Socialismo del siglo XXI: contradicciones, barreras y posibilidades.

Contradicciones y posibilidades

Por Mariano Féliz y Melina Deledicque *

[Publicada en Página/12, 1 de octubre de 2012; http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-204602-2012-10-01.html]

Hasta fines de los años ochenta, Venezuela era conocida fundamentalmente por su petróleo, sus playas y sus Miss Universo. En 1989, en el estallido popular denominado Caracazo, el pueblo venezolano decidió comenzar a dar vuelta la historia. En 1992, el comandante Hugo Chávez encabezó un nuevo alzamiento contra el neoliberalismo y, si bien fracasó, abrió una esperanza. Veinte años después, Venezuela está a la vanguardia del cambio posneoliberal en la región.

Venezuela es un país basado en el rentismo petrolero y ejemplo de los costos de seguir ese camino. El proceso iniciado en 1998 intenta –trabajosamente y lejos de la perfección– avanzar en un cambio copernicano que aproveche los ingresos extraordinarios de la explotación petrolera (que representa casi la totalidad de las exportaciones) para otorgar a millones de venezolanos los derechos sociales básicos y, a su vez, pueda conformar las bases de un nuevo proyecto social-político, que desde 2006 se conoce como Socialismo del siglo XXI.

El primer gran paso en esta dirección fue la recuperación para el pueblo de la empresa Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en el año 2003, ciento por ciento estatal e instrumento clave en la redistribución social de la renta petrolera, equivalente a casi la mitad de la recaudación fiscal. Con la “siembra petrolera”, el gobierno bolivariano ha avanzado en la construcción de ciudadanía para los millones que habitan las barriadas populares de Caracas y más allá las cuales no existían para el Estado. Ese proceso involucró la promoción de la organización popular en el relevamiento de las necesidades barriales y en su solución a través de una multitud de misiones que permitieron conformar una red de mercados populares para luchar contra la especulación y la inflación, crear miles de salas médicas que desarrollan la salud preventiva, impulsar campañas que erradicaron el analfabetismo, entre otras. En menos de una década, millones de venezolanos/as accedieron a bienes y servicios que les fueron históricamente negados por las elites gobernantes.

Esa estrategia es acompañada de una política de desarrollo que busca garantizar la soberanía alimentaria y productiva del país. A través de convenios de cooperación e intercambio solidario con las naciones aliadas, el gobierno ha conseguido la construcción de decenas de emprendimientos para la producción de alimentos, bienes de consumo y maquinaria. Estos intercambios compensados buscan superar la lógica del comercio capitalista, apuntalando la posibilidad de sacar a Venezuela de años de dependencia importadora. La misión Gran Vivienda Venezuela, que concluirá sus primeros dos años construyendo 300 mil casas nuevas, se apoya en el aporte material y humano de Rusia, Bielorrusia, China y otros socios, y en una multitud de emprendimientos autogestivos.

El proyecto de revolución del siglo XXI en Venezuela busca –con dificultades y limitaciones– construir un nuevo tipo de Estado en un nuevo tipo de sociedad. A través de las leyes del Poder Popular (aprobadas en 2010) se impulsa, financia y apoya la auto-organización popular por la vía de miles de consejos comunales y decenas de comunas socialistas en construcción. Si el pueblo logra aprovechar la oportunidad que estos instrumentos proporcionan, ellos podrán conformarse en experiencias embrionarias de formas de auto-gobierno popular que desplacen al Estado burgués que todavía prevalece. El principal riesgo es el uso clientelístico y burocrático que en muchos casos impera. A estas nuevas formas organizativas se las intenta complementar con la promoción de nuevas formas de propiedad comunitaria y cooperativa que impulsen otro estilo de desarrollo.

El camino del Socialismo del siglo XXI está plagado de barreras. Los propios aparatos del Estado existente suelen bloquear las iniciativas populares por el peso de viejas estructuras políticas. En una alianza de gobierno que lejos está de ser ejemplo de pureza ideológica o política, Chávez sigue siendo fundamental como factor de unidad pero también de radicalidad. La política macroeconómica enfrenta las barreras de una economía capitalista aún minada por grandes empresas que pretenden continuar imponiendo sus intereses al proyecto colectivo. Por sobre todas las cosas, enfrenta la dificultad de avanzar en un cambio trascendental en una región donde Argentina y Brasil buscan imponer proyectos neodesarrollistas de capitalismo periférico. La incorporación de Venezuela al Mercosur (estrategia de integración de raíz neoliberal) plantea el interrogante sobre las posibles contradicciones con la apuesta de una integración posneoliberal en el ALBA. Venezuela es hoy el faro que ilumina un posible horizonte de superación del desarrollo capitalista. La continuidad y profundización de ese proceso son la esperanza de los pueblos del mundo en esta etapa de crisis y cambios en el capitalismo a escala internacional.

* Miembros del Centro de Estudios para el Cambio Social.

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