Kirchnerismo, neodesarrollismo y el fantasma del 2001

Kirchnerismo, neodesarrollismo y el fantasma del 2001

Por Mariano Féliz*

Publicado en Resumen Latinoamericano, abril 2015, Nº 135.

La extendida década kirchnerista (2003-2015) encuentra un cierre este año. Comenzó la transición electoral hacia una nueva etapa del proyecto neodesarrollista que estará marcada por la herencia del primer kirchnerismo (¿habrá otro?) como proyecto de construcción hegemónica. Esa herencia refleja las novedades introducidas y las profundas continuidades del neoliberalismo, su consolidación y perfeccionamiento.

El kirchnerismo nació en la explosiva transición desde la convertibilidad como fase superior del neoliberalismo, sin legitimidad de origen. Nació como posible solución a la crisis de gobernabilidad provocada por los límites del neoliberalismo tanto en términos económicos como políticos. Buscó desactivar la radicalidad de las demandas de los movimientos populares. En ese camino debió canalizar las luchas laborales dentro de las viejas instituciones laborales. Los convenios colectivos de trabajo fueron reactivados por la propia demanda de los empresarios; ellos buscaban fragmentar e institucionalizar las exigencias de las bases obreras. Este proceso se dio de forma parcial y conflictivamente, mediando niveles variables de represión.

Por otra parte, el kirchnerismo operó activamente para contener el conflicto social liderado por los movimientos piqueteros. Tomando como base el programa Jefes/as de Hogar desocupados/as, creado en 2002 para apagar el incendio post 20 de diciembre de 2001, avanzó en la masificación de una nueva generación de políticas sociales. Estas iniciativas fueron auspiciadas y financiadas por el Banco Mundial y el BID con el fin de neutralizar la rebelión popular, aunque no alteraron las bases estructurales de la misma vinculadas a la precarización infinita y sostenida de la vida, el hábitat y el trabajo.

En un marco propicio, el kirchnerismo pudo reconstruir el mito del desarrollo capitalista en la periferia. Apoyado en el ascenso de gobiernos populares (Venezuela, Bolivia y Cuba conformando el eje radical del ALBA),  de progresismos neodesarrollistas (Brasil, Uruguay, Ecuador y, por poco tiempo, Paraguay) y aprovechando la dinámica favorable del capitalismo global y el impulso del ingreso de China el mercado mundial, pudo crear las condiciones materiales y simbólicas para reconstruir la legitimidad capitalista. Todo esto sin alterar sus bases fundacionales: el saqueo de las riquezas naturales y la superexplotación de la fuerza de trabajo, la transnacionalización del ciclo del capital y la dependencia de las potencias globales (EEUU y Europa) y sub-potencias regionales (Brasil y China). En su primer lustro, el neodesarrollismo kirchnerista pudo ampliar el empleo aunque con altos niveles de precarización (superiores a 50% de la fuerza de trabajo), recuperar parcialmente los ingresos reales manteniendo una amplia masa de familias en la pobreza y sostener un crecimiento económico acelerado que permitiría -según el discurso oficial- un largo proceso de “crecimiento con inclusión” (versión neodesarrollista del “derrame” neoliberal).

El segundo lustro largo del kirchnerismo (a partir de 2008) careció de esos pocos logros en materia económica, pues el crecimiento se estancó y se hizo más inestable, y la inflación acelerada comenzó a paralizar (y finalmente deprimir) los ingresos de las familias trabajadoras, mientras el mercado laboral dejó de incorporar fuerza de trabajo. La crisis en el capitalismo a escala global, las dificultades del espacio radical suramericano (el eje del ALBA) para ampliar el proyecto de cambio social al resto de la región y la recuperación de la ofensiva de las derechas continentales, ampliaron las contradicciones, barreras y límites propias del neodesarrollo en la periferia: la inflación como problema persistente resultante del poder social del gran capital y la matriz productiva internacionalizada, una estructura fiscal regresiva en impuestos (IVA, impuesto al ingreso de los trabajadores) y gastos (deuda, subsidios al gran capital). Además de la fuga de capitales como patrón sistémico y déficit externo crónico, industrialización trunca y distribución de ingresos antipopular, inserción dependiente y desequilibrada en el mercado mundial y regional, crisis urbana, energética y ecológica, entre otras.

El gobierno final de Cristina Fernández encuentra al kirchnerismo frente a la necesidad sistémica de impulsar la radicalización capitalista del proyecto hegemónico (devaluación, ajuste fiscal y externo, etc.) con el objetivo de superar sus barreras y la necesidad política de buscar su continuidad en el poder para la gestión del Estado. Ello ha probado ser difícil porque el estancamiento, la inestabilidad y el deterioro sostenido pero dispar de los niveles de vida de la población han aportado a una creciente fragmentación en el terreno político. Esto muestra un debilitamiento de la capacidad hegemónica del neodesarrollismo como proyecto societal de las fracciones dominantes y del kirchnerismo como actor privilegiado para garantizar su continuidad en el tiempo.

La transición se extiende en un contexto cada vez más negativo. Brasil se encuentra estancado en lo económico y atravesando una crisis política singular, en tanto China está desacelerando su crecimiento y las tasas de interés mundiales van subiendo al ritmo de un mayor crecimiento de los Estados Unidos. Actualmente, las urgencias del gobierno pasan por sostener las reservas internacionales para el pago de la deuda e importaciones y articular el ajuste fiscal con políticas compensatorias (asentadas en el endeudamiento personal), suficientes para mantener la “paz social”. Estos imperativos chocan con una economía estancada (cero crecimiento por más de un año) en un marco global y regional poco expansivo, con la huelga de inversiones del gran capital (que ha decidido individual y colectivamente acentuar las demandas de ajuste) y con los mencionados límites de un proyecto neodesarrollista en la periferia.

Los sectores populares carecen aún de alternativas políticas que reconozcan como propias y parecen seguir apostando a la hipótesis del “mal menor” que es siempre, paradójicamente, lo peor. En ese marco, las fuerzas de sucesión (aparentemente Daniel Scioli o Mauricio Macri) nacerán en un contexto radicalmente distinto al que dio a luz al kirchnerismo. Sin una crisis orgánica y probablemente con alta legitimidad de origen, el gobierno por venir profundizará el ajuste frente a los desequilibrios del proyecto capitalista, con el fin de recuperar las condiciones macroeconómicas para la expansión en el marco neodesarrollista: acelerará la devaluación de la moneda, ajustará el gasto fiscal y acentuará la política de re-endeudamiento.

