Cambiemos: entre la reforma y la crisis en el capitalismo dependiente

Cambiemos: entre la reforma y la crisis en el capitalismo dependiente
Mariano Féliz

Ponencia presentada para la discusión en el Taller “Capitalismo argentino ¿Una vez más en la encrucijada?” organizado por el colectivo de Economistas de Izquierda (EDI) y la Fundación Rosa Luxemburgo, el 21 de Abril de 2018. Agradezco los intercambios del día que sirvieron para mejorar el trabajo.
[Taller EDI – FRL _ 2018]

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“¿Arranca o no arranca? ¿Siempre arranca? La estrategia económica de Cambiemos choca contra la pared: ¿el capital desconfía?”

[Publicado el 8 de Enero de 2018 en ContrahegemoniaWEB]

I

En las últimas semanas el Gobierno nacional de Cambiemos ha mostrado estar preocupado por el errático desempeño de la economía. Si bien no lo señalan en voz alta, la avanzada legislativa, con ajustes de por medio (ver más), y el cambio inesperado en la política monetaria (ver más) dan cuenta de esos miedos.

La economía en 2017 ha rebotado de su punto más bajo a mediados de 2016 pero no logra despegar. Un crecimiento promedio apenas superior al 3% en el año que termina, no augura un futuro venturoso para el que comienza.

La información oficial del INDEC es clara al respecto: el consumo está en coma (con caídas en las ventas de supermercados en noviembre), las exportaciones totales apenas crecen y la inversión aumenta pero por ahora muy lentamente. El frente externo es complicado por el brutal aumento de las importaciones, el déficit en el saldo comercial y la cuenta corriente del balance de pagos, y la poca iniciativa de los inversores transnacionales. Los brotes verdes son pocos y la lluvia de inversiones no se ve en el horizonte; los nubarrones que si se divisan, no traen buenos augurios. Para completar la situación, la política fiscal de ajuste paso a paso (gradual y no de shock) y la política monetaria de ajuste brutal (altísimas tasas de interés real) crean un caldo explosivo de deuda (eterna) y default en camino. Las contradicciones en la política económica, la devaluación en marcha y el endeudamiento al palo no parecen ser buenos indicios.

La economía no arranca, y ahora no es por el ahogo fiscal que -según sus críticos liberales- se habría producido hasta 2015. La política fiscal expansiva (deficitaria) en aquellos años no logró superar las barreras que la propia estrategia que el kirchnerismo construyó. Luego de 2011, la ‘sintonía fina’ de Cristina y Kiciloff no pudo resucitar a un capitalismo argentino incapaz de superar los límites de la dependencia estructural (ver acá).

El gobierno de Cambiemos quiso pegar un salto de calidad a partir de ‘librar las fuerzas productivas’ (como alguna vez dijo el ex-ministro de la dictadura genocida Martínez de Hoz) con reducciones impositivas: a fines de 2015, eliminación y rebaja de retenciones a las exportaciones, en 2016 menos impuesto a los ricos -bienes personales-, en diciembre de 2017, reducción de aportes patronales e impuesto a las ganancias de las grandes empresas. Dos años después y miles de millones de pesos de recaudación impositiva menos, el ciclo del capital en la economía argentino no arranca. Con un déficit fiscal acrecentado a pesar del ajuste y los despidos, el salto del gobierno parece -a la postre- un salto al vacío.

II

El equipo económico de Cambiemos parece desconcertado. No entiende cómo es posible que luego de tantos ‘esfuerzos’, la tasa de inversión no repunte como presagiaban. Información reciente, proveniente de la Encuesta a Grandes Empresas (ENGE), nos puede ayudar a entender la situación. Esta encuesta regresa con información sobre las 500 empresas más grande del país hasta 2016.

Estimamos la tasa de ganancia para el conjunto de las grandes empresas desde 1993 (línea azul en el gráfico). Vemos que luego de la crisis de la convertibilidad, la tasa de rentabilidad del gran capital se recuperó fuertemente.

Gráfico 1. Salario medio, costo laboral unitario y tasa de ganancia. 500 empresas más grandes. 1993-2016.

Fuente: Estimación propia sobre la base de la ENGE. El salario real (línea roja punteada) es aproximado como el conjunto de los gastos salariales directos e indirectos (incluidos aportes e indemnizaciones por despidos) sobre el empleo total en las 500 empresas más grandes. La tasa de ganancia (línea azul) se estima como la utilidad total sobre el capital circulante (valor bruto de producción – utilidad). El costo laboral unitario (línea gris) se estimó como el salario real promedio dividido por el volumen de producción real (valor bruto de producción).

Como señalamos en otro lado (ver acá), el neodesarrollismo pudo poner en valor las transformaciones construidas a través de la era neoliberal. En ese marco, la economía argentina pudo aprovechar simultáneamente la superexplotación de la fuerza de trabajo, de los cuerpos y de la naturaleza. Las elevadas tasas de ganancia hasta 2011 permitieron normalizar conflictivamente las demandas del pueblo trabajador, expresado en la línea roja punteada en el gráfico (de manera simplificada), en el crecimiento sostenido de salario real promedio. La persistencia de la informalidad laboral y la ampliación de un sistema de seguridad social que sostuvo formas tradicionales de trabajo no remunerado en los hogares sostenidas por las mujeres, es la contracara. Junto con ello, la expansión de la renta extraordinaria producto del creciente saqueo de las riquezas naturales, ampliaron la capacidad del capitalismo dependiente de sostener la expansión.

Luego de 2011, la tasa de ganancia se reduce drásticamente y persiste -con altibajos- en un bajo nivel. La política de ‘sintonía fina’ no logró superar las limitantes evidentes del patrón de acumulación. El ajuste heterodoxo (ver acá) no logró trasladar el ajuste sobre las clases populares, que con la lucha consiguieron sostener la recuperación de sus ingresos. En el gráfico se presentan los salarios de los trabajadores, mayormente formales, masculinos, de las grandes empresas, que enfrentaron un sostenido incremento en la carga fiscal a través, sobre todo, del impuesto sobre los salarios (‘ganancias de 4ta categoría’). El resto del conjunto del pueblo sufrió el estancamiento, y en ciertos casos deterioro, de sus niveles de ingreso.

El macrismo vino a intentar quebrar la resistencia popular al ajuste y a crear el clima de inversiones adecuados a los intereses del gran capital (ver más acá y acá). Sin embargo, no han podido, lograr esos objetivos. Aun si los costos laborales unitarios retomaron el sendero descendente (línea gris en el gráfico) y los salarios cayeron nuevamente en 2016, la tasa de ganancia no se recupera. La política de ‘sinceramienta de precios’, en especial en energía, y el elevado costo del crédito, restringen aún más la chance de elevar la rentabilidad de las fracciones productivas del capital, con un impacto especialmente fuerte entre los capitales más pequeños. Además, la política de apertura comercial y financiera abarata el dólar y acentúa la avalancha importadora, en un contexto internacional de crisis prolongada que pone un techo a una salida exportadora.

La política de liberalización y ajuste fiscal/monetario no logra crear las condiciones para mejorar el clima inversor, en un marco político de elevada incertidumbre y de resistencia social creciente. Si las expectativas no cambian y las decisiones de inversión masiva no vienen, será difícil que la economía repunte. La tasa de inversión a fines de 2017 está acercándose a los mejores niveles de la década pasada. Sin embargo, la economía continúa empantanada.

III

El macrismo juega con fuego y pretende seguir jugando el juego de la espera sobre una creciente montaña de deuda. La pregunta es hasta cuando seguirá el capital financiero apostando por el cambio y -simultáneamente y en sentido contrario- si como pueblo seremos capaces de frenar el ajuste tendencial.

Las cartas están echadas. Las apuestas son altas y crecientes. Si el proyecto hegemónico -impulsado en la etapa por Cambiemos- avanza, y los intereses del gran capital se consolidan, tal vez, sólo tal vez, la economía acelere su crecimiento y revalide políticamente la transición. Por el contrario, si logramos fortalecer la resistencia y desarticular la gobernabilidad del ajuste dentro del neodesarrollo, podremos alimentar la esperanza de configurar al fin una salida popular (ver acá). En eso estamos.

Por Mariano Féliz*

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com / https://marianfeliz.wordpress.com

¿Recalculando, o el fracaso político de la política monetaria?: mentiras, verdades y límites en la renovación de apuro en la política económica de Cambiemos

 

[Publicado el 29 de diciembre de 2017, en ContrahegemoníaWEB]

Pocas horas después de la aprobación del presupuesto de la Administración Nacional para 2018, la reforma tributaria y la ley de responsabilidad fiscal, que vinieron a acompañar el ajuste previsional, las principales espadas del equipo económico del gobierno nacional convocaron de improviso a una conferencia de prensa el jueves 28 de diciembre de 2017 a las 8:45 hs, para anunciar cambios en la política monetaria.

Nos mean y dicen que llueve”, dicho popular.

I

Pocas horas después de la aprobación del presupuesto de la Administración Nacional para 2018, la reforma tributaria y la ley de responsabilidad fiscal, que vinieron a acompañar el ajuste previsional, las principales espadas del equipo económico del gobierno nacional convocaron de improviso a una conferencia de prensa el jueves 28 de diciembre de 2017 a las 8:45 hs, para anunciar cambios en la política monetaria. El jueves 28 de Diciembre, liderados por el Jefe de Gabinete de Ministros Marcos Peña (nombrado “CEO del año” (sic) por la revista Forbes Argentina), en un lenguaje técnico -con evidentes tintes neoliberales- el Ministro de Hacienda Dujovne, el Secretario de Finanzas Caputo, y el presidente del ‘independiente’ Banco Central (BCRA) Sturzenegger, presentaron un mapa de ruta para los años por venir.

II

En pocas palabras, señalaron que el ajuste fiscal en marcha continuará. Luego del acuerdo firmado con la mayoría de los gobiernos provinciales, el recorte será apuntalado por la ley de responsabilidad fiscal que congela el gasto público en términos reales (es decir, puede aumentar igual que la inflación pero no más), e impide aumentar el tamaño relativo de la actividad estatal en tareas fundamentales (como la educación, la salud, la cultura, etc.); la planta de personal no puede subir más que la población. El objetivo de reducir el déficit fiscal y achicar/reformar el Estado poco a poco continúa.

Confirmaron además que dado que la economía da señales de reactivación (crecimiento del 5,2% en Octubre de 2017, comparado con un año antes), pretenden que la política monetaria no conspire contra ello. Por ese motivo, guardaron en un cajón la tan mentada ‘independencia del Banco Central’ y decidieron articular la política monetaria y fiscal, bajo el control político del Ministro Dujovne. Ahora bajar la inflación es un objetivo secundario de la política económica. Por eso, el presidente del BCRA propone ahora bajar las tasas de interés y tener objetivos más modestos: bajar la inflación de 24% en 2017 a 15% en 2018 (en lugar de 10%, como proyectaba hasta hace unos días). Minutos después de la conferencia de prensa, el BCRA estaba activamente comprando LEBAC con el objetivo de aumentar su precio y -consecuentemente- reducir su rendimiento (es decir, la tasa de interés). En paralelo, Indicaron que dejarán que el dólar flote (es decir, suba): la baja de tasas de interés seguramente facilite ese aumento de la moneda extranjera; inmediatamente, el dólar subió por encima de los 19,40 pesos (aumentando casi 10% en menos de un mes).

Por otra parte, el equipo económico sabe que el contexto global de crisis persistente y aumento en las tasas de interés en Estados Unidos favorece la devaluación de nuestra moneda. El aumento del dólar permitirá -de manera parcial- limitar la estampida importadora, al encarecer el gasto en dólares (importaciones, viajes al exterior).

Junto al continuado -y ya anunciado- aumento en las tarifas de los servicios públicos, es previsible que aun el 15% de inflación para 2018 sea un objetivo difícil de alcanzar, a menos que las negociaciones paritarias continúen a la baja.

Reconocen además un cambio en la forma de financiamiento del déficit del Estado. El Banco Central continuará reduciendo la emisión de dinero para financiar el gasto público, como viene ocurriendo desde 2016. Asimismo, el Tesoro Nacional seguirá emitiendo deuda (Letras del Tesoro / Letes) pero con el objetivo de ir reemplazando deuda externa (en moneda extranjera) por deuda interna. ¿Quién le prestará al Estado? ¿Será la ANSES (es decir, jubiladxs, pensionadxs, beneficiarias de asignación universal por hijx, etc.) que verá reducidas sus erogaciones en alrededor de 100 mil millones de pesos, debido a la aprobación del ajuste previsional? (Ver al respecto) Hace solo unos días, el Tesoro Nacional pidió prestado a la ANSES más de 91 mil millones de pesos, a través de la emisión de Letes. Parece que la caja de lxs jubiladxs -como suele llamarse- está siempre disponible al auxilio de otrxs (excepto de lxs beneficiarixs de la ANSES).

III

No hay grandes cambios en realidad, sólo algo de realismo liberal-desarrollista. Sobre las espaldas de un ajuste fiscal progresivo pero sostenido, y del avance de las reformas/ajustes permanentes (la laboral está en las gateras y se anuncia el intento de aprobarla/imponerla en Febrero de 2018), el gobierno pretende poner sobre lxs trabajadorxs del sector público la carga del potencial crecimiento de la economía.

Si la economía crece rápido, aumentará la recaudación de impuestos, seguramente más que la inflación. Esto compensará -al menos parcialmente- la reducción de impuestos recientemente votada en el Congreso (reforma tributaria). Con el gasto público congelado, o en baja, esto reduce el déficit. Claro está, el Estado tendrá menos recursos para llevar adelante sus acciones.

Si bajan las tasas de interés, se abarata el crédito y la economía puede crecer más rápido. Esto puede aumentar el empleo, aun si es de baja calidad. En la previa de la elección de 2019, esto será para Cambiemos una buena noticia en aras del proyecto de consolidación de su hegemonía política (aún endeble) (ver más acá).

