¿Crisis del proyecto neodesarrollista en Argentina? Límites y alternativas para la superación de una estrategia de desarrollo.

¿Crisis del proyecto neodesarrollista en Argentina? Límites y alternativas para la superación de una estrategia de desarrollo.

Por Mariano Féliz.

[Artículo concluido el 20/9/2013. Publicado en Batalla de Ideas, diciembre, 2013]

Introducción

La tumultuosa salida de la convertibilidad a fines de 2001 supuso el fin del proyecto neoliberal en Argentina (Féliz, 2011). Comenzaba una etapa de redefinición del programa hegemónico ahora apoyado en las bases construidas en y a través del neoliberalismo (Féliz y López, 2012). Bajo la dirección del gran capital trasnacionalizado, las clases dominantes comenzaron el arduo e incierto camino de la conformación de un nuevo bloque histórico posneoliberal que, bajo su liderazgo, pudiera reencauzar la valorización y acumulación de capital en el espacio de valor argentino.

A través de la canalización, neutralización y represión, en magnitudes variables, de las fuerzas políticas y sociales con mayor capacidad disruptiva, luego de la transición duhaldista, fue perfilándose primero (2003-2004) y luego consolidándose (2005-2007) un nuevo proyecto de desarrollo capitalista periférico y dependiente. A partir de 2003, bajo la articulación política del kirchnerismo (como fuerza política hegemónica en el Estado), la normalización conflictiva de las demandas sociales (Dinerstein y otros, 2008) y la conformación de una nueva estrategia de política económica (Féliz y López, 2012) permitieron la reproducción y consolidación de las bases estructurales de un nuevo patrón de valorización/acumulación de base neoextractivista sostenido en la superexplotación de la naturaleza y de la fuerza de trabajo que hemos denominado neodesarrollismo (Féliz, 2011b).

El perfeccionamiento institucional del saqueo neoextractivista de los bienes comunes y las riquezas naturales permitió el aprovechamiento de la coyuntura internacional promovida por el “Consenso de los Commodities” (Svampa, 2013) y por un cambio estructural en el ciclo global del capital que fuera producto de la reestructuración y transnacionalización del capital impuesta por el neoliberalismo y de la irrupción de China en el mercado mundial a fines de los años noventa.[1] La consecuente expansión explosiva de la renta extraordinaria, en especial ligada a la sojización y la mega-minería a cielo abierto, contribuyeron a crear una masa de plusvalor excedente que complementando a la super-explotación estructural de la fuerza de trabajo, permitió un sobre-crecimiento del PBI de ribetes históricos (7,2% promedio anual entre 2003 y 2012).[2]

Barreras, límites y ¿agotamiento del neodesarrollismo?

La consolidación del proyecto neodesarrollista en Argentina no estuvo exenta de contradicciones, manifiestas en barreras sucesiva aunque temporalmente desplazadas en tiempo y espacio. Esas contradicciones surgen del enfrentamiento material entre clases y fracciones de clases por la apropiación y control del ciclo valorización del capital. Su movimiento se hace manifiesto a través del surgimiento de barreras (vulnerabilidades, desequilibrios, conflictos) que tienden a poner en cuestión distintas dimensiones y facetas del proceso de reproducción social.

Desde los inicios del proyecto, y con mayor claridad a partir de 2007, la tendencia inflacionaria, la creciente insolvencia del sector público, la pérdida de competitividad internacional del capital (en particular, de sus fracciones no rentistas) y la (re)industrialización trunca presionan sobre las posibilidades de reproducción ampliada del ciclo del capital local (Féliz, 2013). Estas se convierten en algunas de las principales barreras en el neodesarrollismo y crean dudas cada vez mayores sobre la capacidad hegemónica del bloque en el poder, pues esas barreras ponen en cuestión las promesas del propio proyecto hegemónico: la posibilidad de crear un ‘capitalismo en serio’ que garantice el ‘crecimiento con inclusión social’.

Primero, la tasa de inflación se dispara por encima del 15% anual, alcanzando picos de 25%. En un contexto de precarización estructural extendida de la fuerza de trabajo y una política social amplia pero de beneficios mínimos e insuficientes, esa situación tiende a deprimir las posibilidades de recomposición en los ingresos populares. En simultáneo, en una economía como la Argentina (muy integrada al mercado mundial y dependiente de las exportaciones), la pérdida de competitividad del capital por factores endógenos y por el impacto de la crisis capitalista a escala global restringen las posibilidades de crecimiento en los niveles de empleo. Ambos procesos tienden a desarticular uno de los pilares de la legitimidad social del proyecto hegemónico (crecimiento del empleo y redistribución progresiva del ingreso). Desde 2008 la participación de los salarios en el ingreso no logra superar los mejores niveles de comienzos de los años noventa.

