“¿Arranca o no arranca? ¿Siempre arranca? La estrategia económica de Cambiemos choca contra la pared: ¿el capital desconfía?”

[Publicado el 8 de Enero de 2018 en ContrahegemoniaWEB]

I

En las últimas semanas el Gobierno nacional de Cambiemos ha mostrado estar preocupado por el errático desempeño de la economía. Si bien no lo señalan en voz alta, la avanzada legislativa, con ajustes de por medio (ver más), y el cambio inesperado en la política monetaria (ver más) dan cuenta de esos miedos.

La economía en 2017 ha rebotado de su punto más bajo a mediados de 2016 pero no logra despegar. Un crecimiento promedio apenas superior al 3% en el año que termina, no augura un futuro venturoso para el que comienza.

La información oficial del INDEC es clara al respecto: el consumo está en coma (con caídas en las ventas de supermercados en noviembre), las exportaciones totales apenas crecen y la inversión aumenta pero por ahora muy lentamente. El frente externo es complicado por el brutal aumento de las importaciones, el déficit en el saldo comercial y la cuenta corriente del balance de pagos, y la poca iniciativa de los inversores transnacionales. Los brotes verdes son pocos y la lluvia de inversiones no se ve en el horizonte; los nubarrones que si se divisan, no traen buenos augurios. Para completar la situación, la política fiscal de ajuste paso a paso (gradual y no de shock) y la política monetaria de ajuste brutal (altísimas tasas de interés real) crean un caldo explosivo de deuda (eterna) y default en camino. Las contradicciones en la política económica, la devaluación en marcha y el endeudamiento al palo no parecen ser buenos indicios.

La economía no arranca, y ahora no es por el ahogo fiscal que -según sus críticos liberales- se habría producido hasta 2015. La política fiscal expansiva (deficitaria) en aquellos años no logró superar las barreras que la propia estrategia que el kirchnerismo construyó. Luego de 2011, la ‘sintonía fina’ de Cristina y Kiciloff no pudo resucitar a un capitalismo argentino incapaz de superar los límites de la dependencia estructural (ver acá).

El gobierno de Cambiemos quiso pegar un salto de calidad a partir de ‘librar las fuerzas productivas’ (como alguna vez dijo el ex-ministro de la dictadura genocida Martínez de Hoz) con reducciones impositivas: a fines de 2015, eliminación y rebaja de retenciones a las exportaciones, en 2016 menos impuesto a los ricos -bienes personales-, en diciembre de 2017, reducción de aportes patronales e impuesto a las ganancias de las grandes empresas. Dos años después y miles de millones de pesos de recaudación impositiva menos, el ciclo del capital en la economía argentino no arranca. Con un déficit fiscal acrecentado a pesar del ajuste y los despidos, el salto del gobierno parece -a la postre- un salto al vacío.

II

El equipo económico de Cambiemos parece desconcertado. No entiende cómo es posible que luego de tantos ‘esfuerzos’, la tasa de inversión no repunte como presagiaban. Información reciente, proveniente de la Encuesta a Grandes Empresas (ENGE), nos puede ayudar a entender la situación. Esta encuesta regresa con información sobre las 500 empresas más grande del país hasta 2016.

Estimamos la tasa de ganancia para el conjunto de las grandes empresas desde 1993 (línea azul en el gráfico). Vemos que luego de la crisis de la convertibilidad, la tasa de rentabilidad del gran capital se recuperó fuertemente.

Gráfico 1. Salario medio, costo laboral unitario y tasa de ganancia. 500 empresas más grandes. 1993-2016.

Fuente: Estimación propia sobre la base de la ENGE. El salario real (línea roja punteada) es aproximado como el conjunto de los gastos salariales directos e indirectos (incluidos aportes e indemnizaciones por despidos) sobre el empleo total en las 500 empresas más grandes. La tasa de ganancia (línea azul) se estima como la utilidad total sobre el capital circulante (valor bruto de producción – utilidad). El costo laboral unitario (línea gris) se estimó como el salario real promedio dividido por el volumen de producción real (valor bruto de producción).

Como señalamos en otro lado (ver acá), el neodesarrollismo pudo poner en valor las transformaciones construidas a través de la era neoliberal. En ese marco, la economía argentina pudo aprovechar simultáneamente la superexplotación de la fuerza de trabajo, de los cuerpos y de la naturaleza. Las elevadas tasas de ganancia hasta 2011 permitieron normalizar conflictivamente las demandas del pueblo trabajador, expresado en la línea roja punteada en el gráfico (de manera simplificada), en el crecimiento sostenido de salario real promedio. La persistencia de la informalidad laboral y la ampliación de un sistema de seguridad social que sostuvo formas tradicionales de trabajo no remunerado en los hogares sostenidas por las mujeres, es la contracara. Junto con ello, la expansión de la renta extraordinaria producto del creciente saqueo de las riquezas naturales, ampliaron la capacidad del capitalismo dependiente de sostener la expansión.

Luego de 2011, la tasa de ganancia se reduce drásticamente y persiste -con altibajos- en un bajo nivel. La política de ‘sintonía fina’ no logró superar las limitantes evidentes del patrón de acumulación. El ajuste heterodoxo (ver acá) no logró trasladar el ajuste sobre las clases populares, que con la lucha consiguieron sostener la recuperación de sus ingresos. En el gráfico se presentan los salarios de los trabajadores, mayormente formales, masculinos, de las grandes empresas, que enfrentaron un sostenido incremento en la carga fiscal a través, sobre todo, del impuesto sobre los salarios (‘ganancias de 4ta categoría’). El resto del conjunto del pueblo sufrió el estancamiento, y en ciertos casos deterioro, de sus niveles de ingreso.

El macrismo vino a intentar quebrar la resistencia popular al ajuste y a crear el clima de inversiones adecuados a los intereses del gran capital (ver más acá y acá). Sin embargo, no han podido, lograr esos objetivos. Aun si los costos laborales unitarios retomaron el sendero descendente (línea gris en el gráfico) y los salarios cayeron nuevamente en 2016, la tasa de ganancia no se recupera. La política de ‘sinceramienta de precios’, en especial en energía, y el elevado costo del crédito, restringen aún más la chance de elevar la rentabilidad de las fracciones productivas del capital, con un impacto especialmente fuerte entre los capitales más pequeños. Además, la política de apertura comercial y financiera abarata el dólar y acentúa la avalancha importadora, en un contexto internacional de crisis prolongada que pone un techo a una salida exportadora.

La política de liberalización y ajuste fiscal/monetario no logra crear las condiciones para mejorar el clima inversor, en un marco político de elevada incertidumbre y de resistencia social creciente. Si las expectativas no cambian y las decisiones de inversión masiva no vienen, será difícil que la economía repunte. La tasa de inversión a fines de 2017 está acercándose a los mejores niveles de la década pasada. Sin embargo, la economía continúa empantanada.

III

El macrismo juega con fuego y pretende seguir jugando el juego de la espera sobre una creciente montaña de deuda. La pregunta es hasta cuando seguirá el capital financiero apostando por el cambio y -simultáneamente y en sentido contrario- si como pueblo seremos capaces de frenar el ajuste tendencial.

Las cartas están echadas. Las apuestas son altas y crecientes. Si el proyecto hegemónico -impulsado en la etapa por Cambiemos- avanza, y los intereses del gran capital se consolidan, tal vez, sólo tal vez, la economía acelere su crecimiento y revalide políticamente la transición. Por el contrario, si logramos fortalecer la resistencia y desarticular la gobernabilidad del ajuste dentro del neodesarrollo, podremos alimentar la esperanza de configurar al fin una salida popular (ver acá). En eso estamos.

Por Mariano Féliz*

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Integrante de la Sociedad de Economía Crítica de Argentina y Uruguay (SEC). Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com / https://marianfeliz.wordpress.com

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