La inflación y su patrón clasista

Aparecido en Página/12, 25 de Abril de 2011, bajo el título de “Un análisis clasista” [http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-166926-2011-04-25.html]

Por Mariano Féliz *

El debate sobre la inflación se asienta sobre el supuesto de que es un problema que “afecta a la sociedad”, que genera un impacto parejo a toda “la gente”. Como suele ocurrir, esta forma de ver la cuestión deja de lado el hecho de que la sociedad está compuesta de diferentes estratos, sectores y clases sociales y que la inflación –como cualquier otro proceso de naturaleza económico-social– no los involucra de igual manera.

La inflación es primero y ante todo la manifestación del conflicto de clases por el control social del proceso de producción y apropiación de la riqueza. Esa disputa entre el conjunto del pueblo trabajador y las clases dominantes puede manifestarse en determinadas condiciones en una dinámica de precios crecientes. Por esto queda claro que la inflación es un fenómeno estrictamente ligado a las decisiones empresariales de incrementar sistemática y sostenidamente sus precios y pone a las empresas formadoras de precios –las más grandes y concentradas en rama– como las primeras responsables y beneficiarias de la misma. Subir los precios de sus mercancías les permite bajar la participación de los salarios en el valor creado y diluir parte de sus costos. Este es, además, un mecanismo privilegiado para financiar sus inversiones al bajo costo de depreciar la fuerza de trabajo en lugar de –por ejemplo– contraer el consumo suntuario de propietarios y gerentes del capital.

Lo anterior significa que los trabajadores son los primeros perjudicados por la inflación. Ahora bien, dentro del pueblo trabajador no todos están en la misma posición a la hora de desplazar el impacto de este fenómeno. Por un lado, los trabajadores del sector privado con empleo formal y fuerte organización sindical son quienes mejor equipados están para trasladar el efecto real de la inflación sobre sus ingresos. Esto no quiere decir que siempre lo logren, pero al menos están en mejores condiciones objetivas de hacerlo. Por otro lado, quienes se encuentran empleados en condiciones más precarias son claramente más afectados por la inflación que el primer grupo. Sus posibilidades de negociar recuperaciones en su poder de compra frente al aumento de los precios son mucho menores y tardías.

Por último, los principales perjudicados por la inflación son un conjunto fuertemente heterogéneo en términos de clases, lo cual configura una situación paradójica. Quienes reciben beneficios sociales fijos y quienes tienen activos financieros son los principales afectados por el crecimiento en los precios. Mientras los primeros enfrentan al Estado que paga esos beneficios sin ajuste o indexación, los otros son propietarios de activos de precio fijo que pierden valor sistemáticamente con el aumento general de los precios. El economista polaco Kalecki señalaba la singular contradicción latente que existía entre el tándem capital productivo-trabajo (formal) y los sectores rentistas (capital financiero).

En este contexto, se entiende por qué el conjunto de los sectores capitalistas pueden acordar en sus demandas por contener las exigencias salariales. Un freno al aumento de los salarios facilitaría la generación no inflacionaria de fondos para inversión productiva garantizando simultáneamente la valorización del capital en su forma financiera. Esta es la salida con más consenso entre las clases dominantes pues las otras opciones los enfrentan diametralmente. Por un lado, la estrategia de apreciación del tipo de cambio privilegiada por los sectores financieros ataca la inflación cargando el peso del ajuste sobre las empresas que exportan o compiten con las importaciones, quienes deberán a su turno encarar una disputa abierta contra las demandas de sus trabajadores. La alternativa del ajuste del gasto público asume que la inflación es provocada por el exceso de demanda, en particular provocado por una política fiscal sobreexpansiva. En tal sentido, los sectores financieros exigirán contener el gasto público en aquellos rubros no financieros, mientras los sectores del capital productivo privilegiarán la caída del gasto social o el gasto en salarios de los trabajadores estatales frente a otros gastos que los benefician directa o indirectamente (como subsidios u obra pública). Este podrá ser el punto de acuerdo –parcial– entre ambas formas del capital: atacar el gasto social o en salarios públicos como formas de cargar sobre una parte del pueblo trabajador el efecto inflacionario de la incapacidad empresarial de sostener la inversión sin depresión salarial.

Frente a la disyuntiva planteada por las clases dominantes las alternativas son varias, pero entre ellas se destacan algunas. Primero, atar los beneficios sociales a las negociaciones salariales de manera de evitar su desvalorización. Segundo, poner en discusión el peso del consumo suntuario y su rol improductivo. Tercero, avanzar en el control social de la producción de forma de poner en manos del conjunto del pueblo la información y los instrumentos para la orientación de la inversión y el consumo.

* Investigador del Conicet. Profesor de la UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

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