tendencias recesivas al aumentar el consumo de masas.[xiv] De la mano de una reforma impositiva radical (ver más abajo) se podría avanzar en el sentido de la creación de un sistema de protección social que garantice un ingreso básico de manera universal, sin contraprestaciones (Féliz, 2009; Pérez, Féliz y Toledo, 2006). Esto supondría una superación de la reciente reforma (re-estatización) del sistema de jubilaciones y pensiones (Féliz, 2008).

Por su parte, la reorientación de los subsidios desde las grandes empresas a los emprendimientos cooperativos y autogestivos podría dar nuevo impulso a la construcción de un circuito de producción alternativo a la dinámica del capital.[xv] Uno de los principales límites que enfrenta estos emprendimientos es –y ha sido históricamente- la dificultad de acceder a niveles de crédito suficientes y barato, la falta de tecnología adecuada a la escala y forma de producción cooperativa (con reducidas estructuras de supervisión y control) y las limitaciones de una demanda sostenida más allá de la competencia en los mercados capitalistas (Féliz, 2006). En todos estos aspectos, la acción pública decidida –articulada con la participación de la banca pública y/o cooperativa y las instituciones y organismos de producción de conocimiento científico y técnico- podría dar un fuerte impulso a estos emprendimientos.[xvi]

6.2 Políticas de desarrollo del hábitat y empleo autogestivo.

En segundo lugar, un conjunto de medidas que contribuyan a mejorar las condiciones del hábitat de los barrios populares a través de un programa de obra pública dirigido a la provisión de servicios sociales básicos (agua, cloacas, luz y gas, servicios médicos, escuelas, hábitat comunitario).

La crisis económica suele poner de manifiesto las contradicciones más evidentes del sistema. Por ejemplo, mientras en las barriadas populares la carencia de infraestructura social básica es evidente[xvii], los principales programas de inversión pública se orientan a la creación de infraestructura “económica”, es decir para el capital (autopistas, puertos, plantas energéticas).[xviii] El financiamiento estatal de programas de mejoramiento del hábitat en los barrios populares –con la participación directa en la gestión de los mismos por parte de las organizaciones populares- permitiría no enfrentar el impacto negativo de la recesión sino a la vez mejorar las condiciones de vida de los sectores más postergados del pueblo.

6.3 Políticas de socialización y superación de la crisis.

Por último, un programa de socialización de la producción estratégica (empezando por energía, transporte, comercio exterior y banca) bajo propiedad pública con gestión de trabajadores y usuarios, acompañado por una reforma tributaria que rebaje el IVA a los productos básicos y acreciente la carga impositiva de los sectores de más ingresos.

Por una parte, la socialización de las grandes empresas en sectores estratégicos permitiría avanzar en el sentido de una organización más democrática de la economía, una gestión sostenible de las riquezas comunes y un control social mayor sobre la producción y apropiación de las rentas provenientes de la explotación económica de los bienes naturales.[xix] Esto supondría poner en discusión la in-conveniencia de desarrollar actividades que deterioran profundamente las condiciones socio-ambientales con el fin de satisfacer los patrones de sobre-consumo de espacios capitalistas centrales.[xx]

Por otro lado, una reforma impositiva radical, que reduzca la carga tributaria sobre los sectores más empobrecidos –a la vez que acreciente el peso de los impuestos sobre las ganancias y el capital- permitiría mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población. Por ejemplo, la eliminación del IVA a los productos de la canasta básica podría –potencialmente- reducir en casi un 20% la incidencia de la pobreza (Domian, 2009). En este caso, es de destacar que una política de reducción del IVA como la mencionada debe –necesariamente- ir acompañada de un incremento en la carga tributaria sobre los sectores capitalistas y que reciben ingresos derivados del plusvalor.[xxi] Esto es así porque, si bien la rebaja del impuesto al valor agregado pude mejorar las condiciones de vida de la población, es necesario compensar la pérdida de recaudación y avanzar en una mayor carga fiscal sobre los sectores que hoy son beneficiarios de un patrón de acumulación sostenido en la super-explotación del trabajo (Féliz, 2008b).