Ese gobierno enfrentará a un pueblo trabajador desarticulado en lo político y lo reivindicativo, producto de la herencia política del kirchnerismo. Solamente si el fantasma -y la experiencia- del 2001 es recuperado en favor de un nuevo proceso de recomposición política del pueblo estaremos en condiciones de enfrentar el futuro con posibilidades de hacerlo nuestro.

*Profesor UNLP. Investigador CONICET. Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional.

Los silencios del ministro

Los silencios del ministro

Mariano Féliz*

Publicado con otro título (“Los silencios del Kiciloff”) en La Izquierda Diario, el 14 de Mayo de 2015.

Hace unos días hablamos del debate planteado por la mera posibilidad de que el ministro de economía de la Nación, Axel Kiciloff, se presentara en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP (ver nota: http://www.laizquierdadiario.com/Falsas-heterodoxias-y-la-formacion-de-los-economistas). Luego de algo de incertidumbre al respecto, finalmente el miércoles 6 de Mayo se realizó la Conferencia “La formación en Economía en el contexto del crecimiento con inclusión” con la participación central del ministro Kiciloff.

Y llegó Axel… pero algunxs quedaron afuera

La conferencia se realizó en el aula Magna, en el 2do piso de la Facultad. La charla se había propuesto por sus organizadores como una actividad inscripta en un prolongado y conflictivo debate en torno a la reforma de los planes de estudio, en especial del plan de estudios de la llamada Licenciatura en Economía que se encuentra vigente desde 1992. En ese marco, se presentaba como un aporte al debate sobre la necesidad del pluralismo en la formación de lxs economistas.

¿Sos keynesiano? Pasá. ¿Sos marxista? Mhhh…

Lamentablemente el discurso del pluralismo se reducía a puras palabras, y quedó en la puerta del aula Magna. Allí los organizadores instalaron un dispositivo tipo cerrojo donde algunas personas tuvieron la tarea de “filtrar” el público participante. Parecía existir una “lista negra” (o podríamos decir “lista roja o rojinegra”) que marcaba a aquellos potenciales participantes díscolos, o activistas no oficialistas. Quienes eran identificados in situ como posibles generadores de planteos o preguntas incómodas para el ministro, fueron frenados en el ingreso, en una actitud discriminatoria, antidemocrática y, evidentemente, poco plural. Ser marxista, anarquista, o en cualquier caso, militante no adherente a la agrupación del ministro, alcanzaba para ser identificado y dejado de lado. Sólo había lugar para militantes oficialistas, funcionarixs, y miembrxs de la gestión en la Universidad (de los cuales había muchxs, entre ellxs el decano de la Facultad). Flaco favor le hicieron al debate.

En ese contexto, el ministro abordó el debate sobre la necesidad de la renovación del plan de estudios en economía. Desde el estrado, vapuleó al círculo de economistas neoclásicos (a los que acusó de “no entender nada” y “no explicar nada”), señalando el anacronismo del discurso neoliberal en economía, su incapacidad de comprender y describir los procesos socioeconómicos de la última década en Argentina y la región, y por ello, cuestionando como poco útiles como base para la formación de lxs economistas para este tiempo. En tal sentido, realizó una crítica que sintetiza en muchos puntos los debates compartidos por quienes venimos militando por una reforma de planes de estudio (no sólo de economía) que sea plural, crítica y democrática.

Además, dio un relato estilizado del proceso de reforma de los planes de estudio en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA en los años noventa, y su rol como militante en aquellos tiempos. Para concluir, hizo una defensa del proyecto neodesarrollista poniendo el énfasis en el papel que tendría la redistribución del ingreso en éste como motor del crecimiento económico. En ese punto marcó el contraste con el ofertismo neoclásico que sostendría que el crecimiento se basa en la libertad económica y que la redistribución operaría como “derrame”.

Su exposición concluyó sin preguntas, sin debate ni intervenciones del público. Los potenciales comentaristas críticos tuvieron que conformarse con verlo por las pantallas instaladas en algunas aulas o en la transmisión online, sin posibilidad de intervenir.

Los silencios…

El silencio del público en relación a la crítica o la posibilidad de intervenir, nos permite reflexionar a posteriori sobre los silencios de la intervención del ministro. Lo no dicho es tanto o más importante que lo que efectivamente fue expresado, en especial si lo que interesa es abrir un debate crítico, fructífero y plural sobre los planes de estudio.

Debatir lo dicho y lo negado también sirve para discutir sobre el proyecto hegemónico de desarrollo capitalista en la Argentina defendido por el ministro. Además, permite analizar el lugar que le cabe a lxs economistas, en tanto economistas políticxs, como partícipes potenciales de un proyecto de cambio social que pueda superar los límites del capitalismo dependiente y periférico que la década neodesarrollista sólo ha contribuido a consolidar.

Las crisis y la teoría económica, o cómo se construye la nueva ortodoxia

Kicillof planteó con razón que la teoría económica avanza a saltos en los momentos de crisis del sistema. Mencionó a Keynes en sus reflexiones en la crisis de la década del 30, haciendo referencia a su insatisfacción con el liberalismo dominante que no proveía elementos para comprender lo que ocurría y tampoco para salir de esa situación.

El paralelismo con la era actual es claro. La crisis neoliberal en la periferia a fines de los años noventa, efectivamente despertó incertidumbre y debates en los sectores dominantes en torno a cómo superarla y recuperar la acumulación exitosa de capital. Precisamente, en este sentido el ministro dejó de lado un elemento clave del debate planteado por Keynes y su vínculo con la discusión actual.

Lord Keynes estaba preocupado esencialmente por la posibilidad de que la situación política creada por la crisis se tornara insostenible y el capitalismo fuera cuestionado en su raíz como sistema social dominante. El keynesianismo y el New Deal aparecieron primero como apuesta heterodoxa (disruptiva) pero progresivamente se consolidaron como respuestas a la crisis capitalista. El ministro olvidó señalar que de esa manera esas políticas y enfoques se convirtieron en una nueva ortodoxia que por muchos años desplazó a las corrientes neoclásicas como orientación de las políticas estatales.

Lo que Kicillof no mencionó en su exposición es que esa nueva ortodoxia (ahora, keynesiana) fue parte de la respuesta de las clases capitalistas dominantes para enfrentar y frenar las demandas obreras y populares que amenazaban con poner en jaque la lógica sistémica. En efecto, algo similar ocurrió en el mundo, pero sobre todo en la región suramericana, en la crisis del proyecto neoliberal.