Por otra parte, la combinación de una trasnacionalización extendida del gran capital, el peso de la renta extraordinaria y la caída en la competitividad, tienden a socavar la tasa de inversión restringiendo los aumentos de productividad, limitando las posibilidades de un patrón de (re)industrialización que pueda sostener estructuralmente una redistribución de los ingresos a favor de los sectores populares.[3] Un proceso industrial orientado fundamentalmente a las manufacturas básicas de productos primarios para la exportación (alimentos, combustibles, metales básicos) no logra generalizarse al resto de las ramas y se presenta limitado por el peso de “nuevos” socios (Brasil, China) que compiten con amplias ventajas en la mayoría de las manufacturas de medio y alto valor agregado.[4] A su vez, las bajas tasas de inversión en la producción de medios de producción (maquinaria, piezas y equipos) y la presión del consumo suntuario inflexible por parte de las clases sociales dominantes, exacerban las tensiones inflacionarias pues limitan el crecimiento de la capacidad instalada en particular en las ramas productoras de medios de consumo popular.

Además, la baja competitividad relativa de la industria manufacturera se traduce en un deterior sistemático del sector externo. Cada vez más sectores manufactureros se convierten en deficitarios (Azpiazu y Schorr, 2010). A esto se agrega una política energética que ha conducido a la generación de un creciente déficit externo en esa rama, por la importación cada vez mayor de combustibles. La creciente fragilidad en el frente externo (expresado en la caída en las reservas internacionales) ha sido atacada con una poco eficaz combinación de devaluación controlada (pero progresiva) del peso y –a partir de 2012- de la aplicación de restricciones, poco claras o sistemáticas, en la compra-venta de divisas para el atesoramiento, las importaciones, y el turismo internacional.[5]

En cuarto lugar, la necesidad de canalizar institucionalmente la conflictividad social en el marco de condiciones estructurales de privación material y precarización de la vida para amplios sectores del pueblo trabajador, requiere la ampliación de la esfera de las políticas sociales compensatorias (Féliz y Pérez, 2010; Féliz y López, 2010): planes sociales, asignación ‘universal’ por hijo/a, jubilaciones y pensiones mínimas. A esta situación se suma una política de infraestructura (transporte y energía, fundamentalmente) de costos crecientes y eficacia decreciente y la decisión de continuar “pagando serialmente” –pero sin auditar- la deuda externa.[6] Ambos elementos colisionan con una política tributaria de base neoliberal (alta carga impositiva sobre el consumo y los ingresos de los/as trabajadores/as, y baja carga sobre las distintas formas del capital, los altos ingresos y la riqueza) que no permite ampliar el financiamiento genuino y sostenible de un gasto público creciente (Féliz, 2013: 97).[7]

Luego de la consolidación del proyecto neodesarrollista, sus barreras se acrecientan a partir de 2008 y hacia 2013 parecen convertirse en límites de la estrategia kirchnerista para su reproducción ampliada. Esos límites se manifiestan en forma de crisis acotadas y parciales aun, que desde el Estado buscan ser reconducidas productivamente (para la reproducción social del capital) en un intento de sostener la acumulación y la legitimación social de las fuerzas políticas hegemónicas (el kirchnerismo).

¿Hacia un neodesarrollismo sin kirchnerismo?

Luego de 2009 el proyecto neodesarrollista en su forma inicial (kirchnerista) parece entrar en una crisis transicional. Se agotan las condiciones que favorecieron su consolidación y tienden a perder capacidad hegemónica la práctica y discurso de las fuerzas políticas en la conducción del Estado.[8]

Esa crisis transicional del neodesarrollismo expresa no tanto la crisis del proyecto hegemónico de las clases dominantes sino un debilitamiento de la capacidad de síntesis sistémica de las fuerzas políticas en el Estado (kirchnerismo). La base estructural del proyecto de desarrollo (neoextractivismo de base trasnacional, saqueo de las riquezas naturales, y super-explotación de la fuerza de trabajo) no pierde capacidad de crear las condiciones materiales para la valorización y acumulación del capital. La rentabilidad del conjunto del gran capital se mantiene en niveles elevados y el crecimiento económico se reduce y torna inestable (aunque se mantiene relativamente alto). La tasa de ganancia media del gran capital entre 2008 y 2011 se encuentra en 13,9% en contraste con 14,4% entre 2003 y 2007 (más baja pero superior a la media de 1993-1998, que fue 10,1%). El crecimiento promedio del PBI entre 2003 y 2007 fue de 8,8% cayendo a sólo 4,8% entre 2008 y 2013, con al menos dos años de crecimiento menor al 1%.

