Crisis en el centro…¿crisis en la periferia?

Por Mariano Féliz * y Emiliano López **

[artículo aparecido en el diario Página/12, lunes 8 de noviembre de 2010, http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-156484-2010-11-08.html]

Desde hace ya varios años los países del centro capitalista atraviesan una profunda crisis. Esa crisis manifiesta el intento de solución transitoria de las contradicciones del comienzo del fin de la etapa neoliberal. En la periferia, en particular en América del Sur, el impacto de la crisis ha pasado paradójicamente para muchos a la manera de un chaparrón de verano, breve pero intenso. La novedad de esta situación remite al lugar que Nuestra América ocupa hoy en día en la economía mundial. La historia de la inserción de nuestro continente en el ciclo internacional del capital nos ha ubicado históricamente en el lugar de pasivos receptores de los impactos de las turbulencias de las potencias hegemónicas.

Hasta la crisis del ’30, la inserción de las naciones de América del Sur como economías capitalistas dependientes, proveedoras de materias primas, articuló un patrón de valorización/acumulación basado en la exportación de bienes agrícolas, con sus respectivos impactos sobre la distribución y realización de los ingresos. La gran crisis y el proceso de la Segunda Guerra Mundial representaron el nuevo marco histórico en el cual se desarrolló una industrialización sustitutiva forzada por las circunstancias y, por lo tanto, dependiente y subordinada a la dinámica de acumulación de los países centrales. Los trabajadores pudieron ganar espacios en la distribución del ingreso pero en el marco de un patrón desarrollista donde la gran burguesía, en particular transnacional, consolidó su peso estructural hacia fines de los años ’60.

En los ’70, la nueva crisis mundial en el capitalismo abrió una larga transición: el proyecto neoliberal. En la periferia, la reestructuración del capital local y su inserción en el ciclo internacional se sostuvieron en las más sangrientas dictaduras militares y los regímenes de democracia restringida que en los ’80 y ’90 concluyeron la tarea de consolidar nuevos patrones de desarrollo basados en el saqueo de las riquezas naturales (petróleo, gas, soja, oro, etc.) y la superexplotación del trabajo.

América del Sur atraviesa desde entonces la primera década de conformación de una nueva modalidad de desarrollo cuya impronta general puede llamarse neodesarrollismo. El proceso de ofensiva sobre los trabajadores del mundo que implicó el giro neoliberal se dio a la par del surgimiento de nuevos espacios de valorización en la periferia, que ganan peso en el ciclo global del capital, en particular China e India. Esto ha creado la aparente contradicción de una crisis profunda en el centro y una situación de bonanza relativa en América del Sur. Pese al fuerte impacto que tuvo el fin de la burbuja especulativa en commodities durante 2008, la sostenida acumulación de capital en el espacio asiático ha permitido a todos los países del subcontinente suramericano atravesar rápidamente y sin grandes sobresaltos el primer escalón de la crisis. Sobre la base de una demanda creciente de bienes ligados al agronegocio, necesarios para apuntalar el proceso de acumulación asiático, los términos de intercambio de los países de Nuestra región se han visto favorecidos, permitiendo sortear con cierta celeridad la crisis favoreciendo, a su vez, en gran parte de Nuestra América un patrón extractivo-rentista de desarrollo capitalista. De esa manera, en los últimos cuatro años el crecimiento en los países de América latina y el Caribe ha superado el 8 por ciento, mientras las economías centrales se han estancado literalmente.

La crisis actual del centro capitalista no es ni más ni menos que la crisis del neoliberalismo que comenzó en la periferia una década antes. En la periferia esta crisis condujo a resultados muy diferentes a los que hoy podemos ver en los países centrales. En primer lugar, las intervenciones de los Estados centrales responden todavía a los parámetros neoliberales (ajuste fiscal, reforma jubilatoria, etc.). En contraste, la crisis en América del Sur implicó cambios progresivos en la forma del Estado, llegando incluso a moldear proyectos anticapitalistas en algunos países. En segundo lugar, para comprender estas trayectorias divergentes en la etapa posneoliberal, ha sido clave el proceso de resistencia y reorganización popular que se gestó en los años de auge del neoliberalismo en Nuestra América. Los nuevos movimientos sociales, sumados a las prácticas políticas previas de los sectores populares, produjeron cambios en las políticas estatales y, con matices en los diferentes países, permitieron superar –parcialmente– la etapa neoliberal del capitalismo periférico. En el centro, el horizonte se ve más oscuro, cuando a pesar de la gran movilización popular de los últimos meses, los sectores dominantes continúan imponiendo la agenda neoliberal sin matices.

* Investigador Idhics-Conicet. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social (Cecso). ** Becario del CEILPiette. Miembro del Cecso.

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