Esa crisis puso en cuestión en muchas partes la hegemonía social del capital. En particular, en nuestro país, la recomposición política del pueblo trabajador hacia fines de los noventa se articuló con las contradicciones económicas para provocar una crisis orgánica, integral del sistema social. Fue en ese marco que el neodesarrollismo y el neoestructuralismo se convirtieron en instrumentos para construir un novedoso proyecto hegemónico conducido por las nuevas fracciones dominantes del gran capital (el gran capital transnacional). A través de ese proceso, el kirchnerismo se convirtió en la fuerza política que pudo articular esa nueva construcción hegemónica con el fin de relanzar el desarrollo capitalista en un país periférico como Argentina. El capitalismo en serio se apoyó en esa nueva estrategia, que fue consolidándose como la nueva ortodoxia en el país.

En el fondo, lo que el ministro cuestionó es la falta de adecuación de los planes de estudio a esta nueva ortodoxia (una versión nacional y popular del keynesianismo), dejando en silencio el debate sobre las alternativas teóricas que pudieran servir para el cambio social radical, superador de los límites históricos del capitalismo vernáculo. Así, en la conferencia se habló mucho de Keynes, pero nada de Michal Kalecki, Carlos Marx, Rosa Luxemburgo, David Harvey, Silvia Federici o Ruy Mauro Marini.

El modelo, Keynes y el Banco Mundial

El ministro Kiciloff dio cuenta con claridad de su comprensión de las características del proyecto neodesarrollista impulsado por el kirchnerismo en Argentina y marcó varias veces su raigambre en la tradición teórica y política del keynesianismo. Explicó que el fundamento central del “modelo de crecimiento con inclusión social” sería la relación teórica pero sobre todo real, empírica, entre la redistribución de los ingresos a favor de las clases populares y el proceso de crecimiento económico.

Sin embargo, detrás de esa afirmación, la aparente fortaleza del proyecto neodesarrollista que se basaría en la distribución progresiva de los ingresos no parece dar cuenta de lo ocurrido en el último lustro. En efecto, en la última etapa de la experiencia kirchnerista el crecimiento ha sido más bien errático y con tendencia al estancamiento, mientras que la distribución de los ingresos se ha deteriorado claramente: el crecimiento del PBI en los últimos años ha sido casi cero, el consumo de masas se ha reducido en el último año según denuncian las propias estadísticas oficiales y el empleo se ha estancado o caído. A pesar de un discurso oficial que atribuye al proyecto la inclusión social y el crecimiento, como causa y efecto, la realidad muestra que el neodesarrollismo choca contra sus límites y esa relación teórica de base keynesiana no es más que aparente, siendo apenas manifestación históricamente determinada de una particular correlación de fuerzas sociales y condiciones macroeconómicas locales e internacionales singulares.

Objetivamente, el ministro enfrenta la misma crítica que él realiza a la corriente neoclásica: la negación de las contradicciones del sistema capitalista y su tendencia inmanente a la crisis. En efecto, esa condición estructurante del capitalismo, exacerbada en sus versiones periféricas y dependientes, es uno de los aportes analíticos centrales del marxismo, abordaje que Kiciloff conoce bien pero prefirió ignorar en su defensa del proyecto neodesarrollista.

Por otra parte, el “crecimiento con inclusión social” destacado en el título de la conferencia se apoya de manera clara en los preceptos que el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostienen en la actualidad. Más allá de un discurso que reniega de ellos, estos organismos son promotores ideológicos y financieros, del conjunto de las políticas sociales de universalismo básico. Ellas son la base de sustentación de una política llamada de “inclusión social” pero que mantiene a un amplio universo de personas en la Argentina apenas por encima de los límites del hambre, viviendo en condiciones extendidas de precariedad en sus vidas y trabajos. Esta es la base de la negación del ministro de poner en debate la medición de la pobreza, cuya pervivencia extendida luego de una década de crecimiento cercano a 6% real acumulativo (aunque mucho menor en el último lustro) sigue siendo la principal expresión de los límites del modelo.

La política social del neodesarrollismo se adapta llamativamente bien al núcleo del trabajo que desarrollan hoy en el Departamento de Economía de la universidad platense (en especial, en su centro de investigaciones estrella CENDAS), que cuenta con el apoyo clave de los organismos internacionales mencionados. Tal vez por esa simetría de apoyos y perspectivas, la Facultad de Ciencias Económicas (cuyos planes de estudio fueron furibundamente denostados por el ministro Kiciloff) haya aportado tantos recursos organizativos -incluyendo la transmisión en vivo- de la Conferencia desde la página web de la Facultad. Recursos que por otra parte son sistemáticamente negados a las agrupaciones de estudiantes y graduados de la Facultad nucleadas dentro de la Sociedad de Economía Crítica y que históricamente han planteado la necesidad de transformaciones de fondo en los planes de estudio, más allá del desarrollismo oficial en el Estado, del neoliberalismo en el departamento de Economía y del capitalismo como propuesta societal.

El pluralismo, el cambio social y lxs economistas políticxs

La presencia del ministro de economía en el núcleo del neoliberalismo más rancio entre las universidades nacionales ha sido un aporte pues pone nuevamente en un debate de alta exposición la necesidad de reformar los planes de estudios de las carreras de economía. De esa manera, se suma a la ola de debates que hace tiempo vienen siendo planteados por muchxs y que tuvieron su punto alto en las recientes VII Jornadas de Economía Crítica realizadas el año pasado en la misma Facultad y organizadas con esfuerzo militante por los integrantes de la Sociedad de Economía Crítica.

Sin embargo, los dichos del ministro pero sobre todo sus silencios, permiten poner en el centro de esa discusión la necesidad de superar la dicotomía heterodoxia – ortodoxia, poniendo como ejes de la lucha por las urgentes reformas la necesidad de incorporar el pluralismo, la mirada crítica y lo imperioso de formar economistas políticxs (y no simples economistas) con capacidad de comprender cabalmente los límites del capitalismo y la exigencia social, política y ética de su superación.

Esto implica ir más allá de una visión de la teoría económica que pretende reducir la discusión al debate sobre las formas de regular el capitalismo. Supone plantear y comprender la imposible integración de los intereses de clases sociales antagónicas, y la necesidad de superar la idea de que el capitalismo es lo único posible.

Más debate es necesario, más pluralidad y democracia en la discusión, pero también más crítica de lo existente, de las viejas y nuevas ortodoxias, para construir planes de estudio que puedan formar profesionales con pensamiento crítico, capaces de ser parte de los procesos de cambio social impulsados por los movimientos populares, con el protagonismo del Pueblo.

* Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional. Docente UNLP. Investigador CONICET.