Lo que ocurre es que las barreras del proyecto neodesarrollista inicial comienzan a violentar las bases de su legitimidad social. La propuesta de capitalismo en serio apoyado en el “crecimiento con inclusión social”, redistribución de ingresos y reindustrialización pierden “realidad” en tanto el país se acerca a un lustro de estancamiento relativo. Las promesas del proyecto posneoliberal parecen convertirse en ilusión. El empleo pasa de un crecimiento anual de 6,1% entre 2003 y 2007 a sólo 1,85% entre 2008 y 2012; en paralelo, los salarios reales se casi no crecen.

Las distintas manifestaciones de los límites del proyecto trasmutan políticamente en la fragmentación de las coaliciones políticas que confluían en torno al kirchnerismo en la primera etapa: la Confederación General del Trabajo (CGT) se fractura en al menos 3 corrientes principales, la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) sufre una crisis y división histórica, la Unión Industrial Argentina (UIA) comienza a presentar fisuras en su apoyo al proyecto de desarrollo. La coalición justicialista conducida por el kirchnerismo se fractura y presenta como alternativas sucesorias a sectores, liderados por Scioli y Massa respectivamente, que presentan un perfil más acorde a la necesidad de contener y canalizar productivamente las tensiones del proyecto neodesarrollista en la nueva etapa.[9]

Las fracciones sociales hegemónicas buscan a través de esas opciones políticas canalizar la necesidad de superar los límites impuestos por la etapa de consolidación del neodesarrolismo. Desde el Estado, el kirchnerismo –más allá de la difícil coyuntura que enfrenta su propia estrategia- comienza a crear los medios para esa superación buscando permanecer como fuerza política en la conducción del gobierno.

Primero, ven indispensable articular institucionalmente los esfuerzos tendientes a fortalecer el patrón de acumulación centrado en el saqueo de las riquezas naturales. En tal sentido apuntan los proyectos del Plan Estratégico Industrial 2020 (PEI2020) y el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2020 (PEAA2020). Ambos proyectan al mediano plazo las políticas de inversión pública en infraestructura, en ciencia y tecnología, etc., orientadas a apuntar un salto exportador en las ramas industriales vinculadas al extractivismo (Féliz, 2013b). Ambos planes estratégicos son parte de las medidas que buscan profundizar y acelerar el pasaje a una etapa de acumulación más intensiva, con mayores tasas de inversión y crecimiento de la productividad.[10]

En segundo lugar, se ha decidido abortar la fallida estrategia energética (que concluyó con la expulsión de REPSOL y el cuasi-agotamiento de facto de las reservas de combustibles fósiles) y avanza con resolución para corregir el déficit energético a mediano plazo y convertir a la Argentina en una nación petrolera (exportadora neta de hidrocarburos) sobre la base de la explotación de yacimientos no convencionales con las cuestionadas técnicas de fractura hidráulica.[11] El control estatal de YPFSA, el decreto 929/13 (que habilita esa modalidad de explotación y el ingreso de la multinacional estadounidense Chevron y otras compañías al negocio[12]) y la Constitución Nacional de 1994 son las bases de esa transformación.[13]

En tercer lugar, el gobierno intenta con grandes dificultades conformar una suerte de nuevo Pacto Social, con las organizaciones empresariales y sindicales más afines a su estrategia. El objetivo es conformar un equilibrio que logre articular “en el mismo hito … el proceso de formación de capital y la fórmula distributiva” (como propone Curia, 2007: 120). Para ello busca crear el marco institucional que asegure que la matriz distributiva se estabilice en los parámetros actuales con menores niveles de conflictividad e incertidumbre.[14] Es decir, consolidar las condiciones para impulsar un salto en la inversión productiva pero cuyos resultados no puedan ser disputados por el pueblo trabajador, sino que sean apropiados mayormente por el capital de manera de dar un salto en la competitividad. En tal sentido avanza la decisión de ampliar los plazos de las negociaciones colectivas más allá de un año y con aumentos escalonados, y la conformación del espacio “Encuentro de Diálogo Social” convocado desde el Poder Ejecutivo.[15]