El dólar más alto y subiendo, hará más difícil bajar la inflación, pero tiende a bajar el poder de compra de los salarios y mejora la rentabilidad de las grandes empresas (en especial, las exportadoras). Si esa suba es muy acelerada, seguramente haga caer el consumo, contradiciendo el objetivo de sostener el crecimiento económico.

La burbuja de la deuda del Banco Central y el Estado nacional continuará en el horizonte, como una bomba haciendo tic-tac, esperando estallar. Este cambio en la política económica, desplaza un poco en el tiempo el previsible ‘boooom’.

IV

El re-ajuste en el ajuste de Cambiemos se sostiene en dos supuestos de fondo: la posibilidad de imponer límites al crecimiento del poder de compra de los salarios (paritarias por debajo de la inflación) y la capacidad de las fuerzas gobernantes en todos los niveles (nacional, provincial, y municipal) de contener y canalizar la conflictividad social asociada al ajuste en el Estado.

Frente a la política de ajuste fiscal está la resistencia al recorte en derechos sociales adquiridos a través de las luchas históricas del pueblo. Esa resistencia no pudo aun frenar el ajuste por el lado impositivo (la reforma tributaria fue aprobada). Ahora, sin embargo, gana preeminencia inmediata la batalla contra el ajuste en el gasto público.

Si logramos superar en la negociación salarial los techos y la inflación esperada (¿15%?), y ponemos un freno a los despidos en el Estado, estaremos marcando un límite, en la etapa actual, al cercenamiento de derechos provistos a través de la vía estatal en servicios (educación, salud, etc.) o transferencias monetarias (AUH, asignaciones familiares, jubilaciones u otras transferencias).

En los hechos, esto supondrá una batalla cuerpo a cuerpo contra el capital en su forma (de timba) financiera y (explotación) productiva. (ver al respecto a Kalecki, 1943). El capital financiero pretende dominar al Estado (y a la sociedad) a través de la deuda, imponiendo las condiciones para su refinanciación permanente. El capital productivo intenta lo propio, tratando de reducir y limitar la capacidad regulatoria y redistributiva del Estado (es decir, limitando la recaudación de impuestos y el gasto deficitario). La reducción del tamaño del Estado y la continuidad de la política de endeudamiento operan -paradójicamente- en el mismo sentido: restringen la posibilidad y capacidad de usar al Estado a favor del pueblo.

La necesidad de re-calibrar la política anti-inflacionaria (elevadas tasas de interés) expresa los límites impuestos por el pueblo trabajador al ajuste salarial y al recorte en el gasto público.

El encarecimiento del crédito (tasa altas) es un arma del capital para limitar las demandas salariales, pues aumenta la presión sobre las empresas para frenar esos incrementos. De esa forma, pretende mellar la inflación sin tocar sus causas estructurales: la voracidad del capital para apropiar ingresos a través de su poder de fijación de precios.

Sin embargo, las tasas altas ponen en riesgo la política de reducción paulatina del déficit público, pues transforman al endeudamiento en una bola de nieve potencialmente incontrolable, a pesar de las expresiones de deseo del secretario de Finanzas sobre su ‘sustentabilidad’.

En el presente, no hay shock posible para ajustar el déficit. La caída lenta (y no acelerada) en el gasto excedente es producto de la resistencia de las y los trabajadores del sector público y de lxs millones de beneficiarios de los derechos que recibimos a través del Estado. El gobierno sabe que enfrenta una situación social y política explosiva a corto plazo.

El 2018 dirá si somos capaces como pueblo de rechazar social y políticamente el intento del gran capital, en la piel de Cambiemos, de avanzar en la consolidación de una nueva forma de Estado más acorde a sus necesidades e intereses mediatos. Por lo pronto, la imagen y confianza en el gobierno han caído brutalmente luego de este diciembre intenso.

La batalla de la Plaza de los Dos Congresos del 18 de diciembre de 2017 alimenta nuestra confianza en que -más temprano que tarde- venceremos. Como siempre, el futuro es incognoscible, impredecible e incierto; sólo la lucha es científicamente previsible, como diría Gramsci.

Mariano Féliz*

* Dr. en Economía y Dr. en Ciencias Sociales. Profesor de la UNLP. Investigador del CONICET. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Esta nota se terminó de escribir el viernes 29 de diciembre de 2017.

La reforma que es ajuste y represión. Cambios previsionales, lucha popular y alternativas

 

[Publicado el 21 de diciembre de 2017, en ContrahegemoníaWEB]

I

En un marco de violenta y extendida represión de la masiva movilización popular, el gobierno de Cambiemos logró aprobar el 18 de diciembre de 2017 un proyecto de ley de ajuste jubilatorio. Luego del fallido intento del jueves 14, afinando los números y la política de extorsión y cooptación, el gobierno consiguió en la Cámara de Diputados, primero el quórum, y luego los votos suficientes (127 a favor, 117 en contra, con 2 abstenciones y 10 ausentes) para validar el proyecto ya aprobado a fines de noviembre de 2017 en la Cámara de Senadores (43 a favor, 23 en contra y 3 abstenciones). Los apoyos conseguidos a través de lxs gobernadorxs peronistas fueron claves pasar este proyecto que se articula con la reforma impositiva que ahora mismo se disponen a votar, y plantea una violenta redistribución de ingresos desde los sectores más desprotegidos del pueblo trabajador al conjunto de las grandes empresas.

II

La reforma aprobada no es más que un ajuste fiscal mayúsculo, que resta al sistema previsional argentino (con base en el ANSES) entre 85 y 100 mil millones de pesos por año. Según el proyecto de presupuesto nacional para 2018, el gasto previsional está proyectado en 1.433.000 millones de pesos, por lo que la reforma implicará una reducción de 6,9% en el gasto en ese rubro.

El ajuste recae en lo inmediato en lxs jubiladxs, pensionadxs y beneficiarixs de asignaciones por discapacidad, ex-combatientes, por embarazo, y por hijx (tanto la ‘universal’ como la que cobran lxs trabajadorxs asalariadxs formales), entre otras. Las principales perjudicadas las mujeres que representa más del 63% de lxs 5,7 millones de beneficiarios del sistema integrado previsional argentino (SIPA) y casi la totalidad de las casi 3,8 millones de beneficiarias directas de la Asignación Universal por Hijx (AUH) (ver más). Menos ingresos supondrán, sin dudas, más esfuerzos personales, más trabajo no pagado que ellas harán (en esta sociedad patriarcal) para garantizar las tareas de cuidado y reproducción indispensables para la vida.

A partir de ahora, los beneficios previsionales dejarán de ajustarse por una combinación 50/50 de la evolución del salario de lxs trabajadorxs formales del sector privado (índice de Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables o RIPTE) y el aumento en la recaudación previsional (aportes personales y patronales), y pasarán a calcularse por la combinatoria 30/70 del RIPTE y la inflación minorista (IPC). En la medida en que salarios y recaudación crecen más que la inflación (y lo han hecho así -en promedio- desde que está vigente la Ley de Movilidad Jubilatoria aprobada en 2008), el cambio supone un ajuste permanente a la baja en la evolución de los beneficios que paga el ANSES.

El bono de compensación por única vez en Marzo de 2018 sólo compensa parcialmente la pérdida del primer año (2018). En promedio, los jubiladxs que cobran la mínima y no tienen aportes, perderán, sólo durante 2018, alrededor de 2000 pesos y un jubilado que cobre -por ejemplo- 15 mil pesos perderá al menos 4200 pesos. Por otra parte, el mecanismo de compensación opera con enormes desigualdades: así, un jubilado que cobre 9999 $ pesos y con 30 años de aportes, cobrará 750 $ de ‘compensación’, mientras que uno que cobre 10000 $ en igualdad de condiciones, no cobraría nada. Por su parte, lxs beneficiarios de asignaciones universales cobrarán sólo 400 $ por única vez en marzo de 2018, y quienes tengan pensiones no contributivas, sólo 350 $ en ese sólo mes.

El segundo punto de la reforma implica la caída en la llamada tasa de sustitución. El cambio en la fórmula de ajuste mencionada (RIPTE+IPC), se aplicará también (art. 3 de la ley aprobada) a la determinación del salario de referencia para el cálculo de la jubilación futura. El aumento del RIPTE+recaudación ha sido de 950% desde 2008, mientras que el aumento del RIPTE+IPC sólo 760% en el mismo período (ver). De manera tal que quienes se jubilan a partir de ahora, cobrarán aproximadamente un 40% de su salario actual; con la fórmula anterior cobraban en torno al 60% de ese salario. A modo de ejemplo, si tu sueldo promedio (actualizado) en los últimos 10 años era de 20 mil pesos, hasta ahora te jubilás con 12 mil pesos por mes; a partir de 2018, quienes se jubilen en esas condiciones, cobrarán sólo 8 mil pesos mensuales.

Por último, la ley aprobada habilita la jubilación ‘optativa’ a los 70 años, sin distinción de género. Claro está, con una tasa de sustitución que baja a partir de ahora a sólo el 40% del salario en actividad, cae violentamente el incentivo a jubilarse. Lo optativo se convierte en obligatorio por las fuerzas de las circunstancias (de la misma manera que el ‘trabajo libre’ en el capitalismo, no es más que trabajo forzado por la necesidad de comprar todo aquello que necesitamos para vivir). La contracara de esta situación es que en la próxima década, al menos, se jubilarán muchas menos personas. Eso bloqueará la creación de nuevos empleos para lxs jóvenes que hoy sufren tasas de desocupación superiores al 20%. Las mujeres jóvenes, con tasas de desocupación cercanas al 26%, serán nuevamente las más perjudicadas.

Con estas tres medidas, el gobierno pretende (a) reducir el gasto previsional en los actuales beneficiarixs del ANSES, (b) reducir el valor de las jubilaciones para lxs futurxs jubiladxs, y (c) restrinigir el número de personas que quieran jubilarse.

III

El ajuste previsional supone la pérdida de 100 mil millones de pesos de los bolsillos de lxs actuales beneficiarios de ANSES para alimentar las arcas de los gobiernos provinciales y las grandes empresas. A esto se suma la reducción de gasto en lxs futurxs jubiladxs que cobrarán menos y que se jubilarán más tarde.

La contracara del ajuste previsional es el ajuste fiscal (‘reforma tributaria’) que el gobierno nacional propuso. La misma supone, según sus propios cálculos, una reducción de la recaudación total nacional de 1,5% del PBI en 5 años, alrededor de 9% del gasto público de la administración nacional.

Los gobiernos provinciales recibirán fondos adicionales pues el ANSES dejará de recibir parte de la recaudación de impuesto a las ganancias. Hasta ahora, el ANSES recibe el 20% del impuesto a las ganancias; eso desaparecerá si se aprueba la reforma tributaria acordada con los gobernadores. En el presupuesto 2018, ese 20% equivale a 120 mil millones de pesos, que se distribuirán entre la nación y las provincias pues se suma al fondo de recursos coparticipables. La misma reforma propone la reducción del impuesto a las ganancias que será desde el actual 35% de las ganancias netas de las sociedades anónimas, a sólo 25% en 5 años. Lo que las provincias ganan hoy, desaparecerá progresivamente; lo único que quedará es el ajuste.

Por otra parte, la reforma tributaria pretende reducir nuevamente los aportes patronales, entre otros cambios. En los años noventa, los mismos se redujeron de 33% en promedio a sólo 19%. Ahora, el objetivo es bajarlos a un promedio de 12,3%, con una pérdida de recaudación para 2018 de 5000 millones de pesos, creciendo hasta una reducción de recaudación de 140 mil millones en 2022.

Entre ambos cambios (reducción de impuesto a la ganancias de las empresas y caída de aportes patronales) los fondos destinados al ANSES se reducirán en un tercio aproximadamente, alimentando su desfinanciamiento. La contracara será una brutal transferencia de ingresos a las más grandes empresas, casi todas transnacionales(ver más).

IV

En 2008 la reestatización del sistema de jubilaciones creó el marco para un debate sobre qué tipo de sistema de previsión social es deseable y posible en Argentina en el siglo XXI. Ese debate partió del evidente fracaso del sistema creado en 1993 con la privatización del sistema: las grandes ganadoras habían sido las AFJP, que cobraron miles de millones de dólares en comisiones por mal administrar los fondos aportados por las y los trabajadorxs. La contracara fue el masivo endeudamiento del sector público y un sistema que no garantiza jubilaciones dignas.

En la actualidad, tal cual está, el sistema estatal “a la vieja usanza” es completamente insuficiente. La propia ANSES muestra que las jubilaciones que paga son bajísimas. Aun con la ley de movilidad jubilatoria aprobada hace unos años y las distintas moratorias previsionales, la mayoría de lxs jubiladxs y pensionadxs tienen remuneraciones por debajo de la canasta mínima para una familia de adultos mayores (de 17523 $, según estimaciones de la Defensoría de la Tercera Edad de CABA), mientras que la jubilación mínima hoy alcanza los 7245 $ (sólo 41,3% de aquella canasta).

Por otra parte, los recursos ‘genuinos’ del ANSES, es decir, los aportes de trabajadores y empresarios, son claramente insuficientes para financiar un sistema de seguridad social que asegure beneficios dignos para todxs. Un mercado de trabajo altamente precarizado no permite al sistema sostenerse sólamente con esos aportes (que además, como señalamos, fueron disminuidos). El mercado laboral no registrado e informal involucra hoy, a al menos un tercio de lxs asalariados; mayor es aún la fracción precaria de lxs trabajadorxs de la economía popular y el trabajo de cuidado remunerado (llamado aun, anacrónicamente, ‘servicio doméstico’).

El proyecto de presupuesto nacional de 2018 estima que la recaudación previsional alcanzaría los 769 mil millones de pesos, cuando los gastos totales del ANSES en pensiones y jubilaciones contributivas (es decir, por haber realizado aportes) son de 1089 mil millones. Si a eso sumamos otros beneficios, el gasto total en prestaciones sociales nacionales supera los 1417 mil millones. La diferencia se cubre hoy con los ingresos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) -que aporta sólo 40 mil millones de pesos-, aportes de fuentes tributarias y otros recursos.