¿Salario o ganancia? A propósito de los cambios en un impuesto controversial

¿Salario o ganancia? A propósito de los cambios en un impuesto controversial

Por Mariano Féliz*

Publicado en marcha.org.ar con pequeños cambios de estilo, 14 de mayo de 2015.

En el marco de un conflicto sindical creciente en ramas claves de la actividad económica, el gobierno nacional decidió modificar la forma de pago del impuesto al salario. Con esto busca crear condiciones para simplificar las negociaciones paritarias y allanar el camino hacia las PASO de agosto y las elecciones generales de Octubre.

¿Qué cambió…

Hace pocos días se reglamentó una modificación en la forma de pago del llamado impuesto a las ganancias de la 4ta categoría, que en los hechos es básicamente un impuesto a los salarios de una fracción de lxs trabajadorxs asalariados formalizadxs.

La modificación no implicó la elevación del salario mínimo no imponible (valor por debajo del cual no se computa el impuesto) ni se alteró la estructura general de las escalas a partir de las cuales cambia la alícuota del impuesto (del 9% al 35% del ingreso imponible) o deducciones más importantes (por hijxs, cónyuge, etc.). El cambio supuso esencialmente la creación de un régimen especial que abarca a todos aquellxs que tienen salarios brutos (antes de descuentos y deducciones) de entre 15 y 25 mil pesos por mes. Éstos tributan hoy entre 8% y 13% de su salario como por este impuesto. El nuevo sistema establece una escala de descuentos en los montos que corresponde pagar de este impuesto, de forma tal que aquellxs en ese rango de ingresos (se estima que unxs 700 mil) pagarán un monto reducido de forma retroactiva a Enero. Los valores ya pagados en exceso serán devueltos en cuotas durante los próximos meses.

y por qué?

En el marco de la campaña electoral que se acelera, de las crecientes demandas sindicales de eliminación o corrección radical del impuesto, y frente al creciente grado de conflictividad de las negociaciones paritarias en marcha, el gobierno nacional encaró de manera parcial, tardía y bastante arbitraria la mencionada modificación. La medida se tomó a pesar de su costo fiscal (que ahora no ha sido explicitado por el gobierno), algo que en otros momentos fue señalado como una de las restricciones para encarar cualquier cambio. La modificación se hizo sin tocar otras fuentes de ingresos o alterar otros tributos. Si bien no fue aclarado, la menor recaudación será compensada con mayores recortes en el gasto público, más endeudamiento en el mercado de capitales privado o con mayores niveles crédito por parte del Banco Central (o, lo que es lo mismo, más emisión monetaria).

La medida es tomada como una respuesta abierta a negociaciones salariales donde las exigencias de lxs trabajadorxs superan ampliamente las ofertas empresariales y las sugerenciasde los funcionarios gubernamentales. Luego de la caída de salarios estimada en torno al 6% en 2014, la mayoría de los gremios están reclamando aumentos por encima del 30 % anual para recuperar la caída y enfrentar la inflación porvenir (superior al 25%), mientras que gobierno y empresarios proponen subas cercanas al 20%, o algo más si son escalonadas o en cuotas.

Frente a esas demandas, el gobierno ha decidido hacer lo que siempre negó poder hacer, aunque tomando prudente distancia del último paro nacional y en una modalidad que no suponga responder literalmente a los pedidos sindicales. Dado que el cambio en la forma de pago del impuesto, los ingresos de lxs trabajadorxes afectadxs subirían en torno al 5%. En la interpretación gubernamental eso tendería a reducir las pretensiones salariales en las negociaciones.

Impuestos y distribución del ingreso. ¿Quién debe pagar?

La presión fiscal sobre los salarios del conjunto del pueblo trabajador se ha incrementado sustancialmente en los últimos años. En el marco de un estancamiento de la economía y de los ingresos de las familias trabajadoras, un porcentaje cercano al 11% de los ocupados formales tributa ganancias. La cuestión es que hoy en día familias con ingresos apenas por encima de la canasta familiar (hoy mayor a $14.000) pagan un impuesto directo por sus ingresos. Además, de pagar el IVA por todos sus gastos (21%) más otros impuestos al consumo (ingresos brutos, combustibles, etc.), más los aportes provisionales, esas familias trabajadoras con ingresos por su trabajo superiores a los 15 mil pesos brutos sufren una importante carga impositiva.

El gobierno pretende justificar el sistema vigente sobre la base de señalar que un porcentaje muy grande trabajadores no tributa el impuesto. Esto es cierto porque la gran mayoría del pueblo trabajador recibe ingresos muy por debajo de la canasta familiar (6 de cada 10 ocupados ganan por debajo de los $6.500) y una porción sustancial (cercana al 30% de las personas) recibe ingresos por debajo de lo que se considera un ingresos indigno en nuestro país, menor a la línea de pobreza. Sin embargo, esta situación es resultado de las enormes tasas de precariedad laboral y de superexplotación del trabajo propiciadas por el proyecto neodesarrollista (y sus principales beneficiarias: las corporaciones transnacionales) y no producto de las demandas de las familias trabajadoras que han logrado escapar parcialmente a tales circunstancias.

Mientras el gobierno exige a lxs trabajadorxs formalizadxs moderación en sus demandas, tanto empresas que desarrollan minería a cielo abierto, inversores en el sistema financiero con plazos fijos millonarios o compradores de títulos públicos, entre otrxs grandes propietarios de capital, tributan poco y nada por las ganancias que obtienen del trabajo ajeno. En efecto, el sistema tributario argentino carga el peso de la recaudación sobre el ingreso de quienes participan de la producción directa de valor y riqueza, lxs trabajadorxs, mientras que quienes reciben porciones variables de la ganancia o plusvalía generada por la mera propiedad de grandes capitales son beneficiadxs. Estos últimos no sólo tributan poco sino que reciben millonarios subsidios y exenciones impositivas.

La situación es tal que una familia trabajadora que gane cerca de dos canastas familiares (25 mil pesos mensuales) por su trabajo, tributará proporcionalmente por este impuesto injusto casi 35% sobre sus ingresos, tanto como uno de los gerentes de YPFSA (con ingresos superiores a los 500 mil pesos mensuales) o de cualquier gran capital nacional o multinacional.

Claro que más allá de lo formal, los ingresos de gerentes al igual que los ingresos de lxs propietarios de los grandes capitales no son salario sino ganancias (plusvalía, plustrabajo) disfrazado como tal. La injusticia de este impuesto es que equipara a una familia con salarios equivalente a dos canastas familiares con el presidente de un gran banco o el gerente de la Barrick Gold en Argentina o el dueño de Grobocopatel.