En síntesis, la etapa actual caracteriza tanto el agotamiento de la etapa de consolidación del neodesarrollismo en Argentina como por un nuevo comienzo dentro del mismo proyecto, el de la etapa de su intensificación probablemente sin kirchnerismo. Si los sectores dominantes logran articular la transición y la coyuntura internacional acompaña (en particular, si Brasil y China mantienen su ritmo de acumulación), la etapa de crecimiento acelerado con redistribución y recuperación parcial de los ingresos populares se verá sucedida por una de menor ritmo de acumulación con mayor intensidad (mayor tasa de inversión fija y crecimiento de la productividad e intensidad laboral, expansión del peso relativo de las exportaciones y caída relativa en el peso del consumo agregado, en especial del consumo popular). En esa nueva etapa, el deterioro de las condiciones objetivas para la redistribución progresiva del ingreso y la búsqueda de mayor intensidad en el proceso de valorización, probablemente llevarán al bloque hegemónico a articularse en torno a un mayor peso relativo para la coerción y menor peso para el consenso.[16]

Alternativas populares más allá del neodesarrollismo.

¿Hay alternativas viables ante la profundización probable del proyecto neodesarrollista? ¿Cuáles son las posibilidades de avanzar en un sentido que permita superarlo como estrategia de desarrollo y favorezcan el avance de un proyecto societal de orientación popular, anti-capitalista?

El proyecto neodesarrollista parte de una lectura renovada de un viejo adagio neoliberal: el crecimiento económico es la base del desarrollo. La versión original hablaba del ‘efecto derrame’ a partir del cual la mayor producción de riqueza social se distribuiría eventualmente al conjunto de la sociedad. El neodesarrollismo en su versión kirchnerista propone el ‘crecimiento con inclusión social’.

Esa visión ha comenzado a entrar en crisis pues el neodesarrollismo parece haber encontrado un límite en esta etapa en su capacidad de acumulación productiva del plusvalor (forma del excedente en el capitalismo). Su respuesta ha sido –está siendo- intensificar la explotación del trabajo, acrecentando su productividad y sosteniendo su apropiación y uso capitalista.

Frente a la estrategia dominante, un proyecto alternativo, de superación del neodesarrollismo supone, al menos, abordar los siguientes ejes problemáticos.[17]

Primero, es necesario poner en cuestión la primacía del crecimiento y la competitividad como ejes de la estrategia de desarrollo. Esos preceptos ponen los valores del capital (maximizar la rentabilidad y el ritmo de acumulación) por delante de las necesidades de satisfacer las demandas del conjunto del pueblo trabajador. Una estrategia alternativa debe poner en primer lugar la producción de valores de uso por sobre la producción de valores de cambio. Ese criterio que eleva el peso de la dimensión cualitativa por sobre la cuantitativa en el proceso de producción y reproducción social, supone direccionar las políticas estatales, por ejemplo, a favor de la producción para la satisfacción de las necesidades populares (en vivienda, transporte, o alimentación) en lugar de la producción para la exportación y el saqueo de las riquezas naturales, o la producción de energía a favor de alternativas respetuosas de la Pachamama y las comunidades locales en lugar de opciones vinculadas a la super-explotación de riquezas naturales con técnicas destructivas y contaminantes (como la estrategia actual de producción de hidrocarburos no convencionales o la energía nuclear).

Segundo, en ese mismo sentido, debe avanzarse en una estrategia de socialización y desmercantilización de la producción y provisión de los bienes y servicios estratégicos, desde la telefonía, la energía y el transporte a la salud, la seguridad social y la educación, entre otras áreas. Esto no sólo requiere revolucionar el financiamiento al Estado (ampliando la base imponible sobre la renta extraordinaria y el capital en su conjunto) sino cambiar radicalmente la política de subsidios y exenciones impositivas y la forma de gestión de lo público, superando la herencia neoliberal. Entre otras cosas, es necesario superar a la Sociedad Anónima como forma de gestión de la empresa pública (cuyo ejemplo tal vez más paradigmático en YPF S.A.) y el sistema de pensiones y jubilaciones del ANSES como fondo de pensión estatal.

