Argentina: modelo siglo XXI

Argentina: modelo siglo XXI

[aparecida en Análisis 365 Revista Digital, 2 de mayo de 2012; http://www.analisis365.com/2012/05/02/argentina-modelo-siglo-xxi-mariano-feliz/]

Por Mariano Féliz*

La reciente decisión del gobierno argentino de re-estatizar parcialmente la empresa petrolera YPF (expropiándola de manos de la “española” REPSOL) ha sido presentado como un acto de pura soberanía y de profundización de un modelo de desarrollo en las antípodas del proyecto neoliberal de los noventa. Sin embargo, la realidad de la política económica del gobierno de Cristina Fernández (y de su esposo, Néstor Kirchner, quien la antecedió en el cargo) es que profundiza los rasgos más negativos de un modelo de país construido a lo largo de 30 años de neoliberalismo.

El proyecto de desarrollo, que el actual gobierno argentino busca consolidar, se sustenta en la confirmación de un modelo productivo basado en el saqueo de las riquezas naturales y la super-explotación del trabajo, sin cuestionar el peso extraordinario que tienen las corporaciones transnacionales en la economía. La promoción de la minería a cielo abierto y la defensa a ultranza del cuasi-monocultivo de la soya transgénica, se impulsan en paralelo con la persistencia estructural de niveles de precariedad laboral elevados, pobres condiciones de empleo y alta inflación (si bien las estadísticas oficiales han sido alteradas para ocultar muchos de estos fenómenos).

El proyecto neo-desarrollista busca consolidar en Argentina un “capitalismo serio” que permita al país crecer y garantizar las condiciones para el pago de la deuda externa, bajo el comando de las transnacionales que dominan 80% de la producción entre las empresas más grandes. Para ello, la política económica vigente desde 2003 intenta mantener la competitividad de las empresas exportadoras aceptando niveles de explotación laboral y bajos salarios que se contraponen con el discurso oficial de “crecimiento con inclusión social”. Mientras la “inclusión social” se apoya en la redistribución limitada y parcial del ingreso a través de las políticas sociales, el objetivo primario de la competitividad se promueve con multimillonarios subsidios a las corporaciones más grandes y con una política laboral que busca mantener los aumentos salariales dentro de los límites de la productividad, garantizando las ganancias empresariales por sobre todo.

Frente a la realidad de un desarrollo capitalista periférico, otros objetivos (como la industrialización, la redistribución del ingreso y la inclusión social) se mantienen en un espacio declamativo. La industria manufacturera ha crecido pero sin superar el peso que tenía en los años ochenta, la desigualdad de ingresos baja pero está muy lejos aún de los valores alcanzados a comienzos de la década del setenta y la “inclusión social” se encuentra teñida por la persistencia de la pobreza por ingreso, el empleo precarizado y pésimas condiciones de hábitat para grandes porciones de la población. La industria (controlada por el capital extranjero) representa poco más del 20% del PBI (en contraste con el 35% que representaba en los años setenta). Por otra parte, según la Central de los Trabajadores Argentinos, cerca de 20% de la población está por debajo de la línea de la pobreza y las estadísticas oficiales reconocen que cerca de la mitad del empleo asalariado en el sector privado está precarizado.

Estos elementos no niegan que el proceso iniciado en 2003 ha producido cambios. La derrota del neoliberalismo a través de la crisis de 2001 y 2002, permitió que la histórica lucha de las organizaciones populares se tradujera en modificaciones significativas en diferentes dimensiones: se produjeron avances en los juicios por las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar (1976-1983), se aprobó una nueva ley de medios audiovisuales, y la ley de matrimonio igualitario, entre otras.

Sin embargo, los cambios en el campo económico carecen en su mayoría del peso estructural y la orientación estratégico-política que les permitiría transformar radicalmente el país superando el capitalismo. La re-estatización de varias empresas y servicios públicos privatizados en los noventa (el correo, una de las distribuidoras de aguas, el sistema de jubilaciones y pensiones y ahora YPF, entre otras) han sido acciones tomadas al calor de la urgencia (evitar el colapso de un servicio público, aumentar los ingresos del Estado) antes que por una genuina concepción de la necesidad de una gestión social (pública, democrática, participativa, con control popular) para esas actividades.

En el reciente caso de YPF, por ejemplo, la re-estatización parcial busca en realidad abrir la puerta a nuevos socios privados transnacionales con el fin de evitar la profundización de la crisis energética que ha resultado de mantener durante 9 años de gobierno kirchnerista la privatización generalizada de la producción de combustibles y energía. En ese período, el gobierno pretendió mantener el control privado de la explotación de combustibles, llegando a una situación en la que debía subsidiar la importación de hidrocarburos debido a la caída en los niveles de reservas y producción de gas y petróleo.

El gobierno insiste en caracterizar el actual proceso de reformas como un programa nacional y popular. Sin embargo, el carácter nacional del programa de gobierno sólo se vislumbra en el avance y enriquecimiento de un puñado de amigos y socios de los funcionarios públicos, mientras que se mantiene el peso superlativo de los grandes capitales de origen trasnacional en el conjunto de los sectores de la economía. En lo que respecta al lugar del pueblo en la construcción política del kirchnerismo, la realidad es que el mismo es invocado usualmente a apoyar al gobierno o defender el “modelo”. Casi nunca se convoca al pueblo a involucrarse en la gestión concreta de las políticas públicas, orientando las políticas o controlando activamente (con su participación protagónica). En Argentina el pueblo sigue siendo el convidado de piedra.

Luego de una década de haber derrotado al neoliberalismo, el pueblo argentino todavía tiene pendiente la tarea de iniciar un camino de superación del capitalismo. Si bien el proceso político iniciado en 2003 ha permitido detener el avance del proyecto neoliberal, los sectores dominantes bajo la hegemonía del gran capital trasnacional han conseguido (a través del kirchnerismo) contener y moderar las demandas de cambio social que impregnaron la segunda mitad de los años noventa. De esa forma, con la neutralización parcial de la radicalidad de las exigencias populares y la consolidación de un nuevo patrón de acumulación capitalista periférico, la Argentina se encamina a su segunda década de neodesarrollismo posneoliberal.

* Economista argentino. Profesor de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Investigador del CIG-IdIHCS del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Blog: marianfeliz.wordpress.com Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: