Cambiemos en su laberinto

Ponencia presentada en el taller de Economistas de Izquierda realizado en Julio de 2016.

Cambiemos en su laberinto

Mariano Féliz

 

Texto definitivo concluido el 10 de agosto de 2016.

Herencias y trampas del primer neodesarrollismo

El programa de Cambiemos se construye sobre la herenciad de 12 años de consolidación de la hegemonía neodesarrollista. Ese proyecto societal de las clases dominantes se conformó en un pecado original: la derrota política (aunque no societal) del proyecto neoliberal entre 1998 y 2001. Esa derrota se sintetizó en el QSVT (‘Que se vayan todos’) y marcó a fuego la forma de la reconstitución de la legitimidad social de un proyecto capitalista. El kirchnerismo (como fuerza política de síntesis emergente del sistema de los partidos del Orden) encarnó esa herencia, buscando canalizarla productivamente para el capital al tiempo que intentaba neutralizar su potencia política disruptiva.

Esa reconstrucción hegemónica se apoyó en el rebote económico posterior al ajuste duhaldista y en las condiciones políticas y económicas regional e internacionalmente favorables. Si la estrategia de contención política del kirchnerismo implicó contener a las fuerzas sociales más disruptivas, desde el punto de vista de la acumulación de capital el proyecto hegemónico supuso valorizar las conclusiones estructurales del neoliberalismo.

El proyecto de crecimiento con inclusión (o mercantilización extendida de las relaciones sociales) implicó consolidar las trampas del neodesarrollismo: el saqueo de lo común como base de la acumulación; es decir, el saqueo de la naturaleza y los bienes comunes, la superexplotación extensiva de la fuerza de trabajo y la apropiación intensiva del cuerpo-territorio de las mujeres. Esto se manifiesta en el fortalecimiento de la producción y apropiación de renta extraordinaria en el campo y la ciudad, la precarización y tercerización generalizada de la fuerza de trabajo (capitalista) y la multiplicación de la explotación del tiempo de las mujeres en los hogares (propios y ajenos), las comunidades y los empleos ‘feminizados’.

Tal proyecto reprodujo a escala ampliada las contradicciones históricas de capitalismo dependiente, multiplicando sus efectos mercantilizantes e individualizantes. Mientras la coyuntura internacional actuó como ‘viento de cola’ (2003-2008) el crecimiento pudo ser compatibilizado con una parcial integración de fracciones del pueblo trabajador dentro del ciclo local de valorización del capital. En paralelo, y en ese marco general favorable, mientras la coyuntura política regional favoreció el desenvolvimiento contradictorio tanto de las estrategias de neodesarrollo (Brasil) como de los proyectos de tendencia socialista (Venezuela), la estrategia de construcción hegemónica articulada políticamente por el kirchnerismo pudo conformar un bloque en el poder con capacidad estratégica. El llamado ‘proyecto nacional’ neutralizó al QSVT pero las contradicciones sociales convergieron inevitablemente en crecientes desequilibrios (inflación en aumento, saldo fiscal y externo en descenso, limitada integración por la vía del empleo). La crisis internacional del capital y su expresión a escala regional exacerbaron las barreras del desarrollo del capital en la argentina.

Del crecimiento por aprovechamiento de la capacidad instalada y utilización extensiva de la fuerza de trabajo sin acumulación sustancial de capital fijo, se pasó progresivamente al estancamiento e inestabilidad en el ciclo del capital. Mientras en la primera fase, el crecimiento se sostuvo en un incremento en el uso de capital variable (con la creación de millones de empleos) con bajas tasas de inversión en capital constante fijo, en la segunda etapa el estancamiento del crecimiento general fue concomitante con un estancamiento relativo del empleo, sin cambios sustantivos en la tasa de acumulación de capital.

La crisis transicional iniciada fue progresivamente canalizada desde el Estado. Primero con la ‘sintonía fina’ en 2011, luego con el proceso de devaluación, endeudamiento externo y ajuste heterodoxo (2013-2015) y finalmente en el proceso de transición política que tuvo como participantes a los posibles gestores de la aceleración y profundización del ajuste (Scioli, Macri o Massa). El triunfo de Cambiemos dió marco político propicio para profundizar las medidas que tibia y contradictoriamente con el discurso del ‘capitalismo en serio’ se habían iniciado en el último gobierno de Cristina F. de Kirchner.

 

Cambiemos: morfología del ajuste en el neodesarrollo

Cambiemos nace y triunfa como consecuencia directa de la estrategia kirchnerista de desplazar en el tiempo las contradicciones de la acumulación de capital, habiendo construido su hegemonía sobre la base del crecimiento con inclusión. Nace también de la incapacidad de los sectores populares de articular una fuerza política y social propia, con un proyecto de superación radical del régimen del capital.

La fragmentación de la base social del kirchnerismo y su alienación política, en tanto el mito del desarrollo se alejaba de su realidad, llevaron al giro ‘por derecha’. La promesa de un futuro venturoso dentro de los mismos parámetros (inclusión mercantilizada con crecimiento económico) permitieron a Cambiemos construir una fuerza política suficiente para encarar la aceleración del ajuste transicional. Desde un Estado débil y un gobierno con una legitimidad efímera, el gobierno liderado por el PRO se ha lanzado a la desarticulación del kirchnerismo y a tender puentes con el peronismo histórico.

Sin embargo, esa base electoral insuficiente y la necesidad de la construcción de una articulación política más amplia, ha forzado a Cambiemos a avanzar en un programa que exacerba las contradicciones preexistentes. La inflación se aceleró violentamente, mientras que la capacidad fiscal del Estado se debilita por los cambios en la política fiscal y el ajuste recesivo: el consumo público reduce su tasa de crecimiento de 6,7% anual durante 2015 a sólo 2,7% en el primer trimestre de 2016, el consumo privado se desacelera a sólo 1,1% en este último período (en contraste con 5% en todo 2015), y la inversión se derrumba (-3,8% en I 2016) y las ganancias globales caen (-5,2% anual en I 2016, luego de caer 16,8% en 2015). En sintonía, los niveles salariales y las políticas sociales (universalistas pero básicas) para el conjunto del pueblo trabajador caen en términos reales; la carga del ajuste se coloca sobre las familias trabajadoras y dentro de ellas sobre las mujeres, quienes realizan la mayor parte del trabajo de cuidado y reproducción material de la fuerza de trabajo. El crecimiento exportador es limitado, y su efecto expansivo contrariado por el aumento en las importaciones suntuarias. El mundo se desploma sobre el programa económico: Brasil cae, China desacelera y el centro capitalista sostiene una depresión permanente. La acumulación de capital a escala global continuará atravesando en el futuro cercano una etapa similar a la contracción mundial de 1998-2002. Los precios de las exportaciones caen 9,8% en el primer semestre de 2016 (en comparación con igual período de 2015) mientras las cantidades exportadas subieron 19,6% en el primer trimestre pero sólo aumentaron 0,1% en el segundo trimestre del mismo año (siempre en contraste con el año anterior).

La aceleración del ajuste transicional parecía inevitable para la coalición de los partidos del Orden (tanto triunfantes como perdidosos en la elección de 2015). Sin embargo, la macroeconomía del desastre puede conducir a un callejón sin salida a la alianza gobernante y su intento de sucesión hegemónica.

La radicalización del ajuste neodesarrollista aparece como una táctica que puede bloquear la posibilidad de construir una nueva alianza gobernante de carácter estable. Desde la modorra del kirchnerismo, sectores de la oposición política (mayoritariamente dominados por la disputa interna del peronismo) y distintas fracciones del movimiento popular han comenzado un proceso de articulación en las calles. La creciente agitación social ponen en riesgo la construcción de un ‘clima de negocios’ apto para la inversión transnacional en un contexto mundial depresivo. La apuesta a reorientar el comercio y abrirlo, sólo opera como ‘canto de sirenas’ sin novedad: la economía argentina ya se encuentra plenamente inserto en el ciclo global del capital como proveedor de materias primas (commodities) y los acuerdos de libre comercio hacia un lado o el otro (Mercosur – UE; Alianza del Pacífico/TTP) no alteran la sustancia del camino encarado (en y a través del Estado) hace tiempo por los sectores dominantes.

Frente a ello, el boom del re-endeudamiento público y privado, y el blanqueo fiscal son la ‘nueva esperanza blanca’ en la que el gobierno cree poder confiar para -al menos- comenzar a soñar con un nuevo rebote económico hacia fines de 2016. Contrariando el efecto contractivo del ajuste, el dólar barato, el crédito blando (continuación del Ahora12) y alguna ‘corrección’ en la política fiscal (en especial, en el régimen de pago del ‘impuesto a las ganancias’ sobre los salarios) podría dar a las fracciones ‘medias’ del pueblo trabajador la expectativa de un ‘veranito’ económico y cierto alivio al gobierno.

 

Cambiemos en la cornisa

El año 2017 será el primer examen electoral de la nueva alianza política en el gobierno del Estado. Sólo la lucha social contra el ajuste en esta transición será la que ponga límites al proyecto de radicalización del sustrato neodesarrollista y su continuidad hoy bajo la alianza Cambiemos.

El éxito -en sus propios términos- del programa del gobierno de la transición supone (a) la desaceleración inflacionaria, (b) la recuperación del crecimiento, (c) el salto cuanti/cualitativo en la tasa de inversión, y (d) una nueva composición política del trabajo (productivo/reproductivo). Lo primero depende de las posibilidades de sostener la baja salarial en términos reales en un contexto recesivo, desarticulando la capacidad obrera de disputar la producción/distribución del ingreso; en este sentido se dirigen las apelaciones a una mayor flexibilidad laboral y los intentos de encorsetar a la burocracia sindical dentro del arco de aliados del gobierno. El ansiado crecimiento sólo será factible si se combinan una menor conflictividad social, con las esperadas inversiones y la recuperación al menos parcial del mercado mundial. El salto inversor podría venir de la mano de la consolidación de una nueva correlación de fuerzas sociales que permita al capital apropiar la productividad contenida (en forma potencial) en una nueva composición política de las clases. Esto último depende de que en el seno del pueblo trabajador las familias -y en especial, las mujeres- absorban el aumento de la explotación del trabajo productivo (caída salarial) y carga sobre el trabajo reproductivo y de cuidados.

Ese delicado equilibrio depende enteramente de la derrota de la lucha y resistencia del conjunto del pueblo trabajador. Sólo la conformación de un proyecto societal alternativo en el marco de una fuerza social colectiva capaz de impulsarlo podrá evitar que la transición en curso avance. Sólo la conformación de una fuerza social contrahegemónica podrá a su vez construir una alternativa política que no sea simplemente el regreso de un kirchnerismo renovado al gobierno.

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