Tercero, una estrategia alternativa requiere redimensionar el peso de las corporaciones transnacionales en la economía. Es necesario modificar las normativas legales que protegen al capital extranjero, redefinir la política de subsidios y concesiones (ej., promoción industrial en Tierra del Fuego, legislación minera y petrolera) y diseñar una estrategia para abandonar los organismos multinacionales (como el CIADI del Banco Mundial) que defienden a las transnacionales frente a los pueblos. Sin un control nacional de las ramas estratégicas, cualquier estrategia de alternativa se encontrará muy limitada pues las multinacionales organizan su actividad en el país en función de sus estrategias globales.

Cuarto, una nueva política productiva debe reemplazar la política industrial neodesarrollista que se apoya en el capital concentrado transnacional y la manufactura para la exportación sobre la base de subsidios y exenciones indiscriminadas. La estrategia hoy dominante entiende la industrialización y la sustitución de importaciones con una orientación limitada y limitante, privilegiando las manufacturas ligadas al saqueo de las riquezas naturales y las estrategias de producción global de las multinacionales. Por el contrario, una estrategia de ‘industrialización’ alternativa debe ser entendida como un conjunto de políticas orientadas a la creación de las condiciones materiales para la producción de valores de uso ligados a las necesidades populares. Es necesario promover y proteger las ramas que permitan producir localmente bienes y servicios para el consumo popular, con alta integración nacional y baja dependencia de las importaciones. Asimismo, la política industrial debe privilegiar las formas productivas no capitalistas, cooperativas, autogestivas y asociativas, que usualmente no son sujetos de crédito y son discriminadas frente al gran capital.

Quinto, en el camino de crear formas productivas que se orienten a satisfacer las demandas populares, es necesario alterar la política laboral para crear las condiciones de demanda solvente que puedan acompañar los cambios productivos. Esa política debe articular elementos cuantitativos indispensables que supongan una mayor apropiación directa del ingreso por parte del pueblo trabajador, con cambios cualitativos que mejoren las condiciones de trabajo y de vida en un sentido amplio. Por ello, si bien es necesario que los salarios populares sean protegidos contra la inflación y aumenten progresivamente para alcanzar en plazo breve el parámetro de la canasta familiar, en paralelo debe promoverse como elemento integral de la política laboral la reducción tendencial de la jornada laboral y la mejora en las condiciones y medioambiente de trabajo.

Sexto, los distintos elementos mencionados deberán articulados con una nueva política de integración del país en la región y en el mundo. Esa política debe contradecir abiertamente las propuestas de integración dependiente y subordinada que hegemoniza la estrategia neodesarrollista en el marco del proyecto Mercosur (dominado por el sub-imperialismo brasilero)  y acuerdos de intercambio con las viejas y nuevas potencias del mundo (EE.UU., Unión Europea y China). Avanzando en una integración regional que supere la visión del intercambio impuesta por las transnacionales de proyección regional, se podrá comenzar a transitar un camino en el marco del ALBA y la UNASUR, por una integración de los pueblos.

Sin ánimo de agotar aquí el debate sobre las alternativas, es claro que avanzar en estas dimensiones permitiría encaminar una transición que supere el proyecto de capitalismo posible (“serio”) en la Argentina encarnado en el neodesarrollismo.

Ese proyecto, como estrategia de las clases dominantes y sus fracciones hegemónicas, se encuentra hoy en transición. La pregunta clave es si los sectores populares seremos capaces de enfrentar la crisis transicional en el proyecto neodesarrollista (2013-2017) con posibilidades de convertirla en una crisis del proyecto e impulsar una alternativa emancipatoria, de base nacional-popular y tendencia anti-capitalista, donde la participación popular sea protagonista (Féliz, 2013c).

Referencias

Azpiazu, Daniel y Schorr, Martín (2010), Hecho en Argentina. Industria y Economía. 1976-2007, Siglo XXI Editores, Buenos Aires.

Dinerstein, Ana; Contartese, Daniel; y Deledicque, Melina (2008), “Notas de investigación sobre la innovación organizacional en entidades de trabajadores desocupados en la Argentina”, Revista Realidad Económica Nro 234, Buenos Aires.