Un impuesto más justo debería eximir al menos a todxs los que ganen dos o tres salarios equivalentes a la canasta familiar (ajustable de manera automática según la inflación) y a partir de allí establecer un verdadero impuesto a las ganancias que aumente la carga proporcional para llegar progresivamente a alícuotas más altas que los máximos actuales. Ese esquema nuevo debería incluir un cambio en la progresividad de las escalas, una modificación en el sistema de deducciones, junto con la eliminación amplia de exenciones y subsidios al gran capital. Este sistema combinado con la recuperación de los aportes patronales sobre las grandes empresas (que fueran reducidos en los años noventa) permitirían empezar a transitar un esquema de financiamiento de la actividad estatal con mayores niveles de equidad distributiva.

* Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional. Docente UNLP. Investigador CONICET.

Falsas heterodoxias y la formación de lxs economistas

Falsas heterodoxias y la formación de lxs economistas
Mariano Féliz*
El ministro Kiciloff y la reforma de los planes de estudio.
Hace pocos días se anunció por diversos medios de comunicación la posible presencia del ministro de economía Axel Kiciloff en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. El mismo daría una conferencia sobre “la formación en economía en un un contexto de crecimiento con inclusión”.
Aunque finalmente  la conferencia fue cancelada por “problemas de agenda” del ministro, la mera posibilidad de su presencia desató un importante debate en sordina entre la comunidad de lxs economistas. La conferencia se enmarca en una lucha añeja ya en torno a la necesidad de reformar los planes de estudios de la Facultad. En particular, el plan de estudios de la llamada Licenciatura en Economía tiene ya más de 23 años y se articula en torno a la economía neoclásica, con algunos (pocos) desvíos neokeynesianos.
El debate planteado abrió de manera renovada la necesidad de establecer de forma crítica qué significa la heterodoxia en el campo de la economía política y en ese marco, qué lugar le cabe al discurso de orden neo-estructuralista desde el cual el ministro de economía pretende articular su defensa del proyecto neodesarrollista y que desde el kirchnerismo denominan de “crecimiento con inclusión”. Este debate es central porque permite entender por qué la propia Facultad anunciaba la transmisión en vivo desde su página de internet de la conferencia de alguien que vendría a defender ideas heterodoxas, aparentemente en las antípodas del discurso neoclásico neoconservador que impregna y hegemoniza la curricula y todo el departamento de economía.
Economía neoclásica, crisis y nueva ortodoxia.
La visión neoclásica se convirtió a través del neoliberalismo en el eje articulador de la caja de herramientas de los sectores dominantes para poder avanzar en la reestructuración global de la sociedad, a partir de la creciente privatización de los comunes, de la desarticulación política de las clases populares, y de la transnacionalización del capital en todas sus dimensiones. Alcanzando su punto más alto en la década de los noventa, la economía neoclásica comenzó a entrar en desgracia en los países de la periferia a caballo de un nuevo ciclo de luchas populares en alzas y frente a sus propios límites estructurales.
Esos límites, esas luchas marcaron el comienzo del fin del proyecto neoliberal en nuestra región. En algunos países como Bolivia o Venezuela ese fin de ciclo tuvo como corolario la construcción de proyectos políticos de carácter popular que permitieron, al menos, poner en cuestión y en debate desde abajo y a la izquierda la hegemonía de las históricas clases hegemónicas, abriendo un camino hacia el cambio social. En otras partes, como en nuestro país, los sectores populares fuimos incapaces de transformar la potencia rebelde en un proceso de empoderamiento popular que pudiera avanzar en la disputa por el control colectivo y democrático de la reproducción social.
Por el contrario, de la batalla por la hegemonía en 2001 y 2002 emergió el kirchnerismo como fuerza política capaz de construir un frágil equilibrio para garantizar la reproducción ampliada de la dominación capitalista. Esa nueva hegemonía estuvo sostenida en la herencia del neoliberalismo que el proyecto neodesarrollista buscará consolidar y proyectar: extractivismo y saqueo de las riquezas naturales, transnacionalización de la economía, privatización extendida de las relaciones sociales, y precarización y super-explotacion de la fuerza de trabajo. Ese es el marco en el que neo-estructuralismo comienza a presentarse como alternativa “heterodoxa” frente a la ortodoxia neoliberal.
El neo-estructuralismo surge así como una nueva caja de herramienta adaptada a las necesidades de las fracciones ahora dominantes. Se convierte, sin decirlo, en la nueva ortodoxia que permitirá garantizar las condiciones para la expansión del capital. Provee el conjunto de orientaciones prácticas para fundamentar la construcción de un nuevo proyecto de desarrollo capitalista posible en la periferia. Esas prácticas incluyen, por un lado, una nueva forma de intervención del Estado, un nuevo conjunto de políticas públicas, sociales y laborales construidas para contener la conflictividad social y canalizarla productivamente para el capital en un marco estructural en el cual la precarización del trabajo y de la vida se consolidan de manera extendida. Al igual que en los años noventa, estas políticas son apoyadas y financiadas por los organismos internacionales de crédito. El crecimiento con inclusión sólo es un argumento retórico que pierde fortaleza a medida que el neodesarrollismo se consolida en el país y así lo hacen sus consecuencias: saqueo de las riquezas naturales, precarización generalizada del empleo, salarios por debajo de la canasta familiar, etc. Por otra parte, el neo-estructuralismo construye un discurso que permite al Estado adaptar la práctica de integración a las viejas potencias imperiales (Estados Unidos y Europa) y abre el camino para una nueva forma de articulación subordinada y dependiente a las potencias regionales y mundiales emergentes en el sur global: el subimperialismo brasileño y la neo-imperialismo chino.
Nuevas ortodoxias y la formación de economistas políticos.
En definitiva, lo que es presentado como heterodoxia no es más que la nueva ortodoxia, la ideología dominante adaptada a las necesidades de las clases en el poder en la etapa actual del desarrollo del capitalismo en la periferia. La aparente heterodoxia es una nueva forma de la economía política del capital adaptada a los nuevos tiempos, a los tiempos del capital transnacional. La simetría entre neoliberalismo y neodesarrollismo se hace evidente en la medida en que la crisis transicional en el capitalismo vernáculo avanza y el “crecimiento con inclusión social” se transforma en breve plazo en “estancamiento con sintonía fina”.
La verdadera heterodoxia debe ser la base de una otra economía política, de un proyecto social alternativo que sea la superación del capitalismo. Sólo esa economía política del pueblo trabajador puede construir el fundamento de un proyecto de formación de las y los economistas politicos que puedan servir para ser parte de un cambio social radical, con el pueblo como actor protagónico.