El sistema público pasó de representar el 5% del PBI en 2007 a superar el 11,9% en 2018 producto de la ampliación en las distintas formas de cobertura; hoy representa el 58,9% del gasto público de la administración nacional. Esto es bueno aunque insuficiente pues hay potenciales beneficiarios que aún están por fuera del sistema. El mismo debe garantizar cobertura universal a adultos mayores, niñxs, discapacitadxs y otrxs (como los veteranos de Malvinas).

V

El sistema de seguridad social actual tiene muchas imperfecciones. Entre ellas, aun contiene en su organización parte de la herencia neoliberal. En el fondo, parece que todavía seguimos pensando el ANSES como un gran fondo de pensión estatal, con un FGS que es una suerte de cofre a administrar para garantizar los beneficios futuros.

Pero, ¿por qué “guardar”, “administrar” e “invertir” los recursos del FGS que provenían del dinero acumulado en el perimido sistema de AFJP? ¿Por qué pensar al ANSES como si fuera una AFJP estatal? Siendo el FGS un monto multimillonario, por qué atesorar esos recursos -cual reservas del Banco Central-, cuando hay necesidades sociales urgentes que evidentemente no han sido resueltas.

Seguir pensando la administración estatal de los fondos del ANSES como si éste fuera un agente financiero (un fondo de pensión público), evidencia que la economía política detrás de la mentalidad previsional prevaleciente (y que tiñe los ajustes propuestos a futuro

por Cambiemos) se mantiene dentro de los cánones de la ortodoxia económica.
Seguir pensando que el ANSES tiene y administra los ‘fondos de los jubilados’, es seguir pensando la previsión social como si los aportes de hoy fueran de los futuros beneficiarios y sirvieran para financiar sus propias jubilaciones en el futuro. Como si el dinero “guardado” en las cajas previsionales pudiera guardar y transferir valor del presente al futuro.

El error analítico clave es que el valor no puede ser transportado al futuro, como si fuera en una máquina del tiempo. Los recursos que se utilizan en el presente para financiar el pago a jubiladxs y pensionadxs actuales, tienen su contrapartida en la producción real de mercancías en el presente.

No tienen (no pueden tener) ninguna correlación real con los aportes del pasado o con los fondos acumulados (en el FGS, en una AFJP o donde fuera), pues el dinero acumulado en el tiempo, no puede crear por sí mismo riqueza o valor. Ese dinero sólo es una expresión del valor, no es valor por sí mismo ni lo crea.

Si hoy no se produce el valor necesario para ser transferido a los actuales jubilados, no importa cuánto se haya aportado en el pasado o cuánto se haya “acumulado” en un fondo, no habrá nada para redistribuir (el fondo acumulado se desvalorizará).

Ese valor producido hoy deberá tener como contrapartida, la producción de bienes y servicios reales que las y los beneficiarios de la seguridad social puedan efectivamente consumir. Esto vale también para quienes reciben beneficios no contributivos del ANSES (pensionadxs no contributivos y beneficiarixs de asignaciones y subsidios). La contracara material de los beneficios monetarios que cobran, son bienes y servicios (mercancías y valor) actualmente producidos por trabajadoras y trabajadores hoy en día.

Por ello, cuando discutimos la seguridad social, el punto de partida del debate debe ser establecer el monto justo de los beneficios (cualesquiera que sean: jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares, universales, etc.) en cada momento del tiempo y arbitrar los mecanismos (impositivos) para garantizar la redistribución –del valor y la riqueza creada por el trabajo en el presente– a lxs jubiladxs y otrxs benefiarixs.

¿Esos beneficios deben estar atados al salario mínimo, al salario promedio en actividad, a la canasta de consumo, a las necesidades? Esas son las primeras preguntas a responder. A partir de su respuesta, se debe buscar la manera de redistribuir recursos de lxs más ricos hacia el conjunto de lxs beneficiarixs de ANSES.

VI

Cambiemos pretende destruir el sistema de seguridad social público tal cual lo conocemos, reduciendo su peso estructural en la economía y abriendo el camino a nuevas formas de privatización (por ejemplo, a través de seguros de pensión privados; tal vez con la vuelta de las AFJP). Por ello, es que el gobierno pretende recortar los recursos y gastos del ANSES. Con el argumento de la (falta de) sustentabilidad, el ajuste recién aprobado en el Congreso es el puntapié inicial de un programa de ajuste generalizado que el gobierno de Cambiemos y los sectores dominantes pretenden imponer.

En cualquier caso, avanzar es superar el pasado, no sólo volver a él. Un sistema de seguridad social que ha sido puesto en crisis permanente (por la falta y reducción de su financiamiento, por los bajos beneficios, por la arbitrariedad su otorgamiento, etc.) sólo será superado radicalmente para mejor, hacia un sistema más justo e inclusivo, si evitamos simplemente volver a los noventa (seguros privados, AFJP, reducción de beneficios) o los dosmil (FGS, ampliación de beneficios sin ampliación del financiamiento).

Contra el ajuste propuesto por Cambiemos, necesitamos avanzar hacia un sistema integral de previsión social que asuma la necesidad de la socialización de la riqueza y los ingresos. La reestatización completa del sistema de jubilaciones y pensiones fue una medida positiva. Pero la reforma del 2008 fue volver a 1993 (antes de la privatización del sistema), sin fortalecer el financiamiento del ANSES. Por ello, no significó hacer lo justo, posible y necesario.

El ajuste propuesto por Cambiemos es retroceder aun más.

VII

Es necesario avanzar en hacer una profunda redistribución de la riqueza hacia los que menos tienen. Para ello se debe, en principio, tener en cuenta los siguientes elementos.

1. El sistema de previsión social debería garantizar un nivel de ingresos igual a la canasta familiar para las familias trabajadorxs, tanto para jubiladxs y pensionadxs, como para el resto de sus beneficiarios.

La jubilación mínima ha subido sustancialmente con el sistema de ajuste actual, pero aun se encuentra por debajo de la canasta básica. Es momento de reconocer la necesidad de crear un sistema que garantice niveles dignos de ingreso iguales a la canasta familiar para todos los adultos mayores, más allá de su historia laboral y partiendo de la apropiación y redistribución colectiva del excedente social.

Los beneficios mínimos para jubiladxs y pensionadxs deberían ser de al menos 9000 $ (25% más que de la mínima actual). Todas las asignaciones familiares y universal por hijx se encuentran hoy por debajo de la línea de la pobreza, límite que pueden superar fácilmente: hoy representan sólo el 1,4% del PBI (menos que los pagos de intereses por la deuda pública, que representarán en 2018 al menos el 2,3% del PBI). La fórmula de actualización general debería estar atada a la estimación real de la canasta de consumo familiar discutida junto con las organizaciones sindicales, sociales y políticas, que, a su vez, tiene que tomar en cuenta la necesidad de ampliar la provisión de servicios gratuitos y públicos (que incluyen educación, salud, tareas de reproducción y cuidado, esparcimiento y deporte, entre otras).

2. Es injusto que familias trabajadoras que no alcanzan la canasta familiar estén aportando a sostener la previsión social, cuando ya aportan en exceso en concepto de IVA y otros impuestos regresivos. Es decir, es injusto seguir sosteniendo el sistema de previsión con el aporte de millones de trabajadorxs en actividad, cuando simultáneamente se han reducido los impuestos a las clases más enriquecidas y se pretende acentuar esa situación con la reforma tributaria en marcha.

3. Es imprescindible la eliminación del trabajo “en negro” o no registrado. El sistema estatal no puede sostenerse con un mercado laboral hiperprecarizado, donde aportan al sistema, directamente a través de lxs aportes patronales y personal, sólo 1 de cada 2 trabajadorxs.

4. Es hora de construir un sistema que, a partir de la imposición a las distintas formas de la renta extraordinaria (rentas financieras, minera, petrolera, sojera, urbana, etc.) y el aumento de la imposición a las ganancias de las empresas, los llamados ‘aportes patronales’ y la riqueza suntuaria. A través de ese sistema de impuestos más amplio y progresivo, se podrá socializar el valor que es producido por el esfuerzo laboral del conjunto del pueblo trabajador y que hoy es apropiado mayormente por las clases dominantes. Con la creación y/o ampliación de los mencionados impuestos, se puede ampliar la financiación del sistema previsional para pagar beneficios justos y universales.

5. Hay que avanzar hacia un sistema que sea punto de partida para la construcción de un régimen de garantía de ingresos iguales a la canasta familiar para todxs, más allá de su condición de ocupado, desocupado, jubilado, mujer, varón, joven o viejo, que permita alcanzar niveles de vida dignos para todos y todas. Este debe ser el punto de partida del debate.

VII

“Todos los hombres [y las mujeres] reconocen el derecho a la revolución, es decir, el derecho de rehusar obediencia y sublevarse contra el gobierno cuando su tiranía o incompetencia son grandes e intolerables” (Henry D. Thoreau)

La batalla de la Plaza del Congreso para frenar el ajuste previsional, muestra que el Pueblo argentino es capaz de recuperar, en las peores circunstancias, su memoria histórica. La epopeya de diciembre de 2001, sus mártires, reclaman su legado. ¿Se está cansando nuestro Pueblo de ser mediatizado, intimidado, ninguneado?

Frente a un Estado que pretende separarse de la sociedad, convertirse en fortaleza de los intereses del gran capital, resistimos, en una y mil formas. Con piedras y cacerolas, con palmas y gritos, con los pies sobre la tierra y la cabeza en el horizonte. Pidiendo lo imposible, reclamándolo todo.

Cuando un gobierno convierte la calle en territorio ocupado, cuando las instituciones (¿democráticas?) se ocultan detrás de los escudos y las balas, lo que se huele -junto a la pólvora y el sudor- es el miedo de los ricos a los cuerpos en acto, el terror de los poderosos a nuestra participación activa, a nuestro autogobierno.

Un gobierno armado es, paradojalmente, un gobierno asustado, temeroso del poder popular. Aprobarán sus leyes, pero el clamor colectivo, las ansias de libertad y justicia, no cesarán. Aprobarán sus decretos, pero caerán, inevitablemente. Cuando llegue la hora (y llegará, no tengamos dudas) de hacerlos correr, seremos nosotrxs en toda potencia quien haremos pagar su culpa a lxs traidores, y pondremos las cosas en su lugar. Seremos todas y todos quienes haremos justicia (no lxs jueces) y gobernaremos, luchando, hasta que todes seamos libres.

Mariano Féliz*

* Dr. en Economía y Dr. en Ciencias Sociales. Investigador del CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Profesor FaHCE/UNLP. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Integrante de COMUNA (Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana) en el FPDS-CN (marianfeliz@gmail.com)

Marx en la formación de lxs economistas

Publicado en La Tinta (https://latinta.com.ar/2017/09/marx-formacion-economistas/) el día 18 de Septiembre de 2017.

Marx en la formación de las y los economistas

De la crítica de la economía política al cambio social

Por Mariano Féliz para La tinta

 

“Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.”
Rodolfo Walsh

La economía política nació como expresión de la consolidación del capitalismo como forma social de producción dominante. Sus primeros desarrollos (en los siglos XVIII y XIX en la pluma de Adam Smith y David Ricardo, entre otrxs) pretendieron dar cuenta del ascenso de una forma de producción de riqueza basada centralmente en el trabajo humano y la mercantilización de lo social. Esos primeros aportes fueron esenciales para la comprensión de las bases de una nueva modalidad de existencia de la vida humana.

Sin embargo, esos primeros pensadores no pudieron superar los límites de su propia parcialidad como intelectuales orgánicos de la burguesía en ascenso. Le cupo a Carlos Marx radicalizar las conclusiones de lxs economistas clásicos y proyectar un pensamiento crítico sobre el capitalismo emergente, ahora desde el punto de vista de las clases populares. Una obra extensa alcanzó un punto alto, aunque no el único, en la publicación del primer tomo de El Capital, hace ya 150 años.

Ese pensamiento propone desnaturalizar la dinámica societal capitalista, desarticulando las apariencias nacidas del proceso de abstracción del trabajo. De esa manera, la obra de Marx -una verdadera crítica de la economía política- aportó elementos clave para entender la verdadera naturaleza del sistema así como para construir una estrategia para su superación radical. El marxismo comprendió que la forma del trabajo en el capitalismo (trabajo alienado, no libre) era clave para comprender la totalidad social y que la lucha contra todas las formas y fundamentos del trabajo no libre eran la clave para el cambio social radical, para la construcción de una nueva sociedad. Este pensamiento no nació simplemente de la mente de Marx sino fue el resultado de la síntesis teórica (naturalmente, parcial e incompleta) que él realizó ante el auge de las luchas del pueblo en aquellos años, cuyo pico estuvo -tal vez- en las jornadas de la Comuna de París de 1871.

Frente a la amenaza del pueblo trabajador en lucha y sus intelectuales orgánicos (de los cuales Marx fue uno de lxs mejores), el pensamiento dominante debió construir una nueva conceptualización del mundo que negara los orígenes clásicos de la ciencia económica burguesa, pero permitiera disputar al marxismo la comprensión científica de la sociedad. El surgimiento de la que hoy conocemos como corriente liberal/neoclásica (en las obras de Jevons, Walras y Pareto, entre tantxs otrxs), vino a producir un conocimiento sobre la dinámica societal apoyado en un nuevo terreno (individualismo subjetivista) cuya principal limitación sería su carácter apologético y a-histórico. Su incapacidad de dar cuenta de la historicidad, no-neutralidad y conflictividad de las categorías de la economía política han sido desde entonces sus principales limitaciones.

