10 años no es nada. Reflexiones sobre la crisis neoliberal una década más tarde.

Publicada en Marcha.org.ar (2/1/2012) [http://www.marcha.org.ar/index.php/nacionales/118-opinion/497-10-anos-no-es-nada-reflexiones-sobre-la-crisis-neoliberal-una-decada-mas-tarde]

mural darío y maxi

Por Mariano Féliz*. Hace una década comenzaba a cerrarse definitivamente el ciclo neoliberal en Argentina. Eso iniciaría una nueva fase de desarrollo capitalista de carácter neodesarrollista en el país.

El proyecto neoliberal en Argentina atravesó varias etapas. Comenzó en 1975 con el Rodrigazo y se profundizó con el posterior golpe militar, continuó con el ciclo alfonsinista y concluyó con la fase de la convertibilidad. A lo largo de esos diferentes momentos, dentro de las clases dominantes, los sectores más transnacionalizados del capital (local y extranjero) fueron consolidando su posición hegemónica mientras los sectores populares sufrieron un ataque despiadado a sus condiciones materiales de vida y a su capacidad de organización.

En los noventa, el ciclo de la convertibilidad marcó el punto más alto del neoliberalismo en Argentina. Dio cuenta a su vez de su avanzada triunfal y de su eventual derrota política. La crisis de la convertibilidad se convirtió en la crisis del programa neoliberal pero no en su fracaso.

La crisis de la convertibilidad se produjo por la composición de una serie de elementos discordantes, superpuestos, estructurales y coyunturales, políticos y económicos.

Estructuralmente, la crisis del modelo convertible tuvo que ver con:

(a) el salto en la productividad laboral que creó las condiciones para – potencialmente – desvalorizar todas las mercancías producidas localmente. Este proceso fue resultado de la concentración, centralización y transnacionalización del capital local (nacional y extranjero).

(b) la creciente explotación laboral producto de la flexibilización de las relaciones laborales, la crisis de las estrategias tradicionales de organización sindical, y la destrucción de miles de puestos de trabajo.

(c) la imposibilidad de superar la condición periférica de la economía argentina y su profundización bajo la forma de una creciente orientación hacia el saqueo de las riquezas naturales (entre otras, el desarrollo de la producción de alimentos transgénicos y la minería a cielo abierto), sus manufacturas y la manufactura tipo armaduría.

(d) la destrucción del Estado de bienestar periférico, a través de la privatización de la casi totalidad de las empresas públicas y bienes comunes, el avance en la privatización de la salud y la educación y la consolidación de un esquema tributario regresivo.

(e) la explosión del endeudamiento público y privado externo, que consolidó la dinámica de endeudamiento iniciada en la dictadura.

Estos rasgos estructurales que condujeron a la crisis se combinaron con una serie de elementos coyunturales, que a mediados de los noventa, la desataron aun si no fueron su fundamento:

(1) la desaceleración en el comercio internacional que puso un freno al aumento de las exportaciones.

(2) el ciclo de crisis en los países de la periferia que encareció el crédito internacional.

(3) el fin del proceso de privatizaciones y el agotamiento del ciclo de transferencia de activos del capital local al capital transnacional.

La combinación contingente de estos elementos con los procesos estructurales llevaron al capitalismo argentino a un proceso de contracción, estancamiento y crisis profunda. Sin embargo, la transición hacia una crisis orgánica del proyecto neoliberal supuso la combinación del desarrollo de las contradicciones objetivas con la conformación de un nuevo ciclo de auge de las luchas populares.

En efecto, el complejo entrelazamiento del naciente movimiento piquetero, con el movimiento estudiantil, organizaciones sociales y políticas de nuevo tipo, y fracciones de la clase trabajadora que recuperaba capacidad de respuesta, permitieron enfrentar con éxito relativo los intentos de desplazar a las contradicciones de la convertibilidad hacia al futuro a través de políticas de ajuste. La imposibilidad del gobierno de Menem y luego de De la Rúa de retomar la iniciativa política frente al ascenso de las luchas sociales (derrota del duhaldismo/menemismo en las urnas en 1999, freno al ajuste de López Murphy, plan de lucha para enfrentar el proyecto de “déficit cero” y explosión social post-corralito) fueron la clave para comprender la desarticulación total de la hegemonía social del proyecto neoliberal.

La crisis orgánica se manifestó con claridad en la segunda mitad de 2001 con la creciente fuga de capitales, la multiplicación de monedas paralelas (públicas y privadas), la profundización de la recesión, el aumento en el voto nulo/blanco/ausentismo en las elecciones legislativas de 2001 y las protestas (cacerolazos, saqueos, movilizaciones masivas) en diciembre.

Sin embargo, la capacidad política de los sectores populares de enfrentar el ajuste fue proporcional a nuestra incapacidad para conducir la transición desde el neoliberalismo hacia un proyecto postcapitalista. En efecto, si bien pudimos condicionar la salida, no tuvimos capacidad organizativa para disputar a los sectores dominantes la conducción de la misma. Por eso la salida de la convertibilidad se transformó en una masiva desvalorización de las mercancías (en particular, de la fuerza de trabajo) y una gigantesca redistribución del ingreso en favor del capital. Las condiciones estructurales conformadas a lo largo del neoliberalismo fueron violentamente ratificadas.

La elección de Duhalde para conducir el proceso transicional dio cuenta del éxito estructural del neoliberalismo (y su última etapa, la convertibilidad): a 10 años de iniciado ese proceso se ha consolidado en Argentina un proyecto neodesarrollista (“capitalismo serio” como gusta decir la Presidenta) articulado en torno a las fracciones que se convirtieron en hegemónicas dentro de las clases dominantes a lo largo del ciclo neoliberal (el gran capital transnacionalizado, “nacional” y “extranjero”, con base en el saqueo de las riquezas naturales y la superexplotación laboral).

A una década del fin del ciclo neoliberal, los sectores populares nos encaminamos -en mejores condiciones que entonces- a la construcción de una alternativa social y política al proyecto de la burguesía. Sólo la lucha, la organización, la fuerza de nuestras convicciones y nuestra capacidad de aprovechar las circunstancias históricas podrán conducirnos al éxito.

* Investigador CONICET. Profesor UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Recientemente ha publicado el libro “Un estudio sobre la crisis en un país periférico. La economía argentina del crecimiento a la crisis, 1991-2002” a través de Editorial El Colectivo. marianfeliz@gmail.com / marianfeliz.wordpress.com

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