7.Conclusiones

La crisis que atraviesa la economía argentina y su impacto en las condiciones de reproducción de la vida son producto de las particulares condiciones de inserción del ciclo del capital local en el ciclo del capital a escala global.

La paradoja es que frente a la misma el capital, reacio a la intervención estatal, aparece demandando acciones del Estado que restauren su competitividad. En conjunto, esas demandas avanzan –nuevamente- sobre las condiciones de vida del pueblo trabajador, profundizando sus niveles de privación.

Frente a ello, desde las organizaciones populares han surgido numerosas alternativas. Todas ellas plantean opciones de políticas públicas favorables a las mayorías y sobre todo muestran –a grandes rasgos- elementos prefigurativos de una economía política de los trabajadores y trabajadoras (Lebowitz, 2005). Este conjunto de medidas de emergencia –incompleto, perfectible pero realizable-, surgido de las propias organizaciones sociales, permitiría no sólo proteger a los sectores más vulnerables del pueblo frente a la profundidad de la crisis y favorecer la recuperación económica, sino que permitiría avanzar por un camino de cambio social que trasforme la organización de la producción y la distribución de la riqueza.

8.Referencias bibliográficas

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[i] Mariano Féliz es profesor de la Universidad Nacional de La Plata e Investigador del CONICET (Centro de Investigaciones Geográficas, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP). Es investigador asociado al CEILPIETTE/CONICET. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

* Es militante del Frente Popular Darío Santillán.

[ii] Este trabajo fue escrito para ser presentado en el Segundo Encuentro Internacional “La economía de los trabajadores: trabajo y autogestión frente a la crisis global” ha realizarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, los días 29 de julio al 1 de agosto de 2009.

[iii] Mariano Féliz es profesor de la Universidad Nacional de La Plata e Investigador del CONICET (Centro de Investigaciones Geográficas, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP). Es investigador asociado al CEILPIETTE/CONICET. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

* Es militante del Frente Popular Darío Santillán.

[iv] Fuente: Estimaciones propias sobre la base de datos de producción por horaria trabajada en la industria manufacturera, provenientes del Bureau of Labor Statistics de los Estados Unidos.

[v] Fuente: Estimaciones propias sobre la base de datos de compensación real media anual total para trabajadores de la industria manufacturera, provenientes del Bureau of Labor Statistics de los Estados Unidos.

[vi] Los principales rasgos de la inserción argentina en el ciclo mundial del capital son: exportaciones e importaciones que representan un 44,9% de la producción bruta doméstica -PBI-, los productos primarios y sus manufacturas representan un 56,8% de las exportaciones totales en 2007, el capital extranjero representando más del 80% del valor agregado producido en 2004 por la cúpula empresaria, y un endeudamiento externo que representa más del 50% del producto en 2005.

[vii] Según un estudio de CTA (IDEF-CTA, 2008), en 2008 un 26,8% de los ocupados tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza y un 58,7% se encuentra empleado en condiciones de precariedad.

[viii] Según el Observatorio del Derecho Social entre diciembre de 2008 y marzo de 2009 se perdieron (en términos netos) 162 mil puestos de trabajo registrados y 59 mil no registrados (Observatorio del Derecho Social, 2009).

[ix] De la misma manera, en los noventa las políticas de flexibilización laboral buscaron trasladar el riesgo “empresarial” a los/as trabajadores/as sin los beneficios que provienen de la propiedad de los medios de producción (Battistini, Deledicque y Féliz, 2002).

[x] No deja de resultar paradójico que mientras que siempre se exige que los subsidios que el Estado da a los/as desocupados/as deben involucrar una contrapartida laboral o de otro tipo (Pérez, Féliz y Toledo, 2006), en el caso de las demandas de apoyo estatal por parte del empresariado nunca se hace referencia a la contrapartida concreta del mismo.