Féliz, Mariano (2010), “La hora final del kirchnerismo”, prensadefrente.org.ar, 17 de enero, Buenos Aires (https://marianfeliz.wordpress.com/2010/01/17/la-hora-final-del-kirchnerismo/)

Féliz, Mariano (2011), Un estudio sobre la crisis en un país periférico. La economía argentina del crecimiento a la crisis, 1991-2002, Colección Orlando Fals Borda, 1a ed., Editorial El Colectivo, (500 ejemplares), 350 pgs., Buenos Aires. ISBN 978-987-1497-42-3.

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Féliz, Mariano (2013), “Capitalismo posneoliberal y buenvivir en Argentina. ¿Cómo salir de la trampa neodesarrollista?”, Revista Herramienta, 53, nueva serie, Julio-Agosto, ISSN 0329-6121, on line ISSN 1852-4710, Buenos Aires.

Féliz, Mariano (2013b), “El neodesarrollismo y la trampa de la renta extraordinaria. El caso de Argentina, 2002-2012”, Contrapunto, 2, pp. 113-129, Centro de Formación Popular del Oeste de Montevideo, Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio /UDELAR, Montevideo. ISSN 2301-0282.

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Féliz, Mariano (2013d), “Apostar por el buen vivir”, Diario Página/12, 5 de Agosto de 2013, Buenos Aires (http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-226039-2013-08-05.html).

Féliz, Mariano y López, Emiliano (2010), “Políticas sociales y laborales en la Argentina: del Estado ‘ausente’ al Estado posneoliberal”, en Féliz, Mariano, Deledicque, L. Melina, López, Emiliano y Barrera, Facundo (compiladores), Pensamiento crítico, organización y cambio social, Centro de Estudios para el Cambio Social, Editorial El Colectivo, CONICET. ISBN 978-987-1497-29-4, pp. 123-140, 310 pgs.

Féliz, Mariano y López, Emiliano (2012), Proyecto neodesarrollista en Argentina ¿Modelo nacional-popular o nueva etapa en el desarrollo capitalista?, Editorial El Colectivo, 1000 ejemplares, 128 pgs., Buenos Aires. ISBN 978-987-1505-28-9.

Féliz, Mariano y Pérez, Pablo E. (2010), “Políticas públicas y las relaciones entre capital y trabajo. Contrastes y continuidades en la pos-convertibilidad a la luz de la historia argentina”, en Figari, Claudia, Lenguita, Paula y Montés Cató, Juan (comps.), El movimiento obrero en disputa. La organización colectiva de los trabajadores, su lucha y resistencia en la Argentina del siglo XX, CEIL-PIETTE/CONICET, Fundación Centro Integral Comunicación, Cultura y Sociedad/Ediciones CICCUS, Colección Textos del Bicentenario, 1era edición (diciembre 2010), Buenos Aires (Argentina), pp. 83-103, 248 pgs. ISBN 978-987-1599-41-7.

Fernández, Cristina (2013), “Proyecto de reapertura del canje de la deuda: Palabras de la Presidenta por Cadena Nacional”, Discurso, 27 de Agosto del 2013, Buenos Aires (http://www.presidencia.gob.ar/discursos/26672-reapertura-del-canje-de-la-deuda-palabras-de-la-presidenta-por-cadena-nacional).

Fernández, Cristina (2013b), “Cena anual por el Día de la Industria: Palabras de la Presidenta de la Nación”, Discurso, 3 de Septiembre del 2013, Buenos Aires (http://www.presidencia.gob.ar/discursos/26712-cena-anual-por-el-dia-de-la-industria-palabras-de-la-presidenta-de-la-nacion).

Manzanelli, Pablo (2011), “Peculiaridades en el comportamiento de la formación de capital en las grandes empresas durante la posconvertibilidad”, Apuntes para el Cambio, 1.

Svampa, M. (2008), “Argentina: una cartografía de las resistencias (2003-2008)”, Revista OSAL, IX(24), pp. 17-49, October.

Svampa, M. (2013), “’Consenso de los commodities’ y lenguajes de valoración en América Latina”, Nueva Sociedad, (244), 30–46.


* Investigador Adjunto del CONICET, en el Centro de Investigaciones Geográficas, Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata; Profesor Adjunto Ordinario, Departamento de Sociología, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP; Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com .

[1] A través de cambios legislativos y regulatorios, desde el Estado se promovió la consolidación del proceso de agricultura transgénica y financierizada, así como la multiplicación de los emprendimientos mega-mineros (Svampa, 2008).