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En el siglo XX el keynesianismo nació como reacción interna a la crisis del liberalismo para comprender la gran crisis de los años treinta y para enfrentar los efectos políticos de la revolución rusa de 1917. La paradoja era que la mirada anti-historicista de la obra keynesiana respecto de la existencia del capitalismo no podía -no puede- captar la mortalidad del mismo cuando se hace evidente (como posibilidad) en la crisis. El keynesianismo se mantuvo como pensamiento de alternancia sistémica, como salvaguarda frente al conflicto social que la crisis hacía evidente. En América Latina, el desarrollismo estructuralista se convirtió en la expresión de esa alternancia entre el puntal conceptual para el capitalismo en crisis (liberalismo neoclásico) y el capitalismo en expansión. La irrupción de las clases populares en los años 1940 y 1950 fue la piedra de toque de esas nuevas aproximaciones analítico-políticas.

En ese mismo proceso, la crítica de la economía política, con base en el marxismo, se fue nutriendo de los debates políticos y teóricos de cada época y territorio. En América Latina se reconfiguró primero como teoría marxista de la dependencia, con Ruy Mauro Marini y Vania Bambirra entre sus mejores exponentes, impregnada del impacto de las revoluciones populares en toda la periferia del mundo y el ascenso de las luchas sociales.

La reconstrucción regional de la crítica a la economía política permitió incorporar nuevos elementos al debate, articulando una crítica a los límites de la industrialización periférica con conceptos nuevos como la idea de la superexplotación de la fuerza de trabajo. Sin embargo, permanecieron -por la mayor parte- dentro de un cierto paradigma productivista/extractivista/patriarcal.

La crisis capitalista de los setenta y ochenta abrió para esa crítica una mirada de nuevos aportes. La recomposición política del pueblo trabajador, y la emergencia y consolidación, en todas las regiones del mundo, de movimientos campesinos, de feministas y de mujeres, de comunidades originarias, de las y los trabajadores expulsados, crecientemente precarizados, etc., abrieron todo un campo de lucha que iluminó un nuevo comienzo para la crítica de la economía política.

Se multiplicaron los cruces e intersecciones conceptuales y prácticas que pudieron comprender la naturaleza integral de la articulación entre el capitalismo, el patriarcado, el extractivismo, el racismo y la modernidad. Se configuró una nueva perspectiva analítica más abierta, múltiple y diversa, que imbuida de las nuevas formas de las luchas del pueblo comenzó a construir un nuevo pensamiento crítico, capaz de aportar elementos a la transformación radical de la sociedad, para construir un nuevo mundo en el que quepan todos los mundos.


De lo dicho, nos parece fundamental comprender que la crítica de la economía política debe ser la base de la formación de las y los economistas. Sin esa capacidad de historizar el pensamiento, entendido como atravesado por las luchas sociales (y no producto del mero devenir de las ideas), sin la posibilidad de proyectar un pensamiento crítico transformador de las relaciones sociales, lxs economistas sólo pueden tener razonamiento formal, apologético del estado del mundo, incapaces de entenderlo y menos de aportar a su transformación sustantiva.


Esa forma de pensar superficial, naturalizadora del mundo, es el que prima en los discursos y la formación mayoritaria en las universidades de nuestro país y el mundo. Sea neoliberal o desarrollista/keynesiano, esas modalidades de comprensión del mundo son incapaces de transformarlo pues no logran comprender la constitución social de la teoría y la inmanencia de la praxis (la lucha) como parte constitutiva de aquella. Sin ese fundamento práctico-crítico, la teoría y su crítica sólo sirven a la recurrente reproducción de un mundo sostenido en la opresión y explotación generalizada de los cuerpos, los territorios, la naturaleza. Poner un freno a esa forma de ser del mundo y contribuir a una nueva configuración de la producción y reproducción social con eje en la vida debe ser el fundamento de la formación y praxis de lxs economistas políticxs.

*Por Mariano Féliz para La tinta.


Dr. en Economía y Dr. en Ciencias Sociales, investigador CONICET, profesor UNLP, integrante de la Sociedad de Economía Política de Argentina y Uruguay, militante en el Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional.

¿Quién pinchará los globos amarillos?

¿Quién pinchará los globos amarillos?

¿Hacia una nueva hegemonía social del capital en la segunda era neodesarrollista?*

 

«cuando todo está o parece perdido hay que volver a meterse tranquilamente en el trabajo, recomenzando otra vez desde el principio» (Gramsci, Cuadernos de la Cárcel)

El triunfo de Cambiemos en la última PASO parece dar cuenta de un cambio sustantivo en la dinámica política de la Argentina. Se habla de la nacionalización de una fuerza de “derecha democrática” (sic), que ha sabido interpelar a un sector importante de la sociedad (Burdman, 2017, Natanson, 2017). Por su parte, el kichnerismo, fuerza política que gobernó durante más de una década, aparece golpeada, mientras que la izquierda en su dimensión electoral y en sus diversas vertientes, persiste como experiencia minoritaria, aunque no despreciable.

No nos atreveríamos a denominar a Cambiemos como expresión de una derecha democrática como propone Natanson. En especial, no creemos que la denominación sirva si a la democracia institucional se le atribuye un sentido positivo per se. La democracia formal dista de ser ‘democrática’, más bien la democracia representativa burguesa es en sí misma un fraude (como diría el compañero Damián Lambusta). Por otra parte, las prácticas institucionales de Cambiemos lejos están de ser democráticas en el sentido común atribuido al término (es decir, digamos, respeto mínimo al Estado de derecho; Féliz, 2016).

Pero, más allá de ello, cómo entender el surgimiento y consolidación aparente de esa fuerza política luego de una docena de años de neodesarrollismo encabezado por el kirchnerismo y de la crisis neoliberal. ¿Es Cambiemos un producto de los medios de comunicación y una técnica comunicacional acertada? ¿Cuáles son los fundamentos materiales del proceso que ha conducido a la pretendida estabilización del gobierno de Cambiemos? Lo que siguen son algunos apuntes al respecto.

 

  1. A través del neoliberalismo se consolidó proceso de valorización capitalista centrado en el gran capital transnacional

Ya lo hemos dicho en otros momentos, entendemos que la era neoliberal constituyó un conflictivo proceso de transformaciones estructurales que condujeron en Argentina a la conformación de una nueva modalidad de explotación capitalista de los cuerpos y territorios. El mismo fue parte de un proceso global de transformaciones iniciado en la crisis de finales de los años sesenta, que tuvo sus hitos regionales en Chile (1973) y Argentina (1976), y a nivel de los países centrales en el triunfo de Thatcher en el Reino Unido (1979) y Reagan en los EE.UU. (1981).

En Argentina, ese nuevo proceso de valorización de capital, construido a través del neoliberalismo, se centra en formas exacerbadas de extractivismo (saqueo) y explotación de la fuerza de trabajo y los cuerpos. La superexplotación general de cuerpos y territorios se ha consolidado a través de formas de precarización extendidas de la vida en todas sus dimensiones. Esto se evidencia en formas de creciente fragilidad de la vida y el trabajo, en la producción mercantil (diversas formas de empleo y trabajo rentado) y en la reproducción y sostén de la vida (en el trabajo en hogares y en las comunidades).

El mismo ha colocado, por un lado, al gran capital transnacional(izado) (GCT) en el centro de la valorización y acumulación de capital; un proceso de base transnacional, de anclaje extractivo imperialista y financierizado. El GCT se convirtió en el actor dominante al poseer control y propiedad de fracciones significativas del capital en todas las ramas de la economía. Su peso estructural lo convierte en el articulador de las relaciones económicas capitalistas; sus decisiones de inversión en capital constante (maquinarias, insumos, tecnologías) y variable (fuerza de trabajo empleada) marcan la pauta para el conjunto de la economía. Por otra parte, el pueblo trabajador precarizado y fragmentado, empobrecido y flexibilizado, el precariado, constituye el centro de la nueva composición política del pueblo en lucha.

Como nota aclaratoria, hacemos referencia a la idea de ‘precariado’ a falta de un mejor término. Pretendemos expresar en él la idea de una forma de uso de la fuerza de trabajo (remunerada o no) en el capitalismo periférico contemporáneo, donde se han exacerbado formas de explotación pretéritas, ligadas a la era del predominio de las estrategias de producción de plusvalía absoluta. Esas formas de explotación, asumen la super-explotación de la fuerza de trabajo (en el sentido propuesto por Ruy Mauro Marini para el trabajo asalariado), es decir, la creación de condiciones de producción/reproducción de la misma que no son sostenibles (en términos de sostenibilidad de la vida) en el tiempo o, para decirlo de otra forma, que expulsan a los márgenes y destruyen las capacidades (socialmente) productivas de una fracción significativa de la población.

La transición neoliberal en Argentina atravesó diversas fases que dieron cuenta de etapas en el proceso de la lucha por la reconfiguración de la estructura social. A través de esos diversos momentos el capital logró, no sin dificultades, transformar la estructura del capital en sus diversas formas, la forma del Estado (y sus formas políticas) y la conformación material (objetiva y subjetiva) de los actores en lucha. La crisis neoliberal de fines de los años noventa expresó el comienzo del fin de esa era, y la consolidación de esa nueva constitución política de las clases.

La salida violenta del neoliberalismo en Argentina expresó la recomposición política del pueblo trabajador, que pudo constituirse como límite a la estrategia del ajuste estructural. A través de nuevas formas organizativas y modalidades de acción directa, con eje en el precariado, el pueblo en lucha pudo poner en crisis societal la estrategia neoliberal de desarrollo capitalista (es decir, el ajuste estructural), abriendo el espacio para la transición a una nueva forma de desarrollo. El movimiento piquetero (con la participación fundamental de las mujeres dentro de éste) y una nueva generación de activistas de base en el movimiento obrero (en especial en ciertos sectores estratégicos, como transporte y logística, alimentos y bebidas, estatales) encarnaron el núcleo de esa resistencia.

La nueva forma de desarrollo que vendría a superar dialécticamente a la estrategia neoliberal, sería la resultante de la confrontación entre los nuevos sujetos sociales con pretensión hegemónica en cada campo de la disputa. Esa confrontación sería violenta y su resultado indeterminado.

  1. El kirchnerismo surgió como fuerza política para la estabilización social de las conclusiones societales del neoliberalismo (neodesarrollismo en su primera etapa populista)

La crisis neoliberal, crisis orgánica (es decir, de todas las formas sociales), fue conjurada a lo largo del año 2002. La derogación de la convertibilidad y el ajuste económico subsecuente, la construcción de un sistema de transferencia monetarias básica pero masivas (plan Jefes), la masacre de Avellaneda y la incipiente expansión económica del 2do semestre de 2002 conformaron el terreno para la constitución de una nueva configuración política potencialmente capaz de reconstruir una sólida hegemonía de orden capitalista. El kirchnerismo encarnó a partir de 2003 este intento de estabilización social.

Las fracciones dominantes dentro del capital necesitaban la conformación de un nuevo proyecto societal hegemónico. El mismo debía permitirles -simultáneamente- garantizar condiciones objetivas para la valorización ampliada del capital social bajo su dominio y crear condiciones subjetivas que permitieran contener, canalizar y normalizar -aunque más no fuera, conflictivamente- las exigencias de la nueva composición política del pueblo.

Frente a la crisis del discurso que articuló el programa neoliberal, el kirchnerismo rescató el histórico relato desarrollista de los inicios del peronismo en Argentina. Simultáneamente, el kircherismo supo leer el momento político a escala regional, recostándose en la llamada ‘ola progresista’, aunque más cerca del neodesarrollismo brasileño del PT y más bien lejos del contenido de la revolución Bolivariana liderada por Chávez.

La retórica del “capitalismo en serio” y el “crecimiento con inclusión” constituyeron la nueva síntesis discursiva para apuntar la conformación de una nueva estrategia de desarrollo capitalista de orden neodesarrollista (Féliz, 2012). Como fuerza política dentro de los “partidos del orden”, el kirchnerismo buscó (y logró por un tiempo) consolidar una articulación política capaz de sostener las bases materiales de la valorización neodesarrollista (superexplotación de los cuerpos y los territorios, en un marco financiarizado y transnacional) con la construcción de una forma del Estado que pudiera contener las consecuencias sociales de una nueva estructura social del capital, en especial de su porción variable. Ello incluyó formas renovadas e intensificadas de precarización del trabajo remunerado y no remunerado (de reproducción o ‘de cuidado’), y también nuevas modalidades de saqueo de las riquezas de la naturaleza y de los bienes comunes a través de un salto cualitativo en las escalas y capacidad de destrucción de las actividades productivas (tanto de soja y otros productos agropecuarios, como de la minería y la energía, entre otros). Por una parte, asistimos a formas de gestión de la fuerza de trabajo que multiplican la alienación y la explotación al crear condiciones de trabajo/vida completamente articuladas con el capital fijo: turnos rotativos, jornadas de trabajo extendidas y tiempo de viaje al trabajo inconmensurables, ‘guardia permanente’ a través de teléfonos celulares, etc. Por otro lado, atravesamos la consolidación de redes internacionales de cuidados y el deterioro del Estado como proveedor de servicios sociales (salud, educación, transporte público, etc.) que han fortalecido la precarización e intensificación del trabajo reproductivo. Finalmente, se ha multiplicado el uso de prácticas productivas, montadas en el desarrollo de nuevas tecnologías (que van desde nuevos paradigmas para la logística, el uso de las TICs y la proliferación del uso de técnicas altamente contaminantes o de alta capacidad destructiva -como los agrotóxicos, las hidroeléctricas o el fracking-), que multiplican la explotación intensiva de la naturaleza con consecuencias enormemente dañinas desde el punto de vista del trabajo productivo y reproductivo, de las formas de explotación de las riquezas naturales y la generación de desechos, entre otros efectos nocivos para la sostenibilidad de la vida.