[xi] Si asumimos que el subsidio promedio es de 300 pesos por trabajador por mes, esto significa que las empresas más grandes (principales beneficiarias del programa) están recibiendo un subsidio equivalente a unos 20 millones de pesos por meses.

[xii] Las propuestas que se analizan a continuación –o variaciones de las mismas- son impulsadas en diversas medida y con diferente grado de detalle, por diferentes organizaciones sociales de la Argentina. Entre ellas, el espacio Otro Camino para Superar la Crisis, el Frente Popular Darío Santillán, la Central de los Trabajadores Argentinos, etc.

[xiii] Como sugiere Dunayevskaya, (2000), en ese movimiento la práctica del pueblo organizado se convierte en teoría, completando, en articulación dialéctica, el camino en sentido contrario.

[xiv] De cualquier manera, debido a la reducida participación de los/as trabajadores/as en el ingreso total (menos del 30%) el impacto macroeconómico de un incremento en sus ingresos será –en principio- bastante limitado.

[xv] Desde finales de 2008 se observa el comienzo de un nuevo ciclo de experiencias de recuperación de empresas por parte de sus trabajadoras/es. El ciclo anterior de recuperaciones (2001/2002) ha colocado en el imaginario social de los/as trabajadores/as la posibilidad de la autogestión obrera como alternativa frente al cierre de las plantas por parte del capital. (Magnani, 2009).

[xvi] En la actualidad, por el contrario, las políticas públicas impulsan una creciente “vinculación” de las institituciones de ciencia y técnica con los grandes capitales. Esto se produce tanto a través de pasantías laborales –que no son más que bolsas de trabajo barato y precarizado- como por medio de convenios de investigación y desarrollo que suponen en la mayoría de los casos la apropiación privada del saber producido (bajo la forma de acuerdos de confidencialidad y patentes) y el subsidio estatal a las empresas.

[xvii] En 2001, el último Censo Nacional de Población marcaba que un 14,3% de la población del país se encontraba tenía sus Necesidades Básicas Insatisfechas. Este indicador refleja fundamentalmente las precarias condiciones de hábitat. Por su parte, el 27,1% enfrentaba “privación material” extrema, vinculada a las pobres condiciones de vivienda.

[xviii] A modo de ejemplo, en 2009 el gasto en inversión real directa en “servicios económicos” alcanzaría (según el presupuesto del sector público nacional) los 8.185 millones de pesos, alcanzando los 20.087 millones de pesos el total de gastos de capital destinados a ese rubro. A modo de contraste, el total de la inversión directa para “vivienda y urbanismo” y “agua potable y alcantarillado” alcanzó los 812 millones de pesos, y el gasto de capital total en esos rubros llegaría a 6.503 millones de pesos.

[xix] Según Lozano y Raffo (2007) el volumen de rentas extraordinarias derivadas de la explotación de las riquezas naturales de base energética, minera y agraria superaban en 2007 los 20 mil millones de dólares.

[xx] Cabe recordar que los más importantes emprendimientos de explotación de las riquezas naturales (tales como la minería del oro o la producción sojera) orientan la mayor parte de su producción directamente a la exportación a los fines de satisfacer la demanda internacional. En estos “negocios” los productores capitalistas se apropian de la mayor parte de los beneficios, mientras que los costos socio-ambientales (denominadas por la economía neoclásica como “externalidades negativas”) son soportados por las comunidades locales.

[xxi] El consumo suntuario representaba en 2007 un 33,9% del ingreso total (Féliz, 2008b). Si bien esto represensta una reducción en relación a 2003, todavía representa un 57% del plusvalor potencialmente disponible. Además, la apropiación desigual de los ingresos se mantiene: según Lozano (2009) el 10% más rico se apropiaba de 28,7 veces más ingresos que el 10% más pobre (guarismo más alto que el de 1998: 22,8).

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