Falsas heterodoxias y la formación de lxs economistas

Falsas heterodoxias y la formación de lxs economistas
Mariano Féliz*
El ministro Kiciloff y la reforma de los planes de estudio.
Hace pocos días se anunció por diversos medios de comunicación la posible presencia del ministro de economía Axel Kiciloff en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. El mismo daría una conferencia sobre “la formación en economía en un un contexto de crecimiento con inclusión”.
Aunque finalmente  la conferencia fue cancelada por “problemas de agenda” del ministro, la mera posibilidad de su presencia desató un importante debate en sordina entre la comunidad de lxs economistas. La conferencia se enmarca en una lucha añeja ya en torno a la necesidad de reformar los planes de estudios de la Facultad. En particular, el plan de estudios de la llamada Licenciatura en Economía tiene ya más de 23 años y se articula en torno a la economía neoclásica, con algunos (pocos) desvíos neokeynesianos.
El debate planteado abrió de manera renovada la necesidad de establecer de forma crítica qué significa la heterodoxia en el campo de la economía política y en ese marco, qué lugar le cabe al discurso de orden neo-estructuralista desde el cual el ministro de economía pretende articular su defensa del proyecto neodesarrollista y que desde el kirchnerismo denominan de “crecimiento con inclusión”. Este debate es central porque permite entender por qué la propia Facultad anunciaba la transmisión en vivo desde su página de internet de la conferencia de alguien que vendría a defender ideas heterodoxas, aparentemente en las antípodas del discurso neoclásico neoconservador que impregna y hegemoniza la curricula y todo el departamento de economía.
Economía neoclásica, crisis y nueva ortodoxia.
La visión neoclásica se convirtió a través del neoliberalismo en el eje articulador de la caja de herramientas de los sectores dominantes para poder avanzar en la reestructuración global de la sociedad, a partir de la creciente privatización de los comunes, de la desarticulación política de las clases populares, y de la transnacionalización del capital en todas sus dimensiones. Alcanzando su punto más alto en la década de los noventa, la economía neoclásica comenzó a entrar en desgracia en los países de la periferia a caballo de un nuevo ciclo de luchas populares en alzas y frente a sus propios límites estructurales.
Esos límites, esas luchas marcaron el comienzo del fin del proyecto neoliberal en nuestra región. En algunos países como Bolivia o Venezuela ese fin de ciclo tuvo como corolario la construcción de proyectos políticos de carácter popular que permitieron, al menos, poner en cuestión y en debate desde abajo y a la izquierda la hegemonía de las históricas clases hegemónicas, abriendo un camino hacia el cambio social. En otras partes, como en nuestro país, los sectores populares fuimos incapaces de transformar la potencia rebelde en un proceso de empoderamiento popular que pudiera avanzar en la disputa por el control colectivo y democrático de la reproducción social.
Por el contrario, de la batalla por la hegemonía en 2001 y 2002 emergió el kirchnerismo como fuerza política capaz de construir un frágil equilibrio para garantizar la reproducción ampliada de la dominación capitalista. Esa nueva hegemonía estuvo sostenida en la herencia del neoliberalismo que el proyecto neodesarrollista buscará consolidar y proyectar: extractivismo y saqueo de las riquezas naturales, transnacionalización de la economía, privatización extendida de las relaciones sociales, y precarización y super-explotacion de la fuerza de trabajo. Ese es el marco en el que neo-estructuralismo comienza a presentarse como alternativa “heterodoxa” frente a la ortodoxia neoliberal.
El neo-estructuralismo surge así como una nueva caja de herramienta adaptada a las necesidades de las fracciones ahora dominantes. Se convierte, sin decirlo, en la nueva ortodoxia que permitirá garantizar las condiciones para la expansión del capital. Provee el conjunto de orientaciones prácticas para fundamentar la construcción de un nuevo proyecto de desarrollo capitalista posible en la periferia. Esas prácticas incluyen, por un lado, una nueva forma de intervención del Estado, un nuevo conjunto de políticas públicas, sociales y laborales construidas para contener la conflictividad social y canalizarla productivamente para el capital en un marco estructural en el cual la precarización del trabajo y de la vida se consolidan de manera extendida. Al igual que en los años noventa, estas políticas son apoyadas y financiadas por los organismos internacionales de crédito. El crecimiento con inclusión sólo es un argumento retórico que pierde fortaleza a medida que el neodesarrollismo se consolida en el país y así lo hacen sus consecuencias: saqueo de las riquezas naturales, precarización generalizada del empleo, salarios por debajo de la canasta familiar, etc. Por otra parte, el neo-estructuralismo construye un discurso que permite al Estado adaptar la práctica de integración a las viejas potencias imperiales (Estados Unidos y Europa) y abre el camino para una nueva forma de articulación subordinada y dependiente a las potencias regionales y mundiales emergentes en el sur global: el subimperialismo brasileño y la neo-imperialismo chino.
Nuevas ortodoxias y la formación de economistas políticos.
En definitiva, lo que es presentado como heterodoxia no es más que la nueva ortodoxia, la ideología dominante adaptada a las necesidades de las clases en el poder en la etapa actual del desarrollo del capitalismo en la periferia. La aparente heterodoxia es una nueva forma de la economía política del capital adaptada a los nuevos tiempos, a los tiempos del capital transnacional. La simetría entre neoliberalismo y neodesarrollismo se hace evidente en la medida en que la crisis transicional en el capitalismo vernáculo avanza y el “crecimiento con inclusión social” se transforma en breve plazo en “estancamiento con sintonía fina”.
La verdadera heterodoxia debe ser la base de una otra economía política, de un proyecto social alternativo que sea la superación del capitalismo. Sólo esa economía política del pueblo trabajador puede construir el fundamento de un proyecto de formación de las y los economistas politicos que puedan servir para ser parte de un cambio social radical, con el pueblo como actor protagónico.

Profesor UNLP. Investigador CONICET. Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional.

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