En tal sentido, la constitución de una nueva forma del Estado social periférico estuvo a la orden del día (Féliz y Díaz Lozano, 2017). Por un lado, recreando las instituciones de regulación/integración de la fuerza de trabajo (cuerpos) formal sindicalizada (y mayormente masculina). Por otra parte, conformando un nuevo régimen de seguridad social de tendencia universalista básica para la contención de la fuerza de trabajo (cuerpos) precarizados y marginalizados en el ámbito mercantil y en la reproducción social (en el espacio de los cuidados, mayormente sostenido por las mujeres). Esta integración fue conflictiva y disputada pero eventualmente eficaz para recuperar la hegemonía de una estrategia de desarrollo capitalista capaz de reproducir y ampliar las bases materiales de las nuevas fracciones dominantes del capital. Las políticas sociales y laborales vinieron a reconocer la fuerza organizada de las fracciones más activas del pueblo, a la vez que buscaron convertirse en nuevos instrumentos de control social y neutralización política. Tal cual señala Raquel Gutiérrez, en alguna medida fuimos ‘expropiados’ de nuestras propias capacidades de lucha, las cuales fueron reintegradas al sistema, al menos parcial y temporalmente (León Pérez, Pérez Castillo y Gutiérrez Aguilar, 2017).

Hasta la crisis global de 2008, el desarrollo de barreras crecientes al proceso de valorización pudo ser aplazado (Féliz, 2015). La puja distributiva pudo ser contenida aprovechando el “colchón” creado por las condiciones de salida de la convertibilidad y la ampliación de la renta extraordinaria disponible. El crecimiento en los precios de las materias primas de exportación, la fase final de la burbuja especulativa en los EE.UU. (2002-2008) y la irrupción de China como nueva potencia sub-imperialista en la región suraméricana, enmarcan la primera fase del neodesarrollo argentino.

Las demandas ‘no contenibles’ fueron convenientemente reprimidas a través de formas de control social descentralizadas y de baja intensidad, no por ello menos eficaces o mortales (como el ‘gatillo fácil’, los grupos para-militares en conflictos rurales y eco-territoriales, represión a movilizaciones obreras y piqueteras, etc.). Aun así, las contradicciones de la producción/reproducción capitalista se expresaron en inflación en ascenso, dificultades para financiar el gasto público y caída en la competitividad global de la economía.

  • Cambiemos apuesta a radicalizar el neodesarrollismo provocando un salto cualitativo, de intensificación capitalista (neodesarrollismo conservador)

Luego de la crisis de 2009 y el conflicto con las nuevas fracciones rentistas de las clases medias, el kirchnerismo avanza desde 2011 con su ‘programa de transición’; La alianza política que sustentaba al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se amplió del 45% del total de votos en 2007 a 54% en 2011.

El inicio de la llamada sintonía fina marcó los primeros pasos en la estrategia kirchnerista para el objetivo de canalizar las tendencias a la crisis transicional del neodesarrollismo. La pretensión era garantizar su propia reproducción como fuerza política gobernante.

La proyección era dar un salto cualitativo, hacia una fase de intensificación desarrollista, que permitiera superar o desarticular temporalmente las barreras del capitalismo dependiente argentino. Para ello, las demandas de las clases populares debían moderarse y compatibilizarse con la necesidad de dar un salto en calidad en la tasa de inversión; el GCT reinvertía sólo 1 de cada 5 pesos de ganancia realizada en el país (Manzanelli, 2011). Sin embargo, la configuración particular del capitalismo dependiente argentino, impedía o hacía difícil tal transformación cualitativa. La dominancia del GCT limita las decisiones de inversión y reinversión al marco de sus estrategias globales. Por otra parte, a partir de 2008, la desaparición del plus de renta extraordinaria asociado al boom de los precios de las commodities de exportación y la ‘fuga hacia la calidad’ (hacia el centro) por parte del gran capital transnacional, encorcetaron al proceso de reproducción ampliada del capital en Argentina en momentos en que sus límites se hacían más evidentes (a partir de la última gestión de CFK). El crecimiento económico entre 2008 y 2015 cayó a menos de la mitad en comparación a la etapa anterior, mostrando a su vez varios años de estancamiento o recesión abierta.

El ajuste heterodoxo pretendió postergar la transformación de las barreras del neodesarrollo (capitalista dependiente) en límites, aunque en el interín, ese ajuste desarticuló las bases de la hegemonía política del kirchnerismo.

El mito del desarrollo como ‘crecimiento con inclusión’ se fue desbaratando en la medida en que la inflación elevada se consolidó, el crecimiento del empleo y los salarios se estancaron, y la única forma de hacer real el mito era el endeudamiento personal sin fin.

Por su conformación material (objetiva y subjetiva, social, política e histórica) el kirchnerismo no podía enfrentar la crisis transicional de manera radical. Como movimiento político dentro de los partidos del orden, no podía dar un salto de calidad hacia la ‘izquierda anticapitalista’. Por el contrario, su propia genealogía lo conducía a pretender una transición ordenada, desplazando en tiempo y espacio las contradicciones, para mantener su rol de conducción política en la gestión del Estado.

Las dificultades de esa estrategia fueron múltiples. Por un lado, se tornaba insostenible la imagen del ‘proyecto nacional’ como la solución de los problemas urgentes del conjunto del pueblo, cuando la precarización de la vida persistía, evidentemente. Ello fue así, sobre todo, en la medida en que las fracciones medias con aspiraciones de ascenso social veían desvanecerse ese sueño (ofrecido por el kirchnerismo) del consumo como horizonte permanente de la felicidad posible (aun si efímera y alienada). En tal contexto, la política de ampliación de derechos ‘ciudadanos’ (por ejemplo, matrimonio igualitario e identidad de género) y del Estado social (asignación universal por hijo, plan Argentina Trabaja, moratorias previsionales) sólo consolidó el núcleo duro de la base de la alianza política de gobierno.

Frente al estancamiento e inestabilidad económica del último gobierno de CFK, la conflictividad social fue en ascenso, en especial entre la “columna vertebral” de la alianza gobernante: el movimiento obrero organizado (liderado -a la sazón- por Moyano). La ruptura del compromiso implícito del desarrollo como consumo ampliado, destrozó la alianza social de gobierno: las fracciones medias obreras y las fracciones medias rentistas se dispersaron para alimentar los apoyos a Massa y Macri, respectivamente.

Sólo las fracciones medias de la inteligentzia kirchnerista y los sectores de las clases populares urbanas más precarizadas (más dependientes de las políticas de transferencias estatales) permanecieron como apoyo detrás del candidato Scioli. Según una estadística recientemente publicada por el INDEC (2017, Cuadro 8, pg. 9), durante el 1er trimestre de 2017, en el 30% de los hogares con menores ingresos totales, no menos de la mitad de los ingresos monetarios provienen de fuentes ‘no laborales’ (en general, esto es, transferencias del sector público y de familiares, amigos o redes comunitarias).

De manera previsible (aunque no inevitable) esta dinámica condujo a la derrota política del kirchnerismo en las urnas. En la primera vuelta de la elección presidencial de 2015, la lista encabezada por Scioli recibió 37,08% de los votos válidos (29,4% de los empadronados), mientras la lista de Macri el 34,15% (26,8% del padrón).

  1. El kirchnerismo fue dique de contención del precariado en lucha; ¿Cambiemos será la forma política de esa nueva subjetividad precaria?

La consolidación de Cambiemos como expresión de una nueva hegemonía política en Argentina da cuenta de la constitución de una nueva forma de subjetividad hegemónica. Esa subjetividad expresa la nueva configuración de pueblo trabajador, con una nueva composición política.

Es una paradoja que la fuerza política que aparece consolidada en estos años, haya nacido de las entrañas de la primera era neodesarrollista. Esa paradoja no es necesariamente tal: si entendemos que mientras el kirchnerismo surgió como fuerza política de contención de las conclusiones políticas del neoliberalismo, ¿es Cambiemos quien toma la posta como la fuerza política que mejor expresa la nueva configuración de composición del capital dominante y el núcleo de esa nueva subjetividad que dimana de la forma del precariado?

¿Es Cambiemos un acierto de las fracciones de la derecha en términos de estrategia política, márketing o discurso, o, sobre todo, expresión necesaria de una fracción significativa, aún si no mayoritaria, de los sectores sociales hegemónicos? Ya en 2009 los principales componentes de la alianza Cambiemos obtuvieron alrededor el 47% del voto en las elecciones nacionales legislativas. En 2009, el Acuerdo Cívico y Social (con la UCR como principal partido nacional) obtuvo 28,9% del voto a diputados nacionales, algo por debajo del 30,9% del FPV. La coalición llamada Unión PRO consiguió 17,7%.

Cambiemos no llega a expresar a las fracciones más empobrecidas del pueblo trabajador; probablemente, nunca lo haga. En las PASO, es claro que el kirchnerismo mantuvo el apoyo del núcleo duro de las fracciones más pauperizadas del pueblo trabajador, cuya subsistencia material inmediata está garantizada -aun si en condiciones precarias- por las políticas sociales consolidadas a partir de 2002. De cualquier forma, según la EPH del INDEC, entre el 2do Trimestre de 2016 y el 1er Trimestre de 2017 el ingreso promedio del 30% más pobre de los hogares aumentó en términos nominales 25,4% y el ingreso medio del 30% más rico subió 30,9%, mientras la inflación entre ese mismo período fue de 16,8%. Ambas fracciones sociales vieron mejorar parcialmente sus ingresos totales en ese período en comparación con la inflación, aun si los primeros pueden no recuperar totalmente las pérdidas desde diciembre de 2015.

Sin embargo, sí parece expresar la angustia que provoca en ciertas fracciones de los sectores medios del pueblo que enfrentan la precarización de sus vidas cotidianamente y arrastran un ideario social de ascenso por la vía del mérito (es decir, en el capitalismo, “del empleo” remunerado, la educación, etc.).

Por supuesto, la presencia de ese ideario no lo hace cierto en sus conclusiones. La meritocracia es el mito capitalista que más impregna a las clases medias. Ellas consideran que su situación privilegiada –en contraste con el conjunto de las clases populares- es producto de su propio esfuerzo individual o familiar. Tienen como horizonte alcanzar a ser parte de las fracciones dominantes (paradójicamente, en un ‘golpe de suerte’) y su mayor miedo es ‘descender’ al mundo de las clases populares. Su mayor aspiración convertirse en ‘empleados del mes’ (ejemplo del trabajador/a en su más plena alienación como ‘capital humano’) pero ese es su mayor nivel de incomprensión de la realidad del capitalismo como sistema social: su situación particular está por fuera de su control, en manos de actores cuya única motivación es la maximización de la rentabilidad de su capital.

El mismo expresa la prevalencia de una forma de alienación social que se fortalece en la medida en que las formas sociales de la producción y reproducción de la vida tienden a fragmentarse, individualizarse, privatizarse. Por un lado, en la medida en que la vida cotidiana se torna cada vez más acelerada, más precaria, más ‘fuera del control’ de las personas, más se acentúa la presión hacia la ‘privatización/individualización’. Por otra parte, nuevas modalidades de uso/gestión/control de la fuerza de trabajo (por competencias, emprendedorismo, trabajo en equipo, subcontratación, etc.) fortalecen prácticas sociales individualistas. Además, los medios masivos de comunicación y las ‘redes sociales’ tienen un papel clave en este proceso: “el refugio de la intimidad permite eludir momentáneamente los mandatos despiadados de los procesos laborales o del pas de deux de la venta de la “apariencia”. La tecnología ofrece confort a este ser asediado y le concede esparcimiento, excitación planificada y narcotización hogareña en un mundo destemplado” (Ferrer, 2011: 16-17).

Como nueva fuerza política hegemónica emergente, Cambiemos no expresa sin más una vuelta al neoliberalismo (Féliz, 2017; Féliz, 2016b). Es sin dudas una fuerza conservadora en lo social y liberal en lo político-económico. Sin embargo, para constituirse en políticamente hegemónica en la era neodesarrollista ha debido expresar las demandas de integración social, aún si limitadas, que surgieron de la crisis neoliberal. El Estado social precario (universal pero básico) vino para quedarse pues la crisis social se ha convertido en pervasiva. Las conclusiones políticas son claras: sin políticas de contención social, mínimas pero universales, insuficientes pero generalizadas, la nueva composición política del pueblo trabajador (sus nuevas formas organizativas, la multiplicación de sus demandas) puede transformarlo en una fuerza de desestabilización inmensa.

Cambiemos apuesta a convertirse en expresión política de la hegemonía neodesarrollista consolidada: hegemonía social del gran capital transnacional que integra -parcial y fragmentariamente- al pueblo trabajador como fuerza antagonista.

Esto no quiere decir que el kircherismo no pueda “volver” a gobernar. Sólo que en cualquier caso no lo hará en la modalidad de sus primeros gobiernos, sino no más bien en aquella de su último período. Por otra parte, la política de la resignación como estrategia política (por ejemplo, CFK pidiendo a la Confederación General del Trabajo –CGT- el voto antes que la lucha) ha rendido pocos frutos a su estrategia de articulación del descontento popular (Féliz, 2016c).

  1. Desafíos para la izquierda en el Pueblo

La izquierda en el seno del Pueblo tiene enormes desafíos frente al proceso emergente. No estamos simplemente frente a una alternancia electoral. Kirchnerismo y Macrismo (Cambiemos) son expresiones de momentos distintos en la consolidación de una nueva etapa de la hegemonía social del capital, ahora bajo la dominación del GCT. Son expresiones a su vez del antagonismo inmanente a la nueva composición política del Pueblo.

La salida de la era neoliberal había abierto nuevas posibilidades para la izquierda (como expresión política de la radicalidad social del pueblo trabajador en lucha). Esa crisis puso en cuestión el conjunto de las formas políticas y puso en debate -parcial, limitado- lo esencial del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción. Como Pueblo no supimos/pudimos transformar esa oportunidad en fuerza social capaz de convertir poder popular (en el territorio y las calles) en alternativa política.

A través de la primera fase neodesarrollista se produjo un doble proceso. Por un lado, las fracciones más radicalizadas y masivas del precariado (el movimiento piquetero) se vio diezmado por la dinámica expansiva en lo económico y por la respuesta estatal frente al desafío de la lucha por “trabajo, dignidad y cambio social”. En paralelo, las luchas eco-territoriales y feministas fueron ganando volumen, densidad organizativa e intensidad.

