Chevron, Vaca Muerta y el proyecto neodesarrollista. ¿Es posible una alternativa energética para el buen vivir?

[nota aparecida en Página/12, 5/agosto/2013, con el título de “Apostar por el buen vivir”; http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-226039-2013-08-05.html%5D

El acuerdo YPF – Chevron avanza contra los derechos populares sobre los bienes comunes y profundiza la integración dependiente de nuestro país.

“Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende” Arturo Jauretche.

Hidrocarburos por ‘fracking’, el combustible del neodesarrollismo.

El acuerdo del Estado con la trasnacional Chevron, perfecciona la ecuación energética del proyecto de capitalismo en serio, creando las pre-condiciones para convertirnos en nación petrolera.

El acuerdo revierte la retórica anti-imperialista agitada por el gobierno y los enemigos del Pueblo se convierten en socios indispensables, que aportan recursos y saber técnico. Sin embargo, la inversión de Chevrón representará un porcentaje ínfimo de los recursos necesarios, que serán aportados mayoritariamente por YPF, quien por su parte ya usa las tecnologías de punta.

Hasta la salida de Repsol, la estrategia había sido mantener el esquema de concesiones petroleras a empresas privadas creado en los años 90. Erróneamente se esperó que ellas invirtieran mientras el gobierno mantenía bajos precios para los combustibles a través de subsidios masivos. Resultado: el igual que Repsol, Chevron desinvirtió y fugó capitales. Esa política llevó al agotamiento de las reservas, a la creciente importación de combustibles y a la consolidación de una matriz energética y un patrón de consumo apoyado en combustibles fósiles.

Con la re-estatización parcial de YPFSA, el kirchnerismo dió un giro inesperado. La empresa sería la base de una nueva estrategia: convertir a la Argentina en país exportador neto de combustibles a partir de las explotación del gas/petroleo no convencional con las técnicas de la factura hidráulica (o “fracking”), cuyo elevado costo socio-ambiental ha llevado a varios países a prohibirla. Más allá de cualquier beneficio económico mediato o inmediato de esa decisión, cabe primero poner en debate la conveniencia de la explotación misma, más cuando contamos con alternativas energéticas abundantes y poco exploradas.

Ignorando las denuncias de organizaciones socio-ambientales y la decisión de pueblos que en el país votaron contra el fracking, el gobierno avanza con esta primera ‘alianza estratégica’. Chevron obtiene el derecho a la exploración y explotación en condiciones excepcionales, con exenciones impositivas multimillonarias (por 35 años), libre uso del 20% de la producción en el corto plazo (luego del quinto año del acuerdo) y posibilidad de remisión al exterior de todas las utilidades obtenidas. El acuerdo habilita a todas las empresas que ya operan en el país a avanzar en proyectos similares y con similares beneficios.

La soberanía popular sobre las riquezas naturales permanece en el discurso oficial pero cambia de contenido, desnaturalizándola. El capital financiero sigue pesando en la dirección de YPF que permanece como sociedad anónima cotizando en la bolsa. La soberanía energética se reduce a la exportación de hidrocarburos. A diferencia de la experiencia de países del ALBA, Argentina mantiene una política que cede al sector privado 2/3 de las explotaciones para el saqueo de nuestras riquezas. El reciente decreto del gobierno nacional crea un marco más propicio para que las provincias sigan avalando la depredación del subsuelo. La normativa continúa cediendo a la jurisdicción extranjera la resolución de las controversias entre las partes, abandonando el derecho soberano de la justicia argentina.

Más allá del neodesarrollismo. Una política energética para el buenvivir.

Se profundiza una patrón periférico de inserción internacional de la economía. A la sojización transgénica y la mega-minería a cielo abierto, se agregan los hidrocarburos no convencionales al eje extractivista de producción para la exportación. La nación organizada como plataforma de exportación de productos primarios o manufacturas básicas para beneficio de las trasnacionales y nuestros socios comerciales.

Frente a un destino presentado como inexorable pero providencial, es indispensable comenzar un nuevo camino que nos re-posicione como nación enmarcada en un proyecto popular en la Patria Grande.

Primero, la política de hidrocarburos debe nacionalizar las reservas, desplazando al capital privado. Esto supone suspender las nuevas concesiones a la vez que se anulan las existentes, con YPF recuperando el control de estos bienes comunes. El ejemplo venezolano de control 100% estatal sobre todas las explotaciones de riquezas naturales o la estrategia ecuatoriana de no explotar los hidrocarburos bajo el parque nacional Yasuní para proteger su biodiversidad, son ejemplos de alternativas viables.

Debe reencauzarse la política energética orientando recursos, hoy derrochados en estos proyectos altamente costosos, hacia el desarrollo local de tecnologías de producción de energía renovable de menor impacto social y ambiental. La superación a mediano plazo de la dependencia de los hidrocarburos, la energía hidroeléctrica y nuclear pude ser impulsada por una nueva YPF, transformada en sociedad de gestión popular en lugar de sociedad anónima, y convertida en empresa de producción de energías sustentables.

Tercero, la nueva matriz de generación debe ser acompañada por una estrategia de reducción del consumo suntuario de energía, alterando los patrones de consumo y las tecnologías de producción en empresas. Esto requerirá revisar el conjunto de las políticas de transporte, vivienda e infraestructura (entre otras) en pos de construir nuevas formas de vida social que respeten a la naturaleza y promuevan el uso racional de la energía y los bienes comunes.

En definitiva, frente al acuerdo de Chevron-YPF (que no es más que la más reciente expresión de la política del neodesarrollismo en la periferia), la alternativa es avanzar en una dirección que tenga por horizonte el buen vivir.

Por Mariano Féliz (investigador CONICET, profesor UNLP, miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social).

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