Argentina te precariza con la ayuda del Estado

[Nota aparecida, en formato reducido, en Página/12 con el título “Un fenómeno político”, 4 de enero de 2010; http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-137992-2010-01-04.html]

Argentina te precariza con la ayuda del Estado

Por Mariano Féliz*

El mercado de trabajo no opera aislado de la modalidad de producción social dominante. Una economía capitalista periférica, dependiente y regionalmente subordinada, como la Argentina, conforma un mercado laboral precarizado. Así la búsqueda de competitividad se centra en la super-explotación de los trabajadores y trabajadoras.

Esto se manifiesta en modalidades de precarización del empleo que permiten bajar costos (laborales) de producción gracias a la flexibilización del trabajo, a la extensión de las jornadas laborales y a la eliminación de beneficios sociales por medio de formas precarias de contratación. Esas formas –que debilitan la posición de los trabajadores- permiten explicar que la mayoría de las familias trabajadoras tengan ingresos menores a la canasta familiar (de 4700 pesos, pues el 50% de los ocupados reciben ingresos menores a 1500 pesos), que la desigualdad de ingresos permanezca elevada (los ingresos individuales promedio del 10% más rico son 26 veces mayores que los del 10% más pobre de la población) y que las jornadas de trabajo superen ampliamente las 9 hs diarias para la mayoría.

Este mecanismo –como medio primordial para competir y sobrevivir- es utilizado por las PYMES, perjudicadas por la política de competitividad a cualquier costo. En ellas el trabajo “en negro” (la forma más evidente de la precarización pero no la única) supera el 68% de los empleados.

También las grandes empresas hacen uso de la precarización laboral pero como forma de obtener ganancias extras. Muchas veces emplean trabajadores “en negro” pero también contratan trabajadores de manera precaria a través de empresas tercerizadas, falsas cooperativas o sub-contratistas. Estas últimas aparecen como trabajando “para” las grandes firmas cuando en realidad son formas de ocultar una relación de subordinación real (una relación laboral disfrazada como una relación comercial de empresas). Esto queda claro cuando se aprecia que en general esas sub-contratistas sólo “trabajan” para una gran empresa realizando tareas que antes hacían trabajadores de planta de la misma (limpieza, mantenimiento, etc.). Más del 18% de los asalariados en grandes empresas están “en negro”, situación que persiste aun cuando sus niveles de rentabilidad son los más altos en dos décadas.

Los trabajadores precarizados no sólo trabajan en pobres condiciones sino que son los más golpeados en la crisis. Están primeros en la fila para ser despedidos o suspendidos, cuando las empresas deciden bajar salarios o cuando se rescinden los contratos con las empresas tercerizadas. Además, los programas estatales anti-crisis (como el REPRO) no los toman en cuenta.

De lo dicho pareciera que la precarización del empleo es un fenómeno “económico”. Sin embargo, es un fenómeno profundamente político. El propio Estado actúa como principal promotor de la precarización, reproduciéndola en todos sus nives. En lugar de “empezar por casa”, el Ministerio de Trabajo de la Nación tiene numerosos trabajadores precarizados en cooperativas de limpieza o asalariados contratados bajo la forma de contratos de “Locación de Obra” que ocultan una relación laboral permanente. El propio CONICET (en el que muchos estudian las relaciones laborales y condiciones de trabajo) contrata personal bajo la modalidad de “planta temporaria” para realizar tareas de carácter permanente o “becarios” a los cuales no se reconoce como empleados, violentando el derecho laboral. A nivel provincial, como en Buenos Aires, la precarización está extendida en todo el Estado bajo la forma de becas, contratos y otras modalidades que no reconocen la relación de dependencia de hecho existente. Los municipios en todo el país usan contratos que se renuevan cada 3 meses o “cooperativas de trabajo” para la realización de tareas permanentes del gobierno local (como el cuidado de plazas) evadiendo de manera flagrante y a los ojos de todos la legislación del trabajo. Por ej., en la capital de la pcia. de Buenos Aires, La Plata, cerca del 80% de los trabajadores del municipio están precarizados. La propia Justicia usa y abusa de las figuras del “meritorio”, haciendo letra muerta de los derechos consagrados en el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Cerca de 12% de los trabajadores en todos los niveles del Estado en el conjunto del país son contratados como pasantes, becarios, a prueba o formas similares; en el sector privado llegan a 16%.

De esta manera, la combinación de una modalidad de capitalismo periférico –que no crea pero exacerba las peores tendencias del capitalismo en la actualidad- con un Estado que (por acción u omisión) multiplica la precarización laboral nos enfrenta a una disyuntiva. Quedarse en el discurso de la lucha contra la precarización (por ej., la campaña publicitaria estatal de Don Carlos “Tudu Bon, Tudu Legal”) o avanzar contra la precarización laboral en el Estado y atacar simultáneamente las fuentes estructurales de la misma: una inserción internacional capitalista periférica y dependiente.

* Investigador del CONICET. Profesor de la UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com Web: marianfeliz.wordpress.com

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