Si la primera etapa del nuevo ciclo de luchas consolidó un debate en torno a la construcción de formas de poder popular, la centralidad de la prefiguración social del socialismo, y la acción directa como método de lucha, las luchas eco-territoriales y feministas pusieron en el centro de las luchas la necesidad de articular clase, género y naturaleza. La interseccionalidad de las luchas se hizo cada vez más evidente. Este es un proceso regional y hasta internacional, que da cuenta de la necesidad de enfrentar las nuevas formas del saqueo de cuerpos y territorio, que se expresan en el neoextractivismo imperialista y la consolidación del femicidio y las redes de trata de personas, en especial de mujeres, a escala transnacional.

Sin embargo, faltó a la cita de las luchas de masas uno de los actores centrales: el núcleo del movimiento obrero. En la era del precariado, la fragmentación del pueblo trabajador y la burocratización de sus prácticas organizativas, pusieron un techo muy bajo a la posibilidad de traducir demandas y prácticas radicales de las bases del mismo, en exigencias políticas y debates superadores.

Las condiciones materiales de precarización extendida y la crisis transicional del neodesarrollo han dado a la izquierda en el seno del pueblo una base sustantiva (objetiva y subjetiva) para su traducción en el plano político-electoral. Es evidente el avance en ese plano del conjunto de la izquierda, con la consolidación electoral del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) como expresión más clara.

Sin embargo, el FIT expresa también los límites de una forma de construcción política del conjunto de las fuerzas políticas de la izquierda (y no solo de la llamada ‘izquierda partidaria’), que no logramos concretar la traducción política de la articulación de las luchas de género, clase, ambientales y étnicas (la centralidad política que ha adquirido la persecución y represión al pueblo Mapuce da cuenta de la necesidad también de fortalecer la integración de la dimensión étnica/racial a los procesos de construcción de poder popular). Como izquierda no logramos –de conjunto- más de 5% de los votos en las elecciones nacionales y nuestra capacidad de impugnación colectiva del status quo en las calles está claramente disminuida.

Se renuevan las preguntas sobre la estrategia. ¿Cuáles son las formas de organización política que surgen del propio seno del pueblo y promueven su participación protagónica, masiva, en la lucha? ¿Cómo articular las distintas expresiones de la lucha en una articulación unitaria que enfrente al capitalismo-patriarcal-racista-extractivista?

Estamos en un momento clave, donde las fracciones dominantes del capital buscan consolidar su nuevo proyecto de hegemonía social. ¿Se impondrá como sentido común, el nuevo saber hacer del neodesarrollo, el ‘empoderamiento’ en su versión ‘emprendedorista’? La idea neodesarrollista del ‘empoderamiento’ aparece como una capacidad de orden individual antes que colectiva (a diferencia, por ejemplo, de la idea del poder popular). El ‘emprendedorismo’ de alguna manera la radicalización de tal idea primigenia. Ambas son impulsadas por el Banco Mundial en sus políticas (Deepa Narayan, 2002; Valerio, Parton y Robb, 2014).

¿Podremos avanzar como izquierda enraizada en el Pueblo en la construcción de alternativas políticas que recuperen la crítica radical antisistémica de los movimientos populares partiendo de la base de la autoorganización (construcción de poder) popular y la acción directa? Esa crítica debe partir de las luchas reales del pueblo, de la lucha feminista, de la lucha ecoterritorial, de las luchas obreras, de las comunidades originarias, etc., pues son ellas las que proveen el germen del pensamiento y la praxis crítica. Son el comunismo como movimiento real. Como señalaban Marx y Engels: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente” (Marx y Engels, 1846: 37).

Decíamos a finales de 2016 que “desde el campo de las organizaciones que luchamos por un cambio social radical, anticapitalista, antiimperialista, antipatriarcal, la apuesta debiera ser … construir la ingobernabilidad con nuestros cuerpos en las calles, construyendo pensamiento y -sobre todo- prácticas críticas en todos los espacios que habitamos, cuestionando todos los rasgos de la sociedad impregnados por la lógica del capital. Es decir, debemos impugnar la sociedad toda, al capital, pero también al Estado, a las burocracias sindicales; e incluso a nuestras propias organizaciones, a las que debemos cuestionar, repensar y reinventar, para construir un mundo nuevo en que quepan todos los mundos” (Féliz, 2016b). Luego de las PASO, queda claro que recorrer ese camino sigue siendo nuestra principal apuesta y desafío.

  1. Referencias bibliográficas

Burdman, Julio (2017), “La ideología del partido”, Revista Anfibia (http://www.revistaanfibia.com/ensayo/ideologia-del-partido/; 17-8-2017)

Deepa Narayan (ed.) (2002), “El empoderamiento y la reducción de la pobreza – un libro de consulta”, Banco Mundial / Alfaomega, México.

Féliz (2016c), “Macrismo: ¿neodesarrollo 2.0? cuatro hipótesis sobre el tiempo que nos toca”, La Izquierda Diario, 10 de mayo de 2016 (https://www.laizquierdadiario.com/Macrismo-neodesarrollo-2-0-4-hipotesis-sobre-el-tiempo-que-nos-toca )

Féliz, Mariano (2012), “Proyecto sin clase: crítica al neoestructuralismo como fundamento del neodesarrolismo”, en Féliz, M. y otros (2012), Más allá del individuo. Clases sociales, transformaciones económicas y políticas estatales en la argentina contemporánea, Editorial El Colectivo, pp. 13-44, Buenos Aires. (http://editorialelcolectivo.com/tienda/mas-alla-del-individuo-clases-sociales-transformaciones-economicas-y-politicas-estatales-en-la-argentina-contemporanea/ )

Féliz, Mariano (2015), “Neodesarrollismo en crisis ¿El futuro ya llegó? Economía política, construcción hegemónica y alternativas populares”, en Ensayos políticos: debates en torno al poder, la organización y la etapa, pp. 71-80, Editorial El Colectivo, Buenos Aires (http://editorialelcolectivo.com/tienda/ensayos-politicos-debates-en-torno-al-poder-la-organizacion-y-la-etapa/ ).

Féliz, Mariano (2016),”Las armas del gobierno: violencia y radicalización neodesarrollista”, Marcha.org.ar, 11 de enero de 2016,  (http://www.marcha.org.ar/las-armas-del-gobierno-violencia-y-radicalizacion-neodesarrollista/ )

Féliz, Mariano (2016b), “¿Un cambio sin futuro? Apuntes para pensar la Argentina a un año de gobierno de Cambiemos”, ContrahegemoníaWeb, 10 de diciembre de 2016 (http://contrahegemoniaweb.com.ar/cambio-sin-futuro-apuntes-pensar-la-argentina-ano-gobierno-cambiemos/)

Féliz, Mariano (2017), “¿Un cambio por el sendero equivocado?”, Periódico Brecha, 4 de enero de 2017 (http://brecha.com.uy/cambio-sendero-equivocado/)

Féliz, Mariano y Díaz Lozano, Juliana (2017), “Reproducción social, neodesarrollismo y saqueo de las riquezas sociales en Argentina, 2002-2016”, en El neodesarrollo en debate: crisis, transición y alternativas, Féliz, Mariano y Torno, G. Christian (eds.), pp. 25-52, Editorial El Colectivo, Buenos Aires. ISBN 978-987-1497-84-3.

Ferrer, Christian (2011), El entramado: el apuntalamiento técnico del mundo, Ediciones Godot Argentina, Buenos Aires.

INDEC (2017), “EPH. Informes Técnicos. vol. 1 no 114 Trabajo e ingresos. vol. 1 no 5. Evolución de la distribución del ingreso Primer trimestre de 2017”, Buenos Aires, Junio (http://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ingresos_1trim17.pdf )

León Pérez, Diego,  Pérez Castillo, Santiago y Raquel Gutiérrez Aguilar (2017), “Entrevista a Raquel Gutiérrez Aguilar: la política expropiada”, ContrahegemoníaWEB, 2 de Junio, Buenos Aires (http://contrahegemoniaweb.com.ar/entrevista-a-raquel-gutierrez-aguilar-la-politica-expropiada/ ).

Manzanelli, Pablo (2011), “Evolución y destino del excedente de la cúpula empresaria en la posconvertibilidad. La formación de capital”, AEDA 3er Congreso Anual, Buenos Aires, Agosto.

Marx, Carlos y Engels, Federico (1846), La ideología alemana, 5ta edición, 1974, Ediciones Grijalbo / Ediciones Pueblos Unidos, Barcelona-Montevideo.

Natanson, José (2017), “El macrismo no es un golpe de suerte”, Página/12, 17-8-2017 (https://www.pagina12.com.ar/amp/56997-el-macrismo-no-es-un-golpe-de-suerte; 17-8-2017)

Valerio, Alexandria, Parton, Brent y Alicia Robb (2014), “Entrepreneurship Education and Training Programs around the World Dimensions for Success”, The World Bank, Washington.

* Mariano Féliz. Dr. en economía y Dr. en Ciencias Sociales. Investigador Independiente CIG-IdIHCS/CONICET-UNLP. Profesor UNLP. Estas notas fueron concluidas el 23 de agosto de 2017. Nota publicada el 24 de Agosto de 2017 en ContrahegemoniaWEB y en Zur. Pueblo de Voces.

“Tesis sobre la crisis secular en el capitalismo: la insuperabilidad de los antagonismos de clase”, por Harry Cleaver

Traducción Daiana Melón, revisión técnica Mariano Féliz.

Tesis sobre la crisis secular en el capitalismo: la insuperabilidad de los antagonismos de clase[1] (https://libcom.org/library/theses-secular-crisis-capitalism-cleaver)

 

Harry Cleaver

 

Tesis 1: Estamos en medio de una crisis secular

Estamos escribiendo y hablando acerca de la crisis de hoy, como lo hemos estado haciendo durante las últimas dos décadas, porque hemos estado participando en una crisis global del capitalismo que puede ser fechada por lo menos a finales de los años sesenta. En términos de duración, profundidad y alcance, esta crisis coincide con la de los años treinta –que se entiende que ha durado desde antes del colapso de 1929, a través de la Segunda Guerra Mundial, hasta el comienzo de la era de posguerra de Pax Americana a través del Plan Marshall en Europa occidental, de la restructuración de Japón y del inicio de la Guerra Fría. Estamos escribiendo y hablando acerca de la crisis secular porque ni las recesiones cíclicas de los negocios, ni los incrementos, ni toda una serie de contramedidas capitalistas (locales e internacionales), han resuelto los problemas subyacentes del sistema de tal manera de sentar las bases para una renovación de la acumulación estable. Por lo tanto, la crisis secular representa la continua amenaza de la existencia del capitalismo planteada por fuerzas y tendencias antagónicas que son inherentes en su estructura social y que persisten a través de las fluctuaciones a corto plazo y grandes reestructuraciones.

Tesis 2: La crisis secular es la crisis de la relación de clase

Las fuerzas antagonistas básicas que son inherentes en la estructura social del capitalismo, que perduran a través de los altibajos de las fluctuaciones y restructuraciones, que han sido repetidamente internalizadas sin haber perdido su poder de resurgimiento, son  la negatividad y la creatividad de la clase obrera. La clase obrera amenaza persistentemente la supervivencia del capitalismo tanto por sus luchas contra diversos aspectos de la forma capitalista de sociedad  como porque tiende a ir más allá de esa forma social a través de su propia inventiva. A diferencia de todas las ideologías burguesas de contrato social, pluralismo y democracia, el Marxismo ha demostrado que el antagonismo de la clase trabajadora deriva del capitalismo como un orden social basado en la dominación, es decir, en la imposición de un serie de reglas sociales a través de las cuales, tendencialmente, toda la vida es organizada. El antagonismo de clase es así insuperable por el capitalismo dentro de su propio orden porque este antagonismo es inseparable de la dominación que define el sistema.

Tesis 3: La relación de clase es la lucha por el trabajo

Las reglas capitalistas imponen la subordinación generalizada de la vida humana al trabajo. Mientras que todas las sociedades de clase han implicado la extracción del trabajo sobrante, solo en el capitalismo todas las actividades humanas han sido reestructuradas como trabajo, como mercancía produciendo procesos laborales. Estos procesos producen valores de uso que pueden ser vendidos y sobre los cuales se puede obtener un beneficio o producen y reproducen la vida humana misma como fuerza de trabajo. El antagonismo, la resistencia y la oposición acompañan a esta imposición porque  esta manera de organizar la vida humana restringe dramáticamente y limita su desarrollo. La gente lucha tanto contra su reducción a “mero trabajador” como para la elaboración de nuevos caminos de nuevas formas de ser que escapan a los límites capitalistas[2].

Tesis 4: La clase trabajadora (librada y no remunerada) lucha contra el trabajo

Si bien el “capital” puede ser pensado como monolítico en el sentido de que las diferencias y los conflictos entre capitalistas son secundarios a las reglas del juego desde el punto de vista de los explotados, la “clase obrera” es monolítica sólo como clase en sí, es decir, como formada por el capital a través de la imposición universal del trabajo. La “clase trabajadora” solamente aparece como una clase para sí misma como una fuerza unificada automática a través de su negatividad que está enraizada en la comunidad de su oposición a la dominación del capital, es decir, en sus luchas por dejar de ser definida como una clase obrera o como cualquier tipo de clase unidimensional. La lucha contra la imposición del trabajo ha sido central en la historia de la formación de la clase obrera, desde la resistencia inicial a la original imposición del trabajo en el período de la acumulación primitiva a través de los siglos de resistencia y de evitar la expansión del tiempo de trabajo como (horas más largas y duras) hasta las más recientes luchas agresivas para reducir el tiempo de trabajo y liberar más tiempo irrestricto para la actividad auto-determinada[3]. Dados los esfuerzos capitalistas para reinternalizar el tiempo deliberado del día de trabajo oficial (semana, etc.) moldeándolo para la reproducción como fuerza de trabajo y así remodelando toda la vida como una fábrica social integral, la lucha a través del tiempo se ha vuelto universal. Por lo tanto, las luchas de la clase trabajadora hoy deben ser entendidas como no sólo las de los trabajadores asalariados, sino también las de todos los que no reciben un salario, sino que están capacitadas y condicionadas para realizar el trabajo de reproducción de la misma clase trabajadora, por ejemplo, amas de casa, estudiantes, campesinos, “desempleados”, etc.[4]

Tesis 5: La clase trabajadora lucha por una multiplicidad irreductible de formas alternativas de ser

Cuando se miran positivamente, en términos de la lucha por sus propios intereses (más allá de la mera resistencia a la imposición del trabajo), los intereses de esta compleja “clase obrera” son múltiples en el sentido de no ser universalmente compartidos. Los intereses de un grupo no son exactamente iguales a los de otro, aunque la realización de los de uno facilitaría la realización de los de los otros[5]. Por lo tanto, existe una relación problemática entre la noción de una clase trabajadora misma y la multiplicidad de intereses por los que luchan diferentes grupos de personas. “La” clase obrera que lucha contra el capital y cuyo antagonismo amenaza la supervivencia del capital, es en realidad una multiplicidad que se mueve en una variedad de direcciones formada por procesos igualmente diversos de autovalorización o autoconstitución.

Tesis 6: La interiorización capitalista del antagonismo de la clase obrera es la dialéctica

Por lo tanto, el problema que el capital enfrenta en el manejo del antagonismo de la clase obrera es el de gestionar no sólo una resistencia compartida (aunque no necesariamente aliada o incluso complementaria) sino también diversos procesos de auto-constitución que escapan repetidamente de sus reglas y precipitan crisis. La acumulación del capital requiere que el comando capitalista (tesis) interiorice las auto-actividades hostiles de la clase trabajadora (antitesis) y las convierta en contradicciónes (síntesis) capaces de proveer dinamismo a lo que es básicamente un conjunto sin vida de reglas / restricciones. Así, la “lógica” (o “leyes”)[6] del capital es, como todas las lógicas, un conjunto de reglas, en este caso el conjunto que el capital es capaz de imponer a una sociedad humana que se resiste y actúa por sí misma. En otras palabras, la lógica dialéctica de la lucha de clases implica la cooptación y la domesticación de la actividad mutagénica en metamorfosis.[7] Todas las llamadas barreras inmanentes dentro del capital resultan ser enraizadas en los momentos de las relaciones de clase de lucha.

El número de estos obstáculos es el número de momentos (o sitios) de la relación de clase.[8] El desarrollo de estos conflictos es “dialéctico” sólo en la medida en que el capital es capaz de internalizar su oposición, de lograr la conversión del antagonismo en contradicción.

Tesis 7: Estudiar la crisis es estudiar la lucha de clases

Por lo tanto, el estudio de la crisis secular debe ser el estudio de las amenazas planteadas, de las rupturas logradas y de las transformaciones que esta constante constelación de fuerzas antagonistas y autoconstitutivas cambia constantemente.[9] Los procesos de acumulación del capital, entendidos como los de la acumulación de las relaciones de clase del capital, abarcan todo esto –incluyendo la amenaza relativamente presente de la ruptura total y la mutación cuyo estancamiento es la condición necesaria para la continuación de esos procesos. [10] Simultáneamente, el estudio de la crisis secular debe ser el estudio de las luchas por la liberación de las limitaciones del capitalismo como sistema social.

Tesis 8: La teoría de la crisis marxista tradicional debe ser desmitificada

Por implicación, los enfoques marxistas tradicionales a la cuestión de la crisis secular necesitan ser resituados explícitamente dentro de las fuerzas de clase fundamentales que actúan en el corazón del sistema. Por ejemplo, es común en muchas teorías marxistas de la crisis secular (o de una crisis más cíclica) tratar la lucha de clase como una fuerza entre otras que conducen (sobredeterminando) el desarrollo del sistema hacia la crisis. Ellos fallan en ver que si la actividad propia de la clase trabajadora (tanto negativa como positiva) es la fuerza fundamental que se opone al conjunto de reglas / restricciones del capital sobre la vida social, entonces evitar el fetichismo significa que las otras fuerzas, supuestamente distintas, pueden y deben ser repensadas como momentos o aspectos particulares del conflicto de clases.

Tesis 9: La competencia no está separada de, sino una forma de, la relación de clase

Una fuerza común, y supuestamente paralela, que es pensada para conducir el capital en la crisis es “competición” entre subunidades del capital, por ejemplo, firmas, bloques nacionales. Por ejemplo, frecuentemente se ha argumentado que la tendencia a largo plazo dentro del capital para que la composición orgánica del capital y la productividad aumente es impulsada por “tanto el conflicto de clases como por la composición inter-capitalista”.[11] Sin embargo, la “competencia inter-capitalista” debe ser reinterpretada en términos de la lucha de clase reconociendo que el determinante más fundamental de “quien gana” la batalla competitiva está determinado por quien tiene el mayor control sobre el sector relevante de la clase trabajadora. La competencia de precios se logra reduciendo costos, es decir, bajando los salarios o haciendo que los trabajadores trabajen más o mejor o aceptando la introducción de la tecnología de aumento de la productividad. La competición a través de la diferenciación del producto se gana al poder solicitar la mayor imaginación y creatividad de los trabajadores. La competición a través de la guerra se logra al movilizar el mayor esfuerzo de los trabajadores (en todas sus formas, desde el trabajo duro en las fábricas de guerra a la creatividad y la voluntad de sacrificarse en el campo de batalla). La “competición” se ha transformado en un eslogan prominente de dominación en este período de restructuración capitalista internacional que se utiliza para enfrentar a los trabajadores contra los trabajadores. Necesitamos derrotar su significado mostrando cómo es simplemente una manera particular de organizar la lucha de clases. En el contexto de la teoría marxista de la crisis necesitamos hacer lo mismo y reubicar la competencia dentro de la lucha de clases en lugar de fuera de ella.[12]

Tesis 10: Las categorías teóricas marxistas son las de la lucha de clases

Para desmitificar las teorías familiares de la crisis, necesitamos reinterpretar sus bloques de construcción teóricos: conceptos de valor, trabajo abstracto, valor de cambio, valor de fuerza de trabajo, plusvalía, tasas de explotación y beneficio, la composición orgánica del capital, y la acumulación del capital.[13] El valor debe ser repensado como un concepto para hablar del capital de trabajo impuesto para organizar la sociedad (contra el cual los trabajadores elaboran una diversidad de “valores” inconmensurables); el trabajo abstracto –la sustancia del valor-  como el rol universal de todo tipo de trabajo como el mando capitalista (contra el que los trabajadores luchan a través rechazando y transformando el trabajo); el valor de cambio como forma de referencia de la imposición del trabajo (contra el que los trabajadores luchan rigidificando o pasándolo); el valor de la fuerza de trabajo como el costo para el capital de reproducir a las personas como trabajadores (contra lo que los trabajadores ponen el salario para su autovalorización); la plusvalía como la imposición de suficiente trabajo para financiar más trabajo en el siguiente período (que los trabajadores socavan exigiendo que el trabajo se subordine a la satisfacción de sus necesidades);  la tasa de explotación y la tasa de ganancia como medidas de la subordinación del trabajo a las necesidades del capital para más trabajo (cuya caída mide el poder de los trabajadores); la composición orgánica del capital como las condiciones técnicas de la imposición de trabajo (alrededor de la cual los trabajadores recomponen su propio poder); y la acumulación del capital como la reproducción expandida de la lucha de clase en todos sus aspectos.

Tesis 11:  El “subconsumo” resulta de intentar imponer el trabajo

Una de las más antiguas y persistentes teorías de la crisis, que puede encontrarse tanto en Marx como en Malthus, Keynes o Sweezy, es la de “subconsumo”.[14] En cada caso, incluido el de Marx, el “subconsumismo” es derivado de la contradicción entre la tendencia capitalista a maximizar la producción, las ventas y los beneficios, al tiempo que minimiza los costos, especialmente los salarios. Los capitalistas quieren producir para un mercado tan grande como sea posible, pero mantener los salarios y, así, ciegamente, limitar el tamaño del mercado -directamente  para los medios de subsistencia, indirectamente para los medios de producción. Sin embargo, en términos de clase, el salario no es solo un costo para el capital, porque el poder de la clase obrera, y no solo para comprar los medios de subsistencias, sino el poder para luchar contra el trabajo capitalista y para sus propias necesidades. Por lo tanto, la tendencia al subconsumismo aparece como consecuencia de la contradicción entre la necesidad de privar a los trabajadores (el club) para obligarlos a trabajar (el contenido del valor) y la necesidad de que los mercados absorban las mercancías que producen valor. En el siglo XX, por supuesto, Ford y luego Keynes reconocieron que el salario era el mercado, así como el costo y  trataron de superar la vieja contradicción utilizando el aumento de los salarios (la zanahoria) para obtener el mismo resultado (más trabajo) dentro de un mercado en crecimiento. Sin embargo, el aumento de los salarios (y el creciente poder de la clase obrera que financió) tuvo que ser limitado al crecimiento de la productividad, de modo que la vieja contradicción persistió en un contexto más dinámico. Después de que los trabajadores rompieron esta solución, el capital (los negocios y el estado de crisis) volvieron a un ataque generalizado contra todas las formas de ingresos de la clase obrera que resustificaban las formas más antiguas de la contradicción subconsumista.[15]

Tesis 12: La “tendencia de la tasa de ganancia a caer” es sobre las crecientes dificultades de poner a la gente a trabajar

Contra las teorías del subconsumismo, muchos marxistas han lanzado las tendencias de la composición orgánica del capital a elevarse y de la tasa de ganancia a caer como causas más fundamentales de la crisis.[16] También podemos reinterpretar este enfoque en términos de la manera en que los intentos del capital para acumular la clase obrera implican un creciente conflicto entre la necesidad de imponer el trabajo y la introducción de máquinas para hacerlo. Con el aumento de la composición orgánica del capital entendido como un proceso de reorganización capitalista de la tecnología que eleva la productividad y impone “más trabajo”, podemos reconocer que esto siempre implica un cambio en las relaciones de poder entre el capital y la clase trabajadora.[17] Porque el cambio fundamental implicado en esta reorganización de la tecnología es la sustitución del trabajo muerto encarnado (ya sea en forma de máquinas o información) por el trabajo vivo, esto socava tendencialmente la habilidad del capital de organizar su sociedad a través de la imposición del trabajo. Por lo tanto, la cuestión clave no es lo que está ocurriendo con la tasa monetaria de ganancia, sino el creciente aumento de trabajo muerto que tiene que usarse para imponer una determinada cantidad de trabajo vivo. Tendencialmente, como Marx argumentó en el Grundrisse del Fragmento sobre las máquinas, el problema de la imposición del trabajo –y, por tanto, de mantener el control- se hace cada vez más agudo y la cantidad de tiempo al menos potencialmente libre o “disponible” aumenta con el desempleo, es decir, sin problemas.[18]

Tesis 13: El “agotamiento” de un modo de regulación mide la eficacia del rechazo del trabajo

En los años setenta, el marxismo estructuralista fue resucitado como teoría de la regulación por la inyección de una dosis de Gramsci y una gota de marxismo autonomista. Las estructuras althusserianas surgieron de la tumba bajo la forma de los conceptos de un régimen de acumulación y de un modo de regulación que tuvo que salirse de una manera complementaria para permanecer intacto. La desincronización (por ejemplo, la crisis del fordismo), por supuesto, podría curarse mediante una pequeña reestructuración (por ejemplo, post-fordismo). Los teóricos de la regulación trataron de utilizar una ortodoxia revitalizada para confrontar la era de la crisis keynesiana, pero terminaron como observadores de una crisis cuyos comentarios enterrarían el drama de la lucha de clase en un diluvio de jerga estructuralista. Pero podemos repensar el concepto de un régimen de acumulación como una manera particular de organizar la lucha de clase, y la de un modo de regulación en términos de estrategias y tácticas capitalistas para su gestión. Desde este punto de vista, el agotamiento de un modo de regulación reaparece como el colapso en la capacidad del capital de sostener una forma particular de imposición del trabajo frente a la autoactividad de la clase obrera. El drama del llamado post-fordismo puede ser visto como la lucha entre un sujeto de clase obrera altamente evolucionado y socializado y los esfuerzos desesperados y brutales del capital para hallar nuevas maneras de dominarlos.[19]

Tesis 14: La crisis del capital es la libertad de la subjetividad revolucionaria

A medida que la lucha o las luchas de la clase obrera escapan repetidamente de la lógica del capital, la amenaza es la revolución, es decir, la mutación, la liberación de “lógicas” sociales alternativas y autodeterminadas fuera y más allá de la del capital de una manera que destruye la dialéctica.[20] Como marxistas, nuestro rol en la crisis, incluyendo nuestro análisis y discusión de la teoría de la crisis secular, debería contribuir a la profundización de la crisis más que a su resolución. En contraposición al trabajo de los teóricos burgueses, no deberíamos ayudar a encontrar la forma de “resolver” la crisis restableciendo la acumulación, ni simplemente buscando desarrollar un mejor entendimiento “científico”. En cambio, nuestro trabajo debería ser elaborado desde dentro y como una contribución a las fuerzas que han precipitado la crisis, que resiste los intentos capitalistas de superarla, y que tiende a conducir a través de ella a las trascendencia no sólo de crisis, sino también del capitalismo en su conjunto. Lo que realmente necesitamos hacer, no es meramente reconocer el sujeto antagónico que conduce la “crisis secular”, sino explorar la “lógica” de esa subjetividades emergentes y diversas. Tal exploración puede ayudarnos a ir más allá de la apreciación de cómo rompen el capital con el de articular y fortalecer su desarrollo.

Tesis 15: El camino a la revolución se encuentra a través de la circulación de la lucha

Todo lo anterior se suma no sólo a un replanteamiento sistemático de las conocidas teorías marxistas de la crisis secular, sino también una reformulación muy poco tradicional de la política de la lucha de la clase obrera. En lugar de intentar organizar la homogeneización de las luchas de los trabajadores a través de instituciones tales como sindicatos o partidos políticos que impulsan una visión unificada del futuro (socialismo) contra la dominación capitalista, debemos sustituir la política de alianza por la sustitución del capitalismo por una diversidad de proyectos sociales. Una política de alianza contra el capital debe ser conducida no sólo a acelerar la circulación de la lucha de sector a sector de la clase, sino hacerlo de manera que construya una política post-capitalista de la diferencia sin antagonismo. Ha sido la circulación de la lucha la que ha puesto en crisis el mandato capitalista; es solo a través de la circulación de la lucha que las divisiones que continúan debilitándonos pueden superarse. Sin embargo, esta circulación no es una cuestión de propagación de la ideología anti-capitalista, sino que implica la fabricación y utilización de conexiones y comunicaciones materiales que destruyen el aislamiento y permiten a la gente luchar de maneras complementarias –tanto en contra de las restricciones que los limitan como de las alternativas que construyen, por separado y juntos.

Austin, Texas

https://libcom.org/library/theses-secular-crisis-capitalism-cleaver

Mayo de 1993.

 

 

 

 

 

 

[1] Esta es versión revisada de un conjunto de notas presentadas en la sesión sobre “La crisis secular en el capitalismo: intentos de teorización” en la Conferencia de Repensamiento del Marxismo, Amherst Massachusetts, 13 de noviembre de 1992. Varias de las notas a pie de página se refieren a los otros dos artículos presentados en esa sesión: Hans G. Ehrbar, “Crisis del capitalismo: una perspectiva realista”, 22 de septiembre de 1992, y David Laibman, “Tendencias críticas inmanentes: Hacia una teoría comprensiva”, borrador, septiembre de 1992.

[2] Este análisis del capitalismo como un sistema social basado en la imposición sin fin del trabajo a través de la forma de mercancía se desarrolló por primera vez en el verano de 1975 y fue publicada posteriormente en  mi libro “Una lectura política de `El Capital´”, Austin: Prensa de la Universidad de Texas, 1979. Como Marx indicó en la Sección 2, del capítulo 10 del volumen I de “El Capital”, el capitalismo no inventó el trabajo excedente; Lo que inventó fue la infinitud de su imposición junto con la mercantilización de toda la vida.

[3] La centralidad de la lucha contra el trabajo en la génesis de la actual crisis fue percibida por la Nueva Izquierda Italiana a finales de los sesenta y en Francia y Estados Unidos en los setenta. Este análisis  se explicó en las revistas como: Lavoro Zero (Venecia), Camarades (Paris) and Zerowork (Nueva York). Como Roediger and Foner han demostrado recientemente con respecto a la clase trabajadora asalariada en los Estados Unidos, la lucha por menos trabajo ha sido central para la capacidad de los trabajadores estadounidenses para unirse a través del género, raza, habilidad y etnicidad a lo largo de la historia del movimiento obrero estadounidense. Como ellos han demostrado ampliamente, la lucha contra el trabajo ha sido íntimamente ligada a prácticamente cualquier otra cuestión planteada en las luchas laborales estadounidenses, incluyendo los salarios, el control del empleo, el desempleo, la educación, la participación en la política, la libertad religiosa, la protección de los niños, la salud, la alienación y los derechos de la mujer, entre otros. Ver David Roediger and Philip Foner, “Nuestro propio tiempo: Una historia del trabajo americano y el día laborable”, Nueva York: Verso, 1989. El libro más reciente de Juliet Schor, “El estadounidense agobiado”, Nueva York: Basic Books, 1991, muestra que este antagonismo sigue siendo el centro de la lucha de clases hoy.

[4] El movimiento de mujeres de principios de los setenta fue responsable del desarrollo desarrollo de un análisis marxista del trabajo no remunerado. Ver especialmente Mariarosa Dalla Costa y Selma James, El poder de las mujeres y la subversión de la comunidad, 1972 y el posterior debate marxista sobre “el trabajo doméstico”. Desafortunadamente, en su libro, de otra manera valioso, Roediger y Foner descuidan sobre todo las luchas del trabajo no remunerado (aparte de los “desempleados”). Schor lo hace mejor incluyendo el trabajo doméstico no remunerado en su estudio. Desafortunadamente, su enfoque se centra más en el reciente éxito capitalista en imponer más trabajo doméstico que en la lucha previa y continua contra ella.

[5] El reconocimiento marxista de esta diversidad ha sido demandado no sólo por el movimiento de mujeres, sino también por el movimiento negro, marrón y otros “nuevos movimientos sociales”. El atractivo de análisis post-modernistas y opst-marxistas pueden encontrarse, en parte, en el rechazo por parte de muchos marxistas de este reconocimiento.

[6] Mientras que Laibman habla en términos de la “lógica” del capitalismo, Hans Ehrbar en su artículo para esta sesión prefiere hablar en términos de las “leyes” del capitalismo. Ambos términos se refieren a las regularidades que caracterizan al capitalismo más allá de las acciones de los individuos (incluyendo los capitalistas individuales) –más allá de la “agencia individual” en el trabajo de Ehrbar. Mi argumento es simplemente que tales regularidades son el resultado de la confrontación entre los esfuerzos colectivos (no sólo individuales) por parte de algunos que actúan como lo que Marx llamó funcionarios del capital- y los esfuerzos colectivos (múltiples) por parte de otros (clase obrera). Es cierto, como dice Ehrbar, que los capitalistas individuales en su lucha competitiva “no determinan estas leyes” (ver Tesis 9), pero tampoco son metafísicos; son regularidades de la lucha de clases sobre el contenido y la forma de la vida social.

[7] Como estos comentarios deben hacer aparente “la” dialéctica no se trata aquí como un principio histórico o cosmológico trascendente, sino más bien como la lógica de la lucha de clases que constituye el capitalismo.

[8] Estoy de acuerdo en que el intento de Laibman de localizar, sin crear una jerarquía, una variedad de tales “sitios”, y sus interrelaciones son, como él sugiere, un sano antídoto contra el “sectarismo y el aislamiento” entre los marxistas que trabajan la teoría de la crisis (p. 20). Esto es lo que Peter Bell argumentó en su contribución “Teoría marxista. Lucha de clase y la crisis del capitalismo”, en Jesse Schwartz (ed.), La sutil anatomía del capitalismo, Santa Mónica: Goodyear, 1977, pp. 170-194 y, al cual, él y yo intentábamos contribuir en Harry Cleaver y Peter Bell, “La Teoría de la crisis de Marx como teoría de la lucha de clase” en Investigación en Economía Política, Vol. 189-261 y Harry Cleaver, “Karl Marx: ¿Economista o revolucionario?” En Suzanne Helburn y David Bramhall (eds.) Marx, Schumpter y Keynes: Una celebración centenaria de la disidencia, Nueva York: M.E. Sharpe, 1986, pp. 126-129. Las diferencias entre el enfoque de Laibman y el nuestro es menos en la intención general que en la ejecución.

[9] Por lo tanto, necesitamos reinterpretar tales afirmaciones como las de Erhbar cuando dice que Marx enfatiza “aquellas crisis en las que hay tendencias intrínsecas en el capitalismo que ya no pueden funcionar”. Las “tendencias intrínsecas” que “ya no funcionan” se refieren al “mecanismo” (para usar su término) del comando capitalista. Ya no funcionan porque la clase obrera ha logrado el poder de romperlos. El problema, me parece, es primero reconocer la existencia de tal poder y luego entender como se ha logrado.

[10] Por lo tanto, ver la lucha de clases como el “modo de existencia del capitalismo” no implica, como sugiere David Laibman en su artículo, el “rechazo” del análisis de la acumulación o un enfoque estático frente a un enfoque dinámico. Por el contrario, significa que el análisis de la acumulación debe comprenderlo como la acumulación de las clases con todos sus conflictos en todo su dinamismo. Significa reconocer que la “inestabilidad inherente” no es exterior a la lucha de clases sino una parte de ella. Y, por último, significa que la “creciente severidad” de la crisis capitalista está enraizada en la creciente autonomía del antagonismo con el capital. (Comparar con sus pp. 2-3).

[11] La cita es de Laibman, p. 10, pero es una posición ampliamente compartida por los teóricos marxistas.

[12] Este argumento fue expuesto con mayor amplitud en Harry Cleaver, “¿Competencia o cooperación?”, Sentido Común, (Edimburgo), No. 9, abril de 1990, pp. 20-23.

[13] Este tipo de reinterpretación ha estado en marcha durante mucho tiempo y puede encontrarse en los escritos de lo que yo llamo “marxistas autonomistas”. Véase por ejemplo: Mario Tronti, Operai e Capitale, Torino: Einaudi, 1964 (partes publicadas en América radical y Telos), Harry Cleaver, Lectura política del capital, op.cit., Antonio Negri, Marx oltra Marx, Milano: Feltrinelli, 1979 (Disponible en inglés como Marx beyond Marx, Brooklyn: Autonomedia, 1991), y los periódicos Zerowork (1970s), Notas de medianoche (Boston, actual), Noticias & letras (Chicago, actual), Futur anteriur (Padova, actual) y Sentido común (Edimburgo, actual).

[14] Estrictamente hablando ni Marx ni Keynes eran subconsumistas porque ambos reconocían que el consumo era un componente de la demanda agregada y sabían que era mejor discutir sus límites aisladamente de otros componentes. Sin embargo, ambos entendían la centralidad del salario / consumo y analizaron las fuerzas que tienden a restringir el consumo y limitar así el tamaño del mercado.

[15] Para una reinterpretación de argumentos subconsumistas, como los de Paul Sweezy, en términos de clase véase Harry Cleaver, “Karl Marx: ¿Economista o revolucionario?” en Suzanne Helburn y David Bramhall (eds.) op.cit.

[16] Temprano en C.L.R. James, Raya Dunayevskaya y Grace Lee atacaron tanto a Eugene Varga como a las teorías marxistas de Paul Sweezy sobre el subconsumo, con la tendencia centrada en la producción de la tasa de ganancia a caer. Véase su libro Capitalismo estatal y revolución mundial, Chicago: Charles H. Kerr, 1986 (publicado originalmente en 1950), pp. 13-17. Más tarde, cuando Sweezy publicó Capital monopólico, New York: Monthly Review, 1966, que había escrito con Paul Baran, su subconsumadorismo neokeynesiano fue nuevamente atacado, esta vez por Paul Mattick, por ejemplo, “Marxism and Monopoly Capital”, Trabajo progresivo 7 y 8, 1966, David Yaffe y otros, volviendo a empuñar el club de la tendencia de la tasa de ganancia a caer.

[17] Aunque teóricamente es posible que un cambio en la tecnología aumente la productividad sin aumentar ni las horas ni la intensidad del trabajo (de hecho, a nivel micro, el desplazamiento del trabajo por el cambio tecnológico puede reducir la cantidad de trabajo), Marx demostró cómo el capital generalmente intenta obtener productividad y más trabajo. Además, el aumento de la plusvalía relativa como consecuencia del aumento de la productividad permite una mayor inversión y, por lo tanto, más trabajo (incluyendo más empleo) en el futuro.

[18] Ehrbar tiene razón (p.3) al decir que Marx “se aferró” a la contradicción de que “la producción cuyo único propósito es la valorización, desarrolla la productividad(…)[de modo que] la producción se carga cada vez más con valor de uso y el factor trabajo se vuelve cada vez más irrelevante”. Pero lo que esto significa socialmente es que en el intento de imponer el trabajo (valor) sin fin (plusvalía) se hace cada vez más difícil imponer el trabajo en absoluto. Sí, el “desarrollo de las fuerzas productivas(…)hace obsoleto el capitalismo”, pero la “fuerza productiva” fundamental es la fuerza de trabajo viviente, es decir, el poder creador de la clase obrera. Este es el tipo de derrotismo que tenemos que hacer: averiguar cómo ver las relaciones sociales representadas por los conceptos marxistas y, por tanto, las dinámicas sociales analizadas por la teoría marxista. También debe señalarse que la “falta de trabajo”, como se indica en la Tesis 4, no significa automáticamente no, o incluso menos, el trabajo. Por el contrario, cuando el capital tiene el poder de limitar el acceso de los trabajadores a la tierra y a las herramientas (para sostener o intensificar la acumulación primitiva), la escasez de empleos puede significar más trabajo -el trabajo de supervivencia-. Sin embargo, también es cierto que cuando los desempleados son capaces de expandir su capacidad de vivir por su cuenta, la autovalorización puede expandirse a expensas de la valorización. Así, mientras que el desplazamiento del trabajo asalariado por la automatización puede conducir a crisis y oportunidades, no garantiza de ninguna manera un “Camino hacia el Paraíso”, como Andre Gorz querría hacernos creer.

[19] Aquellos que están fascinados con las últimas formas más sofisticadas de administración capitalista a veces olvidan que el FMI impuso hambre en África, bombardeos masivos en el Golfo Pérsico, depuración étnica en ex Yugoslavia, bombardeos de centros de aborto y explotación acentuada de niños en fábricas y burdeles, son también momentos integrales de los intentos del capital de restablecer su dominio en este período. Para una crítica de clase de la teoría de la regulación véase: Giuseppe Cocco y Carlo Vercelone, “Les paradigmes sociaux du post-fordisme”, Futur Anterieur, N ° 4, hiver 90, pp. 71-94 y Werner Bonefeld y John Holloway (eds.) Post-fordismo y forma social: Un debate marxista sobre el Estado posfordista, Londres: Macmillan y CSE, 1991.

[20] Si la dialéctica es la lógica de la clase en el capital, no hay razón para esperar que la comprensión de la “lógica” de esas fuerzas antagónicas pero constitutivas de autovalorización que impulsan más allá del capital sea “dialéctica” en el sentido marxista. Sobre este tema veo mis “Categorías Marxistas, la Crisis del Capital y la Constitución de la Subjetividad Social Hoy” en este volumen.