[2] El peso estructural de la super-explotación de la fuerza de trabajo es evidente en la persistencia de elevados niveles de precarización laboral y niveles de ingreso entre los trabajadores muy por debajo del valor de la fuerza de trabajo (Féliz y Lópéz, 2012).

[3] A pesar de obtener elevadas tasas de ganancia, los capitales más grandes limitan su inversión reproductiva a 1 de cada 5 pesos de valor apropiado (Manzanelli, 2011).

[4] El peso de la industria manufacturera en el PBI (valor agregado bruto en términos reales, a precios del productor) promedia el 16,3% entre 2003 y 2012, por debajo del 17,6% entre 1993 y 1998.

[5] Entre enero de 2008 y Junio de 2013 las reservas internacionales del BCRA caen 18% (8600 millones de dólares) mientras que el saldo de la cuenta corriente del balance de pagos es casi cero en los últimos tres años (luego de haber promediado los 7000 millones de dólares anuales entre 2003 y 2009).

[6] La presidenta de la Nación recientemente definió a la estrategia gubernamental de gestión de la deuda pública como la de un “pagador serial” (Cristina Fernández, 2013).

[7] El gobierno ha buscado ampliar sus fuentes de financiamiento (a partir del acceso a los fondos del sistema previsional y el Banco Central) sin ampliar estructuralmente la base imponible hacia las rentas extraordinarias (del agronegocio, la minería, el juego de azar o las finanzas) o aumentando la carga fiscal neta sobre el gran capital. El endeudamiento al interior del Sector Público se multiplica: la deuda del Tesoro Nacional con la ANSES, el PAMI, el BCRA y otros organismos públicos llega a 26,1% del PBI a fines de 2012 (114 mil millones de dólares).

[8] La crisis del kirchnerismo comienza en 2008 con la “batalla por las retenciones móviles”. Luego de la derrota electoral de ese año, la “radicalización” kirchnerista le permitió ganar tiempo pero su estrategia política se tornaría cada vez más incapaz de enfrentar los límites del neodesarrollismo consolidado (Féliz, 2010, 2013c).

[9] Ambas tendencias dentro del Justicialismo son variantes más conservadoras y tecnocráticas que el kirchnerismo actual y por ello –probablemente- más funcionales a la reproducción del orden dominante en una etapa de menor consenso en torno al proyecto hegemónico. Por fuera del Justicialismo, el resto de los principales ‘Partidos del Orden’ expresan con variaciones el mismo perfil pero con menos capacidad de construcción hegemónica.

[10] La productividad del trabajo (en la industria) creció 3,8% promedio anual entre 2003 y 2007, dando un salto entre 2008 y 2012 período en el que aumentó al 6,1% promedio por año.

[11] De acuerdo con información del US Energy Information Administration, Argentina contaría con las 2das reservas de gas (sólo detrás de China) y las 4tas de petróleo (detrás de Rusia, EE.UU. y China) no convencional en el mundo.

[12] El acuerdo con Chevron es significativo especialmente pues se realiza en el mismo momento en que la misma empresa es repudiada en Ecuador por su accionar depredador y contaminante. Ver más en Féliz (2013d).

[13] Cabe destacar que si la Argentina se convierte en nación petrolera, el peso político del sector agropecuario (históricamente ligado a su capacidad de proveer divisas al ciclo local del capital) se vería fuertemente disminuido. Las implicancias sociales y políticas de este cambio no pueden ser subestimadas, aunque su análisis detallado excede las posibilidades de este trabajo.

[14] En su reciente discurso por el Día de la Industria la Presidenta Fernández lo señaló claramente: “lo que es importante es que podamos debatir, podamos hablar y podamos llegar a acuerdos sustentables que nos hagan realmente llegar a la meta” (Fernández, 2013b).

[15] Y continúa “Argentina necesita arribar a acuerdos básicos para poder seguir sosteniendo este crecimiento con inclusión social” (Fernández, 2013b).

[16] Si esos países frenaran su crecimiento, esas tensiones y ese giro se verían, seguramente, acentuadas.

[17] Estas y otras propuestas alternativas están hoy presentes en los debates de una multiplicidad de organizaciones populares en la Argentina y la región. En Nuestramérica, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba dan muestras de la viabilidad de caminos alternativos al neodesarrollismo cuando la participación protagónica de los Pueblos logra ocupar un papel central en los procesos de cambio posneoliberal.

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