Profesor UNLP. Investigador CONICET. Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional.

¿Un paro contra el modelo?

¿Un paro contra el modelo?

Por Mariano Féliz*

Nota aparecida en Marcha.org.ar, 31 de marzo de 2015.

En el paro general convocado para hoy, millones de trabajadoras y trabajadores podrán expresar sus demandas frente a un proyecto de desarrollo capitalista que muestra sus límites y un sistema político que niega el protagonismo del pueblo en la definición del destino del país.

Paro general y democracia

Se realiza hoy un nuevo paro general al gobierno de Cristina Fernández. Este paro es convocado por un amplio abanico de organizaciones sindicales, que incluye (pero supera ampliamente) a algunas que hace no tanto eran abiertamente oficialistas pero que, como siempre, “juegan su juego”.

La medida tendrá, seguramente, una mayoritaria participación desde las bases del conjunto del pueblo trabajador. Más allá del cuestionamiento a las burocracias de turno (acomodaticias y oportunistas) que conducen algunos de los sindicatos convocantes, las demandas que rodean al paro y el contexto socio-político más general crearán una amplia adhesión.

Será, también, la oportunidad para que millones expresen su sentir, frente a la imposibilidad de hacerlo un día común bajo el ojo vigilante del patrón y en condiciones de extrema precariedad laboral. Por ello, de cierta forma, el paro general es un momento para la expresión democrática de las demandas populares.

El contexto económico

Este paro se convoca en el final de un gobierno cuyo segundo mandato cierra un lustro de estancamiento relativo en la economía y marca un deterioro perceptible en las condiciones materiales de vida de las mayorías populares. El crecimiento económico en los últimos cuatro años fue de sólo 3% anual, es decir, cerca de la mitad de aquel en el primer gobierno de Cristina Fernández. Desde 2010 el empleo total se ha estancado, y cayó leve pero sostenidamente en los últimos años. En ese marco, una inflación persistentemente elevada por encima del 25% anual ha impedido que el poder de compra de los ingresos del trabajo continúe el ciclo de recuperación relativa de 2003-2008. En 2014, el consumo de masas cayó por primera vez en más de una década.

El resultado general de este proceso ha sido el estancamiento en la llamada “redistribución” del ingreso, un renovado ciclo de aumento en la pobreza y la indigencia, y la profundización de la precarización del empleo y la vida. En la actualidad, las y los asalariados se apropian de menos de 40% del ingreso total, más del 50% de los trabajadores del sector privado permanece en la precariedad laboral, la mitad de los ocupados ganan menos de 5500 pesos y millones apenas sobreviven con transferencias de ingresos que los mantienen en la pobreza (Asignación Universal por Hijo, Argentina Trabaja, etc.). Que el ministro de Economía, Axel Kicillof, niegue la magnitud del problema, estigmatizando él a millones de compatriotas cuya existencia precaria pretende ser negada con sus palabras, no hace sino constituir motivos adicionales para llegar al paro de hoy.

Injusticia tributaria

En este clima social se montan las razones mediatas del paro. Las demandas inmediatas remiten a un componente que exacerba al ajuste más reciente sobre el conjunto de las y los trabajadores. En efecto, la estructura tributaria argentina carga de manera creciente el peso de la recaudación sobre el pueblo trabajador. Por un lado, persisten los impuestos al consumo como elemento central en la recaudación total; el IVA, Ingresos Brutos, y otros impuestos similares siguen siendo pilares fundamentales de la estructura de recaudación de impuestos. A esto se agrega el peso creciente del impuesto sobre los salarios o el ingreso por el trabajo personal (el llamado “Impuesto a las Ganancias” sobre la 4ta. categoría de ingresos). En la actualidad, el 43% de la recaudación total del Impuesto a las Ganancias recae sobre casi 2 millones de trabajadoras y trabajadores, mientras que el resto recae en un puñado de empresas; en 2010 los asalariados aportaban el 32% de la recaudación total de ese impuesto.

Mientras tanto, el consumo suntuario y las ganancias financieras, la minería a cielo abierto y otras actividades que apropian ganancias y rentas extraordinarias y especulativas mantienen bajísimos o nulos niveles de tributación. Para cerrar el círculo, un porcentaje creciente de los recursos fiscales se destina a pagar al capital financiero (deuda pública) y como subsidios al gran capital, a las escuelas privadas, a la Iglesia, etc.

En lugar de abordar integralmente los límites del proyecto neodesarrollista, el gobierno nacional avanza con parches en un intento de sostener los niveles de consenso hasta octubre. En vez de favorecer el desarrollo de paritarias y promover negociaciones que promuevan aumentos salariales mayores a la inflación y permitan alcanzar la canasta familiar, el kirchnerismo ha tomado la actitud de barrer el problema bajo la alfombra, creando múltiples programas de crédito subsidiado (Ahora 12, Pro.cre.auto, etc.). Así no compensan los dramas que atraviesan las vidas de millones pero envuelven en montañas de deuda a las familias trabajadoras, que hacen milagros para subsistir con ingresos muy inferiores a los 12 mil pesos mensuales que se requieren para tener una vida digna, sin lujos, en la Argentina (según la Junta Interna de ATE en el INDEC).

Proyecto y poder popular

Todo lo mencionado compone el caldo de cultivo del paro nacional. Pero en el fondo, la medida nace como producto de una manera de hacer política y, por lo tanto, de una forma de construir un proyecto de país. El paro resulta de un sistema político (y una fuerza política en el gobierno) que niega al Pueblo trabajador la soberanía sobre su destino. El kirchnerismo, al igual que otras alternativas políticas pro-sistémicas, ven en el Pueblo a un objeto de manipulación, una masa de maniobra para colocar en una tribuna o detrás de una urna. No ven en el Pueblo un sujeto político, con derecho y capacidad para definir su camino, y tener voz y voto todos los días en la política económica. Los tecnócratas de turno ponen argumentos ficticios, aparentemente “técnicos”, para intentar neutralizar lo que a los ojos del pueblo son demandas sentidas, necesidades urgentes, soluciones que no pueden esperar.

Una reforma tributaria integral, un salario igual a la canasta familiar, la urbanización y desarrollo integral de los barrios populares, junto a otras exigencias, son esas demandas de los miles de sujetos organizados que se expresarán hoy y las luchas por venir.

 * Profesor UNLP. Investigador CONICET. Militante del Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional.

El modelo frente a sus límites

[nota aparecida en notas.org.ar, el 4 de abril de 2014]

Por Mariano Féliz*

 

Se rompió la ilusión del capitalismo en serio y sin ajuste. Un repaso por las tensiones y los desequilibrios del modelo económico neodesarrollista del gobierno nacional y un repaso por la coyuntura económica actual.

De la sintonía fina al ajuste (¿heterodoxo?)

Luego de años de prepararlo y anunciar que nunca se haría, llegó el ajuste. Desde la “sintonía fina” de Noviembre de 2011, el kirchnerismo primero postergó y luego disfrazó como otra cosa, la necesidad del proyecto neodesarrollista de reordenar sus desequilibrios en un intento desesperado de evitar que sus límites le estallen. El capitalismo en serio comenzó a mostrar sus rasgos más perversos, luego del agotamiento de la etapa de recuperación e inclusión fácil. Se prepara desde entonces la transición a un neodesarrollismo radicalizado: un ajuste macroeconómico que carga sobre los hombros del pueblo la batalla por la competitividad.

Desde 2008 los desequilibrios era evidentes. La inflación se acentuaba por el control monopolista transnacionalizado de todas las ramas de la economía y por la estrategia que nos coloca como vendedores de materias primas y commodities básicas. En ese marco, la suba en los términos del intercambio comercial y la lucha social por el ingreso se traducen en inflación. La crisis fiscal se apoya en la decisión de subsidiar al gran capital (sin contrapartidas, ni obligaciones) pero sin ampliar la base impositiva sobre las fuentes de rentabilidad y consumo excedentes. El resultado es una creciente endeudamiento interno (con ANSES y Banco Central) y la presión para (y decisión de) retomar el endeudamiento externo bajo la renovada tutela del FMI. Finalmente, la crisis externa y productiva que resulta de una política económica que decidió dejar en manos del gran capital las principales decisiones de inversión y, de esa manera, luego de años de crecimiento acelerado, enfrenta los históricos límites del capitalismo dependiente: crisis devaluatoria, industrialización trunca y regresividad distributiva.

El kichnerismo ha intentado superar estos límites -sin salirse del proyecto que ha forjado- apelando a la solidaridad de la burguesía local transnacionalizada. La presidenta los ha invitado a invertir apostando por el país, luego de haberse apropiado de millonarias ganancias. La respuesta ha sido clara: desinversión y fuga, acaparamiento de mercancías y atesoramiento especulativo de divisas. En el último año ello se acentuó y la consecuencia ha sido la desaceleración de la inversión, la caída brutal en las reservas del Banco Central, el estancamiento económico y la profundización de los límites del “modelo”.

Transición en camino

Los sectores dominantes están decididos a crear las condiciones para que el próximo gobierno de los “partidos del orden” sea el gobierno de la radicalización productivista y competitiva del neodesarrollismo. El kirchnerismo busca llegar al 2015 allanando ese camino, acelerando la transición desde fines de 2013.

El nuevo índice de precios da cuenta del camino elegido hace meses. En el primer bimestre, los trabajadores perdieron más del 3% del valor de su fuerza de trabajo (y por tanto, su poder de compra) con una inflación de 7,1% (a pesar de los “precios cuidados”) frente a salarios que subieron 3,49%; el impacto es aún mayor para los beneficios de la Asignación Universal que no se ajustan desde hace meses. A esto se suma la decisión de acelerar el ajuste en las tarifas de los servicios públicos por la vía de la reducción de los subsidios, con un impacto directo en los ingresos populares, mientras se mantienen los subsidios y la “promoción” al conjunto de las empresas manufactureras, las automotrices, las mineras y las armadurías en Tierra del Fuego. En paralelo, la economía se estanca y la devaluación y suba de tasas de interés contribuyen a acentuar el proceso. La industria cae 0,5% en el último año y la actividad de la construcción se desploma un 5,2%; como resultado, el crecimiento anual ha sido sólo 1,2%, insuficiente para generar los empleos que incorporen a los jóvenes que se suman anualmente a trabajar. La devaluación brusca y no compensada (sin protección a los salarios y beneficios sociales) redunda en una violenta redistribución de ingresos a favor de las empresas, en especial las más grandes, transnacionales y exportadoras.

Incapaz de salirse del corcet que construyó, el gobierno busca complementar la devaluación y compensar parcialmente sus afectos recesivos intentando impulsar un salto inversor de parte de quienes se han negado a hacerlo por su propia voluntad: el gran capital transnacional. Para ello busca cerrar prontamente las puntas abiertas en la reestructuración de la deuda externa, que ya lleva diez años: la búsqueda de un acuerdo con el Club de Paris (de países acreedores, como Francia y España) va en ese sentido, y complementa la decisión de pagar a REPSOL por la expropiación de YPF, la permanencia en el ámbito del CIADI (corte del Banco Mundial para defender los intereses de las transnacionales frente a los Estados) y la aceptación de sus fallos millonarios en contra del país. YPF se encuentra a la cabeza de esta reafirmación del camino de la dependencia: avanza en los acuerdos con las multinacionales del petróleo, como la francesa Total (convenio directamente ligado a la “solución” de la discordia con el Club de Paris), para la explotación de Vaca Muerta.

La batalla de hoy, prepara la de mañana

Ante la evidencia de la crisis en el neodesarrollismo, el pueblo trabajador despliega la resistencia. Primero, rearfimando la necesidad, en lo inmediato, de frenar el ajuste salarial que la inflación y la política de paritarias tuteladas. La lucha docente en la provincia de Buenos Aires consiguió un triunfo parcial (ya que no alcanza a dignificar en lo salarial la tarea docente) pero significativo (pues supera en mucho el punto de partida, menor al 25% y por debajo de la inflación). El mismo pone sobre la mesa el papel clave de la movilización y la unidad en la acción, y la necesidad de superar la barrera que imponen las burocracias sindicales.

Este es un hito en las luchas futuras de los y las trabajadores de la educación y establece un punto de referencia de objetivos y prácticas para el conjunto del pueblo en lucha. Segundo, la desaceleración económica y la alta inflación ponen sobre el tapete la necesidad de defender los puestos de trabajo hoy en riesgo así como los ingresos de las familias trabajadoras. Están a la orden del día la necesidad de suspender los despidos, anular el ajuste de los alquileres para viviendas y la ampliación del alcance y urgente actualización del conjunto de los beneficios de la seguridad social (asignaciones familiares, asignación universal, jubilaciones y pensiones).

 

* Profesor UNLP. Investigador CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

Radicalización del neodesarrollismo

Artículo publicado el 27 de diciembre de 2013 en en marcha.org.ar  (http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/97-analisispolitico/4849-radicalizacion-del-neodesarrollismo-su-propia-superacion)

Por Mariano Féliz*. Luego de un quinquenio de estabilización progresiva, a partir de 2008 el proyecto neodesarrollista impulsado por el kirchnerismo desde el Estado comenzó una etapa bisagra.

 

Entre ese año y 2011 las contradicciones que habían creado barreras crecientes al proyecto hegemónico, comenzaron a tornarse en límites cada vez más complejos de superar dentro de la misma estrategia de poder. Una economía altamente dependiente, basada en el saqueo de las riquezas naturales y la superexplotación del trabajo, bajo el control estructural del gran capital transnacional fue incapaz de acomodarse al cambio en la coyuntura internacional y el surgimiento de vulnerabilidades crecientes. La agudización progresiva de la crisis fiscal del Estado, la renovada crisis externa, el retroceso en la redistribución del ingreso a favor de los trabajadores y el bloqueo de la reindustrialización fueron sus manifestaciones más evidentes. A esto se sumaron graves errores de política, evidentes en:

(a) la crisis energética, causada –entre otras cosas- por una fallida política de subsidios y de “dejar hacer” a las empresas de energía y petróleo. Esa política condujo a la creciente necesidad de importar combustibles con su impacto negativo en el balance de pagos,

(b) la crisis de reservas internacionales. Ella es resultado en gran medida de la política de “pagador serial” de una deuda pública ilegítima e ilegal,

(c) la crisis en el transporte público. Esta es producto combinado de la promoción indiscriminada de la industria automotriz y el transporte individual (en parte vinculada a nuestra posición subordinada al Brasil), y una política de subsidios a las empresas transportistas que alimentó las ganancias pero destruyó la infraestructura, y

(d) la crisis habitacional, resultado de la falta de una política que regule la especulación inmobiliaria y los contratos de alquileres.

En 2011 con un amplio triunfo electoral bajo el brazo, el kirchnerismo comenzó un giro que pretendía ser el camino para intentar disminuir las vulnerabilidades e iniciar una dificultosa transición para “radicalizar” el rumbo neodesarrollista. Es decir, desde el gobierno buscaron dar continuidad al proyecto hegemónico, sin superar sus limitantes estructurales (inserción dependiente, de perfil extractivista/exportador bajo control transnacional y subordinada regionalmente).

Ese giro implicó, entre otras cosas:

(a) Acentuar la apropiación de todos los recursos fiscales disponibles (fundamentalmente a través del ANSES) sin alterar la estructura tributaria y flexibilizar las regulaciones del BCRA para convertirlo en medio de financiación del Estado. Ello buscó dar al Estado “poder de fuego” para alimentar la demanda global –por la vía del gasto y el crédito barato- e intentar estimular el consumo y la inversión privada (que no repuntó significativamente en la última década a pesar de la alta rentabilidad).

(b) Iniciar un ciclo de desvalorización del peso. El objetivo de ese cambio es recuperar parte de la competitividad perdida, aún a costa de acicatear la inflación.

(c) Aumentar la política de control salarial indirecto. La misma logró estancar los salarios reales aunque sin conseguir ninguna mejora significativa en la competitividad o reducciones en las tasas de inflación.

(d) Aumentar el control de la compra/venta de divisas. Sin embargo, ello se hizo sin cambiar la estructura del comercio exterior, el peso de las transnacionales en la economía, los patrones de consumo suntuario, la política energética o la de “pago serial” de la deuda externa que son, entre otras, las fuentes básicas del creciente déficit externo.

(e) Tomar mediadas parciales para corregir la política de subsidios en energía y transporte. Sin embargo, ello se hizo sin alterar sustancialmente la estructura de propiedad y gestión en las ramas de producción y distribución de energía y combustible, o la estructura global del transporte masivo (de cargas y pasajeros).

(f) La reestatización parcial de YPF opera como cambio importante en la etapa. Su principal objetivo es desplazar la “restricción externa” convirtiendo a la Argentina en nación petrolera (exportadora neta de hidrocarburos).

(g) Comenzar un proceso de planificación “en los papeles”. La estrategia de radicalización productivista del proyecto neodesarrollista a través de los Planes Estratégicos Agroalimentario y Agroindustrial (PEAA2020) y el Industrial (PEI2020) tiene el objetivo de acelerar la inversión, el crecimiento de la productividad y, consecuentemente, mejorar la competitividad.

(h) Implementar el Plan Procrear, aunque sin dar una solución de fondo a la crisis habitacional.

Esta política no logró evitar la desaceleración general de la economía, el empleo y los salarios, ni corrigió las principales vulnerabilidades macroeconómicas (fiscal, externa, alta inflación) ni alteró la re-concentración global de los ingresos en manos del capital. En los dos años que concluyeron en las elecciones legislativas de 2013 las barreras, los límite y la tendencia general a la crisis del proyecto hegemónico se profundizaron.

La derrota electoral del kirchnerismo abrió la puerta a una acentuación de ese giro estratégico. En la misma línea, se producen cambios parciales en la política cambiaria, energética, de transporte, etc., sin una alteración sustantiva de las bases estructurales del proyecto hegemónico:

(1) Se acelera la devaluación del peso para recuperar competitividad al costo de una inflación creciente y de la desvalorización salarial.

(2) Se estatiza parcialmente el sistema de transporte (incluidos peajes) con reducción de subsidios y aumentos de tarifas, pero sin redefinir integralmente su estructura, o el lugar del automóvil en el sistema.

(3) Se aceleran los acuerdo con transnacionales para la explotación de hidrocarburos no convencionales, con el fin de realizar obras hidroeléctricas o para la llamada “modernización” del sistema de transporte. Brilla por su ausencia una política de desarrollo nacional de las tecnologías o bienes de capital necesarios para esas obras, pues los mismos son importados a cambio del ingreso de divisas y/o la garantía de demanda externa de los productos de exportación (ej., trenes por soja).

(4) Continúan las demandas del kirchnerismo al conjunto de la burguesía para que aumenten las tasas de inversión, mientras las fracciones dominantes exigen a cambio del “progreso” una mayor cuota de “orden”.

(5) Comienzan a producirse “deslizamientos” en la estructura salarial a favor de las fuerzas de seguridad, eslabón que ganará peso en una etapa que augura mayores niveles de conflictividad y menor consenso.

El neodesarrollismo atraviesa momentos duros en los que la necesidad de su radicalización productivista enfrenta la fractura de bloque de poder y la explosión silenciosa de sus contradicciones y límites. La transición se ha iniciado. Su final no está anunciado.

 

* Investigador CONICET. Profesor UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Agradezco los comentarios de Ismael Domian, Diego Paz y Melina Deledicque a la versión inicial de esta nota.

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